El debate migratorio da una histórica victoria a los ultras en Austria, aunque no se aseguran poder formar gobierno
Los resultados dejan un par de escenarios: una improbable gran coalición entre el centro-derecha del ÖVP y los socialdemócratas SPÖ o una coalición entre el ultra FPÖ y ÖVP... sin Kickl
Es fácil ver un momentum: a las victorias de la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones regionales de Turingia y Sajonia (rozaron por la mínima en Brandenburgo), se une este domingo el triunfo del FPÖ (Partido de la Libertad) en las elecciones legislativas de Austria. Aunque el FPÖ ya fue parte del Gobierno austriaco en coalición en varias ocasiones, estas elecciones suponen la primera vez que el partido ultra gana en unos comicios generales en Austria desde la Segunda Guerra Mundial.
La victoria del FPÖ ha sido clara: el partido se ha hecho con el 28,8% de los votos (unos 57 escaños, 26 más de los que tenía), según el escrutinio casi completado. El partido del actual canciller Karl Nehammer, el conservador clásico ÖVP (Partido Popular) se ha quedado con un 26,2% de los votos (52 escaños, -19), seguidos por los socialdemócratas del SPÖ con un 21,1% (40 escaños, su peor resultado histórico). Los Verdes, que forman parte de la coalición actual de Gobierno, apenas han llegado al 8,3% de los votos, unos 17 escaños.
"Los votantes han hablado", aseguró el líder del FPÖ, Herbert Kickl, cuando empezaron a conocerse los resultados. Sin embargo, sus 57 escaños no le dan suficiente para ser investido como canciller del Gobierno austriaco. La inicial negativa del resto de partidos del espectro austriaco a formar gobierno con él dejan solo un par de escenarios: una improbable gran coalición entre el centro-derecha del ÖVP y los socialdemócratas SPÖ (que sumarían 92 escaños, justo para la mayoría, y quizá añadiendo los 18 escaños del partido Neos) o una coalición entre el ultra FPÖ y el conservador ÖVP, que obtendría 109 escaños, pero… sin Kickl.
El FPÖ ha resurgido de las cenizas en las que lo dejó el conocido como 'caso Ibiza', unas grabaciones de 2017 en la citada isla en las que se involucraba al entonces vicecanciller austriaco, Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ, en tratos y ofreciéndose a comprar políticos y coberturas en medios en Austria a la supuesta sobrina de un oligarca de Rusia. El escándalo provocó la ruptura de la coalición de gobierno que tenían entonces con el ÖVP. El FPÖ fue expulsado del Gobierno en mayo de 2019 y se celebraron nuevas elecciones, en las que el FPÖ cayó diez puntos porcentuales que capitalizaron los conservadores del ÖVP y formaron gobierno con el Partido Verde como socio de coalición.
Desde entonces, aupado en la ola de narrativas antiinmigración —en un país, Austria, en el que incluso los Socialistas abogan por la "emigración del retorno" y han criticado la política europea para la migración—, y de la mano del nuevo líder Herbert Kickl, el FPÖ ha sellado su mayor victoria, pese a las polémicas del propio Kickl.
Es autor del eslogan "Wiener Blut – zuviel Fremdes tut niemand gut" (Sangre vienesa – demasiados extranjeros no hacen ningún bien a nadie), "Abendland in Christenhand" (Occidente en manos cristianas), o comentarios como que quería convertirse en "Volkskanzler" (canciller del pueblo), una expresión utilizada en la propaganda nazi sobre Adolf Hitler y que acompañó su toma del poder en 1933. Es también partidario de la teoría de la conspiración del "gran reemplazo". El FPÖ cuenta con contactos documentados con extremistas como 'los identitarios', que flirtean abiertamente con el nacionalsocialismo y promueven la idea de que las poblaciones blancas del país están siendo reemplazadas gradualmente por inmigrantes.
