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Auge y caída de Mound Bayou: la utopía negra de Estados Unidos
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Auge y caída de Mound Bayou: la utopía negra de Estados Unidos

En el pequeño pueblo de Mound Bayou discurre buena parte de la historia afroamericana de Estados Unidos. Desde los días de la opresión hasta los días de la utopía

Foto: Dos jóvenes en el pequeño pueblo de Mound Bayou. (G. C.)
Dos jóvenes en el pequeño pueblo de Mound Bayou. (G. C.)
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En la llanura aluvial del delta del Misisipi, donde el río parece, visto desde el cielo, una larga serpiente que se despereza entre los pastos verdiamarillos, hay una pequeña localidad llamada Mound Bayou. Un pueblecito venido a menos por el que discurre buena parte de la historia afroamericana de Estados Unidos. Desde los días de la opresión hasta los días de la utopía, pasando por todo lo demás.

"Cuando descubrí Mound Bayou, era la única ciudad de los Estados Sureños gestionada por negros", dice Herman Johnson Sr., un señor alto y delgado de 95 años. "El ayuntamiento, la policía, todo. Teníamos una piscina. En ninguna de las piscinas de las otras ciudades podían entrar negros. Era un lugar hermoso". El Sr. Johnson, que lleva una gorra de veterano de la Guerra de Corea, se mudó a Mound Bayou por amor a principios de los años cincuenta. Por amor y porque el Dr. T. R. M. Howard, cirujano fundador del Regional Council of Negro Leadership, le ofreció un empleo en su compañía de seguros de vida, Magnolia.

"¿Sabes quién era Rosa Parks?", pregunta Johnson Sr. "Rosa Parks oyó hablar a T. R. M. Howard durante una reunión en la iglesia de Martin Luther King, el papá de Martin Luther King Jr., sobre el asesinato de negros en el sur, entre ellos Emmett Till. ¿Sabes quién era Emmett Till?".

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Foto: G. C.

La entrevista con el Sr. Johnson y sus dos hijos, Darryl Johnson y Herman Johnson Jr., se celebra en el Museo de Historia y Cultura Afroamericana de Mound Bayou, una localidad donde, según el último censo, el 99,63% de la población es negra. En la sala donde estamos conviven las banderas confederadas y las fotografías de la fundación de Mound Bayou, los capuchones del Ku Klux Klan y los retratos de los líderes de los derechos civiles, los artefactos de la libertad y los artefactos de la tiranía.

El Rey Algodón

Un denso tapiz de magnolias, arces y enebros cubre las llanuras a ambos lados de las desgastadas carreteras del delta del Misisipi. Todo lo demás son cultivos. La estela de polvo que dejan las cosechadoras de algodón a veces se mete entre los coches como una pequeña nube descarriada. Los nutrientes de este suelo arcilloso, vigorizado por los sedimentos de las inundaciones y por los suaves y prolongados veranos, han sido una bendición y una maldición para sus habitantes.

La fertilidad de la tierra es una de las razones por las que esta región tuvo la mayor proporción de personas esclavizadas de Estados Unidos. El otro motivo fue el algodón. El boicot de los colonos rebeldes a la industria textil inglesa incentivó la producción masiva de algodón en suelo americano, y la invención de la desmotadora en 1793, que permitía separar las semillas con una manivela, disparó su rentabilidad.

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Plantación de algodón en Mound Bayou. (G. C.)

Como consecuencia, los estadounidenses se lanzaron a la conquista del sur y del oeste: necesitaban tierras, muchas tierras. Y necesitaban mano de obra. Desde la fundación de Estados Unidos hasta la Guerra Civil, menos de un siglo después, la población de esclavos de origen africano pasó de 700.000 a casi cuatro millones. "Eso fue lo que hizo de América un país financieramente fuerte. La producción de algodón", dice Darryl Johnson, exalcalde de Mound Bayou y predicador de la iglesia local Walk of Faith Covenant. "Sobre las espaldas de los esclavos, aquí mismo", añade señalando al suelo de Mound Bayou.

