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Dentro del insólito juicio de Marruecos a los migrantes de la tragedia de Melilla: sin acusados en la sala y bajo vigilancia
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el 3 de agosto se reanudará el proceso

Dentro del insólito juicio de Marruecos a los migrantes de la tragedia de Melilla: sin acusados en la sala y bajo vigilancia

La sesión fue aplazada, pero el ambiente tenso en el tribunal y su ecosistema dicen mucho sobre la estrategia marroquí en este caso y la fragilidad de las relaciones con España

Foto: Tribunal de Apelación de Nador (Marruecos). (Javier García Angosto)
Tribunal de Apelación de Nador (Marruecos). (Javier García Angosto)
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El Tribunal de Apelación de Nador (en Marruecos) celebró este miércoles la primera vista del juicio más polémico tras la tragedia que tuvo lugar en la valla de Melilla el pasado 24 de junio. Los acusados: 28 subsaharianos, a los que se les atribuyen crímenes tan graves como el secuestro de agentes de la autoridad, acciones violentas y la organización de lo que el Gobierno marroquí califica como “asalto violento” a la frontera con España. Delitos por los que desde organizaciones como la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) señalan que podrían pasar varios años a la sombra en la áspera cárcel de Zeluán. Este proceso judicial genera indignación a ambos lados de la valla y es una pieza incómoda en la frágil relación de España y Marruecos, apenas un año y dos meses después de la peor crisis bilateral en décadas.

Obtener información de primera mano no es fácil en un país como Marruecos. Acudo al juicio, el segundo relacionado con este caso, y el que imputa los delitos más graves a un grupo de 28 migrantes jóvenes procedentes de Sudán, Libia, Chad y Camerún. En esta misma zona del Rif hubo periodistas españoles retenidos y detenidos recientemente. Según denuncia AMDH, un corresponsal de 'El País' y dos redactores locales de Melilla, mientras trataban de tomar fotos en el cementerio donde se comenzaron a cavar las fosas para los fallecidos en el salto, cuyo número exacto sigue siendo una incógnita —23, según Marruecos, o “más de 27”, según ONG locales— y cuyos cadáveres siguen en la morgue del hospital Hassani un mes después.

placeholder Hospital Hassani de Nador. (Javier García Angosto)
Hospital Hassani de Nador. (Javier García Angosto)

El juez que preside la sala decidió aplazar la sesión porque los policías llamados a testificar no se presentaron, y porque a última hora aumentó el número de los abogados de la defensa (pasando de cuatro a siete en total). Sin embargo, el ambiente en el tribunal y el ecosistema que rodea el caso dicen mucho sobre la estrategia de las autoridades marroquíes para pasar página y la fragilidad de la relación con España.

Primera decisión: cómo cruzar la controvertida frontera desde Melilla. Sin cámaras, para no provocar preguntas a las puertas de Beni Ensar. Desde la apertura de la frontera tras la pandemia del coronavirus, las autoridades de ambos países son muy estrictas y suelen revisar a fondo maleteros, maletas y mochilas. Paso en moto, a primera hora y sin quitarme el casco. Al llegar al juzgado, entro y mi compañero se queda fuera, por si consigue la foto de la llegada del furgón de los acusados. Nunca ocurrió.

Foto: Vista de una zapatilla reventada por uno de los inmigrantes. (EFE/Paqui Sánchez)

Dentro del juzgado, me identifico como periodista y pregunto por la sala en que se celebra la vista. A los funcionarios no les molesta tanto que pregunte por “migrantes detenidos” como que revele que “vengo de España”. Ahí comienza el baile. Primero, las comprobaciones del vigilante de la puerta (carné profesional, pasaporte…). A continuación, un agente que a su vez llama a un funcionario que a su vez también me acompaña a hablar con otro funcionario dos plantas más arriba. Este último me recibe y en menos de dos minutos me envía de nuevo a la planta de abajo. En ocasiones anteriores, Marruecos no ha dudado en expulsar a periodistas españoles de lugares incómodos (especialmente, del Sáhara Occidental). Temo que al final de tanta carambola me obliguen a abandonar el lugar. Solo pasará media hora para que compruebe, en mis propias carnes, lo incómodo que se les hace a los presentes la presencia imprevista de un periodista extranjero en la sala de vistas. Soy el único, por lo que parece, con pasaporte de fuera de Marruecos.

