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Litros de gasolina en botellas de refresco: el gran negocio del carburante en México
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El país del huachicol

Litros de gasolina en botellas de refresco: el gran negocio del carburante en México

A pesar del encarecimiento y el desabasto de combustible a nivel mundial, causados por la invasión rusa en Ucrania, en México la gasolina sigue siendo accesible (robada o no)

Foto: Un estadounidense compra gasolina del otro lado de la frontera, en Ciudad Juárez, México. (Reuters/José Luis González)
Un estadounidense compra gasolina del otro lado de la frontera, en Ciudad Juárez, México. (Reuters/José Luis González)

“Se vende gasolina”, rezaba hasta hace un año el cartel escrito a mano con un rotulador y pegado en el portal de una vivienda. Ahora lo han quitado, pero a las afueras del 'paraíso’ todavía se vende (y se compra) gasolina de forma clandestina.

Muchos mexicanos acaudalados, así como algunos extranjeros, han encontrado en los frondosos bosques que rodean la Ciudad de México este 'paraíso' (como así lo llaman muchos de ellos) que a veces recuerda a la ‘España verde’ o a una postal alpina. Allí han construido ostentosos chalets, mansiones, y urbanizaciones de lujo. Pero antes de llegar a los enclaves de los privilegiados de México, uno cruza por localidades híbridas entre lo urbano y lo rural habitadas por carpinteros, pequeños comerciantes, taxistas, o mecánicos, además de quienes mantienen el hogar con puestos callejeros de comida. Y es precisamente en estos núcleos semi urbanos donde el huachicol –combustible robado de los ductos del Estado– todavía se vende sin mayor aspaviento.

Foto: Vista de Monterrey, en el norte de México. (Reuters/Daniel Becerril)

Son las 16:00 de la tarde y este reportero pide cuatro litros de gasolina en uno de los locales comerciales sobre una de las carreteras que rodean la zona. Ningún cartel anuncia la venta de combustible, pero un ‘viene viene’ (aparcacoches, en argot mexicano) no duda en señalar quién, además de reparar automóviles y electrodomésticos, lo suministra.

— “Sí, claro. ¿Cuántos litros más quiere?”, dice el dependiente, después de haber entrado a la puerta contigua del local y sacado gasolina en una botella de plástico de una marca de refresco de naranja.

— Nada más

— “Son cien pesos (4,80 euros, aproximadamente)”. El litro de gasolina en el mercado negro cuesta 25 pesos (poco más de un euro), tan solo un par de pesos más que en cualquier estación legalmente establecida.

Pemex, la petrolera estatal de petróleo, llegó a ser de las más potentes a nivel internacional. Sin embargo, debido a décadas de mala gestión, llegó a alcanzar un déficit del 96%, convirtiéndose así en la empresa de este sector más endeudada del mundo. Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-2018), se concretó su apertura a la inversión extranjera. Desde entonces, operan en el país distintas empresas. La oferta de combustible se amplió y ahora el precio del litro oscila entre los 19 y los 22 pesos.

Sin embargo, el huachicol es un poco más caro. ¿Por qué? Las razones son la distancia y la inseguridad. Muchos de los pueblos antes mencionados están lejos de las estaciones de servicio y el transporte público no es de buena calidad. Por ello, quienes más compran combustible obtenido en la ilegalidad son obreros y taxistas de la zona, a quienes les es más cómodo obtenerlo allí mismo que lanzarse a una carretera en la que a diario se reportan cada vez más atracos, robos con violencia y accidentes para conseguirlo.

Foto: El vídeo fue subido a YouTube con el nombre del exdirector de Pemex

Un trabajador que se gana la vida como jardinero en uno de los lujosos chalets del 'paraíso' cuenta a El Confidencial que él mismo compra huachicol para las podadoras y máquinas de jardinería que utiliza para trabajar. Su empleador le da el dinero para obtenerlo y él sabe perfectamente quién lo vende. Así de sencillo es conseguir gasolina en la clandestinidad a las afueras de la capital mexicana.

En enero de 2019, 137 personas murieron y más de 70 resultaron heridas de gravedad tras la enorme explosión de un ducto estatal de gasolina mientras estaba siendo ‘ordeñado’ por vecinos de la zona. Sucedió en una localidad de Hidalgo (a dos horas de la Ciudad de México), un sitio donde esa práctica también sigue siendo muy común y que esta controlada por el crimen organizado. Una forma más de financiar otras actividades criminales como el narcotráfico, la trata de personas o la extorsión.

Después de aquel accidente, y con apenas dos meses como presidente, Andrés Manuel López Obrador declaró la guerra al huachicol. Dijo que su gobierno no permitiría más esa práctica ilegal. Entonces, se estimaba que el número de tomas clandestinas de los ductos del Estado era de 12.500. A raíz de esa ‘declaración de guerra’, en el llamado ‘Triángulo del huachicol’ —una zona en el estado de Puebla donde el robo de hidrocarburos está descontrolado— se incrementó la aparición de cadáveres, además de los coches explotados, los tiroteos, los asesinatos y las desapariciones de civiles. Todo ello adjudicado al crimen organizado. Según datos oficiales, entre 2019 y 2021 se encontraron 36.500 tomas clandestinas en todo el país, aunque se estima que hay muchas más. En promedio, cada día son descubiertas 32 de ellas.

