¿A quién quieres más, a mamá UK o a papá Rusia? La 'fiesta de los BRICS' de Putin le gana al abrazo de Carlos III
India y Sudáfrica, dos de los miembros más poderosos de la Commonwealth, dan plantón al monarca para asistir a la cumbre de los BRICS, priorizando sus relaciones con Rusia y China
El Presidente de Rusia, Vladímir Putin, en imagen de archivo. (EFE/Alexander Nemenov)
El día que se anunció la muerte del opositor ruso Alexéi Navalni, encerrado en una cárcel del gulag, una delegación de alto rango del Congreso Nacional Africano gobernante en Sudáfrica se encontraba en Moscú participando en una conferencia sobre “descolonización”. La invasión del Kremlin a Ucrania representa una manifestación descarada del imperialismo más brutal. Pero Vladímir Putin ha comprobado que mostrarse como el mesías de la “descolonización”, invocando recuerdos de la solidaridad de la era soviética con las luchas independentistas marxistas, es un arma poderosa contra Occidente.
Tanto Cyril Ramaphosa, presidente de Sudáfrica, como Narendra Modi, primer ministro de la India, han dado esta semana plantón a Carlos III y, en medio de la actual tensión geopolítica, han priorizado sus relaciones con Rusia y China.
Las cumbres de la Commonwealth —la organización de naciones formada principalmente por antiguas colonias británicas— no suelen acaparar grandes titulares. Pero en el hecho de que este año tanto Sudáfrica como India —dos de sus miembros más poderosos— se hayan dado de baja para asistir, en su lugar, a la cita con los BRICS, organizada por Putin, en Kazán, donde también ha estado presente el presidente chino Xi Jinping, manda un poderoso mensaje.
Ya no sólo se trata de la decadencia del poder de Reino Unido (menos atractivo para muchos tras el Brexit), sino de la imagen que proyecta de Putin. Lejos de estar aislado en el tablero internacional, la reunión diplomática más importante que ha celebrado desde la invasión de Ucrania ha sido todo un éxito. Lanzó un órdago haciendo coincidir su cumbre con la de la Commonwealth y lo ha ganado.
Mientras que el sur Global avanza en su desafío a la hegemonía occidental, tanto desde el punto de vista económico como político, la mancomunidad de naciones creada por Jorge VI (padre de Isabel II) parece estar cada día más obsoleta, ahogada por una ola de republicanismo y demandas a Londres de indemnizaciones por la esclavitud con cifras que algunos sitúan en 19 mil millones de libras.
Alex Gabuev, director del Centro Carnegie Rusia Eurasia en Berlín, asegura que “Rusia no sólo está lejos de ser un paria, sino que es ahora un miembro fundamental de un grupo dinámico que dará forma al futuro del orden internacional”. “No es una mera postura retórica, ni es simplemente un testimonio de la hábil diplomacia del Kremlin con los países no occidentales o del compromiso pragmático y egoísta de esos países con Rusia”, advierte en un artículo publicado en Foreign Affairs.
Putin no pudo arriesgarse a asistir a la última cumbre de los BRICS en Johannesburgo porque no quería avergonzar a sus anfitriones, que se habrían visto obligados a arrestarlo en virtud de la orden de arresto de la Corte Penal Internacional, ya que Sudáfrica es signataria del Estatuto de Roma.
Fue precisamente Moscú el fundador de esta iniciativa para reunir al Sur Global al margen de la Asamblea General de la ONU. El bloque inició su andadura en 2006 con Brasil, Rusia, India y China. Pero Sudáfrica acabó uniéndose en 2010. El punto de inflexión se produjo en 2021 cuando el PIB de estos países superó al de sus homólogos del G-7 (Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Italia y Japón) en paridad del poder adquisitivo como porcentaje del PIB mundial.
A principios de este año, se unieron a esta alianza Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán. Por lo que los BRICS+ suponen el 47,3% de la población mundial con un PIB global combinado del 36,4%, el 40% de la producción global de petróleo y alrededor del 25% de las exportaciones de bienes.
Uno de los objetivos de la cumbre de esta semana ha sido poner los cimientos para crear un sistema de pagos alternativo que compita con SWIFT, la red financiera internacional de la que los bancos rusos quedaron desconectados por las sanciones tras la invasión de Ucrania. Toda una declaración de intenciones.
Su unidad se diluyó tras la invasión rusa en 2022, en la que India, China y Sudáfrica se abstuvieron y Brasil condenó las acciones de Moscú
En 2014, Brasil, China, India y Sudáfrica se abstuvieron de votar una resolución de la Asamblea General de la ONU en apoyo de la integridad territorial de Ucrania tras la anexión de Crimea por parte del Kremlin. Su unidad se diluyó tras la invasión rusa en 2022, en la que India, China y Sudáfrica se abstuvieron y Brasil condenó las acciones de Moscú.
"Este no es mi rey"
Con todo, los analistas señalan que el propósito fundador de los BRICS+ no es tanto la seguridad, sino un medio para desarrollar plataformas económicas y tecnológicas que sean inmunes a la presión y las sanciones de Estados Unidos, en parte eludiendo el dólar e impulsando la internacionalización del yuan.
A pesar de que el grupo tiene un PIB combinado mayor que el del G7 o la UE, su participación en el capital y su consiguiente influencia en el voto dentro de instituciones como el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento siguen siendo significativamente menores, porque el poder de voto de cada país miembro se pondera en función de su contribución financiera al Banco Mundial. Pero su avance es innegable.