Estados Unidos llegó a producir dos tercios del algodón mundial. Cerca de un millón de toneladas al año, cosechadas por 1,8 millones de trabajadores cautivos. El Rey Algodón representaba más de la mitad de las exportaciones estadounidenses.

El aumento de la población subyugada en los estados del sur transformó la economía del país y generó nuevas tensiones. Mientras los estados del norte, más industrializados y cosmopolitas, fueron uno tras otro aboliendo la esclavitud, en el sur las plantaciones crecían y con ellas la supraestructura del racismo.

Las leyes decían que no era delito matar a un esclavo durante el castigo físico, por ejemplo, pero sí tener un hijo con una persona de otro color. Los racistas usaban un amplio abanico de métodos represivos: desde la pseudociencia, que relacionaba la apariencia física con las cualidades intelectuales y morales, a la prohibición de leer y escribir, la separación rutinaria de las familias y las más variadas torturas.

La utopía esclavista

Aunque la esclavitud sea por definición un sistema inhumano, no todas las plantaciones eran iguales. Hubo una, situada en un recodo del delta del Misisipi llamado Davis Bend, cuyo amo quería probar una idea distinta. Joseph Davis, hermano mayor del mismo Jefferson Davis que lideró la secesión confederada, había estudiado las teorías del inglés Robert Owen, fundador del "socialismo utópico".

Joseph Davis pensaba que, si trataba mejor a sus esclavos, si les enseñaba a leer y a escribir, les daba bien de comer y les proporcionaba cuidados médicos y dentales, estos serían más felices y más eficientes. Trabajarían mejor. Entre los cautivos de Davis Bend destacaba Benjamin Montgomery, que aprovechó el acceso a la biblioteca de Joseph Davis para aprender aritmética, derecho, arquitectura, mecánica e ingeniería. Montgomery acabó administrando toda la hacienda.

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El Museo de Historia y Cultura Afroamericana. (G. C.)

Tras la Guerra Civil, Benjamin Montgomery le compró la plantación a Davis por el equivalente actual a casi cinco millones de dólares. Su sueño era crear una comunidad próspera de negros libertos. Durante unos pocos años lo consiguió. El algodón de la plantación fue reconocido como el de más alta calidad en la Exposición Internacional de 1870, pero, seis años después, unas inundaciones devastadoras transformaron esa zona en una isla y arruinaron la agricultura. Montgomery perdió la plantación en 1876 y murió al año siguiente. Pero el sueño sobrevivió.

"Benjamin Montgomery había legado su visión a su hijo, Isaiah, y al primo de este, Benjamin T. Green", explica Darryl Johnson. "Estos deciden comprar esta tierra del delta del Misisipi. Una tierra pantanosa. Y empiezan a traer gente, a drenar, a talar los árboles, construyen un aserradero… Montgomery le dice a su gente: si hicimos todo esto para los amos, ¿por qué no hacerlo para nosotros mismos?".

Así fue como nació Mound Bayou, en el recodo de Davis Bend, en 1887. En medio de la "peor y más absoluta tierra salvaje", en palabras de uno de sus pioneros. La degradación que la esclavitud y el racismo habían causado a la imagen de los afroamericanos hizo que sus fundadores se prometieran a sí mismos organizar una localidad modelo: ambiciosa, ética, próspera y libre.

La utopía liberta

En aquel entonces, la idea de crear un lugar seguro y floreciente para los ciudadanos negros, en un estado como Misisipi, era simplemente utópica. La emancipación de los esclavos se había quedado a medias. Acabada la Guerra Civil, los engranajes de la opresión se reorganizaron y volvieron a sus goznes.

El presidente Andrew Johnson, que había reemplazado al asesinado Abraham Lincoln, se reconcilió con los mismos aristócratas supremacistas contra los que se había librado una guerra. A cambio de su arrepentimiento formal, les restituyó buena parte de las propiedades y les permitió aprobar leyes muy similares a las que habían imperado durante la esclavitud.

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Foto: G. C.

"El fermento en el campo y las ideologías y prejuicios heredados de la esclavitud convencieron al sur blanco de que el trabajo forzado era necesario para reanudar la producción en las plantaciones", escribe el historiador Eric Foner en Reconstruction: America’s Unfinished Revolution. "Con su autoridad personal sobre los negros destruida, los latifundistas recurrieron al Estado para restablecer la disciplina".

