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Ductos a través de 4.000 km de desierto y grupos armados: el plan que resucita por la crisis del gas
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Propuesto hace más de 50 años

Ductos a través de 4.000 km de desierto y grupos armados: el plan que resucita por la crisis del gas

La UE se ve en la necesidad de diversificar sus fuentes de suministro de energía. En este contexto ha emergido el gasoducto transahariano, un proyecto presentado como un punto de inflexión, pero que afronta innumerables obstáculos

Foto: Gasoducto que alimenta una central térmica. (iStock)
Gasoducto que alimenta una central térmica. (iStock)

Para hacer frente al estrangulamiento por parte de Putin y al nuevo tablero geopolítico del gas, la UE se ha encaminado en la misión de buscar nuevos socios para garantizar su suministro a las capitales europeas. Una de las opciones que tiene Bruselas se encuentra mirando al sur, al continente africano. En palabras de Tim McPhie, portavoz de la Comisión Europea para Acción Climática y Energía: “En la búsqueda de socios alternativos para el suministro de gas, la UE está negociando con un amplio abanico de potenciales exportadores, incluyendo varios países africanos”.

Y es aquí donde ha vuelto a emerger un megaproyecto que llevaba más de 50 años sin materializarse. El gasoducto transahariano (TSGP), una construcción de 4.000 kilómetros que comenzaría en el sur de Nigeria, atravesaría Níger y llegaría a la localidad argelina de Hassi R’Mel, donde se conectaría con otros gasoductos encargados de transportar el gas hasta el Viejo Continente. Las dificultades saltan a la vista: sería una distancia mayor que la de Madrid a Moscú, e incluye un tramo de 2.000 kilómetros bajo el desierto del Sáhara. Con un coste estimado de 13.000 millones de euros, el ducto, según sus impulsores, tendría la capacidad de transportar hasta 30.000 millones de metros cúbicos anuales de gas natural (lo que equivale al consumo total de España en 2021).

El pasado 28 de julio, Argelia, Níger y Nigeria firmaron un memorándum de entendimiento para acelerar el inicio de la construcción de este gasoducto. “La reactivación del proyecto TSGP se produce en un contexto geopolítico y energético particular, marcado por una fuerte demanda de gas y petróleo”, indicó Mohamed Arkab, ministro de Energía de Argelia. Tras varios intentos fallidos y más de 10 años olvidado en el fondo de un cajón, el gasoducto transahariano entra en escena de nuevo. Los países involucrados alegan que puede representar un punto de inflexión que ayude a Europa a diversificar sus fuentes de energía en un largo plazo. Después de todo, incluso cuando acabe la guerra de Ucrania, pocos creen que se pueda volver al 'statu quo' anterior a la invasión rusa con respecto al gas ruso. Sin embargo, la inseguridad que caracteriza la ruta transahariana, plagada de grupos terroristas y milicias insurgentes, además de problemas de financiación y de índole política, como la rivalidad Argelia-Marruecos o incluso el interés de Rusia en la zona, hace que este proyecto de momento esté más cerca de un sueño que de una realidad.

Un camino lleno de peligros

Una de las principales preocupaciones que plantea el gasoducto transahariano es la cuestión de la seguridad, dado que atraviesa zonas marcadas por una persistente inestabilidad. Para Benjamin Augé, analista en el Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), "la inseguridad hace que este proyecto sea muy difícil de sustentar".

Empezando por su punto de partida, el delta del río Níger sufre el azote de grupos paramilitares y bandas criminales que suelen atentar contra las infraestructuras gasísticas y petroleras. "Las construcciones de petróleo y gas son objeto constante de asaltos desde comienzos del año 2000”, explica Augé, en entrevista con este diario. Entre los atacantes, se encuentran grupos insurgentes como el Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger (MEND, por sus siglas en inglés) o los Vengadores del Delta del Níger (NDA), ambos con el objetivo declarado de destruir complemente la capacidad de producción energética del Gobierno nigeriano.

placeholder Militantes del Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger, grupo insurgente de Nigeria. (EFE/Str)
Militantes del Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger, grupo insurgente de Nigeria. (EFE/Str)

Siguiendo su curso ascendente, el gasoducto se enfrentaría a otro importante peligro en el norte de Nigeria, Boko Haram. La organización, que se consolidó en 2009 y juró lealtad al Estado Islámico en 2015, ha sido descrita como el grupo terrorista más sanguinario de la última década. Sus atentados se han cobrado la vida de más de 30.000 personas y han tenido un impacto económico de 141.889 millones de dólares en el país (hasta 2015), según un artículo publicado en el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). Un proyecto como el gasoducto transahariano no pasará desapercibido para el contingente yihadista y sus intentos de desestabilizar el Gobierno nigeriano y sabotear cualquier proyecto de carácter internacional.

