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Con artilleros ucranianos a 5 km de Rusia: "Si los Estados entran en guerra no hay fronteras"
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El batallón entra en el frente

Con artilleros ucranianos a 5 km de Rusia: "Si los Estados entran en guerra no hay fronteras"

Kiev continúa su operación en suelo ruso. 40 kilómetros de penetración y una creciente presencia de brigadas ucranianas en la frontera, con blindados y artillería protegidos por equipos antiaéreos y drones. Los exploradores abren camino

Foto: Formado por soldados profesionales y voluntarios desde 2022, la unidad lleva dos meses luchando en la frontera. (F.T)
Formado por soldados profesionales y voluntarios desde 2022, la unidad lleva dos meses luchando en la frontera. (F.T)
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Los cañones truenan en el bosque que separa Rusia del norte de Ucrania, silenciando el coche que avanza por un sendero sin asfaltar. Son las cuatro de la madrugada y la región de Belgorod duerme a cinco kilómetros de distancia. Tras dos años y medio de invasión, la guerra ha traspasado la frontera rusa y el avance de las tropas ucranianas no para de aumentar.

A cada noticia que filtran los rusos, la brecha es mayor. 30, 40, 50… kilómetros de penetración. Las tropas de Kiev progresan con blindados y artillería protegidos por equipos antiaéreos y drones, guiándose por exploradores que abren camino por tres ejes diferentes. La información fluye, al menos, con medio día de retraso. Y la creciente presencia de unidades ucranianas cada vez es más difícil de ocultar. Nunca se trató de una mera distracción.

Miembros de brigadas curtidas y de prestigio ganado en el campo de batalla han confirmado a El Confidencial su presencia en la zona, aunque se remiten, "de momento" a la política general de silencio. Todo indica que esta es una operación que involucra a un gran número de hombres. Un plan fraguado meticulosamente que aguardó el momento oportuno. La ocasión surgió este martes.

Foto: mision-culpar-ucrania-kremlin-busca-quien-hizo-atentado-como-usarlo

"Ni siquiera hay dispositivos de interferencia electrónica en la zona", confiesa a este periódico un operador ucraniano de drones FVP luchando en Kursk. La superioridad aérea y la falta de efectivos rusos en el interior de su propio territorio explicarían la velocidad con la que Kiev captura asentamientos y militares de la 'Z', antes de montarlos en camiones y transportarlos a Ucrania como prisioneros.

La cuña triplica el territorio recuperado por Ucrania en la contraofensiva de 2023 y supera los avances rusos de siete meses en Pokrovsk. El verano pasado, Kiev chocó contra un muro de minas, trincheras y trampas antitanque levantado durante meses. Un escenario en el que apenas disponía de un hueco por el que colar batallones para acercarse al enemigo y combatir. La situación se ha dado la vuelta. Sin grandes barreras, con apoyo de helicópteros y la disuasión de los recién llegados F-16, y sin un enemigo numeroso en frente, un colapso de las líneas rusas como el de septiembre de 2022 se podría repetir.

"Todo el mundo puede ver que el ejército ucraniano sabe cómo sorprender. Y cómo lograr resultados", declaró Volodímir Zelenski, este jueves en un evento. Aunque evitó pronunciarse sobre la operación.

¿Qué hay de Rusia, amigo?

El Kremlin reaccionó transfiriendo batallones desde Vovchansk, territorio fronterizo que invadió en mayo en Járkov, y el Donbás. Otros canales rusos han reportado la movilización de unidades encomendadas a asaltar Chasiv Yar; de exmercenarios de Wagner en Bielorrusia; y de regimientos reconstruidos con nuevos reclutas, tras ser eliminados en Bajmut. Los primeros blindados ya se han avistado en la ciudad de Kursk, aunque ni los propios rusos saben cuándo y con qué armamento llegará el grueso de efectivos que, sin duda, enfrentará una misión compleja.

