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Pendientes de 5 € vs zapatos de Prada: lo que el debate nos dice de la 'heredera' de Boris
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Carrera por llegar a Downing street

Pendientes de 5 € vs zapatos de Prada: lo que el debate nos dice de la 'heredera' de Boris

Pocas transformaciones políticas han sido tan radicales como la de Liz Truss. Hace seis años, se daba su carrera por terminada. Ahora se da por hecho que llegará a Downing Street

Foto: La candidata a líder del partido Conservador, Liz Truss. (Reuters/Jacob King)
La candidata a líder del partido Conservador, Liz Truss. (Reuters/Jacob King)

Sus pendientes de cinco euros frente a los mocasines de Prada de 550 euros de su rival no serán el factor determinante para que Liz Truss se convierta en la próxima ministra británica. Tampoco lo será el hecho de que en su día hiciera campaña por la permanencia del Reino Unido en la UE. Y, seguramente, su juventud como activista liberal demócrata defendiendo la abolición de la monarquía sea un detalle que muchos ni siquiera conozcan.

No hay una razón clave ni un carisma arrollador para justificar su mudanza a Downing Street. Pero la responsable de la diplomacia británica cada día está más cerca de seguir los pasos de su tan venerada Margaret Thatcher. Su viaje del centro a la derecha fue lo que la coló en la final de las primarias del Partido Conservador —gracias al apoyo del núcleo duro de las filas— y su promesa de reducir de inmediato los impuestos es lo que la sitúa ahora como favorita entre las bases, que son al fin y al cabo las que tienen la última palabra.

Foto: Campaña del Partido Conservador. (EFE/Neil Hall)

No será hasta el 5 de septiembre cuando se conozca el nombre del ganador en la carrera por suceder a Boris Johnson. Pero, este lunes por la noche, Truss afianzó aún más su posición en el cara a cara televisivo que protagonizó junto a su rival, el que fuera titular de Economía Rishi Sunak.

El debate fue el primero de una larga serie prevista para este verano, pero se considera como el más importante, ya que se emitió en un horario de máxima audiencia desde los estudios de la BBC localizados en Stoke-on-Trent, uno de los distritos del Muro Rojo del norte de Inglaterra que los 'tories' consiguieron arrebatar a los laboristas en las últimas elecciones, por primera vez desde la II Guerra Mundial, con la promesa de ejecutar el Brexit. Sea cual sea el ganador de las primarias, retener estos escaños será clave si se quiere ganar la próxima cita con las urnas, prevista para 2024.

Al comenzar la noche como la clara favorita —sacaba hasta 24 puntos de ventaja al 'exchancellor'—, Truss tenía más que perder que ganar. Sobre todo teniendo en cuenta las dudas persistentes sobre su capacidad para actuar bajo presión. Pero se mostró tranquila y concentrada frente a una actuación más agresiva de Sunak y logró evitar los errores de relaciones públicas por los que ha sido conocida durante su carrera ministerial. Por ejemplo, su viaje a Rusia en plena escalada militar frente a las fronteras de Ucrania, cuando fue —según la prensa británica— "humillada" por su homólogo del Kremlin, fue memorable.

Foto: La ministra de Exteriores británica, Liz Truss, junto a su homólogo ruso, Sergei Lavrov (Ministerio de Exteriores ruso)

Con una inflación disparada que va camino de superar el 11%, la economía fue una de las cuestiones protagonistas. Mientras que Sunak considera que bajar ahora los impuestos es “irresponsable”, “inmoral” y “cuento de hadas”, la responsable de la diplomacia considera que mantenerlos como están o subirlos empujará a Reino Unido a la recesión, por lo que quiere reducirlos de inmediato, incluida la reversión del aumento de la seguridad social que se implementó en abril, la suspensión de los gravámenes 'verdes' en las facturas de energía y la eliminación de un aumento propuesto en el impuesto de sociedades.

Sunak considera que bajar ahora los impuestos es “irresponsable”, “inmoral” y “cuento de hadas”

La City considera que estos planes —donde, por cierto, no explica en ningún momento de dónde va a sacar los 40.000 millones de libras que suponen los recortes— podrían conducir a un gran aumento en el endeudamiento y la devaluación de la moneda. Pero las bases parecen estar encantadas con Truss.

