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Las cumbres internacionales están para que los líderes se lo pasen bien
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Las cumbres internacionales están para que los líderes se lo pasen bien

Las relaciones internacionales se rigen, entre otras cosas, por dos grandes verdades a las que se les suele restar importancia, pero que, sin embargo, tienen mucho más peso del que la mayoría querría admitir

Foto: Sánchez junto al primer ministro de Luxemburgo en el Museo Del Prado. (EFE)
Sánchez junto al primer ministro de Luxemburgo en el Museo Del Prado. (EFE)
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Las relaciones internacionales se rigen, entre otras cosas, por dos grandes verdades a las que se les suele restar importancia, pero que, sin embargo, tienen mucho más peso del que la mayoría querría admitir: la primera verdad es que todo es mucho más chapucero de lo que se quiere hacer ver, y la segunda es que, al final, una parte importante de las relaciones internacionales se juegan a la hora de la verdad en las relaciones personales.

En los últimos días, Madrid ha acogido la cumbre de la Alianza Atlántica. Algunos españoles han sentido orgullo de que los líderes de algunos de los países más poderosos del mundo hayan cenado en el Museo del Prado, y otros, muchos menos, se han preguntado por qué tienen que pasearse entre Velázquez y Goya. ¿No están aquí para hablar de la OTAN? ¿Qué hacen todos ahí riéndose? ¿No se parece más esto a un "afterwork" de un grupo de chavales con aspiraciones de alguna gran consultora que una reunión de grandes líderes?

La realidad es que esa parte, la social, la de las conversaciones informales, las risas y las palmadas en la espalda, es lo más importante de la cumbre. El resto, como por ejemplo la adopción del Concepto Estratégico de la OTAN para la próxima década, tiene mucho más peso en el medio y largo plazo, pero su suerte está ya echada. A estas reuniones se llega con todo bastante atado, y de lo que ellos se deben preocupar ya es de desplegar las mejores herramientas que tengan de diplomacia personal.

placeholder El presidente francés abraza al primer ministro indio durante el G7. (Reuters)
El presidente francés abraza al primer ministro indio durante el G7. (Reuters)

Se trata de establecer lazos y relaciones que ayuden a resolver problemas reales. Los Gobiernos son los que resuelven las situaciones, pero estos no dejan de estar dirigidos por seres humanos, con sus emociones indisociables de su toma de decisiones. Es en esa pequeña franja que ocupan las emociones en las que se tiene que centrar la "diplomacia personal" de cada líder. Si Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, es más valorado en el exterior que muchos de sus antecesores en el cargo, es porque tiene una herramienta básica que le ayuda a generar esos lazos: el inglés, el poder hablar o escribirse con otro líder de tú a tú, sin intermediarios.

Al mismo tiempo, en la política actual, en la que los asuntos internacionales tienen un impacto directo sobre todos los países, y cuya plataforma son las cumbres como la vivida en estos últimos días, el peso específico de los jefes de Estado y de Gobierno es mucho mayor. Se trata de una tendencia que viene de lejos y que ha ido en paralelo tanto a la construcción de un sistema multilateral como al desarrollo de tecnologías que han hecho posible este tipo de interacción, ya sean las llamadas telefónicas o los aviones. Así, en ocasiones los líderes acaban convertidos en una especie de "encarnación" del Estado. Y esa asociación se hace incluso de forma involuntaria: resultó complicado desvincular a Estados Unidos de la imagen de Donald Trump, la de Rusia de la de Vladímir Putin ahora, o la de Alemania con Angela Merkel durante su etapa en la cancillería, por mucho que ese "solapamiento" de la personalidad del Estado con la del líder sea injusta y simplista.

Foto: Sede del Consejo Europeo en Bruselas. (EFE) Opinión

Para los países con menos peso, la diplomacia personal puede llegar a jugar un papel fundamental y puede permitir al Estado boxear muy por encima de su peso. Evidentemente, cada país tiene su peso, y las relaciones personales que pueda tener Sánchez con su homólogo de Reino Unido no van a cambiar la realidad: que siempre Alemania va a pesar más que España. Y, sin embargo, pueden ser un elemento diferenciador.

"Pero la personalidad de ese líder puede en realidad fomentar o entorpecer el poder estructural de ese país, si no aprecia correctamente los escenarios en los que actúa. La personalidad de un líder es, por lo tanto, un "multiplicador", ya sea positivo, negativo o neutral, para la posición internacional de un país", señalaban Giampiero Giacomello, Federica Ferrari y Alessandro Amadori en un artículo académico de 2009 titulado "Con amigos como estos: la política exterior como relación personal", en la que estudiaban de qué forma la política personal de Silvio Berlusconi como primer ministro italiano había servido o entorpecido la política exterior de Roma. Spoiler: no ayudó en nada porque pensó que podía llevar las relaciones de Italia como las de su empresa. A algún otro líder le ha pasado después.

placeholder Berlusconi se acerca a Nicolas Sarkozy, junto a la canciller alemana Angela Merkel. (Reuters)
Berlusconi se acerca a Nicolas Sarkozy, junto a la canciller alemana Angela Merkel. (Reuters)

Los Consejos Europeos, es decir, las cumbres en Bruselas, son distintas a las cumbres como la de la OTAN o la del G7, que se reunió días antes de la cita en Madrid. Los líderes tienen en él una inusual capacidad de decisión y lo hacen sobre la marcha. Las grandes reuniones pueden alargarse hasta bien entrada la madrugada mientras se vuelven a redactar documentos y los jefes de Estado y de Gobierno se arremolinan alrededor de algún colega que redacta correcciones sobre un texto o enseña una tabla excel con los cálculos que tienen hechos. Pero incluso en esas reuniones, o incluso todavía más en esos encuentros, las relaciones personales son centrales y los líderes que llevan más años en el Consejo Europeo saben leer mejor el ambiente y la psicología de sus colegas, además de estar en una situación de "fuerza" al ser los decanos.

La cumbre de Madrid ha tenido mucho de "diplomacia personal". El anfitrión está en una posición favorable por protocolo para desarrollar mejor esas relaciones, para tejer esos lazos y utilizar el "poder blando" de la amistad. Que los líderes del resto de países se queden con una impresión agradable de una noche en El Prado es mucho más útil de lo que muchos pueden pensar. Las cumbres están para eso: para pasarlo bien.

Las relaciones internacionales se rigen, entre otras cosas, por dos grandes verdades a las que se les suele restar importancia, pero que, sin embargo, tienen mucho más peso del que la mayoría querría admitir: la primera verdad es que todo es mucho más chapucero de lo que se quiere hacer ver, y la segunda es que, al final, una parte importante de las relaciones internacionales se juegan a la hora de la verdad en las relaciones personales.

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