Los estados sureños aprobaron los llamados Códigos Negros, que, entre otras cosas, prohibían a los afroamericanos alquilar espacios en zonas urbanas, les cobraban más impuestos si trabajaban en sectores que no fueran la agricultura o los servicios y castigaban algo tan interpretable como la "vagancia" o el "mal comportamiento". Cosas que podían incluir un gesto, una mirada o una forma de vestir.

Los Códigos Negros y las leyes de segregación racial causaron el mayor movimiento de personas de la historia de EEUU, la Gran Migración. El desplazamiento de unos seis millones de afroamericanos, entre 1910 y 1970, desde los Estados del sur a ciudades norteñas como Nueva York, Chicago, Detroit y Filadelfia.

Buena parte de la población negra del sur intentó dejar atrás, de esta forma, la pobreza y el despotismo. Pero otros se quedaron. Los líderes de Mound Bayou erradicaron estas lacras, a través del ingenio y el trabajo duro, en su tierra.

"En la segunda década del siglo XX, la población de Mound Bayou se había multiplicado y contaba con 13 comercios, varias tiendas pequeñas, un aserradero, tres desmotadoras de algodón, el banco de propiedad negra más importante de Misisipi, y diez iglesias", escribe el historiador David T. Beito, profesor de la Universidad de Alabama. "Las organizaciones negras de todo el Estado celebraban a menudo sus conferencias en la localidad, que ofrecía seguridad frente a los toques de queda racistas y otros tipos de acoso policial".

La doctrina conservadora

Para comprender la filosofía que guiaba a los fundadores de Mound Bayou, hay que tener en cuenta las dos grandes escuelas del pensamiento político negro en Estados Unidos. La escuela "conservadora" de Booker T. Washington y la escuela "radical" de W. E. B. De Bois. Dos estrategias distintas para alcanzar la igualdad racial.

El intelectual Booker T. Washington, que nació en la esclavitud en 1856, predicaba la doctrina de la mejora personal, la autosuficiencia y la solidaridad entre los negros. Ya que los blancos no iban a renunciar a sus privilegios raciales, dependía de los negros buscar su propia fortuna mediante la educación y el trabajo. De esta forma acumularían poder y se ganarían, al final, la igualdad con los blancos.

W. E. B. Du Bois, que nació en Massachusetts una década después, rechazaba la postura conciliadora de Washington y apostaba por una mentalidad militante. Si los afroamericanos se limitaban a cuidar sus propios asuntos, aceptando tácitamente la discriminación estructural, jamás se liberarían. Tenían que organizarse y salir a protestar, a conquistar sus derechos con visibilidad y con ruido.

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Foto: G. C.

"Du Bois era la lucha: mantenerse firme hacia fuera. No dejes que vengan a decirte lo que tienes que hacer. Pero también había que mantenerse fuerte desde dentro. Ese era Booker T. Washington", dice Darryl Johnson. "Hacedlo vosotros: educaos, aprended a hacer negocios, a llevaros bien con el enemigo, fundad vuestras ciudades. Los dos son profundamente respetados. Mound Bayou fue más influido por Booker T. Washington, porque este colaboró con Isaiah T. Montgomery".

Mound Bayou se convirtió en la joya de la corona de la doctrina washingtoniana. Pero los abusos y los linchamientos contra los negros del sur acabaron agotando la paciencia de líderes washingtonianos como T. R. M. Howard, un caballero de gafas y pajarita, cirujano, empresario y figura dominante de Mound Bayou.

La doctrina radical

Entre los artefactos del museo local, que dirige Herman Johnson Jr., está la reproducción en látex del cadáver de Emmett Till. Metido en una caja, uno puede ver su cuerpo deformado por la tortura, lleno de cortes, con un ojo salido del cráneo y la otra cuenca vacía.

