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UK, frente al nuevo 'temor rojo': China se cuela en la campaña por reemplazar a Boris
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Reino Unido, ante el gigante asiático

UK, frente al nuevo 'temor rojo': China se cuela en la campaña por reemplazar a Boris

La dura retórica en las primarias conservadoras revela que el próximo primer ministro marcará el comienzo de una compleja nueva fase en las relaciones sino-británicas

Foto: Las banderas británica y china, en un encuentro diplomático en Pekín. (Reuters/Andy Wong)
Las banderas británica y china, en un encuentro diplomático en Pekín. (Reuters/Andy Wong)

El pasado 6 de julio, todas las miradas estaban puestas en Downing Street. Mientras que las dimisiones en el Gobierno superaban las 40, un agonizante Boris Johnson se resistía a presentar una renuncia que llegaría tan solo unas horas más tarde. Todos los titulares se centraron en el nuevo motín de las filas `tories´ —el segundo en apenas tres años— cuando la verdadera noticia estaba ocurriendo en la sede del MI5 (la policía secreta británica encargada de la seguridad interior), en Thames House.

Los jefes de los servicios de Inteligencia del Reino Unido y los Estados Unidos protagonizaban una aparición conjunta sin precedentes para advertir de que, si bien el enfoque de la comunidad internacional está puesto en la invasión rusa de Ucrania, es China la que representa la amenaza más peligrosa a largo plazo para la seguridad de Occidente.

Foto: Javier Solana posa para la entrevista en su despacho del Museo del Prado. (O.C.)
"El actor importante es China, no Rusia"
Esteban Hernández Fotografía: Olmo Calvo Vídeo: Patricia Seijas

El director del FBI, Christopher Wray, y el director general del MI5, Ken McCallum, acusaron a Pekín de llevar a cabo una gran ofensiva económica y política secreta que está saqueando miles de millones de euros en tecnología avanzada, tratando de influir en los procesos electorales e infiltrándose en el mundo académico.

Esto ayuda a entender por qué China se ha convertido ahora en una de las cuestiones protagonistas en la batalla para elegir al próximo primer ministro británico. Los dos aspirantes, Rishi Sunak y Liz Truss, se enfrentan sobre quién adoptará la postura más dura frente al gigante asiático.

Foto: Rishi Sunak y Liz Truss, en un momento de un debate televisivo. (EFE/Jonathan Hordle)

En la carrera por suceder a Johnson, la responsable de la diplomacia británica —favorita entre las bases— tiene una clara ventaja. En los dos últimos años que ha estado al frente de Exteriores, Truss se ha posicionado estratégicamente como una gran crítica del régimen de Xi Jinping, acusándole de cometer genocidio contra los uigures en Xinjiang y pidiendo al Reino Unido que desarrolle una “red de libertad” con otras democracias. Si gana las primarias, se ha comprometido a tomar acciones drásticas contra TikTok.

Por su parte, Sunak ha adoptado un enfoque más ambivalente. Como ministro del Tesoro —cargo del que dimitió el 5 de julio— quiso fomentar lazos económicos más estrechos con Pekín, hasta el punto de querer reanudar las conversaciones gubernamentales de alto nivel.

Foto: El primer ministro británico, Boris Johnson (Reuters)

Pero su discurso como postulante al Número 10 es muy distinto. Sunak asegura ahora que el régimen de Xi Jinping representa “la mayor amenaza para Gran Bretaña y la seguridad y prosperidad del mundo en este siglo”, y entre las medidas que está dispuesto a adoptar está el cierre de las 30 sucursales del Instituto Confucio en el Reino Unido, argumentando que el Gobierno chino las utiliza como nido de espías.

La dura retórica está marcada por tintes claramente oportunistas dentro de la contienda. En cualquier caso revela que —bien por convicción o bien por ganarse el apoyo de las filas y bases 'tories'— quienquiera que gane marcará el comienzo de una compleja nueva fase en las relaciones sino-británicas.

placeholder Rishi Sunak y Liz Truss, durante un debate. (Reuters/Jacob King)
Rishi Sunak y Liz Truss, durante un debate. (Reuters/Jacob King)

¿Nada queda ya del inicio de la "nueva era dorada" que anunciaba en 2015 David Cameron cuando invitó a Xi Jinping a tomar una cerveza en el pub local cerca de Chequers (la casa de campo del 'premier' británico)?

El tono político se ha endurecido. Pero la relación o, mejor dicho, dependencia económica, es otra cosa. China es ya el tercer socio comercial más importante para el Reino Unido después de la UE y EEUU, con un comercio total de bienes y servicios valorado en 93.000 millones de libras entre los dos últimos años. Y ese es un difícil balance.

En este sentido, un funcionario del Gobierno explicaba recientemente a 'Politico' que el futuro primer ministro “haría bien en aprender” cómo Estados Unidos maneja su propia relación con Pekín. “Los estadounidenses tienen un discurso en público, pero detrás de la escena tienen muchas líneas de comunicación. Tienen compromisos por todas partes”, apuntaba.

