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La OTAN tiene que tomar decisiones: las siete claves de la cumbre del 'camaleón'
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75 aniversario de la alianza

La OTAN tiene que tomar decisiones: las siete claves de la cumbre del 'camaleón'

Lo celebra en una cumbre de tres días en Washington (9-11 julio), donde se firmó el acuerdo original el 4 de abril de 1949, a la que llega con muchas decisiones pendientes. Urgentes e importantes. Estas son las claves

Foto: La bandera ucraniana frente al emblema de la OTAN en Kiev. (Reuters)
La bandera ucraniana frente al emblema de la OTAN en Kiev. (Reuters)

La Organización del Tratado del Atlántico Norte, la mayor alianza militar del planeta, cumple 75 años y lo celebra con una cumbre de tres días en Washington (9-11 julio). Pero más allá de la efeméride, los socios llegan a la capital estadounidense —donde se firmó el acuerdo original el 4 de abril de 1949— con muchas decisiones pendientes. Urgentes e importantes. Entre los países miembros hay sensación de que esta vez se avanzará más que en la edición de Vilna el año pasado, donde las conclusiones de la reunión dejaron a todos insatisfechos. “Esperamos que esta vez no haya sorpresas”, confía una fuente de la organización.

El momento del aniversario, en cualquier caso, es agridulce. Si bien la invasión rusa despertó a la OTAN de esa "muerte cerebral" que diagnosticó el francés Emmanuel Macron en 2019, también ha mostrado las costuras y límites de un ente supranacional con pocas atribuciones y muchas expectativas. Moscú mantiene la iniciativa ofensiva en Ucrania, con ayuda militar directa de Irán y Corea del Norte, y el respaldo industrial (y la cobertura diplomática) de China. Cuatro naciones con liderazgos autocráticos que están formando una incipiente mancomunidad que desafía el orden internacional de posguerra y para la que Occidente no tiene respuesta. La sensación entre los aliados es de que hay que actuar. Ha llegado el momento de tomar decisiones.

“Si la OTAN se quiere preparar de forma efectiva para el retorno de la competencia entre grandes potencias, necesitará un mayor sentido de unidad para promover acciones decisivas. Esto requerirá de un robusto grupo de herramientas para reforzar su cohesión política, sus consultas y su coordinación", reflexionó Anna Dowd, analista de defensa en el grupo Rand, en un panel de expertos. "Mientras, el renovado foco en la transformación de la guerra dará una oportunidad tanto para fortalecer la disuasión y defensa euro-atlántica como para facilitar un mejor reparto del peso [del gasto militar]", agregó.

1: La Alianza del ‘camaleón’

La gran clave de esta cumbre es la escenificación del relevo en la secretaría general. El noruego Jens Stoltenberg deja el cargo, después de 10 años y tres prórrogas, al neerlandés Mark Rutte. El ex primer ministro holandés es conocido por su camaleónica capacidad para tejer alianzas y amoldarse a la circunstancia del momento. Hábil negociador y dotado de un sólido olfato político, ya ha dado muestras de su capacidad de lidiar con obstáculos al convencer a sus propios detractores dentro de la Alianza de que era la persona ideal para el cargo.

“Rutte es básicamente un gestor. No es tanto un hombre de contenido, sino más bien un buscador de consensos. Básicamente, logró manejar cuatro diferentes coaliciones de gobierno y es conocido en La Haya y más allá por valorar más el acuerdo al contenido”, consideró la periodista y analista neerlandesa Carolina de Gruyter en un programa de la radio pública estadounidense NPR. “Cuando sus gobiernos estaban en problemas, como sucedía de vez en cuando, no se enfrascaba en cuestiones de principios y estaba dispuesto a doblarse para mantener unida a la coalición”.

Foto: Mark Rutte, de gira en Malasia. (EFE/Fazry Ismail)

2: Unidad de 32

Esta destreza conciliadora y de unificación de criterios será uno de los principales activos del neerlandés para manejar uno de los grandes problemas de la coalición. La unidad. También en Washington se presenta de largo la OTAN de los 32 tras el ingreso de Suecia el pasado mes de marzo —que se suma a la entrada de Finlandia un año antes—. La Alianza fue diseñada bajo el principio de consenso, un sistema relativamente manejable cuando eran 12 aliados con desafíos estratégicos similares. Tras nueve rondas de ampliación y 20 voces más, la unanimidad es más compleja y muchas decisiones quedan paralizadas por objeciones individuales o minoritarias.

“En la cumbre de la OTAN deberían debatir la mejor forma de introducir un procedimiento de voto por mayorías. Esto haría imposible para un estado miembro servir a los intereses de Rusia alegando el principio del consenso y, por tanto, paralizando la capacidad de la Alianza de defender a un aliado de una potencial agresión rusa”, argumentan el exembajador estadounidense Eric S. Edelman y el exdiplomático británico David Manning en un ensayo publicado por Atlantic Council. “Dado el amenazante trasfondo internacional y la necesidad de equilibrar la cohesión de una Alianza ampliada con la habilidad de tomar decisiones más rápida y resolutivas, ha llegado el momento de que EEUU y Reino Unido fomenten un debate para buscar soluciones”.

