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Lo que hay detrás de la "polarización política" 'culpable' del intento de asesinato de Trump
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El peso de las armas

Lo que hay detrás de la "polarización política" 'culpable' del intento de asesinato de Trump

Muchos candidatos en la carrera presidencial estadounidense se han enfrentado a varios intentos de asesinato para cambiar la historia del país. La mayoría siguen un mismo perfil.

Foto: El candidato republicano, Donald Trump, durante un mitin en Las Vegas. (EFE Bizuayehu Tesfaye)
El candidato republicano, Donald Trump, durante un mitin en Las Vegas. (EFE Bizuayehu Tesfaye)

Cuando un candidato presidencial de Estados Unidos es víctima de un intento de asesinato, el primer instinto, además, por supuesto, de condenar el atentado en sí, pasa por lamentar el clima de crispación y polarización política. Las circunstancias que habrían llevado a un hombre a tratar de cambiar, mediante la violencia, el curso de la historia. Los norteamericanos lo saben bien: han perdido así cuatro presidentes y cinco más sobrevivieron a atentados. Pero, ¿es la polarización política el elemento clave de los dos intentos, en apenas 65 días, de asesinar al candidato Donald Trump?

El retrato de la división política no es tan sencillo. Varios estudios reflejan que una mayoría de estadounidenses coincide en cuestiones políticas básicas como la gestión de la inmigración, el problema de la desigualdad, el derecho al aborto o la necesidad de una sanidad pública universal. Ideológicamente, por tanto, el país no está tan polarizado como podría parecer si uno enciende la televisión o entra en X.

El problema, según este estudio de Carnegie Endowment publicado el pasado febrero, no es político, sino emocional. Lo que pesa es la “polarización afectiva”. Un demócrata puede estar de acuerdo en varias cosas con un republicano, y viceversa, pero la inquina mutua ha ido creciendo, alimentada quizás por la fragmentación de la oferta informativa y las dinámicas tóxicas de las redes sociales.

Aun así, este resentimiento hacia la facción rival tampoco está tan extendido, sino que se concentra en ambos extremos del espectro. Son los “activistas progresistas” y los “conservadores devotos” quienes perciben un “hueco” mayor entre las posturas de ambos partidos; mientras, entre la masa de gente que está por el medio, solo una minoría (el 10% entre los "políticamente no comprometidos") piensa que no hay un hueco notable entre ambos polos. El problema es que son los dos extremos quienes, con su frenética actividad, dominan y dirigen buena parte de la conversación.

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Pero quizás la polarización política no sea el factor clave. Abraham Lincoln fue asesinado en una época turbulenta, justo después de la Guerra Civil y de la abolición de la esclavitud. Con John F. Kennedy quizás se podría argumentar algo similar, pero salvando las distancias: la transformadora Ley de los Derechos Civiles se aprobó casi un año después de su asesinato, y el país aún no estaba metido, por lo menos oficialmente, en la Guerra de Vietnam. Las atronadoras protestas universitarias y los discursos más famosos de Martin Luther King aún estaban en el futuro.

Los presidentes Gerald Ford y Ronald Reagan también fueron víctimas de atentados; Reagan, de hecho, fue alcanzado por una bala bajo el brazo izquierdo y tuvo que ser hospitalizado. Pero nadie recuerda esas épocas como periodos particularmente crispados en la vida política americana.

Más allá de cómo esté la temperatura de la convivencia, lo cierto es que Estados Unidos reúne las condiciones materiales para que este tipo de intentonas sean mucho más comunes que en otros países industrializados. Varias agencias del Gobierno federal estiman que, en Estados Unidos, hay en circulación cerca de 400 millones de armas de fuego; es decir, aquí hay más armas de fuego que habitantes, y las leyes, si bien varían por estado, pueden ser increíblemente laxas.

En Texas, por ejemplo, uno puede comprar una pistola o un rifle sin necesidad de tener una licencia de armas. El AR-15 semiautomático, utilizado en la mayoría de las matanzas de los últimos 20 años, es más barato que un iPhone. Uno lo puede adquirir en Texas Shooters Supply por el módico precio de 599,99 dólares.