En 1955, este adolescente de 14 años, natural de Chicago, fue a pasar las vacaciones con sus abuelos a un pueblecito del delta. Estando allí, entró en una tienda y le dijo algo a una mujer blanca de 21 años, Carolyn Bryant, que era la esposa del dueño. No se sabe qué. Quizás un piropo o un comentario banal. Till vivía en Chicago y posiblemente no estaba al tanto de las reglas sureñas. Entre ellas, que bajo ningún concepto podía un hombre negro (aunque de 14 años) dirigirse a una mujer blanca.

Cuando Bryant se lo contó a su marido, este y su hermanastro fueron a buscar a Till a casa de su abuelo unas noches después, le hicieron transportar una rueca de algodón hasta un río, lo desnudaron, lo golpearon, le arrancaron un ojo, le dispararon en la cabeza y tiraron su cadáver al agua. La sociedad sureña blanca ni se inmutó. El juicio duró menos de una hora. Los asesinos fueron considerados inocentes de todos los cargos, incluido el de secuestro.

placeholder La reproducción en látex del cadáver de Emmett Till. (G. C.)
La reproducción en látex del cadáver de Emmett Till. (G. C.)

El caso de Till, sin embargo, movilizó a la comunidad negra. Fue T. R. M. Howard quien transmitió la noticia de la absolución de los criminales durante un discurso en una iglesia de Montgomery, en Alabama. Howard habló también de los recientes asesinatos, ese mismo año, de George Washington Lee y Lamar Smith, mientras hacían campaña para registrar a los afroamericanos en el sistema de voto.

Escuchando a Howard estaba Rosa Parks, que pocas semanas después fue la activista elegida por la asociación NAACP para empezar a boicotear la segregación en los autobuses y catapultar la causa de los derechos civiles a las audiencias nacionales.

En este contexto de agitación, Mound Bayou hizo honor a su reputación de refugio y de base de operaciones. La ausencia de vecinos de raza blanca y el hecho de que los líderes negros iban armados (T. R. M. Howard dormía con una metralleta Thompson a los pies de la cama) hacía difícil que los grupos racistas operaran en Mound Bayou, y allí se organizaron campañas de boicot y otras acciones de la época.

Los sucesos de los años cincuenta provocaron una transición. Y el énfasis pasó de la discreción, la autosuficiencia y la ética del trabajo que pregonaba Booker T. Washington, a la militancia activa del ya octogenario W. E. B. Du Bois. Una estrategia de desobediencia pacífica abanderada por el reverendo Martin Luther King Jr.

Darryl Johnson recuerda ver la televisión en blanco y negro, cuando era un niño en Mound Bayou, y preguntarse por el mensaje de no violencia que predicaban King y compañía. Después de todo lo que habían sufrido. "La manera en que vivimos, como cristianos, es aprender a amar al otro, aunque este no te ame. Es aprender a perdonar a quien te hace daño", dice el reverendo Johnson. "Yo solía pensar mucho en estas cosas: ¿cómo es que Martin Luther King le decía a la gente, marchad, y dejad que os escupan y que os abofeteen, y poned la otra mejilla?".

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"Veía las noticias en televisión: de un lado, gente marchando de la mano; del otro, gente enfadada, escupiendo, maldiciendo, provocando", continúa. "Y quienes iban de la mano eran mi gente. Los otros eran blancos. Yo pensaba, ¿por qué están tan enfadados? Como yo vivía refugiado en una localidad totalmente negra, sentía pena por los blancos. Pensaba que estaban enfadados con los negros porque los negros teníamos éxito. Luego me enteré de que esto no era así. Estaban enfadados porque nos tenían miedo".

La caída

El hotel-casino Gold Strike es un complejo iluminado junto al río Misisipi. Su edificio plano de 30 plantas parece hecho completamente de oro, como si Dios se hubiera descuidado y las puertas mágicas que llevan a la riqueza se hubieran caído del cielo, aterrizando de pie en mitad de las llanuras boscosas del delta.

Las máquinas tragaperras del casino, situado en la inmensa planta baja del complejo, son como teléfonos de última generación: nítidas y curvadas pantallas táctiles que proyectan imágenes serenas. Playas vírgenes con árboles que mece la brisa y portentosos acantilados. La mayoría de los jugadores solitarios beben una Bud Light y acumulan colillas en un cenicero, pero el ambiente huele a raíz de vainilla.

