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Las claves de la cumbre de la OTAN, explicadas por un español entre bambalinas
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Las claves de la cumbre de la OTAN, explicadas por un español entre bambalinas

El subsecretario general adjunto de Asuntos Políticos y Política de Seguridad de la OTAN atiende a El Confidencial para explicar y contextualizar las claves de esta cumbre histórica

Foto: Javier Colomina, con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. (Twitter)
Javier Colomina, con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. (Twitter)
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Javier Colomina, subsecretario general adjunto de Asuntos Políticos y Política de Seguridad de la OTAN, es uno de los españoles con mayor peso dentro de la Alianza Atlántica. Se unió a la Alianza en 2017 y, durante cuatro años, ejerció como representante permanente adjunto de España, un cargo central en la gestión del día a día de la organización. Desde el año pasado, se desempeña como representante especial del secretario general para el Cáucaso y Asia Central, aconsejando a Jens Stoltenberg sobre las líneas de acción a seguir en una región bajo fuerte influencia rusa.

Estos días, Colomina se mueve entre las bambalinas de una cumbre que acapara las miradas de los poderes globales. Varias fuentes internas y de socios de la Alianza coinciden en describirlo como un diplomático hábil, gran conocedor de los retos a los que se enfrenta la OTAN y de los engranajes que hacen funcionar la organización. Atiende a El Confidencial para explicar y contextualizar las claves de esta cumbre histórica tras terminar una reunión con representantes de los países socios de la OTAN.

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PREGUNTA. ¿Cómo valora este arranque de la cumbre, en el que se ha desbloqueado la adhesión de Suecia y Finlandia y se ha aprobado el nuevo concepto estratégico?

RESPUESTA. A estas alturas, se puede decir que la cumbre es un éxito. La cumbre iba a ser histórica, en todo caso, porque íbamos a aprobar un nuevo concepto estratégico, el documento más importante que tiene la OTAN, solo por detrás del Tratado fundacional de Washington, que se aprueba cada 10 o 15 años. El último fue en Lisboa, en el año 2010, y había que aprobar uno nuevo porque las circunstancias han cambiado radicalmente.

En el año 2010, la zona atlántica se declaraba en paz. Rusia era un socio; conflictivo, porque ya había invadido Georgia en 2008, pero con una relación institucional con la OTAN importante, con comités y reuniones con bastante frecuencia. Ahora, Rusia es un país que es una amenaza, es un agresor. Acaba de invadir un país que se encuentra dentro de Europa. China, por ejemplo, ni aparecía en el concepto estratégico 2010. Y ahora aparece porque es evidente que plantea una serie de retos a los cuales hay que dar respuesta, sin convertir a China ni en un adversario ni en algo que se pueda parecer a Rusia.

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P. Parece que no le ha quedado grande el adjetivo de 'histórica'...

R. La invasión rusa de Ucrania cambió completamente el contexto de seguridad en el cual nos encontramos y ha hecho que la cumbre sea histórica por dos motivos. En primer lugar, por la propia Ucrania, con el apoyo político que se le ha dado a la presencia, aunque sea virtual, del presidente [Volodímir] Zelenski y las declaraciones de muchos de los presidentes en apoyo continuado a Ucrania. En segundo lugar, por la ampliación. En cierto modo, nos hemos llevado una sorpresa porque hace cinco meses era absolutamente impensable y ahora se ha producido ya la confirmación de que Suecia y Finlandia accederán a la OTAN. Hay un proceso que hay que seguir, pero el acuerdo se firmó ayer noche. Hay otros aspectos importantes, como la cooperación o la mirada hacia el sur que siempre tiene la OTAN, y más en una cumbre en Madrid, que también contribuyen a que sea un éxito.

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P. Cuando hablamos de esa “mirada hacia el sur”, muchos se quedan en la frontera de Ceuta y Melilla. ¿A qué se refiere exactamente la OTAN cuando habla del flanco sur?

R. Hay un sur geográfico y un sur estratégico, en el cual la OTAN incluye incluso hasta Afganistán e Irak. Pero nos referimos, sobre todo, a la cuenca del Mediterráneo, al norte de África y al Sahel, que son las regiones en las que más inestabilidad existe, en las que más problemas pueden llegar a afectar a la zona euroatlántica. El que primero nos viene a la cabeza siempre es la amenaza del terrorismo. Pero hay otros retos. Tráficos ilícitos, tránsitos migratorios irregulares. España ha sido el país que, junto con Italia, más ha empujado siempre para que la agenda del sur estuviera muy presente en la mesa del Consejo del Atlántico Norte. Poco a poco, se ha ido consiguiendo.

Es verdad que ahora mismo es inevitable que la prioridad sea la guerra de Rusia en Ucrania. Pero, a pesar de eso, se ha llegado con una serie de decisiones que los jefes de Estado y de Gobierno ya han aprobado. Como, por ejemplo, lanzar una serie de medidas de reforma de refuerzo de las capacidades de defensa de Mauritania, que es el único socio saheliano que tiene la OTAN y en el que la OTAN se va a apoyar para contribuir a los esfuerzos que ya se están haciendo en grandísima medida por otras organizaciones y por países bilateralmente, como el caso de Francia, de Alemania o de la misma España, para ayudar a que estos países tengan un mayor control de las situaciones que generan inestabilidad en sus propios territorios.

