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La gran caída del hombre coreano: cómo el nuevo mito masculino k-pop se dio de bruces con la realidad
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La ficción tiene un límite

La gran caída del hombre coreano: cómo el nuevo mito masculino k-pop se dio de bruces con la realidad

La imagen idealizada de la masculinidad coreana se resquebraja conforme la realidad de las mujeres en Corea del Sur sustituye a la ficción de las telenovelas y el K-pop

Foto: Fans del grupo coreano de K-pop BTS. (EFE/Julien Mattia)
Fans del grupo coreano de K-pop BTS. (EFE/Julien Mattia)
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El pasado 22 de agosto, el medio surcoreano Hankyoreh reveló la existencia de un bot en Telegram que, por solo 650 won (44 céntimos de euro), permitía a los usuarios generar imágenes pornográficas con inteligencia artificial basadas en cualquier fotografía. El reporte indicaba que el servicio había sido utilizado por casi 227.000 hombres para crear deep fakes de cientos de miles de mujeres que conocían, muchas de ellas menores de edad. El escándalo tuvo su epicentro en Corea del Sur, pero sus reverberaciones sacudieron al mundo entero, desatando una oleada de críticas hacia los varones de un país con un largo historial de cultura con raíces machistas. "Nunca podrías pagarme lo suficiente como para estar con un hombre coreano", sentenciaba una publicación en X que alcanzó casi 15 millones de visualizaciones y miles de interacciones.

Buscar "hombres coreanos" en cualquier red social hoy en día es adentrarse en un mar de críticas y noticias sobre el machismo en Corea del Sur. Sin embargo, hasta hace poco, era difícil recorrer plataformas como Twitter, Instagram o Facebook sin toparse constantemente con cuentas de fanáticas de ídolos de K-pop o del último K-drama, las innumerables telenovelas que durante las últimas dos décadas han conquistado las pantallas de medio mundo. Si usted, lector, es hombre, puede que no le suene el fenómeno, pero pregunte a las mujeres jóvenes de su entorno.

¿Ha muerto el nuevo mito de la masculinidad? "Estamos en un momento de mensajes duales. Ya no recibimos solo la imagen idealizada de los hombres coreanos en las series (K-dramas), sino todas estas noticias con los elementos más misóginos de su actitud. Y está por ver si la fantasía que venden los K-drama supera a esas noticias, o viceversa", dice Min Joo Lee, profesora de Estudios Asiáticos en el Occidental College (Los Ángeles).

Foto: ultraderecha-europea-corea-del-sur

Lee comenzó su andadura académica estudiando la Ola coreana, o Hallyu, una de las campañas de poder blando y marca país más exitosas de los últimos tiempos. Una marea de producciones televisivas con sello propio, una industria musical con la receta para el hit perfecto, rutinas de cuidado de la piel que se han convertido en básicas para muchas jóvenes en todo el mundo… en definitiva, un cóctel — con parte de planificación gubernamental y grandes inyecciones económicas— que colocó a Corea del Sur como uno de los grandes polos de atención más allá del sudeste asiático y, como consecuencia, aumentando el turismo extranjero. Pero fue aquí cuando Lee detectó un patrón anómalo: un número creciente de mujeres occidentales que viajaban a Corea a buscar novio y, por qué no, algo más.

"Había una tendencia de mujeres que pasaban una parte significativa de su tiempo haciendo más que visitar sitios turísticos o escenarios donde se grabó su serie favorita. Muchas estaban en Tinder, seleccionando perfiles de hombres coreanos, teniendo citas, yendo a bares y clubes por la noche", relata. Ahí nació el germen de su investigación, 'En busca de Mr. Perfecto: series coreanas, romance y raza'.

Foto: entrevista-gefjon-off-jovenes-oponen-feminismo-mercado-laboral

Estas mujeres, en su versión más exagerada, una simple fascinación en los casos más suaves, vino alimentada por una imagen del hombre coreano que tiene una masculinidad más delicada, más romántica, frente a la hipersexualidad de Occidente (hay una broma clásica en las series coreanas que señala 'no habrá beso hasta el capítulo 21', frente a la española, que tendrá una escena sexual en el primer capítulo). La coreana es menos varonil en cuanto a los cánones estéticos, una masculinidad que no tiene miedo a expresar lo bonito o a cuidarse, esbozan entre Lee y Ainhoa Urquia Asensio, profesora en el Área de Asia Oriental de la Universidad Complutense de Madrid. "Una mezcla entre la nueva masculinidad en lo visual y lo físico, pero también un retorno a roles tradicionales de género desde un punto de vista positivo, el hombre que te abre la puerta del coche, que se quita la chaqueta para que no pises el charco", resume.

El fenómeno de mujeres occidentales que fetichizan al hombre coreano a partir de una imagen idealizada de esa masculinidad, nacida por la representada en los K-dramas, es el culmen de casi veinte años de la ola Hallyu, pero es un sueño que está cerca de saltar por los aires. Una desilusión en la que el último escándalo de Telegram es solo la gota más visible de un vaso cada vez más lleno, escándalo a escándalo.

