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Tour de 'realpolitik' para el tío Joe: EEUU ya no está por la labor de construir democracias
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Tour de 'realpolitik' para el tío Joe: EEUU ya no está por la labor de construir democracias

No hay imagen que condense mejor el cambio de época que se está fraguando en la trastienda de la geopolítica que el choque de puños entre Biden y el príncipe saudí

Foto: Biden y Mohammed bin Salman chocan los puños en la visita oficial. (EFE)
Biden y Mohammed bin Salman chocan los puños en la visita oficial. (EFE)

Fue apenas un instante, unos pocos segundos. Pero no hay imagen que condense mejor el cambio de época que se está fraguando en la trastienda de la geopolítica que el fugaz choque de puños entre el presidente estadounidense, Joe Biden, y el príncipe Mohamed bin Salmán (MBS) en Arabia Saudí. El mismo al que el propio Biden amenazaba hace apenas tres años con hacerle "pagar un precio" y convertirlo en un "paria" por ordenar el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. ¿Qué ha sucedido aquí?

Primero, que Biden ganó la presidencia. Las advertencias hay que entenderlas en el contexto de las primarias demócratas de cara a la campaña electoral contra Donald Trump de 2020. Los brutales detalles de la muerte de Khashoggi —columnista del 'Washington Post' y de la publicación especializada 'Middle East Eye'— a manos de agentes saudíes en Turquía en octubre de 2018, estremecieron a la opinión pública estadounidense. La CIA acusó directamente a MBS de ordenar el crimen, y las relaciones entre Washington y Riad cayeron a su momento más bajo en décadas. El ambiente era propicio para una revisión de las relaciones con la monarquía islámica, durante décadas un socio incómodo pero estratégico para la Casa Blanca.

Y segundo, la invasión rusa de Ucrania. Una guerra que ha reventado los mercados energéticos globales y amenaza con llevarse por delante la recuperación de las economías occidentales en plena resaca del coronavirus. Los aliados parecen haber asumido que el conflicto se va a prolongar y se están preparando para independizarse del petróleo y el gas ruso. En este escenario, Biden comenzó el pasado 15 de julio una gira por varios países de Oriente Medio para acelerar la normalización de las relaciones de Israel con varios países musulmanes, tratar de neutralizar la creciente influencia china y rusa en la región y, además, convencer a la monarquía saudí de incrementar la producción de petróleo ante el implacable aumento de los precios. Y si tienes que hablar con Arabia Saudí tienes que hablar con MBS.

"Por el simple hecho de que el príncipe saudí es quien gobierna en la sombra y toma las decisiones más trascendentales, se convierte en un interlocutor necesario si quieres hablar con Arabia Saudita", explica Cinzia Bianco, analista en el European Council of Foreign Relations.

Foto: El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. (Reuters/Violeta Santos Moura) Opinión

En ese momento, el foco se puso en el encuentro del presidente con el príncipe. Descartado el apretón de manos —supuestamente por una política anticovid—, los medios especularon durante varios días sobre si el mandatario norteamericano haría algún gesto de protesta o reproche a su interlocutor. Al final, el asunto se zanjó con el socorrido 'fist bump' (choque de puños) que el entorno de Biden quiso vender como un saludo frío y poco amigable, pero cuya instantánea dio la vuelta al mundo mandando una señal inequívoca. La 'realpolitik' está de vuelta en el Despacho Oval. La defensa de los derechos humanos y los valores democráticos quedan supeditados a los cálculos económicos y estratégicos.

"[Washington se conformará con que los países de la región] al menos aparenten respetar los derechos humanos", argumenta Marwan Bishara, redactor en Al Jazeera y especialista en política exterior estadounidense y Oriente Medio.

El aviso afgano

Recién llegado a la Casa Blanca, Biden anunció a los cuatro vientos que llevaría a cabo una política internacional alineada con los derechos humanos y tomó algunas decisiones de calado para reforzar esas intenciones, como suspender el envío de armas a Arabia Saudí por la guerra en Yemen. Sin embargo, la crisis energética ha obligado a Washington a abogar por un incremento de la producción de petróleo para contrarrestar el aumento de los precios. Y, aunque a regañadientes, ha tenido que reconocer que Arabia Saudí, esencial en la producción de crudo, es un socio vital.

"Los intereses nacionales de EEUU en Oriente Medio requieren de una relación estratégica con Arabia Saudí, a pesar de su pobre rendimiento en la defensa de los derechos humanos y la democracia", opina F. Gregory Cause III, profesor de Asuntos Internacionales en el 'Bush School of Government and Public Service'. Pero, además, este viaje tiene un trasfondo importante para entender el mundo actual, que es la tendencia que ya empezó con la retirada de tropas de Afganistán y que viene a confirmar que Estados Unidos ya no está por la labor de construir democracias liberales.

