La Italia de Meloni propone un 'servicio civil' en el campo para "recuperar el vínculo con la patria"
El programa arranca en medio de numerosas polémicas. Al ministro de Agricultura se le acusa de querer introducir un verdadero "caporalato de Estado" y "restaurar una mili voluntaria"
Una cosechadora trabajando en un campo de trigo en Ponte Galeria, a las afueras de Roma. (EFE/Luciano del Castillo)
Mil jóvenes al servicio de la patria para sembrar los campos. Una suerte de servicio civil no obligatorio, pero que, si buscamos referencias históricas, tiene reminiscencias de aquello que pedía la China de Mao de "Bajar al campo, subir a la montaña" para que los jóvenes urbanitas "aprendieran de los trabajadores del campo". En este caso, han sido Francesco Lollobrigida y Andrea Abodi, ministros italianos de Agricultura y Deporte, respectivamente, quienes lo anunciaron con orgullo ya el mes pasado, en la cumbre del G7 de Siracusa, en Sicilia.
Los chicos que los escuchaban, con escalofrío, pidieron aclaraciones: "Pero, ¿tiene algo que ver con el hecho de que usted quiere reintroducir la mili obligatoria?". Lollobrigida, imperturbable, les tranquilizaba: "Son dos cosas distintas". Por un lado, está el servicio militar, que el Gobierno de Giorgia Meloni quiere reintroducir. Por otro, el regreso a la tierra sagrada, a la época de las cosechas del trigo y del sudor de los brazos por amor a la patria.
"El Estado quiere valorizar estas actividades", subrayaba Lollobrigida, "y el talento y las competencias de los jóvenes, ofreciéndoles la posibilidad de contribuir concretamente al crecimiento de nuestras comunidades rurales". El ministro, del partido Hermanos de Italia, quiere “reforzar el vínculo entre los jóvenes y el territorio”, “desarrollar una nueva profesionalidad en el sector agrícola”. Según el plan de Lollobrigida y Abodi, Italia enviará los jóvenes —que se apunten voluntariamente— al campo... por 507 euros al mes, parafraseando a los más maliciosos. Muy por debajo del convenio de trabajadores del campo. Y, aunque Italia todavía no tiene un salario mínimo oficial, estaría muy por debajo.
Un experimento patriótico
Sea come sea, el proyecto ya está de camino y las empresas que quieran participar tienen hasta el 28 de noviembre para apuntarse. La idea es que estas empresas agrícolas propongan proyectos que podrían beneficiarse de manos jóvenes, ante la crisis de mano de obra en el campo y las limitaciones que el Gobierno de Meloni quiere imponer a la llegada de inmigrantes, que en los últimos años han recalado en el sector agrícola.
Una vez recibidos, el Gobierno preparará una comisión interministerial que pueda evaluarlos y seleccionarlos. Cerrada esta fase, se podrán lanzar licitaciones para reclutar a los nuevos "jóvenes agricultores patrióticos", siempre si alguien esté interesado. Se trata de un proyecto piloto, un experimento en el que participarán únicamente 1.000 jóvenes, entre 18 y 28 años, durante un año. Gasto total de siete millones de euros. Ya veremos si se renovará el año que viene o no.
Lollobrigida apuesta por el encanto. La experimentación (como se lee en el documento) se inspira en estos objetivos: “poner fin a todas las formas de pobreza en el mundo. Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y promover la agricultura sostenible. Garantizar la salud y el bienestar para todos en todas las edades; hacer que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”, etc. Hasta la lucha contra el cambio climático, la deforestación, la desertificación y “revertir la degradación de la tierra”. Se sospecha que para cumplir todo esto a los jóvenes se les va a pagar muy poco.
Caporalato de Estado
El programa arranca en medio de numerosas polémicas: al ministro de Agricultura se le acusa de querer introducir un verdadero "caporalato de Estado" y "restaurar una mili voluntaria". Caporalato es ese término que recuerda a la explotación laboral del campo, a trabajadores reclutados los lunes al sol a golpe de mano y llevados en la parte trasera de una furgoneta.