Hubo un momento para hablar también sobre China —Truss dice que tomaría medidas drásticas contra TikTok, mientras que Sunak llamó al gigante asiático “amenaza para la seguridad nacional”— e, incluso, para hacer una revisión sobre el vestuario de cada uno de los candidatos. Los críticos con el ministro del Tesoro están haciendo todo lo posible por mostrarle como un hombre que no está en contacto con la realidad por estar casado con una millonaria india.

En cualquier caso, los protagonistas no quisieron ahondar en esta cuestión, conscientes de que los ataques personales de la contienda más sucia que se recuerda en la historia reciente están castigando la ya más que dañada imagen de la formación, para delicia de la oposición laborista.

La transformación más radical

El primer sondeo de Opinium realizado tras el debate le dio una ligera ventaja a Sunak (39% frente al 38%) entre el electorado general. Para los votantes del Partido Laborista, el que fuera ministro del Tesoro también realizó una mejor actuación (41% frente al 30%). Sin embargo, entre los votantes conservadores, la responsable de Exteriores fue la vencedora de la noche (47% frente al 38%). Sunak necesitaba dar un vuelco completo a las encuestas y no lo consiguió.

De momento, Truss sigue al volante. Pocas transformaciones políticas han sido tan radicales como la suya. Hace seis años, en Westminster se daba su carrera por terminada. Ahora todo el mundo da por hecho que tiene todas las paletas para convertirse en la tercera mujer en la historia de Reino Unido en ponerse al frente del Gobierno. La primera, Margaret Thatcher, siempre ha sido su gran heroína. Pero, en realidad, tiene que deberle todo a la segunda, Theresa May.

placeholder Liz Truss en un evento de campaña conservadora. (Reuters/Henry Nicholls)
Liz Truss en un evento de campaña conservadora. (Reuters/Henry Nicholls)

Cuando David Cameron presentó su dimisión en 2016 tras el triunfo del Brexit y May se mudó al número 10, el puesto de Truss se daba prácticamente por muerto. En una formación dominada por euroescépticos, nadie que había hecho campaña por la permanencia en la UE tenía muchos amigos. Estaba completamente aislada. Y la única razón por la que sobrevivió como ministra de Justicia fue porque May quedó demasiado débil como para deshacerse de ella tras las desastrosas elecciones de 2017, y no pudo hacer la reestructuración de Gabinete que tenía en mente.

Y fue entonces, en el espacio de tres años, cuando Truss se reinventó. Tanto política como personalmente. De hacer campaña por la UE pasó a abrazar el Brexit de manera apasionada. De ser íntima amiga de Cameron pasó luego a ser una de las primeras en apoyar a Boris Johnson —aun sabiendo que eran enemigos acérrimos— para el liderazgo. Al ser nombrada responsable de Comercio, se posicionó como la encarnación de Instagram de la Gran Global Britain, haciendo una crónica de todos los nuevos acuerdos que Londres cerraba con terceros países, que no eran otra cosa que un copia y pega de los que tenía cuando era miembro de la UE.

Por lo que ahora, a los 47 años —este martes es su cumpleaños—, tiene la oportunidad de mudarse a Downing Street convertida en la niña mimada de la derecha conservadora, una thatcherista que apuesta por la intervención mínima del Estado y los bajos impuestos.

Eso sí, está por ver si con Truss al frente —como todo apunta— los 'tories' podrán retener el poder cuando lleguen los próximos comicios en 2024 y la "nueva Thatcher" tenga su verdadero examen con las urnas.

Sus pendientes de cinco euros frente a los mocasines de Prada de 550 euros de su rival no serán el factor determinante para que Liz Truss se convierta en la próxima ministra británica. Tampoco lo será el hecho de que en su día hiciera campaña por la permanencia del Reino Unido en la UE. Y, seguramente, su juventud como activista liberal demócrata defendiendo la abolición de la monarquía sea un detalle que muchos ni siquiera conozcan.

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