Foto: Jornada inaugural de la cumbre de la OTAN en Madrid. (EFE/Brais Lorenzo)

P. El mensaje que manda la OTAN a Ucrania en esta cumbre es que va a poder contar con su apoyo tanto tiempo como sea necesario. ¿Qué análisis hace la Alianza sobre la situación militar de la invasión y qué puede estar por venir? ¿Podrá la OTAN mantener este compromiso?

R. Esta cumbre no ha hecho un análisis de dónde estamos exactamente. Ese análisis lo hemos hecho nosotros, la OTAN. Tenemos inteligencia suficiente para saber que la guerra está en una situación de parálisis. No avanza ni para un lado ni para el otro, lo que es una victoria para Ucrania, porque claramente el Ejército ucraniano es muy inferior en prácticamente todo al Ejército ruso. Es una victoria de Occidente, porque es claramente una demostración de que con la ayuda militar y el entrenamiento ofrecido a Ucrania desde 2014 y que se le está dando ahora mismo, los ucranianos, con el coraje y el espíritu que están teniendo de combate, que es tremendo, nivelan la balanza.

Pero ni los rusos están avanzando mucho, ni ucranianos están realmente echándolos para atrás. Hay pequeños avances, pero de momento los frentes están más o menos estabilizados desde un punto de vista militar. La situación, pues, no es la óptima, porque es un conflicto que da la sensación de que se podría alargar. Pero esto es una sensación, porque al mismo tiempo siempre hay conversaciones, hay intentos diplomáticos que ahora mismo están paralizados, pero que en un momento dado pueden dejar de estarlo y hacer que la guerra termine antes de lo que esperamos.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), conversa con el vicesecretario general de la OTAN, Mircea Geoana, durante la primera jornada de la cumbre de la OTAN. (EFE/Rodrigo Jimenez)

P. Estamos todos mirando a Rusia, al flanco este, y estamos todos los países de la cuenca mediterránea mirando al sur, pero hay otras partes conflictivas que pasan ahora por debajo del radar, como el Cáucaso y Asia Central, donde usted es representante especial de la Alianza. ¿Qué ocurre y cuáles son los retos para la OTAN en esas zonas?

R. Son países donde tenemos intereses, sobre todo en el Cáucaso, donde más nos jugamos, porque la influencia rusa es muy grande y la inestabilidad que hay ahora mismo, en parte debido a las interferencias rusas, es mayor. Les pasa un poco lo mismo a los Balcanes que no forman parte de la Alianza, básicamente Bosnia-Herzegovina, Serbia y el territorio de Kosovo. Y en el caso de Bosnia-Herzegovina, como en el de Georgia, que son dos países aspirantes a la OTAN, se nota muy claramente el aumento del nivel de interferencia rusa y la preocupación de la OTAN ha aumentado. Hemos decidido incrementar la presencia, la ayuda a la cooperación y la visibilidad política para tener una capacidad de disuasión en los países donde la interferencia rusa es mayor, aunque no veamos un riesgo manifiesto de que ocurra lo que está ocurriendo en Ucrania.

El caso de Asia Central es distinto, porque la influencia rusa ahí es enorme. No pueden prescindir de esa influencia, pero son socios que, poco a poco y a su manera, van tomando algo de distancia. A nadie le gusta ahora mismo verse muy cerca de un país agresor. Muchos de estos países están haciendo sus cálculos políticos a ver qué puede ocurrir en los próximos meses y dónde queda Rusia después de la guerra.

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P. El mensaje que quiere dejar Joe Biden en la cumbre es que acepta el reajuste estratégico, desde el flanco del Pacífico de nuevo a Europa.

R. Entre las prioridades nacionales de Estados Unidos está el Indo-Pacífico, esto está claro. El famoso ‘pivot’ ya lo lanzó Obama hace unos cuantos años. Pero Europa no ha dejado de contar con una enorme presencia militar norteamericana y un enorme impulso político prácticamente en todo momento. La amenaza de la agresión rusa ha sido tan evidente que Estados Unidos ha puesto más refuerzos en Europa de los que había hace seis meses. Es difícil tener un cálculo claro, pero ahora mismo puede haber unos 100.000 soldados norteamericanos en Europa. Y antes de la guerra a lo mejor había 50.000 o 60.000. O sea, no es que no hubiera soldados americanos, con lo cual yo creo que el compromiso americano con la OTAN ha quedado muy patente en los últimos dos años, desde que llegó la Administración Biden.

Es cierto que la OTAN, siendo una organización regional que define claramente su área de responsabilidad en el Atlántico, tiene una perspectiva global en la medida en que hay una serie de amenazas, de retos, sobre todo ciberhíbridos, que ya no se definen geográficamente y que nos están afectando. Y muchos de ellos provienen del Indo-Pacífico, y algunos en particular, no digo de las autoridades chinas, pero sí del sí de ese país y, por lo tanto, hay que estar preparados para ello.

Javier Colomina, subsecretario general adjunto de Asuntos Políticos y Política de Seguridad de la OTAN, es uno de los españoles con mayor peso dentro de la Alianza Atlántica. Se unió a la Alianza en 2017 y, durante cuatro años, ejerció como representante permanente adjunto de España, un cargo central en la gestión del día a día de la organización. Desde el año pasado, se desempeña como representante especial del secretario general para el Cáucaso y Asia Central, aconsejando a Jens Stoltenberg sobre las líneas de acción a seguir en una región bajo fuerte influencia rusa.

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