Críticas a las que el ministro respondió hablando de mala fe cuando los adversarios políticos dicen que quiere “enviar jóvenes a recoger tomates por tres euros la hora”. Pero para la oposición, Lollobrigida lleva adelante una visión nostálgica de los años 20.
Es verdad que esta yuxtaposición entre patria y agricultura evoca imágenes no precisamente edificantes en el imaginario italiano. Mussolini trillando el Agro Pontino (tierras cerca de Roma que fueron recuperadas en la época fascista para el cultivo), con el torso desnudo y el ceño fruncido. La "batalla del trigo", que sumergió el mundo rural italiano y el trabajo en el campo en una dimensión épica ("es el arado que traza el surco, pero es la espada que lo defiende") en la que incluso la autosuficiencia alimentaria se convirtió en un objetivo. El mismo objetivo que parece tener ahora el Ministerio de Agricultura que, por cierto, se llama también Ministerio de Soberanía alimentaria, desde que llegó Meloni al gobierno.
"Detrás de la retórica muy cara a este gobierno de 'servir al país' se esconde una realidad mucho más amarga”, dice Angelo Bonelli, portavoz de Europa Verde. “No es más que una medida de explotación disfrazada de oportunidad, con un salario de tres euros la hora. ¿Es esta la política laboral del gobierno que 'hace historia'? ¿Enviar jóvenes a trabajar en el campo y ser explotados? Esto se llama caporalato y también quieren legalizarlo", concluye el diputado italiano.
También el Partido Democrático rebatió en el Parlamento el proyecto del Gobierno: “Lo único que habéis propuesto a las nuevas generaciones es una batalla del trigo lanzada por el ministro Lollobrigida por un servicio civil agrícola remunerado entre 3 y 6 euros la hora”, dijo su secretaria, Elly Schlein, en las explicaciones de voto sobre el proyecto de ley del trabajo. "Solo una mente excelente podría pensar en superar la mafia, legalizándola. Es una vergüenza".
Sin embargo, no es solo una cuestión de visión política diferente. La iniciativa ha suscitado numerosas críticas entre varias realidades asociativas y sindicales, que destacan que los participantes recibirían una compensación reducida en comparación con los salarios mínimos previstos por los convenios colectivos de trabajo en el sector agrícola, alimentando así una posible explotación de la mano de obra juvenil. Se teme entonces que el proyecto pueda utilizarse para sustituir a los trabajadores agrícolas regulares por jóvenes voluntarios, que cuestan mucho menos a las empresas, así como ya sucede con los inmigrantes irregulares.
Para el FLAI CGIL, el mayor sindicato del país, el proyecto no hace nada más que legalizar la explotación en un sector ya vulnerable. “Trabajar no es servir a la patria, sino tener una remuneración proporcionada a la cantidad y calidad del trabajo y en todo caso suficiente para asegurar una existencia libre y digna para uno mismo y su familia, como dice el artículo 36 de nuestra Constitución”, declaró Davide Fiatti, secretario nacional del sindicato.
"El Estado debe luchar contra la explotación, no fomentarla. El trabajo agrícola debe ser reconocido y valorado, no reducido a una experiencia de servicio civil que corre el riesgo de reducir aún más los ya frágiles niveles de remuneración del sector". El trabajo agrícola es uno de los sectores que registra cada año una mayor tasa de accidentes laborales en Italia. Un riesgo que, con la utilización de jóvenes inexpertos involucrados en este tipo de actividades, podría aumentar.
Mil jóvenes al servicio de la patria para sembrar los campos. Una suerte de servicio civil no obligatorio, pero que, si buscamos referencias históricas, tiene reminiscencias de aquello que pedía la China de Mao de "Bajar al campo, subir a la montaña" para que los jóvenes urbanitas "aprendieran de los trabajadores del campo". En este caso, han sido Francesco Lollobrigida y Andrea Abodi, ministros italianos de Agricultura y Deporte, respectivamente, quienes lo anunciaron con orgullo ya el mes pasado, en la cumbre del G7 de Siracusa, en Sicilia.