Foto: El ministro de Economía francés, Bruno Le Maire. (Reuters/Benoit Tessier)

Un país ajeno a la crisis global del combustible

La invasión rusa de Ucrania ha causado el encarecimiento generalizado de productos básicos como el trigo, el aceite, y, por supuesto, los combustibles. En España, una de las razones del alza de precios ha sido precisamente la subida en el precio de la gasolina y el diesel para los transportistas.

En Sri Lanka y Argentina, por ejemplo, la situación también es complicada. En el país asiático ha sido mucho más grave, pues el descontento social ocasionado por el caos derivado de la escasez de combustibles (entre otros factores) desembocó en el derrocamiento del presidente Gotabaya Rajapaksa. En el caso argentino es imposible ignorar la descontrolada inflación generalizada, pero al margen de este fenómeno, el combustible (pese a ser uno de los más baratos de la región) también se ha encarecido y su desabasto ha causado caos en el suministro de productos básicos. Su precio, desde enero, ha aumentado en un 32,6%. Y para entender cómo ha impactado eso en la economía argentina, basta con ver que, en 2019, el salario mínimo argentino equivalía a la compra de 607 litros de combustible; hoy, sólo alcanza para 360 litros. Pero peor es el caso de Panamá, donde el aumento en el precio ha sido del 67% en lo que va de 2022, poniendo al país al límite del estallido social.

Por otra parte, Islandia, Finlandia, Noruega, Dinamarca, Holanda, y Suiza, son los países europeos donde la gasolina es más cara. En todos ellos el litro se paga a más de 2 euros, y en el caso islandés llega hasta los 2,40 euros. A nivel global, sólo los supera Hong Kong, donde el precio es de 2,80 euros. Pero ¿qué sucede en México? De acuerdo con el portal Global Petrol Prices, en el país norteamericano el precio está considerablemente por debajo de la media global. Eso sucede porque el actual gobierno mantiene un método de subsidios a Pemex que permiten cierta estabilidad del precio y, además, también otorga beneficios fiscales a las empresas privadas. La crisis energética ha jugado a favor de las arcas mexicanas durante algunos meses, pues en mayo el precio de la mezcla mexicana alcanzó los 104.55 dólares por barril, cuando exactamente hace un año el precio era de 64.64 dólares.

Foto: (Reuters)

Aún así, el 6 de agosto el precio del crudo mexicano se desplomó y volvió a niveles previos al conflicto en Ucrania. Sin embargo, de acuerdo con el análisis ‘En la mira’, del Instituto Mexicano para la Competitividad, Pemex se ha convertido en una empresa mucho más saneada económicamente. El 30 de junio de 2022, registró la mayor utilidad neta para un primer semestre en 12 años. Creció, respecto al mismo periodo en el año anterior, cerca del 10% y su volumen de venta se incrementó en 26,5%. De seguir así, dentro de un año se estima que pague casi el 20% de su deuda total. Ttodo eso, entre otros factores le valió que la agencia de calificaciones crediticias HR Ratings cambiara la perspectiva crediticia de Pemex de ‘negativa’ a ‘estable’.

Según datos de la U.S. Energy Information Administration, correspondientes a 2021, México fue el duodécimo país con mayor producción petrolera. Y su volumen representó el 2% global. Aún así, pese a la (inesperada) oportunidad de crecimiento gracias al ‘oro negro’, países petrolizados como éste tienen en frente a la agenda ambientalista global que puede minar sus sueños de revivir un nuevo milagro económico petrolero.

A pesar de que la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible ya han marcado la hoja de ruta para el final de los combustibles fósiles, el petróleo sigue siendo un factor de gran relevancia en el tablero geopolítico.

Estados Unidos, Arabia Saudí, Rusia, Canadá y China fueron los cinco productores principales de petróleo durante 2021. El volumen producido en Estados Unidos fue el equivalente al 20% del total mundial. Juntos, Arabia Saudí y Rusia, sumaron 22% y el volumen chino representó el 5%. Rusia está beneficiándose especialmente del caos energético causado por su invasión, reportando 93.000 millones de euros como ingresos por la venta de crudo durante los primeros 100 días de guerra.

Otro ejemplo de que el petróleo sigue presente en el convulso juego de la geopolítica es Venezuela. Se trata del país con más reservas de petróleo probadas en el mundo, y donde la gasolina es más barata (cuesta tan solo 0.022 dólares). No obstante, Estados Unidos impuso sanciones desde 2017 al sector para debilitar a Nicolás Maduro. Y en 2019 el gobierno de Donald Trump decretó un embargo total al petróleo venezolano. ¿El resultado? En 2021, Venezuela cayó hasta el puesto 26 en la producción de petróleo en el mundo, un mínimo histórico.

Mientras tanto, en México la gasolina sigue siendo un gran negocio, ya sea de forma legal o ilegal. Un país donde la gasolina sigue siendo asequible y donde un litro de huachicol se sigue siendo vendido a plena luz del día en una botella de refresco a cualquiera que desee comprarlo.

“Se vende gasolina”, rezaba hasta hace un año el cartel escrito a mano con un rotulador y pegado en el portal de una vivienda. Ahora lo han quitado, pero a las afueras del 'paraíso’ todavía se vende (y se compra) gasolina de forma clandestina.

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