Más allá de abandonar la primera línea, erigir pasos seguros y desarrollar cadenas logísticas indispensables para el día a día —gasolina, comida y munición—, las tropas de Moscú deberán decidir si confrontar al Ejército ucraniano de frente o escoger posiciones más lejanas para establecer la defensa. Superados en la tierra y en el cielo, los primeros vídeos de una columna de 15 camiones rusos neutralizados ya han visto la luz. A diferencia de los videojuegos, en la guerra miles de hombres y vehículos no se transportan a golpe de un botón. Las bajas superan el centenar.

"Nuestro enemigo dice constantemente que es el mejor Ejército del mundo, pero como demuestra la guerra, no es el caso en absoluto", explica Príncipe, teniente de la brigada 42, minutos antes de ordenar disparar en dirección Bélgorod. "Aun así, Rusia sigue siendo un adversario muy fuerte, por más que algunos lo subestimen".

Bajo tierra, sus hombres asienten alrededor. Hace dos meses que llegaron a los bosques de Járkiv, en una posición bien protegida por la naturaleza, pero que descansa a apenas cinco kilómetros de la frontera. Su cometido: frenar la incursión de las tropas de Putin en el norte de Ucrania. 60 días después, la posibilidad de intercambiar los papeles en la zona y que Kiev pase a la ofensiva no se puede descartar.

"Parece que la gente olvida que cuando los estados entran en guerra no hay fronteras. Solo frente (de batalla) con diferentes niveles de intensidad bélica", escribió Mykola Bielieskov, investigador del Instituto Nacional de Estudios Estratégicos de Ucrania, este jueves. "No te engañes (…) cuando mires a las regiones de Sumy y Chernihiv. Son frentes en los que cada lado quiere mejorar su posición".

Romper la baraja

Y Ucrania parece haberlo conseguido. Es una incógnita si Kiev alcanzará los objetivos últimos del despliegue —desconocidos todavía por la opinión pública— pero a estas alturas, el movimiento no solo ha cambiado las reglas sino el juego por completo. La invasión que supuestamente comenzó para alejar a la OTAN ha terminado con la mayor violación de fronteras rusas desde la Segunda Guerra Mundial.

Aun siendo capaz de frenar la hemorragia, el Kremlin se verá obligado a modificar su política defensiva para reforzar militarmente el borde con Ucrania, que se extiende más de 700 kilómetros —la misma distancia que separa Málaga de Pamplona en línea recta— por el norte. Un territorio donde muchas unidades rusas ya sufren escasez de material, según los propios ucranianos.

placeholder Formado por soldados profesionales y voluntarios desde 2022, la unidad lleva dos meses luchando en la frontera. (F.T)
Formado por soldados profesionales y voluntarios desde 2022, la unidad lleva dos meses luchando en la frontera. (F.T)

"Ahora mismo, apenas tienen infantería, sin apoyo de ningún tipo de artillería. Se dividen en grupos de cinco a diez personas, entran en nuestro territorio y se ponen a excavar", resume Príncipe, observando las cámaras de dron que monitorizan la primera línea.

Las temidas aeronaves de reconocimiento, capaces de volar alto sin ser detectadas, y las bombas 'tontas' de 500 a 3.000 kilos que desde el martes castigan la puerta de entrada de las tropas ucranianas en la región de Sumy, representan el principal peligro. Sin embargo, la aviación rusa sigue sin aparecer para frenar el asalto, tal vez por la fuerte presencia de equipos antiaéreos, guerra electrónica o cazas ucranianos, liberados para misiones de combate tras la llegada de los F-16. Un apoyo aéreo que Ucrania no tuvo en las reconquistas de 2022 y la contraofensiva de 2023.

"Sin aviones necesitas esconderte, mirar al cielo y disparar", confiesa Príncipe. "Después, solo queda confiar en la suerte". Y Ucrania parece haber comprado boletos en una lotería a punto de tocar.

Los cañones truenan en el bosque que separa Rusia del norte de Ucrania, silenciando el coche que avanza por un sendero sin asfaltar. Son las cuatro de la madrugada y la región de Belgorod duerme a cinco kilómetros de distancia. Tras dos años y medio de invasión, la guerra ha traspasado la frontera rusa y el avance de las tropas ucranianas no para de aumentar.

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