Los casinos y los carteles de abogados sonrientes que aparecen a los lados de la carretera se antojan como grandes buitres encorvados sobre sus víctimas. Son los habitantes de una de las regiones más pobres de Estados Unidos. Pero resulta fácil juzgarlo desde fuera. Lo cierto es que a nadie le amarga un ingreso fiscal.

"¿Un casino? Ojalá tuviéramos esa suerte, pero no es el caso", dice Theresa Brown, empleada del ayuntamiento de Mound Bayou, cuya entrada principal está acordonada como la escena de un crimen y dentro tiene muebles desvencijados y un expendedor de agua carcomido por el óxido. "Antes teníamos nuestro propio instituto. Ahora ya no. Tampoco tenemos un hospital. Ni negocios. Mucha gente se ha ido. Este se ha convertido en un lugar para jubilados, donde no hay nada que hacer, salvo sentarte en tu porche, mecerte y beber café. ¿Sabes a qué me refiero?".

placeholder El hotel-casino Gold Strike. (G. C.)
El hotel-casino Gold Strike. (G. C.)

Esta historia de Mound Bayou termina con una paradoja. La lucha por los derechos civiles, en la que algunos residentes del pueblo, como Medgar Evers, perdieron la vida, acabó dando sus frutos. Y ese éxito provocó, entre otros factores, el declive socioeconómico de Mound Bayou.

"Cuando era un niño, era un lugar concurrido", dice Herman Johnson Jr., director del museo. "Había muchas tiendas y la autopista pasaba justo por aquí, por el medio de la localidad. Había mucha más gente que ahora. Pero, desde entonces, la agricultura, que es la economía de la zona, se ha mecanizado. Y mucha gente de aquí, cuando se hace mayor, se pregunta: ¿voy a dedicarme a recoger algodón, o voy a irme a Chicago o a San Luis para conseguir un empleo?".

"Pero el apogeo de Mound Bayou, la verdadera razón por la que prosperó, es porque era una localidad negra", continúa Johnson. "Había personas de otros lugares que venían a Mound Bayou a comerciar, porque no podían ir a una tienda donde ellos vivían. O venían aquí al hospital, porque en los hospitales de sus zonas los iban a tratar fatal. Pero, dado que los derechos civiles permitieron que se pudiera usar la puerta de delante de los negocios en otros sitios, junto a otros factores, hubo un declive de la población y de la economía. [Los afroamericanos] ya no tenían que gastar el dinero necesariamente aquí. Ahora lo podían gastar en otros lugares".

Con un censo de 1.380 habitantes, Mound Bayou tiene hoy seis veces menos población que hace medio siglo. Y casi la mitad de sus vecinos, el 46%, vive en la pobreza. La localidad es un puntito más en el mapa rural de Misisipi, jalonado por pequeñas iglesias, casitas de una planta, tiendas de Dollar General y diners donde los granjeros se detienen a cenar con la ropa manchada del polvo oscuro de la tierra.

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Foto: G. C.

Su localización en el delta del Misisipi ofrece posibilidades de mejora. La Ruta del Blues, el género musical que transformó las luchas y sufrimientos de esta región, la cultura oral traída de África, los rezos y los cantos de labranza, en duras baladas emocionales, pasa por aquí: con sus salas de conciertos, museos y memoriales. Las casas de líderes históricos de Mound Bayou siguen en pie, esperando a los turistas.

El Museo de Historia y Cultura Afroamericana, inaugurado en 2021 y contribuyente de la película Till y la serie Women of the Movement, centradas ambas en el linchamiento de Emmett Till, atesora una colección de artilugios y trajes de época. Y sueña con participar en un renacimiento local. De peores situaciones han salido.

En la llanura aluvial del delta del Misisipi, donde el río parece, visto desde el cielo, una larga serpiente que se despereza entre los pastos verdiamarillos, hay una pequeña localidad llamada Mound Bayou. Un pueblecito venido a menos por el que discurre buena parte de la historia afroamericana de Estados Unidos. Desde los días de la opresión hasta los días de la utopía, pasando por todo lo demás.

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