El interior del tribunal

La sala con aires noventeros está repleta, pero no por este caso. Allí se juzgan ese día decenas de procedimientos, como evidencia la montaña de carpetas que un funcionario amontona sobre la tarima, tras la que se encuentran los tres jueces que presiden la sala.

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Tribunal de Apelación de Nador (Marruecos). (Sergio Añón)

Llega el momento tenso. Antes de que comience la primera sesión, varios de los asistentes revisan sus teléfonos móviles. Me dejan claro que está terminantemente prohibido tomar fotografías ni realizar ningún tipo de grabación. Pero el público aprovecha, mientras llegan sus señorías, para repasar el WhatsApp o alguna que otra red social. Saco levemente el móvil de la mochila para hacer lo mismo y un agente viene a reprendernos por orden del propio fiscal. Están al acecho de cualquier movimiento en falso por mi parte. Lo que allí sucede es información sensible para Marruecos. Me quitan el teléfono pese a que pido disculpas y prometo que no volverá a ocurrir. El policía se lleva mi 'smartphone', comenta algo con el fiscal y regresa para pedirme la contraseña. Puede que se esté excediendo con el mecanismo de control, pero se la doy para que acabe cuanto antes.

Pero va a más: me saca de la sala y, con la ayuda de un traductor, me pregunta qué intención tenía con el móvil y, de forma surrealista y a mi parecer un tanto cotilla, me pide que le traduzca mi última conversación de WhatsApp. “Simplemente le comentaba a una compañera que había conseguido entrar dentro del juzgado”, le argumento al traductor. El agente, no satisfecho con mi explicación, comienza a escuchar un audio que había enviado previamente. No quieren perderse ningún detalle. Todo el pequeño interrogatorio está orquestado por el fiscal, que les acaba dando el OK para que me devuelva el terminal.

Foto: Eduardo de Castro, presidente de Melilla. (Ciudad Autónoma de Melilla)

La de los 28 jóvenes acusados migrantes es la primera vista del día. De repente, conectan con ellos a través de un monitor. Van a estar presentes mediante una videollamada en la que una cámara, instalada en una sala de la cárcel, va enfocándolos a todos de una manera un tanto rudimentaria y brusca. No se les ve la cara. Solo se les escucha cuando el juez va nombrándolos uno a uno. Hace 10 días, en este mismo edificio, se condenó a otros 33 migrantes a 11 meses de prisión por cruzar, el 24 de junio, la valla de manera irregular y no autorizada. No los han llevado hasta allí a defenderse, según estas mismas fuentes, por protocolo contra el coronavirus, pese a que los tienen a todos en una pequeña celda apiñados. En la sala donde se está celebrando el juicio nadie usa mascarilla y la distancia social, en las bancadas, también brilla por su ausencia.

Los observadores

Acaba el juicio. Dos hombres que asistían atentamente a la sesión judicial me abordan a la salida del edificio. Son amables, simpáticos y me invitan a conversar en una cafetería cercana. Parecen cómodos con mi presencia y se muestran confiados. Una vez sentados en la terraza, se identifican como voluntarios de una organización dependiente de Marruecos que, dicen, trata de controlar y auditar este tipo de procesos. No quieren que se les mencione bajo ningún concepto.

Foto: Interior del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla. (Foto: J.G)

Durante la conversación, tratan de convencerme, con cierto compadreo, de que son incluso más independientes que los periodistas españoles y de que los informes que hacen, en pro según ellos de los migrantes, tienen calado entre los dirigentes de su Gobierno. Pero cuando tratan de hacerme, en sus palabras, un “mapa de situación” de lo ocurrido, mantienen su tesis principal: los migrantes murieron asfixiados al caer unos encima de otros en su afán por superar el vallado del paso fronterizo. Lo denominan, más técnicamente, “asfixia mecánica”.

