Cómo no publicar algo y perder 200.000 suscriptores: el drama del 'Washington Post'
Los críticos apuntan a que la decisión de no respaldar a Kamala Harris no responde a principio editorial alguno, sino a un cálculo político: evitar roces con Trump durante su posible segundo mandato
Donald Trump sostiene un ejemplar de 'The Washington Post' durante su primer mandato presidencial, en 2020. (EFE/Oliver Contreras)
Es la comidilla del momento en el ecosistema mediático estadounidense. Este fin de semana, The Washington Post y Los Angeles Timesanunciaron que no respaldarán a ningún candidato en las elecciones presidenciales. Fue la primera vez desde 1988 y 2004, respectivamente, en la que esa decisión era tomada. Y esta vez, afirmaban, era para siempre.
La práctica de dedicar una editorial a recomendar a un candidato —el llamado endorsement— data del siglo XIX y está profundamente arraigada en la prensa política estadounidense. Sin embargo, el gesto ha sido un creciente sujeto de debate. Para algunos, es una declaración necesaria de transparencia sobre la brújula moral del periódico; para otros, es un intento absurdo de dictar al lector cómo debería votar.
Independientemente del debate, el timing ha sido especialmente problemático. La decisión de renunciar a estos respaldos llega a solo días de una de las elecciones presidenciales más ajustadas de la historia de Estados Unidos, una contienda que muchos lectores de ambos periódicos, pertenecientes a la élite intelectual y cultural de las costas, perciben como una amenaza existencial para la democracia del país. En este contexto, el hecho de que dos de los medios más influyentes de Estados Unidos decidan “mantenerse neutrales” ha sido considerada por gran parte de su audiencia como alta traición.
La reacción ha sido inmediata y furiosa, especialmente contra The Washington Post. En cuestión de días, el periódico ha perdido más de 200.000 suscripciones digitales, un 8% de su base. Para poner esta cifra en perspectiva: un medio formado solo con estas cancelaciones sería el segundo con más suscriptores en el mercado español.
La medida también ha provocado una serie de renuncias en la redacción, con columnistas influyentes como Robert Kagan y Michele Norris, así como múltiples miembros de la junta editorial abandonando sus puestos en señal de protesta. Varios han hecho pública su indignación, acusando al periódico de traicionar sus principios. Bob Woodward y Carl Bernstein, figuras históricas del Post que revelaron el escándalo del Watergate, también expresaron su rechazo a la decisión, calificándola de “error de proporciones históricas”.
Jeff Bezos, dueño Amazon y del Post, y Patrick Soon-Shiong, propietario de Los Angeles Times, defendieron públicamente su decisión en nombre de la imparcialidad, argumentando que los respaldos editoriales alimentan una percepción de sesgo y restan credibilidad a sus medios. No obstante, los críticos apuntan a que la medida no responde a principio editorial alguno, sino a un cálculo político: evitar roces con Trump durante su posible segundo mandato.
El expresidente republicano cuenta con un largo historial de ataques y amenazas dirigidas a los medios de comunicación que considera como rivales. Sin embargo, durante este ciclo electoral ha dado varios pasos más allá, adelantando que su administración utilizará el poder judicial contra la prensa. Por ejemplo, ha señalado en múltiples ocasiones que las cadenas de televisión podrían perder sus licencias de emisión si publican contenido que no le favorece. También ha planteado la idea de controlar desde la Casa Blanca agencias reguladoras independientes, como la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), a la que calificó como una “cuarta rama de gobierno” que debe ser subyugada al poder presidencial.
Por eso, la narrativa dominante entre los críticos de la decisión de The Washington Post y Los Angeles Times es que se trata de un acto de cobardía. Este repliegue editorial se interpreta como un intento de protegerse de futuras represalias en caso de que gane el candidato que ambos medios inicialmente planeaban no respaldar. Muchos han recurrido al concepto de “obediencia anticipada”, acuñado por el historiador Timothy Snyder, quien lo define como “ceder el poder al aspirante autoritario antes de que lo exija”. Para los críticos, la decisión de no respaldar a ningún candidato se asemeja a esta forma de sumisión preventiva.
Lo cierto es que este giro en lo que respecta a los respaldos editoriales no es un caso aislado, sino parte de una tendencia en los medios estadounidenses. De acuerdo con Associated Press, en 2008, 92 de los 100 periódicos más importantes del país respaldaron públicamente a un candidato presidencial, ya fuera el demócrata Barack Obama o el republicano John McCain. Durante el enfrentamiento entre Joe Biden y Donald Trump de 2020, esa cifra cayó a solo 54. Cada vez más propietarios de medios consideran que no vale la pena en un clima de creciente polarización política.
En última instancia, la pregunta clave de este debate es: ¿a quién le importa? ¿No son los endorsements, al fin y al cabo, un vestigio de otro tiempo, cuando la opinión de un medio tenía algo de relevancia? Hoy en día, nadie cree en serio que el respaldo editorial de un medio pueda tener la más mínima influencia en el voto de alguien. En 2016, por ejemplo, 57 periódicos respaldaron a Hillary Clinton, mientras que solo dos apoyaron públicamente a Donald Trump. El resto es historia.
Es más que probable que si The Washington Post y Los Angeles Times hubieran anunciado al inicio del ciclo electoral que esta vez no respaldarían a ningún candidato públicamente, nadie se hubiera inmutado. Las columnas de opinión de ambos medios están plagadas de las críticas a Trump que sus lectores buscan. Pero tomar esta decisión a última hora, a solo días de la elección, los ha lanzado de lleno al centro de la controversia, dejando el terreno fértil para la especulación sobre sus verdaderas motivaciones. Lo que se publica —o se omite— en las editoriales quizás no cambie un solo voto, pero, como ahora han aprendido ambos medios, tiene una enorme capacidad para enfurecer a sus suscriptores.
Es la comidilla del momento en el ecosistema mediático estadounidense. Este fin de semana, The Washington Post y Los Angeles Timesanunciaron que no respaldarán a ningún candidato en las elecciones presidenciales. Fue la primera vez desde 1988 y 2004, respectivamente, en la que esa decisión era tomada. Y esta vez, afirmaban, era para siempre.