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Estos chavales manejan el sistema de armas que todos envidian: "Estamos en alerta máxima"
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Estos chavales manejan el sistema de armas que todos envidian: "Estamos en alerta máxima"

Llamémosle Ismael. Con un tatuaje de Súper Mario y las uñas pintadas multicolor, es uno de los jóvenes soldados de las IDF que maneja el sistema de defensa antiaérea

Foto: Interceptores de la Cúpula de Hierro tras una ataque con misiles de Irán. (Reuters/Amir Cohen)
Interceptores de la Cúpula de Hierro tras una ataque con misiles de Irán. (Reuters/Amir Cohen)
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Llamémosle Ismael. Es un chico de poco más de 20 años, nacido en Cleveland, estado de Ohio. Pero se mudó a Israel con apenas 8 años. Apasionado de los tatuajes, se le puede ver una tinta del mítico personaje de videojuegos Súper Mario adornando su brazo. Unas uñas inesperadamente pintadas con un tutti frutti de colores contrastan con el aburrido verde del uniforme de fatigas de las IDF. Unas manos impolutas que manejan el sistema de armas más envidiado del momento: la Cúpula de Hierro.

Ismael y otros dos jóvenes soldados (un chico y una chica) han interrumpido su jornada para explicar a un grupo de periodistas internacionales cómo opera el corazón de la defensa antiaérea israelí, considerada hoy por hoy la más efectiva del mundo. Llevan unas jornadas de máxima tensión, repeliendo constantes ataques de las milicias libanesas de Hezbolá desde la frontera norte del país. Como la "gran salva de cohetes" del pasado martes que apuntaban a Haifa. Hasta 85 proyectiles se lanzaron contra la ciudad y sus suburbios, sin dejar víctimas.

Pero podría haber sido un ataque de Hamás desde la Franja de Gaza, los hutíes de Yemen o el propio Irán, sin proxies de por medio, como ya ha sucedido en dos ocasiones este año (la primera vez en abril y la segunda, a principios de este mes). La responsabilidad de los sistemas Kippat Barzel (nombre en hebreo del sistema) es máxima, ya que ellos son la última capa de un sofisticado entramado antiaéreo con significativas implicaciones militares, políticas y sociales.

Este escudo cuenta con el sistema Arrow 2 y 3 (la Flecha), con capacidades hipersónicas antiaéreas de muy largo alcance (2.400 km), seguido de la llamada David’s Sling (Honda de David), que neutraliza misiles balísticos de corto/medio alcance (40-300 km). Por último, el Iron Dome (y su versión naval, C-Done), especializada en cohetes, artillería de corto alcance y drones (4-70 km). Y todo lo que no hayan podido interceptar las otras defensas.

La identidad de los operadores —todos reclutados tras cumplir el servicio militar obligatorio— no puede ser revelada. Ni tampoco ellos pueden dar ningún detalle sobre cómo se interceptan los misiles. El secretismo en torno a la niña bonita de la defensa nacional es absoluto. Bajo las más estrictas medidas de seguridad, trabajan en una base que no podemos decir dónde está y de la que no podemos sacar fotos. Tampoco se pueden utilizar teléfonos móviles, grabadoras ni equipos electrónicos, consignados en unas taquillas a la entrada. Los escasos datos comparten los anotaremos en papel y boli.

Los expertos estiman que Israel tiene 10 baterías móviles operativas de la Cúpula de Hierro, así como dos adicionales prestadas por Estados Unidos (el único país que también dispone de esta tecnología) tras los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023. Las IDF sostienen que, tras casi 25 años de operación, tiene una efectividad superior al 90%. Sin embargo, el sistema es mucho más manual de lo que se podría pensar. Y esto recae en Ismael y sus jóvenes compañeros de armas.

Detectar, discernir, interceptar… repetir

Cuando suena la alarma, los operadores tienen minutos, a veces segundos, para actuar. En el centro de comando de la batería, los soldados se encargan de detectar, identificar y rastrear las posibles amenazas. Los radares del sistema son cruciales para su efectividad, ya que el tiempo de reacción —especialmente en las amenazas más cercanas, como los ataques desde Líbanomarca enormes diferencias.