A continuación, el gasoducto entraría en el desierto del Sáhara. Allí, especialmente en las regiones septentrionales de Malí, Níger y el sur de Argelia, la infraestructura penetraría en el corazón de la actividad terrorista y de grupos armados e insurgentes del Sahel. La región vive desde 2012 una insurgencia armada tuareg y el desarrollo del yihadismo en el África Occidental, principalmente a través del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), filial de Al Qaeda, junto con el Estado Islámico en el Gran Sáhara (EIGS).

"Tal y como están las cosas, es difícil de imaginar la construcción, y menos el suministro de gas, a través de una región como el Sahel"

En el siguiente tramo de este megaproyecto, el ducto cruzaría la zona sur de Argelia, una región inestable desde que la guerra civil de Libia en 2011 sumió al país en una enorme fragilidad y esta se expandió por áreas colindantes, especialmente debido al desarrollo de redes de tráfico de personas, armas y drogas. No es el marco propicio para una construcción de tan alto valor como es el TSGP.

Este sinfín de inseguridades supone una gran amenaza para la implantación del gasoducto transahariano. “Por muy atractivo que parezca este proyecto actualmente, el flujo de gas a Europa a través de un conducto entre Nigeria, Níger y Argelia seguirá siendo una utopía hasta que no se garantice la seguridad a lo largo de su recorrido”, indica J. Peter Pham, quien fue enviado especial de Estados Unidos para el Sahel, en un artículo del 'Washington Post'. “Tal y como están las cosas, es difícil de imaginar la construcción, y menos el suministro de gas, a través de una región como el Sahel”, añade el diplomático.

El problema de la financiación

Desde el momento en que fue propuesto, la cuestión de quién financiaría esta iniciativa ha sido un tema espinoso al que nunca se supo dar una respuesta clara. “Lo más importante es la inversión económica para construir el ducto. Y eso es lo que falta actualmente”, explicó Kola Karim, director ejecutivo de Shoreline Energy International, en una entrevista para Al Jazeera. En 2009, el proyecto fue declarado económicamente viable por sus promotores, con un coste aproximado de 10.000 millones de dólares. Sin embargo, desde entonces, ningún actor ha dado el paso de poner sobre la mesa los recursos para financiar la infraestructura.

Foto: El rey Mohamed VI y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Mariscal)

Y es aquí donde se presenta la Unión Europea. Durante décadas, Bruselas ha desalentado a los países a desarrollar su potencial gasístico, estimulando en su lugar el desarrollo de fuentes de energía renovables. Sin embargo, ahora el contexto es diferente. Y las amenazas de cortes en el flujo del gas ruso hacen que África se postule como “la opción natural” para las inversiones europeas, indica Karim.

Además, en las capitales europeas se ha ido solidificando progresivamente la idea del gas natural como energía de transición y la UE avanza —aunque no sin debate— en la inclusión del hidrocarburo dentro de su taxonomía verde. Es decir, permitir que el capital sea invertido en proyectos gasísticos mientras se alineen con sus objetivos climáticos. Con este cambio de perspectiva, podría ser más fácil atraer inversiones a proyectos gasísticos como el que aquí se hace referencia.

"Si la Unión Europea supiera la letra pequeña del significado de este proyecto, no lo financiaría"

El ministro de Energía nigeriano, Timipre Sylva, afirmó que la financiación vendrá de la UE y que ya se estaban llevando a cabo negociaciones con países y empresas del continente. En abril de este año, representantes del bloque comunitario y funcionarios nigerianos se reunieron en Abuya para discutir posibles maneras de diversificar las fuentes de suministro de energía hacia Europa.

