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Meloni no pasa de moda: por qué el grupo de Orbán puede ayudar a su estrategia en Bruselas
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La extrema derecha se afianza en Europa

Meloni no pasa de moda: por qué el grupo de Orbán puede ayudar a su estrategia en Bruselas

La primera ministra italiana ha sufrido varios reveses a nivel europeo en las últimas semanas, pero en su estrategia de ‘normalización’ puede ayudarle

Foto: La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, en el Palazzo Chigi. (REUTERS/Guglielmo Mangiapane)
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, en el Palazzo Chigi. (REUTERS/Guglielmo Mangiapane)

Giorgia Meloni, primera ministra italiana, era la gran protagonista de las semanas previas a las elecciones europeas del 9 de junio. Después de los comicios, cuando quedó claro que Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, podría apoyarse para su reelección ante el Parlamento Europeo sobre su tradicional coalición de populares, socialistas y liberales y que los ultraconservadores liderados por los Fratelli d’Italia de Meloni serían, en el mejor de los casos, accesorios, su figura ha ido desinflándose. O al menos esa es la sensación que ha ido dando.

Los líderes europeos que negociaron los altos cargos de la Unión Europea en nombre del Partido Popular Europeo (PPE), el Partido de los Socialistas Europeos (PES) y los liberales de Renew Europe (RE) decidieron dejar a un lado a Meloni durante las semanas siguientes a las elecciones europeas. Esto se traducía en no pactar con ella los nombres de la próxima la presidencia de la Comisión Europea, del presidente del Consejo Europeo y de la Alto Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad.

Meloni se mostró enfurecida y cargó contra el resto de líderes que le habían excluido. Algunos de ellos se esforzaron por subrayar que Italia no estaba siendo apartada, que Roma era fundamental para la Unión Europea. La exclusión de Meloni era una exigencia de dos de los negociadores: el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el canciller alemán, Olaf Scholz, que representaban a los socialistas.

Foto: Ursula von der Leyen. (EFE/Olivier Hoslet)

Después, en las semanas siguientes, el Parlamento Europeo tampoco ha ayudado. Viktor Orbán, primer ministro húngaro, ha lanzado un proyecto de partido de extrema derecha que ha acabado desguazando a Identidad y Democracia (ID), la bancada que se encuentra a la derecha de los Conservadores y Reformistas (ECR), el grupo de Meloni.

El viernes, Vox, un partido que se ha apoyado mucho en Meloni y con el que la primera ministra italiana ha estado muy implicada, decidió abandonar ECR y unirse al proyecto de Orbán, los ‘Patriotas para Europa’, que han quedado constituidos como un nuevo grupo, este pasado lunes, consumando un “sorpasso” al ECR de Meloni. Eso ha generado de nuevo la sensación de que la italiana se está desinflando y perdiendo su capacidad de atraer a las fuerzas de derechas europeas. Aunque Vox evita a toda costa poner la etiqueta de “traición” a su movimiento, en Roma no sentó bien.

Más allá de los espejismos

¿Pero está debilitando esto a Meloni, o está haciendo justo lo contrario? La primera ministra italiana no ve la política europea como un fin en sí mismo, sino como una forma de estabilizar y garantizar su poder doméstico en Roma. Por eso no se deben sacar conclusiones precipitadas sobre lo que ha venido ocurriendo. Han pasado dos cosas distintas. El aislamiento que ha sufrido por parte de otros líderes europeos durante la negociación de los altos cargos de la Unión Europea ha sido indudablemente dañino para Meloni, porque ha minado sus esfuerzos por mostrar que es un actor aceptado por parte de sus homólogos europeos, pieza clave para consolidarse en la hegemonía de una derecha italiana que lleva demasiado tiempo sin encontrar un actor protagonista.

Sin embargo, la segunda tanda de acontecimientos, la marcha de Vox y el ‘sorpasso’ del nuevo grupo de los ‘Patriotas’ de Orbán, puede beneficiarle. Con sus 84 eurodiputados, los ‘Patriotas’ han mostrado que la extrema derecha europea más dura, la que se sitúa a la derecha, incluso de Meloni, se encuentra en buen estado de forma, a pesar de no haber logrado romper la aritmética del centro parlamentario en las elecciones europeas de junio. A ellos hay que sumar un grupo de unos treinta eurodiputados más que están alrededor de los todavía más radicales de Alternativa para Alemania (AfD) y que podrían constituir un nuevo grupo en las próximas jornadas.

