Esta es la historia más triste de Oriente Medio: un año en los kibutz arrasados por Hamás
Irit Lahav es una de las supervivientes del ataque de Hamás del 7 de octubre en uno de los kibutz más afectados. Desde ese día, cree que todos los palestinos son responsables de la masacre
Memorial de las víctimas de 7 de octubre en el festival Nova. M.R.
Cuando estaba con su hija escondida debajo de la mesa, empezaron a aporrear la puerta y a gritar palabras en árabe. Pensaba que esos serían sus últimos minutos de su vida. Conseguirían abrirla, las encontrarían debajo y las dispararían. Irit Lahav estaba convencida de que ese 7 de octubre de 2023 sería el último día de su vida. "Llega en un momento en el que ya no tienes miedo, eres consciente de que son tus últimos minutos. Le di la mano a mi hija y le dije lo mucho que había disfrutado esos 22 años con ella y que hice todo lo posible para hacerla feliz y darle una buena vida. Me despedí de ella".
Pero, contra todo pronóstico, los combatientes de Hamás que estaban intentando abrir la puerta no lo consiguieron y se marcharon. "No puedo creer que estemos vivas", escribió Irit en el móvil que utilizaban para comunicarse y evitar que los atacantes las escucharan.
Irit Lahav cuenta su historia en el lugar en el que se crio, el kibutz de Nir Oz, a pocos kilómetros de la frontera con la Franja de Gaza. Esta comunidad fue una de las más golpeadas por el ataque de Hamás del 7 de octubre, que acabó con la vida de 1.200 personas. Aquí, 177 de los más de 400 habitantes fueron asesinados o siguen secuestrados por el grupo palestino. Un año después, los escombros de las casas incendiadas no han sido recogidos, las ventanas y puertas todavía tienen impactos de bala y prácticamente nadie camina por estas calles.
Esta es una parte de la historia más triste de Oriente Medio. La otra parte son las miles de muertes que suceden después del llamado Sábado Negro para los israelíes. Las imágenes de terror en Gaza, los más de 42.000 muertos, la desesperación en Líbano y un odio acrecentado en la región que parece más vivo que nunca.
El 7 de octubre de 2023 le quitó mucho a Irit Lahav. Le quitó su hogar, del que fue evacuado junto con los otros 400 vecinos después del ataque. También le cambió su forma de ver uno de los conflictos más largos y complejos de Oriente Medio. Al igual que otras personas que vivían en el kibutz, la traumática llegada de Hamás al sur de Israel dinamitó las expectativas de los pocos israelíes que pensaban que se podía llegar al fin de la violencia con el pueblo palestino.
Lahav dice que su madre solía decir que la gente de Nir Oz era de extrema izquierda, "decía que yo lo era más que los propios palestinos". La israelí aclara las palabras de su madre y afirma que ha estado en la parte "más a la izquierda" de la sociedad. Se declara contraria a las políticas de extrema derecha, a una gran parte de las medidas de Benjamin Netanyahu y, antes del 7 de octubre, como una parte del movimiento para llegar a un acuerdo con los palestinos que llevara a la paz.
"Fui a cada manifestación que pude y también iba a la frontera para recoger a palestinos que necesitaban ayuda médica". Irit no da detalles sobre cómo visualizaba una salida para un conflicto de esa envergadura y que se remonta a finales del siglo XX, pero subraya que ella diferenciaba claramente entre los extremistas y la población palestina.
"Siempre había dicho que igual que hay una mujer normal en este lado que quiere que su hija tenga una educación y una buena vida, hay otra mujer del otro lado preocupándose por lo mismo". Cuando estaba debajo de la mesa con su hija, esperando a que los atacantes entraran en su casa del kibutz de Nir Oz, Lahav se preguntaba: "¿Por qué nos han atacado a nosotros? ¿Por qué precisamente a nosotros que fuimos a manifestaciones y que estábamos en el espectro más a la izquierda? Es muy decepcionante".
Irit Lahav en el kibutz de Nir Oz. M.R.
