La invasión de Putin a ojos de un 'traidor': "Rusia no está preparada para defenderse"
La operación ucraniana en Kursk se parece mucho al plan que defiende el exdiputado ruso Ilya Ponomarev desde hace tiempo: asaltar Moscú para derrocar a Vladímir Putin
Su cabeza tiene precio desde hace más de una década, pero Ilya Ponomarev lo asume con la tranquilidad del que sabe que no hay rincón seguro en el mundo para los enemigos de Vladímir Putin. Los sicarios del Kremlin han intentado matarle un buen número de veces. La última, a principios de mes, días después de conceder esta entrevista a El Confidencial. En esta ocasión, Moscú utilizó un método poco convencional. El ataque de un dron kamikaze contra su propia casa estuvo a punto de quitarle la vida.
Fue el segundo intento en 24 horas. Una nueva fórmula. Un plan que parecía improbable y ante el que nada pudieron hacer los hombres rudos de músculos y pistolas que vigilan nuestra conversación en la distancia. Tampoco las defensas antiaéreas que derribaron tres aeronaves la noche anterior, cuando ni él y ni su equipo creyeron ser el objetivo. De momento, el político ruso ha anunciado que abandona su residencia, pero no su misión de tumbar al régimen de un Putin que se tambalea, tras la prometedora invasión ucraniana en la región de Kursk.
¿Quién es Ilya Ponomarev? ¿Qué papel puede jugar un exparlamentario de la Duma (el Congreso de los Diputados de Rusia) si Ucrania establece un gobierno en Kursk? ¿Por qué un ruso vive en Kiev y lucha militarmente contra el Kremlin? "Yo no peleo contra Rusia, peleo contra el fascismo moderno", puntualiza en un café céntrico de la capital ucraniana. "Mi manera de pensar se entiende desde una perspectiva histórica. Un gran número de antifascistas alemanes lucharon contra la Alemania nazi. Willy Brandt fue uno de ellos y terminó siendo canciller. Siempre fui muy cercano al movimiento antifascista. Peleábamos con la ultraderecha en las calles de Moscú, ahora hacemos lo mismo".
A diferencia del socialdemócrata alemán, Ponomarev asegura no querer tocar poder, tan solo salvar a su pueblo del putinismo. Un virus, explica, que ha infectado a la población y está laminando al país social, económica y políticamente. Su plan para derrotarlo: asaltar Moscú, aunque el ejército ucraniano parece habérsele adelantado. En la guerra las cosas cambian tan rápido que realizamos una llamada para actualizar algunas respuestas y hablar de las últimas novedades del frente.
PREGUNTA. Su tesis era que muerto el perro se acabó la rabia. Y matar a Putin, necesario. ¿Cómo influye en su análisis la operación ucraniana en Kursk?
RESPUESTA. Con Putin en el poder, la guerra nunca terminará. Su supervivencia política va ligada a la invasión. Rusia debe ser curada y ya no hay tiempo para métodos terapéuticos. En un momento en el que nadie puede vencer militarmente en los frentes convencionales, la alternativa obvia es atacar suelo ruso. Pienso que los ucranianos no lo hacían por temor a las represalias estadounidenses, pero, teniendo en cuenta que habrá cambio en Washington, han decidido intentarlo a su manera. En Kursk hemos visto que Rusia no está preparada para defender. Las autoridades han desaparecido. Está siendo un éxito.
P. Sorprende no ver resistencia de la población civil ante un ejército invasor.
R. La propaganda [del Kremlin] dice que todos somos una única nación. Desde ese punto de vista, los ucranianos son simplemente otro actor del mismo grupo. Un ejército más. Sería muy diferente si fueran americanos y hablaran otro idioma. Moscú ha logrado que la población crea que nada está en sus manos, que solo el gobierno central puede protegerles. Eso no ha ocurrido, y ahora la gente busca culpables. El ánimo que reina hoy en Kursk o Belgorod es que han sido traicionados por Moscú.