Foto: 'Marines' estadounidenses durante un ejercicio de la OTAN en el Báltico el septiembre pasado. (Reuters/Janis Laizans)

Fuentes aliadas relativizan el alcance real de este debate sobre el consenso, ya que el trasfondo último de esta discusión —en la actualidad— es la postura rebelde de la Hungría de Orbán, quien recientemente visitó a Putin en Moscú. Sin embargo, la OTAN, insisten los expertos, funciona mediante una calculada presión diplomática y política que suele surtir efecto (especialmente si algo cuenta con el respaldo de Washington). "No creo que haya que sobredimensionar el reto de Hungría, que no es determinante. Esta organización es muy flexible y capaz de adaptarse bien a las circunstancias", asegura la fuente. "El impacto [de las maniobras de Orbán] es muy menor, por no decir que irrelevante".

Más allá de las cuitas de la unanimidad, la entrada de dos nuevos aliados en apenas dos años trae otros elementos a la conversación. Por un lado, incrementa las capacidades militares de los atlantistas; pero también, multiplica sus desafíos estratégicos. La frontera aliada con Rusia prácticamente se ha duplicado (1.340 kilómetros adicionales) y se ha sumado un nuevo país al frente estratégicodel mar Báltico, lo que requerirá una renovada atención (militar y estratégica) de los socios.

3. ¿Puente o senda? El dichoso wording

El punto crítico de la agenda sigue siendo, después de dos cumbres, cómo plasmar —y hasta qué punto— el compromiso con la entrada de Ucrania en la Alianza. El debate se centra en el dichoso wording, qué palabras concretas utilizar en el documento final de la cumbre. Las preferencias están repartidas. Mientras pesos pesados como EEUU y Alemania favorecen algo laxo como “un puente” hacia la membresía, otros aliados relevantes, como Reino Unido o los países del este, prefieren la fórmula más ambiciosa de “un camino irreversible” hacia la OTAN.

“Estoy convencido de que tendremos un lenguaje que expresará que Ucrania se convertirá en miembro de la Alianza", dijo Stoltenberg en una conferencia de prensa la semana pasada tras visitar el Departamento de Estado de EEUU. “Las palabras exactas, lo que acordaremos exactamente está siendo discutido ahora por los socios. Pero confío en que tendremos una buena solución y un aucuerdo para la cumbre".

Los matices sobre las palabras a emplear sobre Ucrania es un reflejo del diferente nivel de compromiso de los aliados con la victoria de Ucrania. Unos abogan por llevar el apoyo a Kiev el límite, advirtiendo que una victoria rusa dará como resultado una Europa mucho más insegura. Otros apuestan por evitar líneas rojas que puedan atarles de manos de cara a resolver el conflicto que, desde febrero de 2022, monopoliza la atención de la OTAN.

4. Un fondo a prueba Trump

Otra de las prioridades de la cumbre es definir cómo se va a materializar la ayuda de la OTAN al esfuerzo bélico en Ucrania. Los aliados dan por descontado que una victoria de Donald Trump debilitaría los esfuerzos por armar a los ucranianos. El pasado mes de marzo, el húngaro Viktor Orban aseguró que Trump prometió ‘no darle un penique a Ucrania’ si gana las elecciones en noviembre.

Foto: Trump, con el secretario general de la OTAN, en 2019. (EFE)

En abril, los ministros de Exteriores de la UE respaldaron una propuesta del (todavía) secretario general Stoltenberg de establecer un fondo de 100.000 millones de euros para blindar el apoyo a Kiev “contra los vientos de cambio político”, dijo el funcionario al Financial Times. Por el momento, ha conseguido el respaldo de los embajadores de la OTAN para un primer tramo de 40.000 millones. Esto iría a cuenta de las ayudas ya anunciadas por los países miembro, como España, que pactó con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, un paquete de ayuda de 1.000 millones de euros.

"Hay grandes retos para Rutte: mantener el apoyo a Ucrania, desarrollar el plan para el flanco sur y lidiar con una nueva administración norteamericana, especialmente si es Trump el que llega a la Casa Blanca", resume una fuente aliada.

5: Gastones y morosos

Otro punto a repasar en la agenda es el del compromiso de inversión en defensa de los aliados. Han pasado 10 años desde que la OTAN se fijó un umbral mínimo de gasto militar del 2% del PIB. En ese momento, apenas tres países cumplían con esta cuota. Este año, según cifras de la OTAN publicadas el mes pasado, serán 23 los socios que llegarán a la meta. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer en este frente. Países clave, como Italia (1,49%) o Canadá (1,37%) o la propia España (1,28%) —que aparece en el último lugar, por detrás de Eslovenia, Luxemburgo y Bélgica— todavía están lejos de cumplir con este estándar. Un factor que ya ha advertido Trump podría ser un punto de fricción en caso de que el republicano retorne al Despacho Oval.

