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Puerto Rico, una "isla de basura flotante": el gran 'show' de Trump puede salirle muy caro
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Tiro en el pie a dos pasos de la meta

Puerto Rico, una "isla de basura flotante": el gran 'show' de Trump puede salirle muy caro

Trump buscaba que su mitin en el Madison Square Garden de Nueva York le garantizara una atención mediática masiva, pero el evento acabó marcado por el monólogo racista de uno de sus invitados

Foto: Donald Trump ofrece un mitin ante miles de asistentes en el Madison Square Garden de Nueva York. (EFE/Sarah Yenesel)
Donald Trump ofrece un mitin ante miles de asistentes en el Madison Square Garden de Nueva York. (EFE/Sarah Yenesel)
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A nueve días de las elecciones, Donald Trump decidió dejar la ruta de los estados clave para protagonizar un gran mitin en el Madison Square Garden de Nueva York, un bastión demócrata que no tiene ninguna posibilidad de ganar. El objetivo no era convencer a los neoyorquinos, que lo conocen desde hace décadas, de que le voten, sino una demostración de músculo destinada a generar titulares y a garantizarle una atención mediática masiva. Una proyección de fuerza al mostrarse como el único capaz de movilizar a multitudes en una megalópolis que le rechaza. Un gran show ideado por el gran showman político de Estados Unidos.

En lo que a movilización se refiere, el candidato republicano tuvo un éxito indiscutible. Logró un lleno absoluto en una arena con una capacidad para casi 20.000 asistentes, con largas filas y una multitud en el exterior que se quedó sin poder entrar. La asistencia apuntaba hacia un éxito arrollador.

Pero luego, el primer telonero de Trump comenzó a hablar.

Tony Hinchcliffe, un cómico conservador conocido por su humor negro, estrenó el escenario con bromas racistas que desataron pocas risas entre los asistentes y múltiples gruñidos. "No sé si lo sabéis, pero ahora mismo hay literalmente una isla de basura flotante en medio del océano", lanzó Hinchcliffe, que tras una pausa dramática concluyó: “creo que se llama Puerto Rico”. Nadie aplaudió.

Fue solo uno de los múltiples chistes xenófobos que Hinchcliffe lanzó durante su actuación, en la que, por ejemplo, se burló diciendo que los latinos “no paran de tener bebés”, llamó a los palestinos “tirapiedras” y calificó a los judíos de “tacaños”. El comediante, a su vez, fue solo uno entre las cerca de 30 figuras que desfilaron por el escenario esa noche, entre las que se encontraban el multimillonario Elon Musk, el expresentador de Fox News Tucker Carlson y el exluchador Hulk Hogan. Sin embargo, esa broma sobre Puerto Rico parece destinada a ser lo que la mayor parte de EEUU recuerde del gran show de Donald Trump.

Estados Unidos se encuentra en medio de la batalla más ajustada de la historia reciente de Estados Unidos, una en la que un puñado de votos pueden decidirlo todo. Una de las historias más importantes de la campaña hasta la fecha ha sido que Trump parece haber logrado avances entre los votantes latinos de EEUU, especialmente los hombres jóvenes. Pero lo cierto es que el voto latino, como tal, no existe. Se trata de una comunidad muy heterogénea cuya ideología varía considerablemente dependiendo del país donde se originan las raíces. Y los puertorriqueños, este ciclo electoral, son clave.

Desde 2017, se ha producido un creciente éxodo desde Puerto Rico hacia Estados Unidos. Muchos de estos inmigrantes se quedan en Nueva York o Florida, los dos estados con las mayores comunidades boricuas, pero el elevado coste de vida ha empujado a otros hacia estados decisivos como Pensilvania, donde actualmente habitan casi medio millón de puertorriqueños.

El pánico se hizo notar de inmediato dentro del Partido Republicano. La republicana cubanoamericana María Elvira Salazar dijo estar "repugnada" y afirmó que esa retórica "no refleja los valores del Partido Republicano" y el senador Rick Scott, quien se postula para la reelección en Florida, tuiteó: "Este chiste fracasó por un motivo: no es gracioso y no es verdad". Finalmente, una de las principales asesoras de campaña de Trump declaraba públicamente que "esa broma no refleja el punto de vista del presidente Trump o de su campaña".

Mientras tanto, en el Partido Demócrata no podían creerse su suerte. Ese mismo domingo, Kamala Harris se encontraba en un encuentro con la comunidad puertorriqueña en Filadelfia y había lanzado una nueva serie de propuestas para ayudar a la isla, cuyos habitantes no pueden votar en las elecciones de EEUU. “A lo largo de mi carrera, siempre he luchado por el pueblo de Puerto Rico”, dice la candidata demócrata en un video de propaganda electoral difundido ayer. “Donald Trump los abandonó y los insultó en cada oportunidad que tuvo”, agrega.

Tras la viralización del monólogo en el mitin trumpista, los cantantes puertorriqueños Bad Bunny, Jennifer Lopez y Ricky Martin compartieron en sus redes el vídeo de Kamala Harris y llamaron al votar contra el candidato republicano. Mientras tanto, la campaña de Harris difundía por todos los canales posibles el chiste de Hinchcliffe y la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, estrella del progresismo estadounidense y descendiente de inmigrantes de Puerto Rico, llamaba a los boricuas a compartirla con todos sus familiares.

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Lucas Proto. Johnstown (Pensilvania)

Todavía es pronto para medir el impacto final y Trump ha salido airoso de una infinidad de declaraciones polémicas en el pasado. Sin embargo, tan cerca de la línea de meta, esta broma puede salirle muy cara.

A nueve días de las elecciones, Donald Trump decidió dejar la ruta de los estados clave para protagonizar un gran mitin en el Madison Square Garden de Nueva York, un bastión demócrata que no tiene ninguna posibilidad de ganar. El objetivo no era convencer a los neoyorquinos, que lo conocen desde hace décadas, de que le voten, sino una demostración de músculo destinada a generar titulares y a garantizarle una atención mediática masiva. Una proyección de fuerza al mostrarse como el único capaz de movilizar a multitudes en una megalópolis que le rechaza. Un gran show ideado por el gran showman político de Estados Unidos.

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