Ante esta coyuntura, Riad no quería desaprovechar esta ocasión. La monarquía absoluta percibe desde hace algún tiempo que EEUU había virado su política exterior hacia el Asia-Pacífico, dejando Oriente Medio de ser una prioridad estratégica. Esta sensación se acrecentó con la negativa de Biden de sentarse con el régimen saudí y la retirada de Afganistán. Un cierto temor se instaló en Riad, pues justamente lo que más anhela del país norteamericano es el marco de protección y seguridad que le ha garantizado desde el inicio de sus relaciones. En otras palabras, una alianza basada en "petróleo a cambio de seguridad". Como respuesta, el régimen saudí ha fortalecido sus lazos con Rusia y China, grandes rivales estratégicos de EEUU, lo que ha hecho sonar las alarmas en la Casa Blanca.

Foto:  El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, habla virtualmente con el líder chino, Xi Jinping, el pasado 15 de noviembre. (Reuters/Jonathan Ernst)

Por eso, ahora que EEUU parece buscar revertir la situación, la monarquía saudí y, en concreto, el príncipe bin Salmán, quería aprovechar para recuperar el prestigio internacional perdido tras la oleada de críticas por el asesinato del periodista y disidente saudí Jamal Khassogi en 2018.

"Para el heredero a la Corona, únicamente con que Biden ponga sus pies en suelo saudí, ya supondría todo un triunfo", explica Yasmine Faoruk, investigadora en 'think tank' Carnegie Endowment for International Peace, en un artículo para el 'New York Times'. Al final, ganó el chantaje saudí. Quien defendió firmemente que aislaría al régimen autocrático, acabó saludando a su dirigente 'de facto' en una imagen que recorrió el globo.

De esta forma, el mundo ha podido presenciar un nuevo ejemplo de "Realpolitik"; es decir, como la defensa de los intereses nacionales y el uso del pragmatismo se anteponen a cualquier conceptualización de una moralidad internacional. No es la primera vez que EEUU aplica esta política, teniendo un largo historial de apoyo a regímenes autocráticos y relaciones con dictadores para favorecer sus propios intereses. Lo que sí es relevante es cómo este suceso viene a confirmar una tendencia que ya se había visto con la retirada de Afganistán: EEUU ha dicho adiós al 'nation-building' y a la política exterior de consolidar democracias.

Foto: El presidente de EEUU, Joe Biden. (EFE/Yuri Gripas)

A efectos de demostración, es interesante comparar el discurso de Joe Biden para anunciar el fin de la presencia militar de Estados Unidos en Afganistán con el artículo que él mismo escribió para justificar su visita a Arabia Saudí. En el primero, el presidente estadounidense relata que "nuestra misión en Afganistán nunca fue la de ‘nation-building’. Nunca tuvo que haber sido la de crear una democracia centralizada y unificada. Nuestro único interés nacional fue y sigue siendo prevenir ataques terroristas en suelo norteamericano".

Mientras, en las líneas que escribió para el 'Washington Post', se puede leer: "como presidente, es mi trabajo mantener mi país fuerte y seguro. Tenemos que hacer frente a la agresión rusa, ponernos en la mejor posición para competir con China y trabajar para conseguir una mayor estabilidad en una región estratégicamente esencial [Oriente Medio]".

Las declaraciones se producen en momentos y contextos diferentes, pero hay un elemento común que subyace en ambas. No importa el estado de la democracia en cuestión ni su rendimiento en la defensa de los derechos humanos; al final, lo que prima por encima de todo son los intereses nacionales y estratégicos. Por encima —lo que es paradójico cuando se trata supuestamente de la "primera democracia del mundo"—de cualquier cuestión moral o filosófica relacionada con los derechos humanos y los valores democráticos. De esta forma, MBS necesitó "solo cuatro años desde el asesinato de Khassogi, en el que estuvo directamente implicado, para que Occidente vuelva a llamar a su puerta", explica Shadi Hamid, analista en Brookings Institution, en un artículo.

Washington parece ignorar que está exigiéndole a otros lo que ella misma no es capaz de cumplir

Pero el realismo y pragmatismo de Washington acarrea un mensaje muy contradictorio. "Justo cuando el orden internacional basado en las reglas se encuentra amenazado por la guerra en Ucrania", Biden pretende conseguir un consenso global para condenar la invasión rusa "mientras se reúne con responsables de atroces asesinatos y represiones", argumenta Agnès Callamard, Secretaria General de Amnistía Internacional, en una publicación en la revista Foreign Affairs.

En definitiva, Washington parece ignorar que está exigiéndole a otros lo que ella misma no es capaz de cumplir. Pero lo que parece tener claro es que, entre sus intereses nacionales, ya no está el 'nation-building'.

Fue apenas un instante, unos pocos segundos. Pero no hay imagen que condense mejor el cambio de época que se está fraguando en la trastienda de la geopolítica que el fugaz choque de puños entre el presidente estadounidense, Joe Biden, y el príncipe Mohamed bin Salmán (MBS) en Arabia Saudí. El mismo al que el propio Biden amenazaba hace apenas tres años con hacerle "pagar un precio" y convertirlo en un "paria" por ordenar el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. ¿Qué ha sucedido aquí?

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