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Italia, un partido 'molto lungo': la derecha parte como favorita, pero aún no ha ganado
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Italia frente a un nuevo escenario electoral

Italia, un partido 'molto lungo': la derecha parte como favorita, pero aún no ha ganado

'Molto lungo' es el adjetivo italiano para describir un espacio temporal muy largo. Precisamente, aunque los sondeos indiquen lo contrario, la derecha italiana todavía está lejos de haberse proclamado vencedora de los comicios

Foto: El Palacio Chigi, sede del Gobierno italiano, iluminado con la bandera italiana. (EFE/Riccardo Antimiani)
El Palacio Chigi, sede del Gobierno italiano, iluminado con la bandera italiana. (EFE/Riccardo Antimiani)
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La mayor parte de los análisis políticos de las últimas horas, tras la caída del Gobierno Draghi, dan casi por segura una aplastante victoria de la extrema derecha, representada por el partido Fratelli d’Italia (FdI) —junto con el bloque conservador que forman con Lega y Forza Italia (FI)—, en las próximas elecciones del 25 de septiembre. La mayoría de sondeos hechos antes de que cayera el actual Gobierno daban más de un 23% de intención de voto a FdI, mientras que para la Lega y FI era de un 14% y 8%, respectivamente. Esas cifras darían a la derecha un resonante triunfo en los próximos comicios.

El problema es que a la política italiana le pasa como a jugar en el Bernabéu, que lo que parece fácil acaba siendo 'molto lungo'. Las elecciones serán en dos meses y hay muchos factores que pueden dar la vuelta a esa victoria cantada del bloque conservador. La abstención y el centro serán claves. Ya ha habido un precedente reciente en Italia, en la región de Emilia-Romaña; y en el extranjero también se ve el ejemplo del duelo entre Donald Trump y Joe Biden.

El abandono a Draghi acerca el adelanto electoral a Italia.

Hay un último factor a tener en cuenta. Al bloque conservador le pueden salir mal las prisas por ocupar la poltrona. La encuesta del instituto de investigación SWG del miércoles decía que el 44% de los votantes de FI, el 46% de Lega y el 48% del Movimiento 5 Estrellas (M5S) preferían que se mantuviera el Gobierno Draghi. Incluso dentro de los votantes de Fratelli d’Italia había un 39% que apoyaba que no hubiera crisis de gobierno en estos convulsos momentos.

El caballeroso Draghi se ha ido del Parlamento con una frase de esas que resuenan en la historia: “Incluso los banqueros centrales usan el corazón”. El decepcionado primer ministro, un tecnócrata, ha caído en una maniobra política sin explicaciones convincentes. Ahí hay un legado que un partido de centro puede ocupar, el legado Draghi. Para los antisistema y anticasta, la imagen de hacer caer un Gobierno por ecuaciones electorales tampoco es buena.

Foto: Mario Draghi abandona el Palacio del Quirinal tras reunirse con el presidente, Sergio Matarella. (EFE/EPA/Massimo Percossi)

El ejemplo de Trump

La mayor parte de estrategas políticos actuales saben que hay dos reglas básicas igual de importantes para ganar elecciones: conseguir votos y conseguir que no voten al contrario. Hay un ejemplo reciente internacional que demuestra que lo segundo puede ser más decisivo que lo primero. En las pasadas elecciones de EEUU, Joe Biden, uno de los peores candidatos de la historia del Partido Demócrata, un exvicepresidente que no consiguió ser candidato cuando le tocaba, con aspecto de anciano bonachón, pero con significativos resbalones en su memoria y que a la sombra del presidente Obama era motivo de ciertas burlas; es el hoy el presidente más votado de la historia de los Estados Unidos. Esto se debió a la torpe campaña de un extremista, Donald Trump, que se creía invencible y levantó de debajo de las alfombras millones de votos que, aunque no querían que gobernara Biden, sobre todo querían que no gobernara Trump. Su radicalismo fue su éxito y su tumba.

¿Puede pasar eso en Italia? Sin duda. Fratelli d’Italia no es metafóricamente fascista, lo es por herencia. El partido de extrema derecha huye de ser calificado como extrema derecha porque sabe que eso le perjudica. El problema es que ellos vienen del Movimento Sociale Italiano, partido neofascista creado tras la Segunda Guerra Mundial, que pasó a ser Alleanza Nazionale y, finalmente, reconvertido en los actuales FdI.

Foto: El primer ministro italiano, Mario Draghi. (EFE)

Es verdad que la izquierda abusa de ese as en la manga de advertir de que viene el fascismo y a muchos votantes, especialmente en las clases obreras de la periferia de las grandes ciudades, eso les importa más bien poco. Pero los italianos saben que ahora hay una opción real de que gobierne un partido que flirtea con la idea de dejar el euro y la UE y que defiende legítimamente ideas ultraconservadoras. El discurso de la líder de FdI, Giorgia Meloni, en el mitin de Vox en Andalucía levantó en Italia ampollas. En general, Meloni intenta dar aquí una imagen más moderada que aquella soflama a gritos de ideas sociales de extrema derecha que soltó en España.

FdI tiene a favor que ha sido siempre una oposición leal con sus ideas y principios. Solo ellos han estado siempre en contra del Gobierno Draghi. Es posible que puedan crecer incluso algo en intención de voto de aquí al 25 de septiembre, pero tiene el problema de que no les bastará para gobernar solos. Ahora queda por ver, por un lado, si Lega y Forza Italia —donde algunos importantes representantes ya han dejado ayer el partido por apoyar esta deriva populista extremista— no pierden votos a favor de opciones europeístas y de centro. Parece que se está formando una lista única en este sentido que se proclamará continuista de las políticas de Draghi.

