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Francia cobra la reconciliación con Marruecos y deja a España con las migajas del tren
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Una reconciliación de oro

Francia cobra la reconciliación con Marruecos y deja a España con las migajas del tren

Empresas francesas, y no españolas, han sido las adjudicatarias del segundo tramo -el primero lo obtuvieron en 2007- de la alta velocidad marroquí y de otros contratos por 10.000 millones

Foto: Visita de estado del presidente francés, Emmanuel Macron, a Marruecos. (EFE/Maghreb Arabe Presse)
Visita de estado del presidente francés, Emmanuel Macron, a Marruecos. (EFE/Maghreb Arabe Presse)

Francia ha arramplado con casi todo. La reconciliación con Marruecos, con las consiguientes concesiones sobre el Sáhara Occidental, ha dado sus frutos. El presidente Emmanuel Macron concluirá este miércoles su visita de Estado de 48 horas a Rabat con acuerdos apalabrados por hasta 10.000 millones de euros, según El Eliseo.

Faltan aún muchos detalles por concretar, pero de los anuncios hechos durante la visita queda claro que la francesa Egis construirá la extensión del tren de alta velocidad que unirá a Kenitra con Marrakech, unos 400 kilómetros por los que circularán entre 12 y 18 trenes fabricados por la francesa Alstom. Se desvanece así el sueño español de hacer esa obra. Quedarán restos del gran lote ferroviario que las empresas españolas CAF y Talgo tendrán que repartirse con sus competidoras.

Tras tres años de relación crispada, que empezó con las revelaciones del espionaje con Pegasus a Macron y su Gobierno, el presidente y el rey Mohamed VI han hecho las paces. Aún recientemente hubo momentos muy tensos, como cuando un diario, propiedad de Mounir Majidi, secretario particular del monarca, difamó a Macron varios días seguidos. También cuando Rabat rechazó con malas maneras la ayuda que París quería brindarle tras el terremoto que asoló el Atlas en septiembre de 2023.

Para sellar la paz, Macron tuvo, como en el caso del presidente Pedro Sánchez, que pasar por el aro del Sáhara Occidental. Francia fue el primer país que en 2007 dio su apoyo a ese sucinto plan de autonomía marroquí, pero ahora la Casa Real alauí que exigía que fuera más allá incluso que España, la potencia que colonizó ese desierto tan extenso como Gran Bretaña. Macron lo hizo el día de la Fiesta del Trono (30 de julio) y lo reiteró dos veces en Rabat, la última el martes durante su discurso ante el Parlamento marroquí.

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“Para Francia, el presente y el futuro del Sáhara se enmarca bajo la soberanía de Marruecos”, declaró. Anunció además que Francia “acompañará a Marruecos en las instancias internacionales” para defender la “marroquinidad” del Sáhara. Ya lo hace en el Consejo de Seguridad de la ONU y en la Unión Europea, aunque ahora la resultará más difícil después de que su Tribunal de Justicia anulase, el 4 de octubre, los acuerdos de pesca y asociación con Rabat porque abarcan al Sáhara Occidental, que no forma parte de Marruecos.

No llegó a anunciar Macron, como había especulado la prensa marroquí, la apertura de un consulado de Francia en Dajla (antigua Villa Cisneros), la segunda ciudad del Sáhara. Tampoco prometió la construcción de una “ciudad nueva” en La Güera, la única aldea de la antigua colonia española que sigue en manos de Mauritania. Rabat sueña con anexionárselo.

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Estas cesiones francesas a las demandas del trono alauí tendrán, pronto o tarde, consecuencias sobre la relación bilateral con España, como la carta de Sánchez a Mohamed VI las tuvo sobre Francia, que recibió más presiones para que siguiese el ejemplo español.

“Rabat acabará exigiendo al Gobierno español que emule a Macron no solo con palabras, sino con gestos”, recalca un diplomático español con experiencia en el Magreb. El primero de esos gestos sería la transferencia del control del espacio aéreo del Sáhara, que desde 1976 se ejerce desde Las Palmas.