Y las armas no se usan únicamente para guardar en un armario o para dispararle a una diana. En lo que va de año se han registrado 385 tiroteos masivos, aquellos que dejan más de cuatro muertos o heridos, en territorio estadounidense. A este ritmo, es probable que 2024 sea el quinto año consecutivo que deja 600 tiroteos masivos.

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El tiempo pasa y se supone que la civilización aprende y se vuelve más refinada, pero, en el caso de la violencia de las armas, EEUU va a peor. Por ejemplo en lo que se refiere a los tiroteos en colegios. En 2022 hubo 300 tiroteos en escuelas de Estados Unidos. Una década y pico antes, en 2010, hubo 15. Es decir, 20 veces menos.

La disponiblidad de las armas, que no tiene paralelo en ningún otro país del Planeta Tierra, hace que cualquier persona descarriada, enferma o malvada, esté o no obsesionada por la política, pueda cometer una tropelía: un asesinato, una matanza en un colegio o en un centro comercial, o un magnicidio.

El primer y dramático intento de magnicidio de Trump, durante un mitin en el condado rural de Butler, en Pensilvania, el pasado 14 de julio, generó una cascada de condenas de la “violencia política” y de llamados a la unidad nacional. Muchos republicanos, incluyendo el que pronto sería el candidato vicepresidencial, el senador JD Vance, acusaron a los demócratas de haber generado el caldo de cultivo para que alguien tratara de matar a Trump.

Matar a alguien importante

Sin embargo, el perfil del atacante, que mató a una persona e hirió a otras dos antes de ser abatido por la policía, no encajaba con el de activista político. Thomas Matthew Crook estaba registrado como republicano, sus compañeros lo definieron como “conservador” y nunca había sido activo políticamente, ni siquiera en las redes sociales. Nada indicaba que odiase a Trump. Pero tenía acceso al AR-15 de su padre. Y un día vio que Trump iba a hablar cerca de su casa, en el interior de Pensilvania.

El FBI declaró que Crook buscaba un target of opportunity; en otras palabras, el joven quería matar a alguien notorio y llevaba tiempo buscando el lugar y momento adecuados. “El análisis del historial online reveló que [Crook] hizo esfuerzos específicos y continuos para planear el ataque en un evento”, declaró Kevin Rozek, director de la oficina del FBI en Pittsburgh, en Pensilvania. “Esto significa que miró a numerosos objetivos o eventos”. Si hubieran sido Joe Biden, Kamala Harris o Taylor Swift quienes hablasen cerca de su pueblo, es posible que hubiera ido a por ellos.

El perfil de Crook, además, coincide a pies juntillas con el de tantos otros asesinos: joven, blanco, de perfil inadaptado, víctima de abusos escolares, etcétera, que un día rompe su silencio con una inesperada explosión de violencia que termina con él muerto y con el país conmocionado. El arma, AR-15, era, de nuevo, la de siempre.

Es posible que el caso del sospechoso del segundo intento contra Trump, un hombre de 58 años llamado Ryan Wesley Routh, con antecedentes penales por una serie de delitos menores y una pequeña pero vociferante presencia en las redes sociales, sea distinto. Que odiara a Trump y que estuviera políticamente motivado. Pero la inquila política no es única de Estados Unidos. Lo que sí es único de Estados Unidos es el acceso a un arma con la que poder disparar, usando una mirilla especializada, a 400 metros del objetivo, asomando el cañón por entre la rejilla de una valla.

Es posible que estas circunstancias se pierden entre el ruido político, especialmente en esta recta final de campaña. “Él se creyó la retórica de Biden y Harris, y actuó al respecto”, declaró Trump este lunes por la mañana en Fox News Digital. “Su retórica está causando que se me dispare, cuando soy el que va a salvar el país, y ellos son los que están destruyendo el país: tanto desde dentro como desde fuera”.

Cuando un candidato presidencial de Estados Unidos es víctima de un intento de asesinato, el primer instinto, además, por supuesto, de condenar el atentado en sí, pasa por lamentar el clima de crispación y polarización política. Las circunstancias que habrían llevado a un hombre a tratar de cambiar, mediante la violencia, el curso de la historia. Los norteamericanos lo saben bien: han perdido así cuatro presidentes y cinco más sobrevivieron a atentados. Pero, ¿es la polarización política el elemento clave de los dos intentos, en apenas 65 días, de asesinar al candidato Donald Trump?

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