Un momento clave

El próximo otoño es, sin duda, un momento especialmente relevante. Mientras que en Occidente se vivirá la mudanza en el Número 10 y unas elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos —en las que Joe Biden parece que no saldrá bien parado—, en China se quiere utilizar el 20º congreso del Partido Comunista para declarar a Xi “presidente” —el nuevo Mao Zedong— y, de hecho, un “líder para siempre”.

Los organizadores están tan seguros del resultado que los diplomáticos del gigante asiático —según 'The Times'— han estado sondeando una posible visita grupal en noviembre de líderes europeos de España, Alemania, Francia e Italia (aunque esta última lo tiene más complicado, por el colapso del Gobierno en Roma) . En ningún momento se menciona al Reino Unido. Y está por ver cómo gestiona la situación el próximo primer ministro británico.

Foto: El primer ministro australiano, Anthony Albanese. (Reuters/Loren Elliott)

Cuando Downing Street presentó en 2021 la `revisión integrada´ de la nueva Global Britain pos-Brexit —calificada como la mayor revisión de su política exterior desde la Guerra Fría—, se recalcó la importancia que tendría a partir de ahora la región del Indo-Pacífico. A diferencia de Rusia, que era ya visto como un Estado activamente hostil que necesitaba ser tratado como tal, se consideraba que con China se necesitaba un enfoque híbrido de rivalidad y cooperación.

Sin embargo, ahora se ve al gigante asiático como una clara amenaza para la seguridad de los países occidentales. El pasado miércoles, Stephen Lovegrove, asesor de seguridad nacional del Reino Unido, advirtió de que una guerra nuclear accidental con China es un “riesgo creciente”. “Debemos ser honestos: la estabilidad estratégica está en riesgo”, recalcó en un discurso en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington. “Tenemos que empezar a pensar en el nuevo orden de seguridad”, matizó Lovegrove, advirtiendo de que es posible que el mundo ya no tenga las salvaguardas de la Guerra Fría que impidieron el conflicto nuclear con la URSS.

El discurso protagonizaba al día siguiente la portada de 'The Telegraph', biblia para los `tories´. En caso de que Truss se convierta en la próxima inquilina de Downing Street —como todo apunta, según las encuestas—, es muy posible que Iain Duncan Smith, el exlíder conservador que orquestó la exitosa rebelión contra los planes de Boris Johnson de involucrar a la empresa de telecomunicaciones Huawei en la construcción de la red 5G del Reino Unido, tenga un puesto en su Gobierno relacionado con China.

El mayor boxeador contra China

A la titular de Exteriores no le faltan aliados, pero tampoco críticos, a los que les preocupa su tendencia populista. En junio, la ministra aseguró que el Reino Unido debería aprender lecciones de la invasión rusa de Ucrania y actuar para armar a Taiwán y garantizar que “tenga la capacidad de defenderse” contra China. Para muchos esto socavó de golpe cualquier credibilidad al considerar que adopta un enfoque de “primero los titulares, después la política”.

La decisión de Truss de recortar los fondos para el Centro de China del Reino Unido también ha resultado controvertida. El centro es una agencia del Foreign Office acusada por algunos de ser demasiado pro-Pekín. Pero otros señalan que su trabajo en el mantenimiento de diálogos informales con China para fomentar la comprensión de su pensamiento es esencial, sobre todo cuando las relaciones bilaterales son más que deficientes.

Foto: Johnson en una sesión del consejo de seguridad en febrero. (EFE)

Por su parte, Sunak también se está poniendo al día. En un discurso ante financieros de la City el año pasado elogió al gigante asiático como “una de las economías más importantes del mundo” e insistió en que el Reino Unido “puede buscar una relación económica con China de una manera segura y mutuamente beneficiosa”.

Ahora, sin embargo, defiende que Pekín representa “la mayor amenaza para Gran Bretaña y la seguridad y prosperidad del mundo en este siglo”. En cualquier caso, el hecho de que presionara para estrechar lazos económicos a principios de este año le pone en una situación complicada.

A pesar de la decisión del régimen de Xi de sancionar a varios parlamentarios y miembros de la Cámara de los Lores por lo que calificó de “mentiras y desinformación” sobre los abusos contra los derechos humanos en Xinjiang, el exministro de Finanzas trató de reanudar el Diálogo Económico y Financiero Reino Unido-China y la Comisión Económica y Comercial Conjunta Reino Unido-China, los cuales fueron suspendidos a raíz de la represión de Pekín por las protestas en Hong Kong en 2019.

Foto: Foto: Reuters/Florence Lo.

Además, un documento del Tesoro filtrado a 'The Times' sugirió que, como parte del Diálogo Económico y Financiero entre el Reino Unido y China, Sunak estaba preparado para dar la bienvenida a la cotización de empresas chinas en la Bolsa de Valores de Londres e invitar a China Investment Corporation a establecer una oficina en el Reino Unido. Sunak le dijo al periódico que canceló el foro por motivos de seguridad.