Cómo se rompe un mito

En Corea del Sur, el 80 % de los hombres entre 20 y 29 años, y el 70 % de los de 30 a 39, sienten que están siendo gravemente discriminados. Esta percepción surge de la creencia de que las mujeres les están "arrebatando" oportunidades laborales en un mercado altamente competitivo, exacerbada por la obligación —exclusivamente masculina— de cumplir con el servicio militar, que interrumpe sus carreras. "Todos los hombres considerados hábiles tienen que hacerlo, y eso va a condicionar su vida laboral. Afecta mucho a su socialización, de manera muy jerárquica, con dinámicas muy militarizadas", añade Ainhoa Urquia Asensio, profesora en el Área de Asia Oriental de la Universidad Complutense de Madrid.

Paralelamente, las surcoreanas, cada vez más liberales, rechazan con mayor firmeza los roles tradicionales que las relegan a un segundo plano (más del 25 % de las mujeres que ahora cumplen 40 años perdieron sus trabajos después de dar a luz), desafiando las normas que históricamente han definido la estructura social del país. Un choque de trenes que, durante los últimos años, ha sacado a la luz el lado más oscuro de la masculinidad coreana.

"Ya no recibimos solo la imagen idealizada de los coreanos en las series, sino otras noticias con los elementos más misóginos de su actitud"

Quizás el primer indicio que el público occidental tuvo de que en la sociedad surcoreana los problemas de género eran algo más que el machismo estándar de una cultura confucianista ocurrió durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2021. La atleta surcoreana An San se convirtió entonces en blanco de feroces críticas en su país, no por su destreza deportiva —ganó tres medallas de oro en tiro con arco, el deporte nacional surcoreano— sino por su pelo corto, un estilo que en Corea del Sur se asocia con el feminismo. Los hombres llamaron al boicot. Este incidente puso al descubierto, ante la mirada internacional, las profundas tensiones entre los jóvenes varones surcoreanos y el movimiento por los derechos de las mujeres.

La crisis demográfica en Corea del Sur también ha sido una fuente constante de titulares internacionales que han dado visibilidad a la división de género cuando los periodistas hacen una simple pregunta: ¿por qué? A pesar de los intentos del gobierno para fomentar la natalidad con incentivos financieros, la tasa de nacimientos sigue en declive, alcanzando un mínimo histórico de 0,72 hijos por mujer, la más baja de todo el planeta. Y aunque se trata de una tendencia que lleva décadas gestándose —la fertilidad cayó por debajo de la tasa de reemplazo, 2,1, en 1983 y llegó a 1,5 en 1998—, las encuestas más recientes, enfocadas en las mujeres, reflejan que, entre las razones más comunes para permanecer solteras está "el bajo compromiso del hombre" con las labores del hogar y del cuidado de los niños.

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Esta creciente radicalización antifeminista entre los jóvenes surcoreanos va de la mano con el preocupante aumento de delitos sexuales digitales en el país, siendo el reciente escándalo en Telegram solo el último de una larga serie. El caso más notorio fue el "Nth Room", una red de explotación sexual que operaba en la misma aplicación de mensajería entre 2018 y 2020 y que se dedicaba a la extorsión y distribución de contenido sexual explícito. El caso afectó, como mínimo, a 74 mujeres, incluyendo a 16 menores de edad, cuyas imágenes fueron distribuidas a más de 60.000 usuarios.

"A nivel público, estas informaciones van calando, especialmente sobre todo con la amplia cobertura en redes sociales que antes no existía, que antes solo llegaba la parte maravillosa, una imagen muy modelada que se quiere proyectar", admite Urquia Asensio. Es decir, es el otro lado de la moneda: una popularidad arrolladora crea la fascinación, pero también la atención sobre el fenómeno.

En esta línea se detecta una tendencia. En 2019 se dio a conocer un nuevo escándalo sexual, conocido como Burning Sun, que involucró a varias celebridades, incluidos ídolos coreanos de grupos populares de K-pop, envueltos en distintos casos de violación, agresiones, grabaciones sexuales distribuidas sin conocimiento de la víctima, prostitución… entre otros. En aquel momento, recuerda Urquia Asensio, muchas admiradoras se apresuraron a volcarse en las redes para defender a su ídolo. Pero, ahora, cada vez más noticias empiezan a ser una acumulación.

"También creo que toda ola tiene que romper en algún momento. Cuando mayor es la subida, mayor tiene que ser la caída. No hay tendencias que duren tanto tiempo, y el punto álgido de la ola coreana ya lo hemos dejado atrás", concluye.

El pasado 22 de agosto, el medio surcoreano Hankyoreh reveló la existencia de un bot en Telegram que, por solo 650 won (44 céntimos de euro), permitía a los usuarios generar imágenes pornográficas con inteligencia artificial basadas en cualquier fotografía. El reporte indicaba que el servicio había sido utilizado por casi 227.000 hombres para crear deep fakes de cientos de miles de mujeres que conocían, muchas de ellas menores de edad. El escándalo tuvo su epicentro en Corea del Sur, pero sus reverberaciones sacudieron al mundo entero, desatando una oleada de críticas hacia los varones de un país con un largo historial de cultura con raíces machistas. "Nunca podrías pagarme lo suficiente como para estar con un hombre coreano", sentenciaba una publicación en X que alcanzó casi 15 millones de visualizaciones y miles de interacciones.

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