El 'troyano' Orbán: viaja a Georgia para legitimar al Gobierno y torpedea el discurso de la UE
El primer ministro húngaro viaja por sorpresa a Tbilisi para apoyar al partido gobernante mientras la UE trataba de mantener una posición cautelosa y evitaba legitimar al Gobierno
Viktor Orbán y el primer ministro de Georgia, Irakli Garibashvili, en Tbilisi en 2023. EFE
La UE siguió este sábado con tensión las elecciones en Georgia. Por ser un país a las puertas de Europa, un candidato a unirse al club y un terreno de pulso de influencia entre Bruselas y Moscú. El partido gobernante, Sueño Georgiano (SG), se hizo con una mayoría absoluta en unos comicios que la oposición ha denunciado como plagados de irregularidades, algo que también señalan los observadores internacionales de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Según la Comisión Central Electoral del país, SG habría obtenido el 54,2% de los votos, aunque su resultado ha sido especialmente bueno fuera de las grandes ciudades.
Aunque la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, junto con Josep Borrell, Alto Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad, han hecho un llamamiento para que las autoridades georgianas “cumplan con su deber de investigar y juzgar de forma rápida, transparente e independiente las irregularidades electorales”, Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, país que ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de la UE hasta diciembre, ha decidido este lunes volar a Tiflis para felicitar a Sueño Georgiano, legitimando su victoria.
La tensión es máxima en el país. SG es un partido prorruso dirigido por el magnate Bidzina Ivanishvili, que aunque mantiene que defiende la aspiración europea de Georgia, teje lazos cercanos con Moscú. Fundado en 2012, SG ha ido poco a poco moviéndose a posiciones cada vez más prorrusas, pero manteniendo la fachada de un partido favorable a la integración europea, incluyendo en la noche de la victoria banderas del club comunitario, ya que la integración en la Unión genera un gran consenso entre los votantes. La reciente ley de agentes extranjeros, identificada por muchos como la “ley rusa” o “ley de Putin” por las similitudes con una ley aprobada por el régimen ruso, ha provocado protestas multitudinaruas en el país y la congelación del proceso de adhesión de Georgia a la Unión Europea.
La oposición habla de “golpe de estado” por parte de SG, y los observadores internacionales explican que aunque las elecciones han estado bien organizadas sí que hay desigualdad en los recursos financieros de cada uno de los partidos, y que ha habido casos de presiones, coacción y papeletas ya premarcadas. Uno de los principales partidos de la oposición, el Movimiento Nacional Unido, denunció un ataque a su sede el día de las elecciones, y también se informó de varias agresiones en centros de votación.
El 'caballo de Troya' húngaro
La visita de Orbán, aislado a nivel de líderes de la Unión Europea por su cercanía al Kremlin en la guerra de Ucrania, coincide con una jornada en la que la presidenta georgiana, Salome Zourabichvili, que lidera desde la jefatura del Estado la oposición al partido de Ivanishvili, ha llamado a una gran movilización de la oposición. Los principales partidos opositores, una coalición de formaciones proeuropeas, tenían el compromiso con Zourabichvili de tratar de expulsar a SG del poder tras 12 años.
Aunque la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea, el órgano que reúne a los Gobiernos de los Veintisiete, no da al primer ministro del país ningún rol de representación del club ante países terceros, Orbán ya jugó a representar a la UE durante una “gira por la paz” con la que viajó a Moscú y se reunió con Vladímir Putin, presidente ruso, un movimiento que provocó un fuerte enfado entre sus socios europeos.
En Bruselas se ve con rabia como Orbán juega a plena luz del día en favor de los intereses del Kremlin. El sábado, a las seis de la tarde, cuando todavía no se conocían resultados oficiales, el primer ministro húngaro ya estaba felicitando al actual primer ministro y a Sueño Georgiano “por su aplastante victoria en las elecciones parlamentarias”. “El pueblo de Georgia sabe lo que es mejor para su país y hoy hizo oír su voz”, escribió el líder magiar. La UE sabe que tiene dentro un ‘caballo de Troya’ que actúa en muchas ocasiones siguiendo los intereses rusos, y realmente no tiene demasiados instrumentos para evitarlo.
Orbán hace además mucho más difícil el trabajo de la UE en un territorio muy delicado. En su comunicado conjunto de este domingo Von der Leyen y Borrell no rechazaban las elecciones ni la victoria de Sueño Georgiano. Se limitaban a pedir que se investigaran las irregularidades y que se protegieran los derechos fundamentales de los ciudadanos. ¿Por qué? Porque Bruselas sabe que no tiene demasiado margen de maniobra. Que Georgia es altamente inflamable y que lo mejor es mantener la distancia, apoyar veladamente a la oposición pero sin respaldar al Gobierno.
Georgia no deja de ser un país con un territorio, Osetia del Sur, una región separatista y con un largo historial de tensión con la capital, que desde la guerra de 2008 se considera como ocupado militarmente por Rusia. Tiflis sabe bien, incluso mucho antes de la guerra de Ucrania, que el riesgo de una agresión de Moscú nunca es lejano, y ese miedo interactúa de manera directa con sus aspiraciones europeas.
Esto lo sabe también Bruselas, que por ejemplo se atreve a ser mucho más asertiva en Moldavia, otro país candidato al ingreso en la UE y siempre acechado por el fantasma del Kremlin, pero geográficamente separado de Rusia, que en Georgia, incluso a pesar de que en la capital comunitaria se considera que la población georgiana como más firmemente proeuropea que la moldava. El movimiento de Orbán hace estos equilibrismos más complejos.
La UE siguió este sábado con tensión las elecciones en Georgia. Por ser un país a las puertas de Europa, un candidato a unirse al club y un terreno de pulso de influencia entre Bruselas y Moscú. El partido gobernante, Sueño Georgiano (SG), se hizo con una mayoría absoluta en unos comicios que la oposición ha denunciado como plagados de irregularidades, algo que también señalan los observadores internacionales de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Según la Comisión Central Electoral del país, SG habría obtenido el 54,2% de los votos, aunque su resultado ha sido especialmente bueno fuera de las grandes ciudades.