Las empresas están preocupadas por el impacto de dejar de lado estas dos citas mientras China se apresura a convertirse en la economía más grande del mundo en los próximos 10 años, así como en el mayor importador. Pero la agresividad hacia el gigante asiático se ve ahora “como una especie de prueba de pureza ideológica” dentro del Partido Conservador, según recalcan fuentes cercanas a la formación.

Y esto no ha pasado desapercibido en Pekín. Una caricatura en el 'Global Times' —medio estatal chino— el pasado miércoles mostraba a Truss y Sunak compitiendo por ser el “mayor boxeador contra China”, mientras ignoraban la inflación vertiginosa y la crisis energética global. Un artículo en el 'China Daily' planteó incluso que el candidato ganador podría querer nombrar un “secretario de odio a China”.

placeholder Xi Jinping, en un banquete con Isabel II en 2015. (Reuters/Dominic Lipinski)
Xi Jinping, en un banquete con Isabel II en 2015. (Reuters/Dominic Lipinski)

Por su parte, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Zhao Lijian, recalcó el pasado lunes durante una rueda de prensa: “Quiero dejar claro a ciertos políticos británicos que hacer comentarios irresponsables sobre China, incluida la exageración de la llamada 'amenaza de China', no puede resolver sus propios problemas”.

Lo que está claro es que, tal y como se están desarrollando las primarias en el Partido Conservador, quien se convierta en el próximo inquilino del Número 10 tendrá que mostrar (al menos en público) una postura significativamente más dura que la de Boris Johnson.

El legado de Johnson

Durante sus tres años como primer ministro, el excéntrico político se declaró admirador de China en repetidas ocasiones —incluso en una llamada telefónica reciente con el presidente Xi Jinping—, y presionó para establecer vínculos económicos más estrechos. Pero se vio arrastrado repetidamente a un tono más agresivo por la presión de sus propias filas.

Los funcionarios se han desesperado por el enfoque errático del Gobierno en los últimos años. Los ministros se habían estado preparando durante mucho tiempo para publicar una importante estrategia de China, pero hacia el final de su mandato como primer ministro, Johnson decidió abruptamente archivarla. Algunos de los que ayudaron a redactar el documento tienen la esperanza de que verá la luz bajo el próximo inquilino de Downing Street.

Foto: El embajador chino en Reino Unido, Liu Xiaoming. (Reuters)

El Reino Unido apenas ha comenzado a aceptar el gran desafío al que se enfrenta. La semana pasada, el Gobierno utilizó una nueva legislación de seguridad nacional para evitar que la Universidad de Mánchester otorgara licencias de tecnología de detección de visión a una empresa china.

En cualquier caso, el año pasado, el Ejecutivo —el mismo al que Sunak y Truss pertenecían— ignoró las advertencias de los servicios de Inteligencia de que la tecnología de `ciudades inteligentes´ suministrada por China podría facilitar vigilancia, espionaje, sabotaje o robo de datos confidenciales. Downing Street se ha resistido hasta ahora a las demandas de prohibir el uso en el Reino Unido de equipos de vigilancia fabricados por las empresas chinas Hikvision y Dahua, ambas acusadas de instigar abusos contra los derechos humanos en Xinjiang, acusaciones que las compañías niegan.

Según Big Brother Watch —organización sin fines de lucro que hace campaña por las libertades civiles—, el 73% de los ayuntamientos del Reino Unido, el 57% de las escuelas secundarias de Inglaterra y seis de cada 10 fideicomisos del Servicio Nacional de Sanidad, así como las universidades y las fuerzas policiales, utilizan en la actualidad equipos suministrados por estas empresas.

Foto: Foto: Quique García (Efe) Opinión

Por su parte, Huawei, a pesar de estar excluido de la red de telecomunicaciones 5G de próxima generación del Reino Unido, permanece profundamente arraigado en las redes existentes y en el mundo académico. La Universidad de Cambridge ha aceptado millones de libras del Gobierno chino para establecer un centro de investigación de `ciudades inteligentes´ en Nanjing, que describe como su colaboración con Pekín “más ambiciosa” hasta la fecha.

A principios de este año, el MI5 emitió también una “alerta de interferencia” sobre las supuestas actividades de Christine Lee, una abogada con sede en Londres a la que acusó de ser una agente del Partido Comunista de China, canalizando dinero a los parlamentarios de Westminster. Su rostro era solo uno más de una gran operación de influencia en Londres, a través de la cual Pekín promueve sus intereses e intenta moldear la opinión británica a su favor. El desafío, por tanto, para el próximo primer ministro de un Reino Unido que ya está fuera de la UE es mayúsculo. Para Occidente, también.

El pasado 6 de julio, todas las miradas estaban puestas en Downing Street. Mientras que las dimisiones en el Gobierno superaban las 40, un agonizante Boris Johnson se resistía a presentar una renuncia que llegaría tan solo unas horas más tarde. Todos los titulares se centraron en el nuevo motín de las filas `tories´ —el segundo en apenas tres años— cuando la verdadera noticia estaba ocurriendo en la sede del MI5 (la policía secreta británica encargada de la seguridad interior), en Thames House.

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