Las contrapartidas, al menos sobre el papel, a cambio de este respaldo de Macron, son mucho más tangibles que las que obtuvo Pedro Sánchez cuando en 2022 envió su carta a Mohamed VI, rompiendo con la neutralidad de España en el Sáhara. Solo logró desde entonces una cierta contención de la emigración irregular en el Mediterráneo, excepto en Ceuta. En esa ciudad y en Melilla no se han abierto las anunciadas aduanas que, según el ministro José Manuel Albares, debían inaugurarse a principios de 2023.

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Además de la alta velocidad para Egis y Alstom, “la más competitiva”, según Rabie Khlie, presidente de la ONCF (Renfe marroquí), se firmaron una veintena de contratos o memorandums. Abarcan desde el hidrógeno verde para TotalEnergies, hasta la ampliación del parque eólico de Taza para EDF, pasando la mayor desaladora de África para Veolia. La gestión de una terminal en el puerto Nador-West, cercano a Melilla, recae sobre CMA-CGM, la tercera compañía mundial en transporte de contenedores.

Del festín de la modernización de la red ferroviaria marroquí queda pendiente de repartir los trenes de una nueva red de cercanías (RER) y de media distancia (Intercity) que la ONCF aspira a desarrollar de aquí a 2035, según el digital “Le Desk” de Casablanca. Su ambición es comprar entre 10 y 20 convoys al año durante una década.

Para ello ha convocado lo que denomina un “diálogo competitivo” en el que no solo entra en juego el precio sino la financiación, las transferencias tecnológicas y hasta la construcción de una planta para fabricar los trenes. CAF y Talgo se han apuntado a este “diálogo” en el que también participan la francesa Alstom, la coreana Hyundai Rotem y la china CRRC.

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Este mes de octubre, otra compañía pública española, Ineco, sí consiguió, junto con un socio marroquí, dos pequeños contratos, por un importe global de cinco millones. Se encargará de efectuar los estudios de factibilidad para dos nuevas líneas ferroviarias de Tánger a Tetuán y de Oued Zem a Beni Melal, en el centro del país. Si se exceptúa la alta velocidad, Marruecos apenas ha desarrollado hasta ahora la red ferroviaria heredada de la colonización. Por eso Tetuán, que con su periferia rebasa el medio millón de habitantes, carece de tren.

Macron ha echado el resto en este viaje al que le han acompañado nueve ministros y una delegación más de 120 de empresarios, intelectuales y artistas. Entre ellos tres personajes condenados por los tribunales franceses a diversas penas de cárcel, como el humorista Yassine Belattar, de origen marroquí, que profirió amenazas de muerte. Su nombre no figuraba entre los invitados, pero cuando los periodistas le vieron en el séquito presidencial le dedicaron crónicas que han deslucido un poco el viaje.

Mohamed VI también ha hecho un esfuerzo ímprobo para acoger a su huésped agasajado con todo el boato que sabe desplegar la monarquía alauí. Se le ha visto cansado y caminar despacio, apoyándose en un bastón ortopédico bajo la atenta mirada de su hijo. La prensa marroquí reveló al unísono que padecía “una contractura muscular en la espalda debida a una ciática que afecta al caminar y a la manera de estar de pie”. Esa explicación no bastó para acallar los rumores sobre su estado de salud.

Pegasus marcó, en julio de 2021, el inicio del enfado de Macron con Mohamed VI, y, curiosamente, ahora, el programa malicioso de fabricación la israelí NSO ha vuelto a reaparecer. La Fiscalía de Casablanca anunció el martes la apertura de una investigación “difamación, injurias y difusión de falsas noticias” contra el intelectual Fouad Abdelmoumni y el periodista Hamza Mahfoud. En vísperas de la visita presidencial, ambos escribieron en Facebook que Marruecos había espiado con Pegasus y Mahfoud añadió que lo hizo no solo con el jefe de Estado francés, sino “con periodistas marroquíes, franceses y españoles (...)”.

Francia ha arramplado con casi todo. La reconciliación con Marruecos, con las consiguientes concesiones sobre el Sáhara Occidental, ha dado sus frutos. El presidente Emmanuel Macron concluirá este miércoles su visita de Estado de 48 horas a Rabat con acuerdos apalabrados por hasta 10.000 millones de euros, según El Eliseo.

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