Kickl ya adelantó que si su formación quedaba primera, no aceptará que el cargo de canciller acabe en manos de ÖVP
Es por eso que la figura de Kickl resulta especialmente divisiva. El presidente del país, Alexander Van der Bellen (del Partido Verde) y a quien le corresponde otorgar al ganador la batuta en las negociaciones para formar gobierno, llegó a afirmar en el pasado que se negaría a aceptar a Kickl como jefe del Ejecutivo, una potestad que le atribuye la Constitución austríaca. El actual canciller y líder de ÖVP, Karl Nehammer, ha insistido en que no negociarán con el FPÖ bajo el liderazgo de Kickl, a quien califican de "riesgo para la seguridad" del país. Este comentario parece abrir la puerta a una situación similar a la de Países Bajos, cuando tras meses de negociaciones para formar gobierno, el ultra Geert Wilders apoyó la formación de un gabinete más "técnico" o de otros personajes de la formación, renunciando así a la cancillería.
Un hipotético paso a un lado de Kickl, pero no una renuncia a la cancillería para el FPÖ. En anteriores declaraciones, Kickl ya adelantó que si, como pronosticaban las encuestas, su formación quedaba primera, no aceptará que el cargo de canciller acabe en manos de ÖVP y que los ultras tuvieran que contentarse con la vicecancillería, como en anteriores ocasiones en las que han formado parte del gobierno. Citó el ejemplo de Jörg Haider, el carismático presidente del FPÖ fallecido en 2008, de quien dijo que se había equivocado en 1999 al tomar una decisión similar. También se quedaron con la vicecancillería en 2017, cuando entraron en el Gobierno mediante coalición con el ÖVP de Sebastian Kurz.
Consolidación de la ultraderecha prorrusa
Los distintos partidos políticos de la ultraderecha europea celebraron la victoria del Partido de la Libertad (FPÖ) como un impulso casi propio, conscientes de ese momentum, alimentado por las preocupaciones sobre la gestión de la inmigración, ampliadas por las narrativas antiinmigrantes y refugiados. La líder de Agrupación Nacional, Marine Le Pen, leyó la victoria del FPÖ como una señal del avance de la ultraderecha: "Tras las elecciones italianas, holandesas y francesas, esta ola de protestas que apoya la defensa de los intereses nacionales, la salvaguarda de las identidades y la resurrección de las soberanías, confirma en todas partes el triunfo de los pueblos".
Björn Höcke, uno de los líderes del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), calificó de "sensación" la victoria del FPO y dijo en X: "La victoria del FPO no es solo una victoria para Austria, sino que se extiende mucho más allá de las fronteras de la república alpina y es una buena señal de progreso para Europa".
También en el capítulo de la inmigración, Austria es el único país, al menos oficialmente, que tiene reservas sobre la plena adhesión de Bulgaria y Rumanía al espacio de libre tránsito Schengen. El veto austriaco al acceso de Rumanía y Bulgaria se produjo mucho antes de que comenzara la campaña electoral y vino desde el actual Gobierno conservador, pero es una de las banderas del propio FPÖ.
Más allá, la victoria del FPÖ consolida también a la extrema derecha prorrusa, que se opone a la ayuda militar a Ucrania. AfD, Le Pen con su clásica cálida relación con Vladímir Putin, Viktor Orbán en Hungría...
A principios de este año, Kickl selló una alianza con el partido Fidesz del primer ministro húngaro Viktor Orbán, que ha bloqueado o retrasado con frecuencia importantes decisiones de la UE, como las sanciones contra Rusia o la ayuda a Ucrania. Tras conocerse el resultado de los ultras húngaros, el ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, declaró en Facebook: "¡Qué fin de semana! Después de República Checa, otra victoria de los patriotas al otro lado de la frontera... ¡Sin guerra, sin migración y sin propaganda de género!".
Es fácil ver un momentum: a las victorias de la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones regionales de Turingia y Sajonia (rozaron por la mínima en Brandenburgo), se une este domingo el triunfo del FPÖ (Partido de la Libertad) en las elecciones legislativas de Austria. Aunque el FPÖ ya fue parte del Gobierno austriaco en coalición en varias ocasiones, estas elecciones suponen la primera vez que el partido ultra gana en unos comicios generales en Austria desde la Segunda Guerra Mundial.