P. ¿El cambio que desean usted y otros opositores está más cerca?
R. Todo dependerá de cómo termine la operación. Hasta hace tres días, Kiev no sabía qué hacer con el territorio ruso y el jueves decidieron crear una administración militar. Ahora llega el momento de elegir: ¿será una región ocupada en la que Ucrania escoja a los cargos públicos, o se tratará de un territorio liberado en el que los propios rusos se organicen? Creo que estamos ante una gran oportunidad para lograr lo segundo.
Ilya Ponomarev, en Kiev. (F. T.)
P. Una vez dijo que Putin empezó esta guerra por castigo. Como un aviso interno y externo, pero que no tenía un plan. ¿Lo sigue pensando?
R. En general, Putin no planea. Es muy táctico. Una persona con cojones y un luchador. Un navajero. Un gánster que se rige por las reglas de la calle: golpear, coger y correr. Esa es su mentalidad. El plan a largo plazo no es para él. Fue entrenado en el KGB y allí necesitaban personas efectivas que no hicieran preguntas. Gente capaz de ejecutar.
P. En Occidente muchas veces se presenta al líder ruso como un estratega. ¿Cómo puede sobrevivir una persona con esta visión a corto plazo?
R. Porque no tiene miedo a pelear. Pensaba que tomaría Kiev en tres días y el resultado deja claro que la invasión no estaba bien concebida. No tenía plan B. Lo mismo sucedió con Crimea. Cambiaron las fechas, modificaron la pregunta del referéndum… lo cambiaron todo. Por desgracia, aquella vez funcionó y le generó el convencimiento de que podría hacerlo en 2022. Que fuera un movimiento prácticamente sin sangre fue importante para Putin, pero también para la sociedad rusa. La gente no estaba preparada para luchar contra Ucrania, el hermano más cercano. Han sido necesarios 8 años de propaganda sin fin para poder lanzar su ataque.
R. The Economist escribía hace poco que Moscú empieza a tener problemas para reponer blindados. Históricamente, Rusia nunca ha perdido una guerra por la destrucción de material o las enormes pérdidas humanas. Rusia siempre está dispuesta a sacrificar más tanques, más cañones y más personas. ¿Cómo puede ser derrotada? Cuando la guerra deje de ser popular, disminuya el apoyo, y crezca la desilusión.
R. La única manera de terminar esta guerra es con un cambio de poder en Moscú. Y sí, lo que sucede en Kursk puede ayudarnos mucho en esa dirección. Tan solo necesitamos jugar bien nuestras cartas. Putin es una persona mortal, así que como mucho en diez años habrá muerto y el régimen personalista se transformará. Podemos arriesgarnos a ser observadores en la distancia o convertirnos en actores de la partida. Yo tomo esta posición. Los riesgos de no hacer nada son demasiado grandes. Y lo peor para Kiev ya ha pasado. ¿Qué queda? ¿El ataque nuclear? Putin no es tan estúpido. Sabe que sería suicida.
P. ¿El enorme número de prisioneros de la operación ucraniana podría generar esa presión de la sociedad?
R. No creo que sea significativo. En Rusia se asume que es el deber de los que van al frente. Incluso aunque sean jóvenes conscriptos y no militares profesionales con contrato. La reacción será muy limitada, no se van a rebelar.
R. Eso significa que la mayoría ya estaba en contra. Además, las últimas encuestas decían que el 60-70 % de los rusos estaban abiertos a las negociaciones, pero solo la mitad bajo las condiciones de Kiev. Eso nos indica que los rusos tampoco están preparados para la paz. Las negociaciones deben empezar cuando un punto intermedio pueda alcanzarse. Creo que Ucrania aceptaría perdidas territoriales, pero asegurando que el resto está protegido por la OTAN.
P. Entiendo que ese acuerdo de seguridad fue el Memorándum de Budapest, cuando Ucrania entregó sus armas nucleares a cambio de que se respetara su integridad territorial… No ocurrió ni en 2014 ni en 2022 ¿Por qué confiar en un futuro?