Foto: Brigada Canarias del Ejército de Tierra en 2023. (EFE/Quique Curbelo)

El podio de gasto militar lo ocupan Polonia (4,32%), Estonia (3,43%) y EEUU (3,38%), con Letonia, Lituania y los países nórdicos en el top 10. Esto muestra cómo el eje defensivo de Europa se está volcando cada vez más hacia el este y con una fuerte impronta atlantista (pese a los esfuerzos de la UE de impulsar su autonomía estratégica al margen de Washington). A mayor gasto, mayor influencia.

6: El rearme inteligente

En la cita euroatlántica también tendrá su lugar destacado la industria de defensa. La invasión a gran escala ha mostrado las debilidades de los arsenales de la Alianza. La OTAN está tratando ahora trata de mejorar sus prácticas de compras conjuntas (especialmente en el flanco de la munición), al tiempo que intenta incorporar de forma más decidida las tecnologías de combate en sus sistemas de armamento, del uso masivo de drones, a la guerra electrónica o la inteligencia artificial. Los analistas abogan por una nueva "revolución tecnológica" en la arquitectura de defensa, para lo que sería necesario adoptar nuevas doctrinas y guías estratégicas en este tipo de cumbres.

Foto: Alex Karp, de Palantir, en Feindef 2023. (Sergio Beleña)

Para ello, se harán reuniones con representantes de las industrias de defensa de los países aliados, que pueden aportar una visión más realistas sobre capacidades, disponibilidad y plazos para estos proyectos. La OTAN lanzó en la cumbre de Madrid de 2022 la iniciativa Diana, para fomentar la cooperación tecnológica en defensa entre empresas euroatlánticas y poner en marcha aceleradores para mantener la competitividad y disrupción de los sistemas militares. La Alianza estableció un fondo de unos 1.000 millones de euros para potenciar estas iniciativas, pero el instrumento no estará plenamente operativo hasta 2025.

7: Los otros flancos

La entrada de los países nórdicos refuerza las posturas de los halcones del flanco oriental, como Polonia, República Checa y los bálticos, frente a los que piden un mayor equilibrio en otros flancos estratégicos, ahora secundarios por la amenaza rusa. Para ello, la Alianza planea nombrar jefes destacados para los desafíos de seguridad que muchos aliados reclaman.

"Hemos pasado del ámbito declarativo —ya que esta propuesta se recogió en el concepto estratégico aprobado en Madrid— a un plan de acción concreto", explica la fuente.

Foto: El helicóptero de Macron en Malí, en 2017. (Reuters/Christophe Petit Tesson)
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Uno de ellos es el flanco sur, que abarca todos los retos estratégicos del Mediterráneo al Sahel. La inestabilidad geopolítica de la región tras la seguidilla de golpes de Estado en varios países de África occidental ha abierto espacios para una mayor presencia diplomática y militar del Kremlin; mientras que el conflicto en Oriente Medio puede tener derivadas geopolíticas imprevisibles. El otro punto clave en este debate es Asia-Pacífico, con el debate centrado en cómo lidiar con la creciente influencia militar de China. Ambos frentes están conectados, además, con el factor ruso.

"La guerra en Ucrania ha puesto de manifesto hasta qué punto los eventos al sur de la OTAN (Oriente Medio, Magreb, Sahel y las regiones marítimas adyacentes) influyen de forma directa en la seguridad euro-atlántica. Puede que el mejor ejemplo sea la cada vez más cercana relación entre Moscú y Teherán (...) pero también la presencia rusa en Siria o Libia supone múltiples desafíos a la seguridad occidental", escribió Anna Borshchevskaya, analista del Washington Institute, en un artículo sobre la cumbre. "De hecho —advirtió la experta— el Grupo Wagner y sus sucesores del Africa Corps ya están ayudando al Kremlin a lograr múltiples objetivos políticos a muy bajo coste en puntos clave de Oriente Medio y África".

La Organización del Tratado del Atlántico Norte, la mayor alianza militar del planeta, cumple 75 años y lo celebra con una cumbre de tres días en Washington (9-11 julio). Pero más allá de la efeméride, los socios llegan a la capital estadounidense —donde se firmó el acuerdo original el 4 de abril de 1949— con muchas decisiones pendientes. Urgentes e importantes. Entre los países miembros hay sensación de que esta vez se avanzará más que en la edición de Vilna el año pasado, donde las conclusiones de la reunión dejaron a todos insatisfechos. “Esperamos que esta vez no haya sorpresas”, confía una fuente de la organización.

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