Tensión Argelia-Marruecos

Sin embargo, queda por ver si el bloque comunitario estaría dispuesto a pagar la factura. Como explica Augé: “Si la Unión Europea conociera la letra pequeña de este proyecto, no lo financiaría”. Esto, debido al espinoso factor de que los dos grandes rivales del norte de África, Marruecos y Argelia, se disputan la posición de ser el principal socio en el suministro del gas.

Foto: Imagen de archivo de una central termosolar en Marruecos. (Reuters/ Youssef Boudlal)

El interés repentino del Gobierno argelino por revivir el TSGP puede interpretarse como respuesta al plan de Rabat de extender el gasoducto de África Occidental (WAGP), un conducto que transitaría desde Nigeria a Marruecos a través de varios países litorales de la región, para luego conectarse a España y al continente europeo. Este proyecto ya está siendo estudiado para una posible financiación por parte de la UE, por lo que desde Argel sienten que se están quedando atrás. Bruselas, por ello, puede verse en una difícil posición entre dos megaproyectos que esconden una fuerte competencia geopolítica.

Pero la UE podría no ser el único actor interesado. Según las autoridades nigerianas, el gigante gasístico estatal ruso Gazprom habría negociado con Abuya para financiar esta infraestructura. De acuerdo con varios expertos, la verdadera intención de Moscú sería controlar los flujos de gas a Europa desde África, o incluso simplemente retrasar el proyecto y ponerle más trabas para seguir usando este hidrocarburo como arma contra el bloque comunitario.

Foto: El presidente ruso, Vladímir Putin, durante una visita a una planta para licuar el gas natural en Sabetta, Rusia. (EFE/Alexei Druzhinin)

Mientras no se responda a la cuestión de la financiación, es difícil pensar que pueda implantarse el gasoducto transahariano.“¿Cómo se va a financiar? ¿Con qué fondos se va a construir esta infraestructura? “, se pregunta Nj Ayuk, director ejecutivo de la Cámara Africana de la Energía, en un artículo en el 'Washington Post'. Y mientras no se responda a esta cuestión, es difícil pensar que pueda implantarse el gasoducto transahariano.

Una utopía más que una realidad

Los problemas, por otra parte, van más allá de la propia construcción del ducto. Incluso en un escenario en el que la infraestructura llegue a ponerse en funcionamiento, los países africanos implicados deberían entonces decidir si exportar la totalidad del gas cuando gran parte de su población carece de recursos energéticos. “Políticamente, es muy peligroso exportar hasta 30.000 millones de metros cúbicos de gas anuales cuando muchos nigerianos carecen de electricidad en sus casas”, explica Augé.

placeholder Una mujer vacía un bol de tapioca cerca de una planta de 'gas flaring' en el estado de Delta, Nigeria. (Reuters/Afolabi Sotunde)
Una mujer vacía un bol de tapioca cerca de una planta de 'gas flaring' en el estado de Delta, Nigeria. (Reuters/Afolabi Sotunde)

A pesar de un cierto optimismo generado con este colosal proyecto, las limitaciones técnicas, los desacuerdos políticos y las dificultades económicas y de seguridad, problemas que llevan presentes desde que se propuso el gasoducto y que han provocado su estancamiento, hacen dudar de que pueda realmente llevarse a cabo. "África puede ser parte de la solución, pero Nigeria únicamente puede ser una pequeña fracción de esta, por la mala gestión en los sectores del petróleo y del gas y la imposibilidad de dar garantías a los inversores", explica Augé.

Como argumenta Vijaya Ramachandran, directora de Energía y Desarrollo en el Breakthrough Institute, en un artículo en la revista 'Foreign Policy': “El gasoducto transahariano probablemente tardará una década o más en materializarse, presentando grandes desafíos al pasar por un área plagada de conflictos e insurgencias armadas”.

Para hacer frente al estrangulamiento por parte de Putin y al nuevo tablero geopolítico del gas, la UE se ha encaminado en la misión de buscar nuevos socios para garantizar su suministro a las capitales europeas. Una de las opciones que tiene Bruselas se encuentra mirando al sur, al continente africano. En palabras de Tim McPhie, portavoz de la Comisión Europea para Acción Climática y Energía: “En la búsqueda de socios alternativos para el suministro de gas, la UE está negociando con un amplio abanico de potenciales exportadores, incluyendo varios países africanos”.

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