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Del fuego ruso a las brasas chinas: el nuevo problema energético que se avecina
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Un futuro verde... ¿o negro?

Del fuego ruso a las brasas chinas: el nuevo problema energético que se avecina

En su esfuerzo por eliminar su dependencia energética de Rusia, la UE se está dirigiendo hacia una situación similar con China, un líder global indispensable para las renovables

Foto: Un trabajador inspecciona una serie de paneles solares en Dunhuang (China). (Reuters/Carlos Barría)
Un trabajador inspecciona una serie de paneles solares en Dunhuang (China). (Reuters/Carlos Barría)
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La seguridad energética está en boca de todos. Tras décadas de dependencia del gas ruso que han acabado estallando en la cara de la Unión Europea y en las facturas eléctricas de la mayoría del continente, tanto Bruselas como los gobiernos de los Estados miembros están haciendo todo lo posible por deshacerse del yugo del Kremlin.

Por ello, a raíz de la guerra de Ucrania, las renovables han pasado a ser vistas como un recurso que va más allá de la lucha contra el cambio climático y que forma parte integral de la seguridad energética europea. Christian Lindner, el ministro de Finanzas de Alemania, las ha llegado a calificar como "energías de la liberación". REPowerEU, el plan de la Comisión Europea para independizarse por completo de los combustibles fósiles rusos antes de 2030, planea una inversión masiva para garantizar que, para esa fecha, el 45% de la energía utilizada en el continente provenga de fuentes renovables.

Pero muchos analistas temen que, en este esfuerzo por eliminar su dependencia energética de Rusia, la UE se esté dirigiendo hacia una situación similar con China, un país que se ha convertido en líder global indispensable en una amplia gama de tecnologías renovables.

Año tras año, Pekín está estrenando una cantidad de infraestructura eólica y solar en su territorio equivalente a la construida por el resto de países del mundo en su conjunto. Este 2022, se dispone a batir un nuevo récord, sumando cerca de 140 gigavatios de capacidad renovable, una cifra cerca de cuatro veces mayor a la lograda por los Veintisiete en 2021, su mejor año hasta la fecha. "Para dar una idea de la escala, China está instalando cinco veces más energía eólica que toda la UE en conjunto, incluso superando a Europa por primera vez en instalaciones totales y anuales de energía eólica 'offshore", explica a El Confidencial Pierre Tardieu, director de Políticas de WindEurope.

Foto: Foto: EFE/Filip Singer.

El dominio de Pekín no supone ninguna sorpresa, dada su posición privilegiada en la cadena de suministro de los materiales más utilizados del sector energético renovable. El país cuenta con un práctico monopolio del mercado de tierras raras, acaparando más del 90% de su producción global. Alrededor del 80% de los componentes necesarios para manufacturar una turbina eólica se produce en China, al igual que más del 90% de las obleas de polisilicio que se requieren para construir un panel solar.

Esta colosal ventaja de China en el sector renovable es vista cada vez más como un considerable riesgo para Occidente. "Desde el punto de vista de la seguridad energética, es imperativo que las naciones que compartimos los mismos valores desarrollemos nuestras propias cadenas de suministro", advirtió recientemente la secretaria de Energía de Estados Unidos, Jennifer Granholm. La política resaltó, precisamente, los paralelismos que existen con la actual crisis del gas en Europa: "Ya hemos visto lo que sucede cuando confiamos demasiado en un país como fuente energética".

Foto: El presidente ruso, Vladimir Putin, junto a su homólogo chino, Xi Jingping. (Reuters)

Los fabricantes europeos, bajo presión

No solo es una cuestión de materias primas. El enorme mercado interno chino genera economías de escala difíciles de igualar en el resto del mundo, una ventaja que, sumada al frecuente trato favorable por parte del Gobierno, permite a las empresas fabricantes de tecnologías renovables del país vender sus productos a un precio con el que resulta difícil competir.

El ejemplo de la energía eólica es uno de los más representativos de este creciente problema. Los fabricantes europeos de turbinas han sido, desde hace tiempo, los claros líderes del mundo, con la compañía danesa Vestas y la germano-española Siemens Gamesa todavía al frente del 'ranking' global. Sin embargo, pese a unos altos precios energéticos que deberían beneficiar al sector, cuatro de cada cinco de estas empresas manufactureras perdieron dinero en 2021, lo que ha llevado al cierre de fábricas —como la de la alemana Nordex en Castellón— y al despido de empleados —Siemens Gamesa planea una nueva reducción de su plantilla—.

Mientras tanto, el pasado mes de abril, la gigante china MingYang se marcó su primera victoria en el mercado eólico 'offshore' europeo al proporcionar las turbinas necesarias para poner en funcionamiento el parque marino de Taranto, el único de este tipo en Italia. Solo unos meses antes, se inauguraba el parque más grande de Croacia, en la ciudad costera de Senj, el cual fue construido y administrado por la empresa china Norinco International y que también cuenta con turbinas fabricadas en el gigante asiático. "Los fabricantes europeos de turbinas siguen siendo muy dominantes en los mercados del continente, pero estamos empezando a ver signos de que esto puede no durar para siempre", señala Tardieu.

Foto: EC.

