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La UE se divide en un debate migratorio que se adentra en territorio "impensable" hace años
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La UE se divide en un debate migratorio que se adentra en territorio "impensable" hace años

Los líderes europeos celebran una cumbre que muestra el viraje del debate de la UE en migración. Fuentes europeas hablan de medidas "impensables" hace unos años

Foto: Reunión previa entre el grupo de países más duros en migración, junto con Von der Leyen, presidenta de la Comisión. (EFE/EPA/Zoltan Fischer))
Reunión previa entre el grupo de países más duros en migración, junto con Von der Leyen, presidenta de la Comisión. (EFE/EPA/Zoltan Fischer))

El debate europeo sobre inmigración es visceral. Vira rápidamente hacia la derecha y, en paralelo, profundiza en enormes diferencias entre distintos grupos de Estados miembros. Es, apuntan todas las fuentes, el asunto más delicado en política europea. La Europa del este vive todavía en un estado de estrés postraumático tras la crisis migratoria de 2015 y 2016, agudizado por su propia crisis demográfica. En Europa occidental, la cuestión migratoria hace ganar o perder elecciones. Aunque las cifras apuntan a que en los primeros nueve meses del año las llegadas han caído un 42%, todo el mundo en Bruselas asume ya que la caja de los truenos está abierta, el debate político envenenado y avanzando a velocidad endiablada.

Una alta fuente europea explica que el discurso se ha movido “hacia la derecha” en los últimos años, discutiendo medidas que serían “impensables” entonces. Una muestra ha sido el Consejo Europeo de este jueves, en el que los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea han hablado sobre la cuestión migratoria. El lunes, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, abrió la caja de Pandora enviando una carta a los líderes en la que se mostraba a favor de explorar la opción de hubs o “centros de deportación” fuera del territorio de la Unión Europea, señalando como ejemplo el reciente acuerdo entre Albania e Italia.

Durante meses, un grupo de países, liderados por Italia, han estado afianzando la idea de que la UE debe trabajar en “ideas innovadoras” como sinónimo de iniciativas como el fallido “modelo Ruanda” de Reino Unido, replicado por Roma en su acuerdo con Tirana. Finalmente, en las conclusiones se ha reflejado la corriente de pensamiento italiana al hacer referencia a la necesidad de considerar "nuevas maneras de prevenir y contrarrestar la inmigración irregular". Von der Leyen ha admitido que hay muchas "preguntas abiertas" sobre estos posibles centros de retorno, como "cuánto tiempo puede estar la gente allí o qué haces si un retorno no es posible".

La cumbre ha estado precedida precisamente por una reunión en la delegación italiana en el Consejo a la que han acudido los líderes de Austria, Chipre, Polonia, República Checa, Grecia, Hungría, Malta y Eslovaquia, además de Ursula von der Leyen, que anunció el miércoles por la noche que se unía al encuentro. Los organizadores eran Italia, Países Bajos y Dinamarca.

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Aunque los Veintisiete acordaron el Pacto de Migración y Asilo hace menos de un año, muchos de los Estados miembros ponen ahora el foco en los retornos. De hecho, existe bastante consenso en relanzar una Directiva de Retornos que propuso originalmente la Comisión Europea en 2018 y que no llegó a salir adelante. En cuestión de 11 meses, todos los países se han movido notablemente a la derecha, como relatan ciertas fuentes, con tres excepciones fundamentales: España, Portugal e Irlanda, a las que el debate le pilla en tercera fila.

Con Alemania y Francia sufriendo un vacío de poder, el debate está ahora dominado por la foto del desayuno de este jueves ofrecido en la delegación italiana. Todo el flanco este más el sur central y oriental, lleva el peso del discurso y de las ideas. Donald Tusk, primer ministro polaco, ha demostrado que es ahora mismo una de las voces de mayor peso en la sala al mantener un pulso para que, en las conclusiones sobre migración, que deben ser adoptadas por unanimidad, se evitara una mención al Pacto de Migración y Asilo o a su implementación acelerada.

