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¿Qué música pone el santuario del tecno de Beirut durante la guerra? Una nana para Alí
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más de 400 personas en la pista

¿Qué música pone el santuario del tecno de Beirut durante la guerra? Una nana para Alí

La discoteca Skybar eran uno de los lugares más famosos para salir de fiesta por Beirut. Desde el aumento de los ataques por parte de Israel en la capital, es un refugio para los libaneses

Foto: La discoteca Skybar de Beirut se ha convertido en un refugio. (Reuters/Louisa Gouliamaki)
La discoteca Skybar de Beirut se ha convertido en un refugio. (Reuters/Louisa Gouliamaki)

El Skybar hace las mejores fiestas de Beirut. En verano, su azotea da cobijo a rooftop parties de libaneses expatriados que gastan en bengalas y ginebra la fortuna que han amasado durante el invierno en París o Dubai. A Rana también le gusta esta discoteca, pero esta vez no ha venido a bailar. Esta mujer de 36 años lleva aquí semanas con sus cinco hijos y su madre, intentando hacer un hogar en la esquina de un reservado que en algún momento habrá sido la zona VIP.

"Vine un par de veces a escondidas. A nadie le hacía gracia que viniera, pero me gustaba demasiado la música tecno", dice Rana, que reconoce las presiones en su familia para que sea una mujer decente y una musulmana chií de manual. Ahora, precisamente por serlo, ha acabado en este club nocturno. A finales de septiembre, huyó de Dahie, la periferia sur de Beirut, después de que 10 misiles israelíes asolaran el barrio en busca del líder de Hezbolá.

Israel consiguió su objetivo y mató a Hasan Nasrallah. Pero también acabó con cientos de vidas más, demolió edificios enteros y causó el mayor éxodo que ha conocido esta zona, la más densamente poblada de todo el Líbano.

Desde entonces, miles de familias han buscado refugio en los colegios, los aparcamientos y las playas de Beirut. Rana acabó en el Skybar por el boca a boca. "El dueño de la discoteca se encontró a mi amiga de la infancia durmiendo en la calle, y le dijo: 'Vente, que tengo un sitio para que os quedéis un par de noches'", cuenta esta joven madre. "Me lo dijo y vinimos con la casa a cuestas", dice. Dos semanas más tarde, Rana, su amiga y sus familias siguen durmiendo aquí con otras 400 personas de Dahie y del sur del Líbano que, por el momento, no ven otro sitio al que llamar casa.

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Por su hospitalidad, su gastronomía, el Casino du Liban y la vida nocturna, el Líbano, apodado 'la perla de Oriente Medio', ha sido durante décadas la vía de escape de la conservadora sociedad del Golfo, que ha venido a vivir 'la vie en rose' a Beirut. Su ambiente cosmopolita ha atraído también a visitantes occidentales. Está en el ADN de los libaneses el socializar, divertirse y salir bailar hasta el amanecer, y es que a falta de parques, playas públicas y espacios verdes, el único lugar que hay son los pubs y discotecas. Ni la guerra civil (1975-1990), ni las protestas de la basura de 2014 ni la 'revolución' de octubre de 2019, bautizada como 'la del WhatsApp', ni el coronavirus, apagaron la noche beirutí. Ahora, en el ambiente de pánico psicológico que pesa sobre la población, la invasión israelí del país pinta un panorama distinto.

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(Reuters/Louisa Gouliamaki)

Ibrahim, el hijo mayor de Rana, tiene 16 años y solo quiere ver TikTok. Apoltronado en un colchón debajo de un extintor en la discoteca Skybar, se pasa el día absorto ante una pantalla que le muestra cómo el barrio en el que hasta ayer seguía creciendo cae ante una nueva guerra. Es la primera que vive. La última invasión israelí del Líbano, la de 2006, fue dos años antes de que él naciera. Pero, a diferencia de sus hermanas, Ibrahim no es un niño ya. El muchacho habla con templanza de los 'mártires' de su país y sabe que los tiempos que se anuncian requerirán que se vuelva el hombre de la casa.

Pero aún se le escapa una mirada cándida cuando pronuncia su única certeza: "Sayed Hasán está vivo". "No le digas que no, que se vuelve loco", susurra Rana, después de que su hijo asegurara que Nasrallah, el hombre al que Israel trató de matar en su barrio, no está muerto.

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(Reuters/Louisa Gouliamaki)

La hermana de Ibrahim, Sahar, también sabe lo que está pasando. Tiene 12 años y quiere ser periodista. Se interesa por la cámara y micrófono, y pide invertir roles en la entrevista. Lanza su primera pregunta tímida, pero ajena al dolor que despierta: "¿Qué le dirías al enemigo que quiere matarnos?".