R. Porque nunca fue ratificado y eso lo convierte tan solo en una declaración. Fue tomado como acuerdo por ucranianos, pero no por el resto. Fue un error de Leonid Kravchuk (expresidente ucraniano entre 1991 y 1994), como los acuerdos de Minsk fueron un error de Petro Poroshenko (2014-2019). Quizás conducidos por la buena intención, pero debieron ser más cautelosos.
P. Entonces, ¿ve realista el regreso a las fronteras de 1991?
R. En algún momento pasará y Ucrania debe aspirar a ello. Pero no veo suficiente capacidad militar ahora. Si el régimen cambia en Rusia, sí sería una posibilidad.
P. Suena poco realista que el pueblo ruso acepte deshacerse del Donbás o Crimea tras años de guerra y propaganda, por más que otro líder alcance el poder.
R. Los ciudadanos de Rusia, como en todos los países grandes, saben muy poco de política internacional y ni siquiera conocen su propio país. Para ellos Crimea no es teoría, porque de vez en cuando van la playa; sin embargo, el resto es abstracto. Es el único territorio por el que podrían discutir. Aun así, la solución es muy fácil: si nosotros empezamos la guerra y matamos a muchos ciudadanos de la que llamábamos nación hermana, debemos pagar un castigo por ello.
P. Suena un poco al final de la URSS, con la desintegración de las repúblicas…
R. Yo pienso en la Alemania después de 1945. Sí, fue doloroso y les llevó tiempo. Pero rápidamente se convirtieron en un estado democrático. Nuestra idea en el Congreso de los Diputados del Pueblo [una especie de Parlamento opositor ruso en el exilio] es dirigir una transición de dos años para organizar elecciones libres. Lo más importante es la parte psicológica de la normalización, no desarrollar resentimiento y para eso hay que planear con cuidado. Entender qué tipos de élites necesitas incorporar al nuevo régimen. Qué tipo de sistema político.
P. ¿Cuál propone usted?
R. Una república parlamentaria. Queremos empezar a reformar desde el nivel local, para que las personas más activas se anuncien pronto y desbloqueen la energía popular que puede generar problemas a nivel federal. Siempre habrá gente con dinero e influencia que se aproveche de la situación, pero reducir su impacto es clave. Vivimos lo contrario en la década de los 80 y 90.
R. ¿Y qué? Yo no voy a intentar ser presidente. Esa es una de las claves que nos diferencia del resto como Khodorkovski o la gente de Navalny. Ellos piensan en las elecciones y por eso no hacen nada. Asumen que tomar estas decisiones es doloroso y que no les dará réditos políticos. Por eso prefieren seguir haciendo videoblogs sin incomodar a la gente.
P. ¿Le veremos a usted en Kursk u otros territorios que ocupe Ucrania?
Me encantaría formar parte, sin duda. Es para lo que se fundó el Congreso de los Diputados del Pueblo. Solo necesitamos recibir luz verde. Tenemos muchos miembros que están deseando unirse y comenzar un gobierno propio, que deberá ser de personas locales de Kursk, pero a las que podemos ayudar con el trabajo organizacional y legal. Sin embargo, Ucrania decidirá. Si no quieren estructura política allí, no podremos hacerlo sin su consentimiento. Pero estoy trabajando todo lo posible para que ocurra.
R: Soy muy escéptico, Washington es un desastre. Creo que no entienden la época en la que vivimos. Biden está anclado en el siglo anterior y muchos demócratas piensan como él. Creen que Rusia no puede ser vencida y tampoco pretenden intentarlo. Los republicanos, sin embargo, son mucho más honestos. Tienen un sector que defiende encargarse solo de sus problemas y no de los del resto del mundo. Donald Trump es su líder. Pero otros republicanos entienden que esto es una violación del orden mundial y que el mal debe ser vencido. Las dos posiciones son honestas y podemos trabajar con ellas. No así con los demócratas. Por principios asumen que el débil debe recibir auxilio, pero, al mismo tiempo, les parece peligroso. Ayudan a Ucrania, pero no de una manera en la que pueda ganar. Te permiten vivir, pero con las manos atadas en la espalda. Tienen miedo.