Esa línea divisoria entre Hamás y la población palestina en Gaza ha dejado de existir para esta mujer israelí, que recuerda que una parte de los atacantes del 7 de octubre eran civiles que apoyaron la ofensiva. "Vinieron mujeres, hombres y adolescentes. A matar, a violar, a robar. La nación palestina es muy decepcionante, no tienen líneas rojas", sostiene. "Ya no creo que haya personas inocentes. Creo que toda la población palestina es culpable del ataque", asevera.
Irit Lahav no es la única en Israel que ha cambiado su forma de ver el conflicto. El rabino Hanan Schlesinger, director de la organización interreligiosa Roots que promueve el diálogo entre israelíes y palestinos, ha sido testigo directo de ello. "El grado de polarización (después del 7 de octubre) fue increíble y cada parte tenía una percepción diferente de lo que había ocurrido", afirmó en una entrevista anterior con El Confidencial.
"Decían que ya no tenían compasión en sus corazones para eso. Empezamos a ver conflictos entre los propios miembros de la organización. Son personas que han sido activistas por la paz durante años, con vínculos formados, y de repente no podían ni siquiera hablar entre ellos", lamentaba.
Por su parte, el investigador Thomas Vescovi y autor del libro El fracaso de una utopía: una historia de la izquierda en Israel apuntaba en una entrevista con Le Monde que el 7 de octubre ha sido un varapalo para la izquierda en el país y era pesimista sobre la posibilidad de una renovación. Además, enterró todas las esperanzas de una negociación que pueda poner fin a la violencia. "El ataque traumatizó a todos tanto que, desde la perspectiva del público israelí, es inimaginable aventurarse en el territorio de la negociación. Además, desde la década de 2000, se ha arraigado la idea de imponer planes ya hechos a los palestinos, en lugar de entablar largas negociaciones", afirmó.
Una parte del shock tras el ataque del 7 de octubre se ha trasladado en el rechazo al primer ministro Benjamin Netanyahu. Además de que el aparato de seguridad no fuera capaz de evitar la entrada de combatientes de Hamás en Israel, la población israelí ha criticado ferozmente la gestión de las negociaciones para que los rehenes vuelvan al país.
"El estado ha abandonado a la gente, nos ha dejado sin ninguna protección", sostiene Colette Avital, exembajadora de Israel en Portugal y miembro del parlamento israelí, la Knesset. La exdiplomática forma parte del Foro de Familias de Rehenes y Personas Desaparecidas y de los esfuerzos para intentar que los 101 israelíes que están secuestrados en la Franja de Gaza.
A ese sentimiento de frustración se añade el miedo tras el llamado Sábado Negro. "En este país hay todavía un trauma. Cientos de miles de personas necesitan ayuda mental y esto no se va a ir tan pronto. Con suerte podremos tener a nuestros rehenes de vuelta pronto, pero el sanar llevará mucho más tiempo. Y tener de nuevo esa sensación de seguridad será todavía más difícil, la gente tiene todavía mucho miedo", explica Avital en un encuentro con periodistas en el que estuvo presente El Confidencial.
"¿Quién quiere vivir al lado de una casa destruida?"
Irit Lahav camina por las calles de un lugar en que no sabe si volverá a vivir. En una esquina del kibutz Nir Oz yacen los restos de la casa que fue de sus vecinos y amigos. Solamente quedan las cenizas y algunos objetos personales que nunca se llevaron, como menaje de cocina. En la comunidad, algunas personas esperan que los restos que quedaron del 7 de octubre se recojan y que empiece pronto la reconstrucción. Otros prefieren que queden algunos recuerdos de ese Sábado Negro para que no se olvide.
Cerca del 60% de las casas de Nir Oz están completamente destruidas y el Gobierno vaticina que la reconstrucción tardará unos tres años. Hasta ese momento, las autoridades no alientan a los vecinos a que regresen aunque sus hogares sigan en pie. "Hay mucha destrucción, y hoy es difícil vivir aquí. Las tiendas de alimentación están cerradas y el comedor todavía no funciona. Pero aunque volvieran, ¿quién quiere vivir al lado de una casa derruida y completamente quemada?", se pregunta Lahav.