El segundo elemento es calcular, con ayuda de una computadora de combate, trayectoria, punto de impacto y probabilidades de daño potencial. Hasta la fecha, el principal elemento en la estrategia de los adversarios de Israel se ha centrado en saturar el sistema, por lo que es importante descartar aquellos que no supongan un riesgo para zonas habitadas, infraestructuras o centros militares.

Por último, entran en acción las lanzaderas móviles con 20 misiles Tamir listos para ejecutar las fotogénicas intercepciones que se han convertido en un símbolo de la fortaleza militar y tecnológica judía. Desde el mismo relato de su concepción.

"Elegimos a los mejores en todo el país", contó el ex general de brigada Dani Gold, el creador del Iron Dome, en una entrevista con la publicación Israel21c sobre el origen del proyecto. "Teníamos a expertos en misiles de 70 años trabajando, codo con codo y sin ninguna jerarquía, con ingenieros de 25 recién salidos de la facultad. Era como gestionar 15 start-ups al mismo tiempo y todas tienen que trabajar en armonía y tener éxito en un tiempo récord", detalló el exmilitar y doctor en ingeniería eléctrica, al punto que tuvieron que desarrollar su propia metodología de trabajo para gestionar equipos tan heterogéneos.

placeholder Batería de la Cúpula de Hierro en el norte de Israel. (Cedida por las IDF)
Batería de la Cúpula de Hierro en el norte de Israel. (Cedida por las IDF)

El proyecto estuvo a punto de naufragar entre la burocracia israelí y en el escepticismo de los tecnólogos militares "a los que la idea de misiles interceptando misiles en pleno vuelo les sonaba a ciencia ficción", recuerda Gold, quien en ese momento era el jefe de investigación y desarrollo en las IDF. Aunque el concepto se presentó en 2005, pero no fue hasta la guerra con Hezbolá de un año después —en la que Israel fue objetivo de más de un centenar de ataques con misiles al día— que los altos mandos dieron luz verde definitiva.

El sistema de armas fue finalmente desarrollado por las empresas israelíes Rafael Advanced Defense Systems e Israel Aerospace Industries, con apoyo de la estadounidense Raytheon y fondos de Washington (que en 2019 adquirió dos sistemas). En apenas un lustro, una nimiedad en términos de desarrollo de armamento, estaba probado (2009) y desplegado (2011) tras una inversión estimada de 1.300 millones de dólares. Una solución defensiva diseñada a medida para la misión, flexible, eficiente y razonablemente económica, en comparación con alternativas como los Patriot estadounidenses.

Expertos calculan que cada interceptor Tamir puede rondar los 40.000 dólares frente al millón de dólares que pueden costar los Amraam de EEUU o los Nasams noruegos (que también utiliza España). Estos son más caros porque pueden neutralizar todo tipo de amenazas aéreas, mientras que la munición israelí es específica para los cohetes poco sofisticados de Hezbolá y Hamás.

Grietas en la Cúpula

En estos años, el sistema se ha ido perfeccionando, pero sigue sin ser infalible. Algunos misiles en ataques masivos logran esquivar la atención de los radares o su detección es demasiado tardía para la intercepción. Un día después del ataque contra Haifa, Hezbolá lanzo otra batería de al menos 150 cohetes contra la ciudad fronteriza de Kiryat Shmona. Pese a que la localidad está evacuada desde el año pasado, dos personas murieron por las heridas de la metralla.

Según los expertos, el brazo armado del grupo libanés tiene todavía mucho arsenal disponible. "Aún no estamos viendo toda la capacidad de Hezbolá. Solo ha disparado alrededor de una décima parte de su capacidad de lanzamiento estimada antes de la guerra, unos pocos cientos de cohetes al día, en lugar de los 2.000 que llegaba a alcanzar", dijo Assaf Orion, ex general de brigada israelí y antiguo jefe de estrategia de las Fuerzas de Defensa de Israel, a The Financial Times. "Le queda suficiente potencial para organizar una operación fuerte", añadió.

Al los proyectiles convencionales se une ahora la amenaza de los drones que, como reconoce Ismael, se han convertido en uno de los mayores desafíos para su misión. "Tenemos experiencia y la capacidad de detectar los proyectiles y los misiles, pero con vehículos aéreos no tripulados es mucho más complicado porque son más difíciles de detectar. Estamos desarrollando las capacidades para arreglarlo", afirma Ismael.