Su propósito es un medio para desarrollar plataformas económicas y tecnológicas que sean inmunes a la presión y las sanciones de EEUU
Por su parte, la imagen trasladada esta semana por la Commonwealth ha sido prácticamente la opuesta. Tras su paso por Australia —donde ha tenido que escuchar manifestaciones con cánticos de “Este no es mi rey”—, Carlos III viajaba a Samoa para pronunciar su primer discurso inaugural como jefe de esta mancomunidad de naciones desde su coronación. Pero la lista de invitados de este año pone de relieve que el poder de convocatoria del monarca británico no es lo que era.
Aparte de la sonada ausencia del primer ministro indio y el presidente sudafricano, Sri Lanka, que esta semana solicitaba su adhesión a BRICS, tampoco envió ni a su primer ministro ni a su ministro de Asuntos Exteriores. Ni siquiera Canadá, un aliado cercano de Reino Unido y miembro de “Five Eyes”, una de las alianzas de espionaje más completas de la historia creada tras la Segunda Guerra Mundial, mandó a representantes de alto nivel.
Fundada en 1949, la Commonwealth está formada principalmente por antiguas colonias británicas, aunque algunos miembros nunca han sido súbditos, como Ruanda y Mozambique, que se unieron en 2009 y 1995 respectivamente. La organización se describe a sí misma como una asociación voluntaria con objetivos compartidos para proteger el medio ambiente, impulsar el comercio, apoyar la democracia y promover la educación y la igualdad de género.
Pero su influencia está cada vez más en entredicho y la dirección del viaje parece poco prometedora para el 'poder blando' de Reino Unido. Cuando Isabel II accedió al trono en 1952, era jefa de Estado en 32 de esas naciones. En el momento de su muerte, en 2022, solo lo era de 14, sin contar con el propio Reino Unido. Aunque su papel, como el que tiene ahora Carlos III, es puramente ceremonial.
Barbados se convirtió en república en 2021; Jamaica planea seguir su ejemplo el año que viene. Y Australia se vio obligada a principios de este año a aparcar los planes de un referéndum tras anunciarse la visita real.
Asimismo, varias naciones caribeñas han aprovechado la cumbre para pedir compensaciones económicas a Londres por el legado de la esclavitud. El primer ministro británico, Keir Starmer, ha rechazado las peticiones y se niega a pedir disculpas por el papel histórico de Reino Unido. En su lugar, considera que los países deberían trabajar juntos para garantizar que el futuro no esté a la “sombra del pasado, sino que esté iluminado por él”.
El tema de la reunión de este año —algo tan difuso como “Un futuro común resiliente: transformar nuestra riqueza común”—, no ha servido para disuadir a los críticos que describen a la Commonwealth como un lugar de discusión trivial de miembros cada vez más desinteresados.
Los defensores, sin embargo, destacan sus posibilidades económicas. El portavoz de Downing Street asegura que las delegaciones de los 55 países representan “un mercado combinado para las empresas británicas por valor de 19,5 mil millones de dólares para 2027”. Asimismo, apuntan que la alianza contiene casi un tercio de la población mundial y, aparte de las Naciones Unidas, es posiblemente el más diverso de todos los grupos de Estados, en términos de riqueza, tamaño, geografía y composición religiosa.
Aunque en sus reuniones no se abordan temas de Estado de derecho o derechos humanos. Más de la mitad de los países del mundo donde el matrimonio entre personas del mismo sexo está penalizado pertenecen a la Commonwealth. Uganda persigue abiertamente a los homosexuales. Sri Lanka siguió siendo miembro durante su guerra civil, un período marcado por acusaciones de crímenes de guerra. Pakistán no es un refugio para sus minorías religiosas. En definitiva, tal y como apuntaba Político, “es difícil evitar la sensación de que el sol se está poniendo sobre los restos del Imperio británico”.
Avance imparable de China
Más allá del acercamiento a Moscú, los países de la Commonwealth también se están rindiendo ante el poder seductor de Xi Jinping. Cuando este mes Londres anunciaba su renuncia al control de las islas Chagos, reclamadas por la pequeña nación de Mauricio, la decisión no estuvo exenta de polémica, ya que las islas se encuentran en una posición estratégica en medio del Océano Índico, una zona de creciente competencia entre las naciones occidentales, India y China.
Si bien la base militar de Diego García permanecerá bajo jurisdicción de Washington y Londres durante al menos 99 años, no se pueden obviar los vínculos comerciales de Mauricio con China.
No es un caso aislado. El año pasado, las Islas Salomón, otro miembro de la Commonwealth, firmaron un acuerdo de cooperación policial con China, provocando más que nerviosismo entre los australianos y estadounidenses.
Los funcionarios británicos son conscientes de la necesidad de evitar que los estados más pequeños, muchos de ellos en África, dependan demasiado del gigante asiático. La ministra de Desarrollo de Reino Unido, Anneliese Dodds, se comprometió la semana pasada a “acelerar” la reforma de los bancos de desarrollo para ayudar a los estados vulnerables a “escapar de la trampa de la deuda insostenible”. Pero parece que China y Rusia están jugando bien sus cartas.
El día que se anunció la muerte del opositor ruso Alexéi Navalni, encerrado en una cárcel del gulag, una delegación de alto rango del Congreso Nacional Africano gobernante en Sudáfrica se encontraba en Moscú participando en una conferencia sobre “descolonización”. La invasión del Kremlin a Ucrania representa una manifestación descarada del imperialismo más brutal. Pero Vladímir Putin ha comprobado que mostrarse como el mesías de la “descolonización”, invocando recuerdos de la solidaridad de la era soviética con las luchas independentistas marxistas, es un arma poderosa contra Occidente.