Los líderes europeos de la industria critican que la constante competencia para volúmenes pequeños por el precio más bajo hace que sea muy difícil extraer un margen de beneficios. A eso hay que agregar los problemas con la cadena de suministro y los aumentos en los precios de las materias primas. Los fabricantes del continente, según denuncian, están atrapados en sus acuerdos, teniendo que entregar sus productos a un precio determinado mientras absorben el aumento de los costos. "En este momento, hay una tormenta perfecta para los proveedores de tecnología renovable en Europa", asegura el directivo de WindEurope.

El pasado mes de febrero, este 'lobby' presentó junto a varios directivos de empresas europeas una carta ante la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, en la que señalaban lo que consideran como el principal problema para la industria: los permisos. "Las normas y procedimientos que utilizan las autoridades públicas para autorizar proyectos de energía eólica son demasiado largos y complejos. Europa simplemente no está permitiendo nada remotamente cercano a los volúmenes de nuevos parques eólicos que usted y los gobiernos nacionales quieren construir", criticaba la misiva.

Fuentes con conocimiento de primera mano de la industria europea y china de turbinas consideran, no obstante, que los problemas de las compañías del continente responden a menudo a la gestión. "Están vendiendo a buenos precios y tienen pedidos más que suficientes para su capacidad de producción", asegura a El Confidencial un alto cargo del sector, que solicita el anonimato y que considera que la entrada de las empresas del gigante asiático en el mercado europeo es cuestión de tiempo. "El día en que los chinos den luz verde y se lancen hacia el mercado europeo, acabarán con una cuota importante", agrega.

Demasiado tarde para la solar

Los riesgos para la industria eólica europea y para la seguridad energética del continente son considerables, especialmente si se tiene en cuenta el precedente de la solar. Para esta fuente renovable de energía, puede que ya sea demasiado tarde.

Un informe reciente de la Agencia Internacional de la Energía advirtió de que la participación de China en las etapas de fabricación de tecnología fotovoltaica, desde la producción de polisilicio hasta los propios paneles, supera el 80%. En alguna de las fases intermedias de la manufactura, la cuota de las empresas chinas alcanzará pronto el 95%. "El mundo dependerá casi por completo de China para el suministro de componentes clave para la producción de paneles solares", alerta la agencia en el documento publicado el mes pasado, en el que llama a los gobiernos del resto del mundo a invertir en el sector para reducir las vulnerabilidades de la cadena de suministro.

El desafío es mayúsculo. Los costes de fabricación de estos productos en China son un 35% más bajos que en Europa y los Veintisiete necesitan un número masivo de paneles para cumplir con los objetivos establecidos en el REPowerEU. Ante la prioridad de deshacerse del gas ruso, no hay tiempo ni recursos suficientes para cambiar su proveedor. Las importaciones europeas de tecnología solar china aumentaron un 127% en mayo de este año en comparación con el anterior.

Foto: Xi Jinping preside el Sexto Pleno del XIX Comité Central del Partido Comunista de China. (EFE)

Los esfuerzos pasados para contrarrestar el dominio chino en el sector cayeron en saco roto. En 2012, la Comisión Europea, a raíz de una petición de los fabricantes europeos, inició una investigación 'antidumping' y antisubsidios sobre los paneles solares procedentes de China, que por aquel entonces apenas estaban empezando a inundar el mercado europeo. Pekín tomó represalias lanzando su propia investigación sobre las importaciones de vino de la UE y amenazando con hacer lo mismo con los automóviles de lujo. Finalmente, se llegó a un acuerdo en 2013 que establecía un precio mínimo para los productos chinos, pero que resultó insuficiente para frenar su avance. La industria del continente calificó este pacto como una "capitulación" de las autoridades de la UE.

La masiva producción solar de China cuenta, además, con un lado particularmente oscuro. Casi la mitad de la extracción y producción de polisilicio del país tiene lugar en la región occidental de Xinjiang, donde durante años ha tenido lugar una campaña de erradicación de la identidad de la minoría uigur por parte de las autoridades de Pekín. Múltiples asociaciones de defensa de los derechos humanos han denunciado que las compañías de la zona utilizan la labor forzada de los musulmanes recluidos en campos de concentración (que el Gobierno chino describe como "campamentos de reeducación y centros para reducir la pobreza").

El mes pasado, Estados Unidos promulgó una legislación que prohibirá todas las importaciones de polisilicio de Xinjiang, a menos que el importador pueda demostrar que los productos no están vinculados a los trabajos forzados. El Parlamento Europeo aprobó este año una resolución llamando a acciones similares por parte de la Comisión, pero Bruselas no ha mostrado ninguna voluntad de aplicar este tipo de medidas. En su lugar, intentarán hacer lo posible para impedir que la energía eólica corra la misma suerte que la fotovoltaica. "El ejemplo de la energía solar continúa muy presente en las discusiones con la Comisión Europea y otros políticos de la UE. Es algo de lo que realmente se arrepienten", afirma Christoph Zipf, responsable de prensa de WindEurope.

La seguridad energética está en boca de todos. Tras décadas de dependencia del gas ruso que han acabado estallando en la cara de la Unión Europea y en las facturas eléctricas de la mayoría del continente, tanto Bruselas como los gobiernos de los Estados miembros están haciendo todo lo posible por deshacerse del yugo del Kremlin.

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