Pero es la combinación de ambos lo que preocupa a los analistas. "Hezbolá tiene cientos de misiles y drones, y podría desbordar la Cúpula de Hierro", apunta Sarit Zehavi, teniente coronel en la reserva y presidenta de Alma, un think tank especializado en los retos de seguridad de Israel en la frontera norte.

Este domingo, cuatro soldados israelíes murieron en un ataque de Hezbolá contra una base militar en el norte de Israel. La milicia libanesa utilizó una táctica de enmascaramiento, lanzando decenas de misiles en dirección a Haifa para encubrir escuadrones de drones que lograron superar la barrera del sistema de defensa e impactar en el campo de entrenamiento de Binyamina.

"Estos drones atravesaron los radares de defensa de Israel sin ser detectados y alcanzaron su objetivo", dijo Hezbolá en un comunicado. El portavoz del Ejército israelí, Daniel Hagari, dijo por su parte que las fuerzas investigarían cómo un avión no tripulado puedo logró llegar a la zona sin que sonaran las alarmas en la base militar. "Aprenderemos de este incidente e investigaremos", dijo en un comunicado. "La amenaza de los vehículos aéreos no tripulados es una amenaza con la que nos enfrentamos desde el comienzo de la guerra. Necesitamos mejorar nuestra defensa", añadió.

Hierro y oro

En días como estos, la moral baja en la sala de operaciones de la Cúpula de Hierro. Ismael reconoce que el ánimo sufre altibajos al ritmo del conflicto, pero que están entrenados para lidiar con la presión psicológica que viene con el trabajo.

"Un día liberaron a cuatro rehenes y estábamos muy motivados. Otro día mataron a uno y se notaba mucho en el ánimo de la gente. Hacemos nuestro trabajo igual, pero no deja de ser una guerra y hay momentos duros", explica el joven soldado. En los momentos más duros, prosigue, tiene a sus compañeros de uniforme, como (la llamaremos) Yael, quien también se crió en Estados Unidos, en California, hasta que su familia se mudó a Israel.

El trabajo diario de ambos los somete a un gran estrés, sabiendo que un mínimo despiste puede ser motivo de tragedia. Tampoco hay dudas ante las críticas de parte de la comunidad internacional por las muertes de más de 40.000 palestinos en Gaza o los bombardeos contra el Líbano, con más de 2.500. Aquí se sienten "orgullosos" de formar parte del Ejército de Israel. Es su forma, coinciden, de proteger a su familia y a su pueblo. No se plantean otra cosa. "Nuestros padres han servido en el ejército, nuestros amigos lo han hecho o lo están haciendo. Y nosotros también", dice Ismael.

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De hecho, el sistema de armas no solo es la envidia militar de muchos ejércitos (el ucraniano Volodímir Zelenski trató durante meses, infructuosamente, que le mandaran alguno), sino que se ha convertido en una de las armas más populares del país. Hay dibujos animados que explican su funcionamiento a los niños en la televisión, joyería con las esquirlas de los proyectiles Tamir, pósteres con las florituras que dibujan en la noche los interceptores y camisetas ilustradas. Ha sido retratado en documentales, miniseries y reportajes de todo tipo, y en alguna que otra canción nacionalista.

El equipo de operadores vuelve a sus labores. Se reparten en turnos de no más de cuatro horas para manejar la Cúpula de Hierro. "Estamos en alerta máxima y tenemos que estar muy concentrados". Se volverán a ver a la hora de comer, el único momento en el que se juntan para desconectar y hablar de sus vidas. Se consideran una pequeña familia, unidos por las horas, días y semanas en permanente tensión "La Cúpula es de hierro, pero la gente aquí es oro", concluye el joven con una sonrisa.

Llamémosle Ismael. Es un chico de poco más de 20 años, nacido en Cleveland, estado de Ohio. Pero se mudó a Israel con apenas 8 años. Apasionado de los tatuajes, se le puede ver una tinta del mítico personaje de videojuegos Súper Mario adornando su brazo. Unas uñas inesperadamente pintadas con un tutti frutti de colores contrastan con el aburrido verde del uniforme de fatigas de las IDF. Unas manos impolutas que manejan el sistema de armas más envidiado del momento: la Cúpula de Hierro.

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