A Varsovia, este acuerdo le parece demasiado exigente en términos de solidaridad a pesar de que no establece ni siquiera cuotas obligatorias de acogida de inmigrantes reubicados desde los países de primera línea, y que se incluyera en cambio una cita a la instrumentalización de la migración por parte de Bielorrusia. Tusk ha anunciado recientemente que Polonia suspenderá el derecho al asilo en el país porque, asegura, Minsk está intentando desestabilizar a Varsovia enviándole solicitantes de asilo, como ocurrió en 2021.

placeholder Ursula Von der Leyen junto a la primera ministra italiana en el Consejo Europeo. (EFE)
Ursula Von der Leyen junto a la primera ministra italiana en el Consejo Europeo. (EFE)

En la reunión presidida por Meloni y luego en la sala en la que se han reunido los Veintisiete, varios líderes han señalado la necesidad de reconsiderar la estrategia hacia Siria, después de que en su carta del lunes, Von der Leyen ya abriera la puerta a la idea de que refugiados sirios vuelvan al país, una propuesta patrocinada fundamentalmente por Chipre y Grecia. “En cuanto a la situación de los refugiados sirios, estamos estudiando con ACNUR las condiciones y opciones para el retorno seguro y voluntario de los refugiados sirios, al tiempo que intensificamos nuestra labor de recuperación temprana en Siria”, señalaba la alemana en la misiva.

Dick Schoof, primer ministro holandés y uno de los impulsores de este grupo, ha asegurado que hay “una atmósfera diferente en Europa” en materia migratoria, asegurando que la Comisión Europea está “observando favorablemente” el plan italiano en Albania. El Gobierno de Schoof está estos mismos días discutiendo la posibilidad de desarrollar un programa similar al albanés, enviando a los inmigrantes ilegales africanos a Uganda. Kyriakos Mitsotakis, primer ministro griego, que ha participado en la reunión con Meloni, en la que su homóloga italiana ha explicado su acuerdo con Albania, se ha mostrado escéptico respecto al modelo.

“Si lo hiciéramos a nivel europeo, ¿dónde irían (los solicitantes de asilo)?”, ha señalado el griego en una entrevista con el periódico británico Financial Times. Mitsotakis ha explicado que quiere ser “prudente”, pero explica que no sabe “si podría reproducirse a escala europea”. “Tenemos que ver si realmente funciona” el modelo albanés, explica el griego.

El endurecimiento alemán

Olaf Scholz, canciller alemán y miembro de la familia socialdemócrata europea a la que pertenece Pedro Sánchez, ha asegurado que “hay que devolver a los delincuentes”. “Debemos hacer posible la inmigración, dar protección a quienes la necesitan, pero no todos pueden venir”, ha señalado el líder del SPD a su llegada a la reunión.

“Debemos hacer posible la inmigración, dar protección a quienes la necesitan, pero no todos pueden venir”

Sin embargo, el alemán ha explicado que los centros de detención y devolución de inmigrantes fuera del territorio europeo, como los dos abiertos recientemente por Italia en Albania, “no son realmente la solución”. Pero el canciller no ha mostrado una oposición ética ni política a la idea, sencillamente ha explicado que ese mecanismo no es útil “para un país tan grande como Alemania”.

En todo caso, el hincapié de Scholz en los retornos de “delincuentes” muestra cómo ha evolucionado la posición de Berlín, especialmente después del atentado terrorista de Solingen y del crecimiento del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD). Scholz, como otros, ha hecho hincapié en relanzar la Directiva de Retorno, y es en esa discusión en la que Von der Leyen menciona la necesidad de reflexionar sobre los centros de deportación, aunque admite que no es una idea "trivial". La ola de la preocupación ciudadana con la inmigración arrastra a todos, moviendo el tablero y obligando a los partidos, incluso en la familia socialdemócrata europea, a entrar en ese marco político.

El debate europeo sobre inmigración es visceral. Vira rápidamente hacia la derecha y, en paralelo, profundiza en enormes diferencias entre distintos grupos de Estados miembros. Es, apuntan todas las fuentes, el asunto más delicado en política europea. La Europa del este vive todavía en un estado de estrés postraumático tras la crisis migratoria de 2015 y 2016, agudizado por su propia crisis demográfica. En Europa occidental, la cuestión migratoria hace ganar o perder elecciones. Aunque las cifras apuntan a que en los primeros nueve meses del año las llegadas han caído un 42%, todo el mundo en Bruselas asume ya que la caja de los truenos está abierta, el debate político envenenado y avanzando a velocidad endiablada.

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