Sahar prosigue su programa de encuestas. Va tienda por tienda, preguntando a las amigas que tiene esparcidas por la pista de baile del Skybar. Esta es la escuela de estas niñas este año: corretear una discoteca, vapear a escondidas de sus padres y aprender que su vida está a merced de las guerras de otros.

'Mi hijo va a volverse loco'

Deba, abuela de Sahar y madre de Rana, se ha reconciliado con el paradero de su familia. "Nos dan de todo. Tenemos comida caliente, medicina, internet, aire acondicionado… Los niños están contentos, los mayores también. ¡Que dios bendiga a estos chicos!", exclama. Y recuerda: "Ellos también parecen felices de tenernos. Están perdiendo dinero con nosotros, y a lo mejor antes disfrutaban más. Pero están felices de tenernos", dice señalando a Gaëlle, gerente del Skybar tanto cuando era discoteca como ahora que es un refugio para desplazados.

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"Estamos haciendo todo lo que podemos con la ayuda de muchos familiares, amigos, gente que conoce el club y que solía venir y compartir las noches y la pista de baile. Y algunas ONG también están interviniendo", cuenta Gaëlle en el único respiro que ha tenido en toda la mañana.

Las familias que duermen en el suelo blanco y negro del club, entre espejos y sofás tapizados de tela oscura, son solo parte del más de un millón de personas desplazadas en Líbano. En un país de apenas 5 millones de habitantes, la crisis es masiva. Según la ONU, los casi 900 refugios instalados por el gobierno, algunos incluso en precarios edificios abandonados por la crisis económica que ya asolaba el país, estaban ya llenos hace una semana.

Pueblos enteros han huido desde el sur a las montañas que rodean la capital, mientras que los que tienen medios se apiñaban en los cada vez más escasos vuelos que siguen saliendo del aeropuerto de Beirut. Temerosas de los misiles israelíes, decenas de compañías internacionales han suspendido vuelos a Líbano, pero la aerolínea nacional mantiene sus rutas, dejando una icónica imagen más: un avión aterrizando en Beirut entre columnas de humo fruto de los bombardeos.

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Pese a los esfuerzos de los voluntarios, hay muchas necesidades que quedan descubiertas dentro de esta discoteca. La hija más pequeña de Rana, Tatiana, tiene cuatro años y vive atemorizada desde los bombardeos que hicieron a su familia dejar corriendo su casa la tarde del 27 de septiembre. "La niña no era así antes. Ahora no se despega de mi lado, y tiene un miedo que no ha tenido nunca. Cada vez que se abre una puerta, empieza a temblar y grita", confiesa la madre. Rana quiere que un psicólogo venga a ver a su hija, pero no ha conseguido ayuda de las ONG que colaboran con Skybar.

placeholder Desplazados en la discoteca Skybar de Beirut. (M. F.)
Desplazados en la discoteca Skybar de Beirut. (M. F.)

Nada, la vecina de tienda de Rana, está todavía más desesperada. Su hijo de tres años, Alí, tiene síndrome de Down. Las últimas tres semanas, Alí se ha encerrado en sí mismo y no mira a nadie más que a su madre. "Era muy espabilado, no quiero que se estanque", dice Nada entre lágrimas. Su marido añade: "Es un hombretón, no tiene miedo. Lo que le pasa es que no podemos tenerlo encerrado más tiempo. Tenemos que encontrarle una escuela", dice.

Los padres de Alí han movido cielo y tierra para encontrar un pedagogo desde que llegaron a Beirut del sur del Líbano. Las plazas de las pocas escuelas de educación especial gratuitas están colapsadas, y no parece haber ONG que puedan ayudarles. A diferencia de Rana, que ha encontrado en el Skybar un sitio donde olvidarse de que su casa está en ruinas, Nada siente que cada día que pasa aquí es un día perdido para su hijo.

Las partidas que llegan de farmacias voluntarias tampoco incluyen los medicamentos que Alí necesita, y las horas muertas en una sala de fiestas están apagando la niñez del pequeño. La madre estalla en un ataque de cólera: "El Estado no hace nada, este país es un chiste, y mi hijo va a volverse loco dentro de esta discoteca".

El Skybar hace las mejores fiestas de Beirut. En verano, su azotea da cobijo a rooftop parties de libaneses expatriados que gastan en bengalas y ginebra la fortuna que han amasado durante el invierno en París o Dubai. A Rana también le gusta esta discoteca, pero esta vez no ha venido a bailar. Esta mujer de 36 años lleva aquí semanas con sus cinco hijos y su madre, intentando hacer un hogar en la esquina de un reservado que en algún momento habrá sido la zona VIP.

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