Les aprieto un poco. Les hablo de testimonios de refugiados en Melilla, que hablan de compañeros suyos muertos con heridas de piedras o de bombas aturdidoras en la cabeza. A partir de ahí, se abren a admitir que fue un “cúmulo de muchas cosas”, pero si hay otra idea que quieren destacar es la de que los heridos no recibieron la atención sanitaria adecuada. Ellos lo atribuyen a que Nador no dio a basto. “La infraestructura sanitaria es insuficiente para nuestro pueblo. ¿Cómo vamos a atender a decenas de heridos en una emergencia?”. Reconocen que algunos migrantes estuvieron tirados a su suerte, heridos, durante 12 horas en el lado marroquí.

Sin embargo, según su lógica, todo tiene una explicación. ”El hospital Hassani de Nador tenía sus 200 camas ocupadas y no podían hacer frente a una situación de emergencia con docenas de heridos. Allí estaban también nuestros agentes heridos, nuestros amigos. Por eso tuvieron que hacer traslados al hospital de Oujda, a dos horas y media de trayecto, y no daba tiempo a hacer muchos viajes. Hicieron lo que buenamente pudieron”, subrayan. Con este conjunto de tesis, además, cargan contra España. “¿Dónde estaba allí la Cruz Roja atendiendo a los migrantes que lograron cruzar? ¿Por qué no entraron a ayudar a territorio marroquí?, se preguntan. Según fuentes periodísticas que estuvieron presentes ese día, hasta ese lado de la valla llegó una ambulancia de Cruz Roja con dos sanitarios y sí atendió a migrantes.

Sánchez matiza su ''bien resuelto'' sobre el salto de Melilla

La versión de estos dos voluntarios choca frontalmente con el informe de la tragedia que publicó la Asociación Marroquí de Derechos Humanos de Nador (AMDH) el pasado 20 de julio. La organización, cuya cabeza visible es Omar Naji, manifestó que durante el salto las autoridades marroquíes se dedicaron a gasear, golpear y amontonar cadáveres y personas heridas sin llamar a una sola ambulancia.

Mis interlocutores, pese a compartir la versión oficial de Marruecos y depender del Estado, insisten en que tratan de ser combativos. “A los jueces no les gusta que estemos observando. A vosotros, a los periodistas españoles, os ven como un riesgo para nuestro Gobierno, pero nosotros somos los peligrosos porque estamos aquí y hacemos informes que llegan al ministro de Justicia”.

En cualquier caso, ya adelantan que el próximo 3 de agosto se reanudará el proceso y no será la única sesión. “Esto se va a alargar durante todo el mes. Tienen que venir unos 20 agentes de policía como testigos y los migrantes han pedido estar físicamente en la sala para el juicio. Todos tendrán algo que decir”, detallan.

*Sergio Añón es colaborador de la Fundación PorCausa.

*Este reportaje ha contado con la colaboración, como traductor, del periodista Okba Mohammad.

El Tribunal de Apelación de Nador (en Marruecos) celebró este miércoles la primera vista del juicio más polémico tras la tragedia que tuvo lugar en la valla de Melilla el pasado 24 de junio. Los acusados: 28 subsaharianos, a los que se les atribuyen crímenes tan graves como el secuestro de agentes de la autoridad, acciones violentas y la organización de lo que el Gobierno marroquí califica como “asalto violento” a la frontera con España. Delitos por los que desde organizaciones como la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) señalan que podrían pasar varios años a la sombra en la áspera cárcel de Zeluán. Este proceso judicial genera indignación a ambos lados de la valla y es una pieza incómoda en la frágil relación de España y Marruecos, apenas un año y dos meses después de la peor crisis bilateral en décadas.

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