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Por un puñado de votos: cómo los demócratas perdieron el mayor estado clave
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Por un puñado de votos: cómo los demócratas perdieron el mayor estado clave

Florida se ha vuelto más roja que las langostas que se zampan en Miami. Los republicanos campan a sus anchas en el estado y los demócratas, en gran medida, han abandonado las esperanzas

Foto: Por un puñado de votos (Ainara Rúa)
Por un puñado de votos (Ainara Rúa)

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¡Buenos días!

En nuestra última entrega, Florida parecía a punto de ser engullida por la tormenta del siglo. Por suerte, y gracias a una evacuación histórica, el estado ha resistido el embate del huracán Milton. Aunque al menos 16 personas murieron y los daños materiales ascienden a cifras multimillonarias —y varias compañías de seguros están pensando en tirarse por un barranco— se ha evitado un desastre al estilo Katrina.

Sin embargo, los demócratas aún resienten los efectos de otra tormenta que no supieron capear en Florida. No hace tanto, Kamala Harris podría haber convertido la exitosa respuesta del Gobierno de Joe Biden en una oportunidad de oro para ganar terreno en el que fue, durante décadas, el estado clave por excelencia. El Sunshine State, la tercera entidad más poblada del país, ha oscilado entre demócratas y republicanos en ocho ocasiones desde 1960. Sortear así un huracán hubiera sido el sueño húmedo de cualquier estratega político.

Pero a día de hoy, Florida se ha vuelto más roja que las langostas que se zampan en Miami. Los republicanos campan a sus anchas en el estado y los demócratas, en gran medida, han abandonado las esperanzas de ganar allí en un futuro próximo.

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Como os prometí la semana pasada, vamos a hablar de una de las transformaciones políticas más importantes de las últimas décadas en Estados Unidos. ¿Cómo perdieron Florida los demócratas? La respuesta corta: dejadez. La respuesta larga: vamos a ello.

Tras las dos victorias consecutivas de Barack Obama en 2008 y 2012, los demócratas en Florida creían haber encontrado la fórmula mágica para el éxito. Con el voto latino claramente a su favor y una maquinaria de campaña en español afinada, su ventaja sobre los republicanos parecía rumbo de consolidarse conforme la demografía avanzaba a su favor.

Pero mientras los vencedores se dormían en los laureles, los vencidos planeaban su venganza. Los republicanos construyeron una máquina bien engrasada de movilización y, año tras año, superaron a los demócratas en el registro de nuevos votantes. Una coordinación que contrastaba brutalmente con el caos de sus rivales. Desde 2014, el Partido Demócrata de Florida ha pasado por cinco presidentes, arrastrando dimisiones por escándalos o una gestión desastrosa.

placeholder El gobernador de Florida, Ron DeSantis. (Reuters)
El gobernador de Florida, Ron DeSantis. (Reuters)

Al mismo tiempo, la crítica feroz a los regímenes de Cuba y Venezuela, que Trump convirtió en uno de los ejes de su discurso, resultó una mina de oro electoral entre la diáspora de estos países, omnipresente en Florida. Al vincular a los demócratas con una postura más suave frente al eje bolivariano, los republicanos lograron comerles la tostada del voto latino. Como resultado, incluso el condado Miami-Dade, el mayor bastión azul del estado, cayó bajo control rojo.

La puntilla para los demócratas llegó con la pandemia. Entre 2020 y 2022, casi medio millón de personas, mayoritariamente conservadores que huían de California, se trasladaron a Florida, atraídas por el rechazo del gobernador Ron DeSantis a cualquier medida de confinamiento. Lo que antes parecía ser un estado con ventaja demográfica para los demócratas dio un vuelco inesperado, colocándolos en terreno hostil.

Y así, en un abrir y cerrar de ojos, un estado clave dejó de serlo. Es más, Florida se ha transformado en el emblema del trumpismo. En primer lugar, porque alberga Mar-a-Lago, el famoso resort de Donald Trump. Pero también porque es el principal laboratorio para las ideas más extremas del Partido Republicano, con leyes como la Stop WOKE Act —que restringe la enseñanza de temas relacionados con el racismo— o el veto de libros que contengan temas de género y justicia social en las escuelas.

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Solo el tiempo y las urnas dirán si el Partido Demócrata logra regresar la península al redil de los estados clave. Pero por ahora, la huella del huracán Trump sigue a la vista de todos. No esperéis una Florida azul en noviembre.

Esta semana, en El Confidencial

En 2016, los mexicanos. Después, los haitianos. Ahora, Trump señala a los migrantes venezolanos como la gran amenaza para EEUU. Héctor Estepa desentraña el último capítulo de este inagotable truco electoral.

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Las encuestas vuelven a generar más preguntas que certezas. Argemino Barro recuerda que, tras el fiasco de 2020, confiar en los sondeos es peligroso, sobre todo cuando la elección pende de un hilo.

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¿Quién es Curtis Yarvin, el anti-Chomsky que apasiona a la 'Nueva Derecha'? Antonio Villarreal explora cómo este enigmático bloguero está redefiniendo el debate político en Estados Unidos

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Media Watch

NO ATINA EL VOTO LATINO. No solo ocurre en Florida: Kamala Harris sigue sin lograr remontar su apoyo entre este bloque crucial de votantes. Según revela The New York Times, lejos de hacer mella, el discurso antimigratorio de Trump parece estar consolidando su apoyo entre los latinos, logrando cifras históricas que desafían las expectativas demócratas.

UNA GUERRA SANTA. Desde el corazón del evangelismo radical estadounidense, The Wall Street Journal nos presenta a Lance Wallnau, un predicador que no solo ve en Trump a un político, sino a un salvador. En sus sermones, miles de seguidores aplauden con fervor religioso su llamado a librar una “guerra espiritual” por el futuro del país.

ELON SE MARCA UN ALL-IN. El magnate tecnológico lo está apostado todo a una victoria de Trump, empleando todos sus recursos, incluida la red social X, para empujar al candidato republicano. Este artículo de Vanity Fair explica cómo, en caso de que Harris gane, Musk podría desatar un caos en su plataforma que haría que el caos postelectoral de 2020 pareciera un juego de niños.

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