Foto: Fratelli d'Italia en Milán. (EFE/Flavio Lo Scalzo)

El segundo factor a tener en cuenta es que, aunque hay entre un 30 y un 40% de italianos que no votan, ante un escenario polarizado donde esté en riesgo cosas tan importantes como Europa, puede darse el caso de que acudan a las urnas no a votar convencidos de lo que quieren; sino que, como pasó con Trump, a votar contra lo que no quieren. Ya ha habido algún reciente ejemplo.

Las Sardinas contra el fascismo

En verano de 2019, a Matteo Salvini, vicepresidente italiano, se le veía feliz pinchando música entre el calor de la multitud en el chiringuito Papeete de Milano Marittima, en Emilia-Romaña. Entonces, la Lega tenía hasta un 34% de intención de voto y el político milanés decidió que era el momento de hacer caer el Gobierno de Conte en el que él mismo participaba con el Movimiento 5 Estrellas (M5S). La jugada le salió mal. El M5S formó un nuevo Gobierno con sus archienemigos de la izquierda del Partido Democrático. De repente, Salvini se vio en la oposición. No rebajó un ápice (más bien al contrario) su mensaje soberanista, antieuropeo y con un sobreactuado mensaje de valores cristianos que no cuadraba del todo con el personaje: “El Inmaculado Corazón de María nos llevará a la victoria”, dijo el milanés con un rosario en la mano en un mitin en Milán.

Sin embargo, los sondeos le seguían favoreciendo, aunque se observaba un ligero deterioro de apoyo de ciudadanos que vieron en su jugada un interés suyo electoral y no un interés del país. En otoño de 2019, el bloque conservador arrasa en las elecciones regionales de Umbria y un Salvini eufórico declara: “Esta paliza no la olvidarán en 30 años”.

placeholder Meloni, líder de FdI, junto con Salvini, líder de Lega. (EFE/Matteo Bazzi)
Meloni, líder de FdI, junto con Salvini, líder de Lega. (EFE/Matteo Bazzi)

Enero de 2020 era entonces una fecha clave. Las elecciones de Emilia-Romaña, bastión histórico de la izquierda, serían el golpe de gracia que encumbraría a Salvini al poder. Ganar allí suponía tener 'de facto' el control regional de la mayor parte de Italia y, sobre todo, era una victoria definitivamente simbólica. Las encuestas decían que la victoria conservadora, por primera vez en la historia, era allí posible.

Y, entonces, surgió un movimiento ciudadano, Las Sardinas, que le plantó cara a Salvini. En noviembre de 2019, el milanés menospreció aquella respuesta de gente joven que no estaba inscrita en ningún partido y cuyo mensaje era parar el fascismo. “Son los imbéciles de los centros sociales”, dijo. Ellos, mientras, no paraban de llenar plazas con un mensaje fresco que los partidos de izquierda y los populistas del M5S habían perdido.

Foto: Matteo Salvini en un mítin en la región italiana de Emilia-Romaña. (Reuters)

Unos meses después, Steffa Bonaccini, del moribundo Partido Democrático, vencía las elecciones con un 51,4% de los votos. Desde entonces, la Lega no para de bajar en intención de voto. Hoy está en el entorno al 14%, mientras que el bloque conservador no para de perder elecciones en las que parte como favorita. Especialmente dolorosas han sido para ellos las derrotas cosechadas en los últimos meses en Roma, Turín o Verona.

Que nadie dé por hecho nada en la política italiana. Hay demasiados factores que meter ahora en las encuestas. El M5S se ha partido en mil pedazos y debe reinventarse, el PD podría tener también una mejoría gracias a un voto de izquierda útil que lo haría con la nariz tapada, la Forza Italia de Berlusconi se ha pegado un tiro en el pie, Salvini sigue en caída libre, hay un posible gran partido de centro europeísta en ciernes…

placeholder Mario Draghi anuncia su dimisión. (EFE/Fabio Frustaci)
Mario Draghi anuncia su dimisión. (EFE/Fabio Frustaci)

Quizás habría sido más beneficioso para los conservadores esperar a que acabara la legislatura, que llegara el previsible duro invierno, que Draghi se desgastara más y que ellos ocuparan más espacio político. Forza Italia era el centroderecha liberal europeísta; la Lega se estaba convirtiendo en conservadores más moderados con sus mensajes de patria, capitalismo y seguridad, mientras para Fratelli era todo el bloque de extremistas desencantados. Esa fórmula sí parecía invencible, mientras que a esta, consistente en hacer saltar todo por los aires, le puede pasar que el partido de 90 minutos que queda hasta las elecciones, en el que parten con la ventaja de la ida, se le haga 'molto lungo'.

La mayor parte de los análisis políticos de las últimas horas, tras la caída del Gobierno Draghi, dan casi por segura una aplastante victoria de la extrema derecha, representada por el partido Fratelli d’Italia (FdI) —junto con el bloque conservador que forman con Lega y Forza Italia (FI)—, en las próximas elecciones del 25 de septiembre. La mayoría de sondeos hechos antes de que cayera el actual Gobierno daban más de un 23% de intención de voto a FdI, mientras que para la Lega y FI era de un 14% y 8%, respectivamente. Esas cifras darían a la derecha un resonante triunfo en los próximos comicios.

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