P. ¿Kamala Harris seguirá esa línea?
R. Kamala no significará una gran mejora para Ucrania, porque si gana tendrá que enfrentarse a una fuerte oposición del Congreso y en términos de asistencia militar o económica las decisiones se moverán muy lento. Por eso esta operación de Kursk significa mucho, necesitamos obtener resultados por nuestra cuenta.
P. Usted llevaba meses diciendo que Wagner era el modelo a seguir.
R. Sí, mostraron el camino y las grandes debilidades, aunque finalmente no entraron a Moscu porque Prigozhin no iba contra Putin, iba contra Shoigu [ministro de Defensa hasta el mayo pasado]. Y una vez tuvo garantías, paró. Y fíjate, todo lo prometido por Putin a Prigozhin se ha cumplido. Solo que sin Prigozhin [se ríe]. Esta vez han sido los ucranianos. Han decidido que no les importa más la opinión occidental.
Pin del entrevistado con el nombre del Congreso de los Diputados del Pueblo de Rusia, un parlamento ruso en el exilio. (F. T.)
P. Nunca entendí que la plana mayor de Wagner cogiera el mismo avión tras el levantamiento, ¿pudieron cometer un error tan tonto?
R. La situación del círculo de Putin es la de la mafia. Esta psicología criminal asume que, si un mafioso ataca a otro mafioso, el segundo tiene el derecho, y casi el deber, de vengarse. Si no, el atacado no será considerado un hombre nunca más. No sé si recuerdas que Prigozhin derribó un avión con una decena de militares rusos abordo aquellos días. Fue la misma forma en la que fue ejecutado. No creo que fuera asesinado por Putin, creo que fue Shoigu. Es mucho más lógico. Prigozhin era esa clase de persona deseando servir. Sabía cuál era su sitio. Por eso no creo que necesitara garantías de Putin, porque nunca fue contra él. Días después quedaron, y Putin nunca lo haría con un traidor.
P. Para muchos, usted también es un traidor. Un objetivo en la lista. ¿En quién confía Ilya Ponomarev?
R. En un número creciente de personas del Congreso de los Diputados del Pueblo, aunque no todos son leales. Lo mismo ocurre en la Legión Libertad de Rusia. Es posible que existan infiltrados y tomamos precauciones. Verificamos quiénes son y les sometemos a detectores de mentiras, también tengo mi propio equipo de seguridad. Me siento más protegido en Ucrania que en otras partes de Europa, donde se puede volar a cualquier lugar y viajar en coche sin fronteras ni controles. Como en España, que no estáis prestando atención a quienes entran en vuestro país.
"Me siento más protegido en Ucrania que en otras partes de Europa, donde se puede volar a cualquier lugar y viajar en coche sin fronteras"
P. Han pasado varias semanas desde su anterior respuesta y casi le matan. ¿No hay sitio seguro para los enemigos de Putin?
R. Tenían información de mi paradero desde hace un año, pero la casa estaba bien defendida, incluso para ataques con drones FPV. Nos sentíamos protegidos. Pero claro, si intentan matarte con un misil o, como en esta ocasión, con drones grandes como los Shahed, ¿qué vas a hacer? No queda más que cambiar de localización lo más rápido posible. Tampoco es que la casa quedara muy habitable [se ríe].
P. 10 años de exilio y está en Ucrania rodeado de guardaespaldas. ¿Merece la pena?
R. Merecerá la pena cuando Putin y los suyos no estén en el poder. Cuando no haya Federación Rusa, sino una República Rusa. Cuando exista un nuevo país. Pero hasta que eso ocurra, no. No merece la pena.
Su cabeza tiene precio desde hace más de una década, pero Ilya Ponomarev lo asume con la tranquilidad del que sabe que no hay rincón seguro en el mundo para los enemigos de Vladímir Putin. Los sicarios del Kremlin han intentado matarle un buen número de veces. La última, a principios de mes, días después de conceder esta entrevista a El Confidencial. En esta ocasión, Moscú utilizó un método poco convencional. El ataque de un dron kamikaze contra su propia casa estuvo a punto de quitarle la vida.