Por un puñado de votos: hay otra gran elección en EEUU y los demócratas necesitan un milagro
Escondida tras el cara a cara entre Trump y Harris se encuentra otra carrera electoral. Una vital para poder gobernar y en la que los demócratas afrontan serios problemas
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¡Saludos!
Comienza la última semana previa a las elecciones de Estados Unidos y os escribo desde Philadelphia, la mayor ciudad de Pensilvania. Este estado se ha convertido en algo parecido a la segunda residencia de Donald Trump y Kamala Harris, que han realizado aquí 11 y 13 visitas, respectivamente.
¿Por qué? Porque ganar este territorio, de acuerdo con el análisis más reciente de Nate Silver, otorga al candidato un 90% de posibilidades de llegar a la Casa Blanca. Pensilvania, con 19 votos electorales, es el estado más importante de los siete en los que el resultado todavía no parece decidido. Demócratas y republicanos, por igual, se lo juegan todo aquí y por eso están dedicando una cantidad francamente absurda de dinero en propaganda electoral, además de recorrer cada esquina en busca de votantes.
Pero escondida tras este cara a cara entre Trump y Harris se encuentra otra carrera electoral. Una cuya importancia, aunque no pueda parecerlo, está solo ligeramente por debajo de la presidencial. Y una en la que las encuestas indican que los demócratas están en serios problemas. Hoy hablamos de la gran batalla por el Senado de Estados Unidos.
El próximo 5 de noviembre, además del presidente, los estadounidenses renovarán la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado. La Cámara, con 435 miembros, se elige cada dos años, mientras que el Senado, de 100 escaños (dos por estado) y con mandatos de seis años, se renueva de forma escalonada. Este año, 34 senadores se juegan su puesto.
Los dos cámaras son clave para determinar el margen de maniobra del próximo mandatario y tienen la capacidad de poner freno a la mayor parte de su agenda. Pero de entre ambas, el Senado es la más importante. Los senadores tienen la facultad exclusiva de aprobar o rechazar los nombramientos realizados por el presidente para altos cargos del ejecutivo y del poder judicial, como la mayoría de los miembros del gabinete y los jueces federales, incluyendo los magistrados del Tribunal Supremo.
Que los demócratas la tengan cruda en el Senado es más la norma que la excepción. Cada estado, independientemente de su población, cuenta con dos senadores. Como los votantes progresistas están más concentrados en áreas urbanas de alta densidad, sobre todo en las costas del país, la amplia cantidad de territorios del interior, rurales, poco poblados y muy conservadores, tienen una representación desproporcionada. No importa si California tiene una población superior a la suma de 10 estados controlados por los republicanos: todos tienen el mismo peso en esta cámara.
Aunque se renueven 34 asientos, solo 9 de estas carreras son lo bastante competitivas como para estar en juego. Las encuestas muestran una ventaja demócrata en dos de ellas (Arizona y Nevada), republicana en tres (Montana, Nebraska y Texas) y un empate total para el resto (Pensilvania, Wisconsin, Míchigan y Ohio).
Como puede verse, los republicanos parten con una ligera ventaja. Pero el desafío es mucho mayor para los demócratas de lo que parece: si quieren mantener su actual mayoría de 51 votos en el Senado, tienen que ganar ocho de las nueve carreras. Esto, debido a que la rotación de senadores de este ciclo electoral tiene mucha mayor proporción de progresistas que de conservadores. El resultado es una carrera tan cuesta arriba que parece casi imposible de remontar.
En el caso de que Kamala gane la presidencia, los demócratas podrían conformarse con ganar siete carreras y lograr 50 senadores, porque cuando se produce un empate en una votación de la Cámara Alta, el vicepresidente es el encargado de romperlo. Pero eso sigue implicando que deben vencer en todas las dos competiciones donde van por delante, las cuatro en las que están empatados y, además, arrebatar una de las que cuentan con ventaja republicana.
Ese último paso, como es lógico, es el que más dolores de cabeza está dando al partido de Harris. Durante meses, la gran esperanza fue Montana, un estado profundamente conservador en el que el senador demócrata Jon Tester lleva 18 años sobreviviendo gracias a su pasado de granjero y su imagen de político honesto y cercano a las preocupaciones locales. Sin embargo, las encuestas muestran a su rival republicano, el exmilitar y empresario Tim Sheehy, demasiado por delante como para apostarlo todo a Tester.
Por ello, los demócratas han redirigido sus esfuerzos de última hora hacia el estado conservador por excelencia: Texas. Ahí, intentan derrocar al senador Ted Cruz, uno de los políticos más famosos —y polémicos— de Estados Unidos, que antaño compitió con Donald Trump por la candidatura republicana a la presidencia. El encargado de esta tarea titánica es Colin Allred, exjugador de fútbol americano y actual congresista por Dallas. Muchos lo llamarían una apuesta a la desesperada, pero es la única opción que le queda a Kamala Harris si aspira a tener una mínima oportunidad de gobernar con tranquilidad.
Eso, claro, si logra ganar su propia carrera.
Hoy, en El Confidencial
Argemino Barro ha viajado a Luisiana y relata cómo se ha convertido en el estado con las normas carcelarias más estrictas de EEUU, con consecuencias drásticas para los reos.
Se puede decir muchas cosas de Trump, pero no que no sepa vender la moto… o lo que toque. Mónica Redondo y un servidor explicamos cómo aprovecha su campaña para colar productos.
Un presidente demócrata se retira de la carrera, su vicepresidente ocupa su lugar… y un error lo lleva a perder las elecciones. Sucedió en 1968 y puede volver a ocurrir con Harris.
Media Watch
ALTA TRAICIÓN. El ecosistema de medios estadounidenses experimentó este fin de semana el equivalente a una bomba nuclear cuando tanto Los Angeles Times como The Washington Post anunciaron que este año no respaldarían a ningún candidato. La prensa de EEUU tiene una larga tradición de posicionarse públicamente a favor de uno de los contendientes, por lo que la decisión ha desatado una ola de drama entre la élite cultural del país. ¿Fue una apuesta por la independencia? ¿Cobardía? ¿Dueños multimillonarios a favor de Trump? Y lo más importante, ¿acaso importa?
MALA PINTA. La encuesta más preocupante publicada en los últimos días no es sobre qué candidato va ganando. Un sondeo publicado por The New York Times revela que el 76% de los estadounidenses considera que la democracia en el país está siendo amenazada… pero están totalmente en desacuerdo respecto al motivo. Los republicanos citan el voto por correo, el voto electrónico y los inmigrantes indocumentados como causa, mientras que los demócratas señalan directamente a Donald Trump y sus intentos de revertir el resultado electoral de 2020.
ESCONDAN AL ABUELO. La decisión de la campaña de Harris de evitar cualquier tipo de colaboración con Joe Biden está empezando a levantar ampollas. La campaña de la demócrata considera que el presidente, en estos momentos, es un peso muerto que puede arrastrarla, pero el equipo de Biden piensa que todavía es popular entre los votantes de clase trabajadora del Cinturón de Óxido, como Pensilvania, Wisconsin o Michigan. Según reporta Axios, las tensiones están llegando al punto álgido justo antes de la línea de meta.
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