De las cerca de 400 personas que vivían en este lugar, cuatro han regresado. Irit no lo descarta, aunque acaben las tareas de reconstrucción, pero reconoce que de aquí hasta que llegue ese momento puede cambiar de opinión varias veces. Por un lado, siente que es su hogar y el lugar en el que se ha criado. Pero todavía no puede ni siquiera entrar en su casa sin temer que un combatiente de Hamás esté dentro. "Sé que no tiene lógica, que eso no va a pasar, pero es miedo. Pienso que pueden volver a intentar entrar", dice.
Casa destruida en el kibutz de Nir Oz. M.R.
La noche del 6 al 7 de octubre de 2023, Irit y su hija no tenían pensado dormir en casa. Se suponía que iban a dormir en casa de un familiar en un pueblo cercano, sin embargo finalmente decidieron volver. De camino a Nir Oz, pasaron por delante del festival Nova, otro de los lugares atacados por Hamás esa madrugada. "Pensamos que era una gran idea y que atraería turismo a esta zona", recuerda. Ahora, el espacio en el que se celebró el evento musical se ha convertido en un memorial con las fotografías de las personas que murieron esa noche.
Alrededor de las 6:30 de la mañana, escucharon las alarmas antiaéreas y se fueron al refugio dentro de la casa. La hija de Irit le dijo a su madre que escuchó unos disparos pero ella pensó que solo se lo estaba imaginando. "Le dije eso y justo escuché 'tu tu tu tu', el sonido de las armas automáticas, desde todos los lados del kibutz". Poco después, llegó el sonido de las granadas, que identificó "seguramente por las películas".
Cuando se dio cuenta de que estaba viviendo un ataque más allá de los misiles, empezó a enviarse mensajes de WhatsApp con sus vecinos, que daban consejos para cerrar las puertas. Pero muy pocos parecían efectivos, porque los refugios están diseñados para que si una casa colapsa, las personas que están dentro puedan estar protegidas. No se cierran completamente porque no están pensados para una "invasión". Y sus puertas tampoco están hechas a prueba de balas.
Una de las calles del kibutz de Nir Oz. M.R.
Fue su hermano, que vive a pocos kilómetros de distancia del kibutz, el que le dio la idea de utilizar un palo de escoba atado a un cinturón de una maleta. Irit encontró el tubo de metal de su aspiradora Dyson y con eso y una cuerda de piel, intentó bloquear la puerta para que nadie la pudiera abrir desde fuera. Después, construyó una "barrera" de libros frente a una mesa y se escondió detrás de ella con su hija. "¿Cómo íbamos a salir de ahí? Nadie podía salir. Si abrías la puerta, estabas muerta", afirma.
Han pasado 12 meses desde que los terroristas intentaron forzar la puerta de la casa de Irit Lahav y no lo consiguieron. No sabe si volverá a vivir en su casa y cómo podrá pasar página después del 7 de octubre, pero es consciente de que estar viva "es un lujo". Ahora, quiere aprovecharse de la suerte que tuvo. "Quiero hacer algo bueno con mi vida. Intentar explicar la historia. El dolor que hemos vivido e intentar hacerse este mundo un lugar mejor. Que la gente no apoye atrocidades, que se condene la violación, la muerte y el secuestro de bebés".
Sobre las manifestaciones en contra de la guerra en Gaza y a favor de un estado palestino, Lahav no tiene dudas: "Las personas que protestan a favor de 'Palestina libre' y cosas por estilo, para mí, están apoyando la violación y la muerte de familias. Esto es lo que significa para mí porque cuando apoyas a un grupo de personas que comete tales atrocidades, las estás legitimando. Creo que mucha gente ha perdido su brújula moral".
Cuando estaba con su hija escondida debajo de la mesa, empezaron a aporrear la puerta y a gritar palabras en árabe. Pensaba que esos serían sus últimos minutos de su vida. Conseguirían abrirla, las encontrarían debajo y las dispararían. Irit Lahav estaba convencida de que ese 7 de octubre de 2023 sería el último día de su vida. "Llega en un momento en el que ya no tienes miedo, eres consciente de que son tus últimos minutos. Le di la mano a mi hija y le dije lo mucho que había disfrutado esos 22 años con ella y que hice todo lo posible para hacerla feliz y darle una buena vida. Me despedí de ella".