Foto: El primer ministro húngaro, Víctor Orbán, y el presidente de Rusia, Vladimir Putin. (REUTERS / Sputnik Valeriy Sharifulin Pool)

A nivel doméstico estos movimientos podrían llegar a hacerle cierto daño porque por su flanco derecho en Italia, la Lega de Matteo Salvini, intenta recuperar a sus votantes más derechistas y, como parte de su estrategia, la formación leguista está moviendo en Roma la idea de que su grupo tendrá más peso que el de la primera ministra en Europa. Se trata de uno de los pocos ámbitos en los que Salvini puede hacer cierta oposición interna a Fratelli d’Italia, con el que comparte Gobierno como socio minoritario, y evitar acabar siendo poco menos que una extensión del FdI.

Pero el contraste entre estos nuevos grupos y ECR beneficia a Meloni en Bruselas. Eso lo sabe ella y lo saben los elementos más moderados dentro del bloque ultraconservador. El momento de verdadero peligro se vivió durante la semana pasada, cuando como si fuera una opa hostil, Orbán intentó partir ECR por la mitad atrayendo a los ultraconservadores de Ley y Justicia (PiS), el partido que ha gobernado Polonia entre 2015 y 2023. Pero el PiS acabó apostando por quedarse en la familia ultraconservadora, desactivando lo que habría sido, ya entonces sí, una crisis mayor para Meloni.

Así, la primera ministra italiana se encuentra con un ECR que es el cuarto partido, y no el tercero, dentro de la Eurocámara, pero siendo un grupo mucho más aceptable para el resto de formaciones. Sí, siguen teniendo delegaciones de derecha dura, como el PiS, pero Meloni logra marcar distancias respecto a Orbán en un momento en el que el primer ministro húngaro es especialmente tóxico, como muestran los más de 6.000 millones de euros bloqueados en ayuda militar europea a Ucrania o su reciente visita a Vladimir Putin, presidente ruso, en Moscú. Y también logra no verse vinculada a Le Pen, que ha fracasado en su intento de acceso al poder en Francia.

Sobre todo, lo que apoya su proceso de normalización es el contraste. Todo el mundo en Bruselas conoce los lazos rusos de Le Pen y Salvini, hay pocas dudas también sobre las simpatías del FPÖ, y en algunos casos partidos de ECR, como los nacionalistas flamencos de la N-VA, que ni mucho menos son moderados. Son en realidad lo único que separan del poder a formaciones todavía más radicales, como el caso del Vlaams Belang en Flandes. Petr Fiala, primer ministro checo, ha expresado esta oposición entre ECR y el nuevo grupo después de que los ‘Patriotas’ celebraran su reunión inicial en Bruselas. “Llamemos a las cosas por su nombre. Los ‘Patriotas para Europa’ sirven a los intereses de Rusia. Ya sea consciente o inconscientemente. Y así amenazan la seguridad y la libertad de Europa”, ha escrito Fiala.

Foto: Giorgia Meloni y Ursula Von der Leyen, durante la cumbre del G7 celebrada en Italia. (EFE/Ettore Ferrari)

Meloni sabe que gobernar Italia en contra de Bruselas es extremadamente difícil. El incidente de su aislamiento durante las negociaciones de los altos cargos no ayuda a las apariencias, pero el Palazzo Chigi ya está pasando página y trabajando para volver a tender puentes con Von der Leyen. Lo importante es que la presidenta de la Comisión Europea ofrezca al enviado por Meloni un buen puesto dentro del Ejecutivo comunitario y que siga escuchando algunas de las ideas de la primera ministra en materia migratoria, como ha venido haciendo desde hace algún tiempo. El contraste con los ‘Patriotas’ y el grupo que pueda surgir todavía más a la derecha solamente potencia la normalización de Meloni. Su grupo puede ser más pequeño, pero le es mucho más útil a sus intereses.

Al mismo tiempo, el centro del Parlamento Europeo se ha visto debilitado en las últimas elecciones. PPE, socialdemócratas y Renew Europe tienen mayoría absoluta, pero demasiado estrecha como para ser estable. Meloni logra que ECR sea un partido más potable en un momento en el que el centro de la Eurocámara tendrá que decidir si mira a la izquierda y busca votos entre los ecologistas para dar estabilidad a la legislatura, o si mira a la derecha considerando que ECR no debe encontrarse dentro del cordón sanitario del Parlamento Europeo.

Giorgia Meloni, primera ministra italiana, era la gran protagonista de las semanas previas a las elecciones europeas del 9 de junio. Después de los comicios, cuando quedó claro que Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, podría apoyarse para su reelección ante el Parlamento Europeo sobre su tradicional coalición de populares, socialistas y liberales y que los ultraconservadores liderados por los Fratelli d’Italia de Meloni serían, en el mejor de los casos, accesorios, su figura ha ido desinflándose. O al menos esa es la sensación que ha ido dando.

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