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La otra guerra que libra Putin: así son la censura y la desinformación en la nueva Rusia
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La otra guerra que libra Putin: así son la censura y la desinformación en la nueva Rusia

Es difícil ver por qué una mayoría crítica de rusos presionaría a Putin para que ponga fin a su brutal obsesión con Ucrania cuando se les hace creer que la guerra es una 'operación especial'

Foto: Día de la Victoria en Rusia. (Reuters/Maxim Shemetov)
Día de la Victoria en Rusia. (Reuters/Maxim Shemetov)

Los años de Vladímir Putin como presidente de Rusia se han caracterizado por una campaña silenciosa de desinformación y censura en casa. Sin embargo, solo desde que Rusia comenzó su guerra total contra Ucrania, el mundo se ha percatado realmente del alcance de esta. En los últimos meses, las autoridades rusas han cerrado los últimos medios de comunicación independientes del país, han prohibido plataformas como Facebook y Twitter y han implementado leyes que castigan la libertad de expresión (en forma de declaraciones contra la guerra) con hasta 15 años de prisión. Hasta el momento, el régimen ha detenido a más de 15.000 personas por manifestarse contra la guerra, arrestos que actúan como un poderoso elemento disuasorio. Para aquellos dispuestos a correr el riesgo de ser arrestados, la censura dificulta descubrir cuántos otros comparten su oposición a la guerra y dificulta la organización de protestas.

Además, con la represión de la disidencia, el Kremlin ha cel ya retorcido ecosistema de información de Rusia para promover su propia versión de los hechos en Ucrania. Esto va más allá de las mentiras diarias de los medios estatales sobre derrotas, bajas y objetivos. Las autoridades rusas también han hecho todo lo posible por fabricar fotografías y vídeos, incluidos 'deepfakes' (aunque de calidad cuestionable). Por ejemplo, el Kremlin publicó fotos y vídeos que pretendían mostrar que el buque insignia de la Flota del Mar Negro de Rusia, el Moskva, se hundió después de incendiarse en una tormenta, cuando toda la evidencia parece indicar que fue alcanzado por misiles ucranianos. Por si fuera poco, los rusos en edad escolar ahora están sujetos a los vídeos obligatorios del Ministerio de Educación que explican la guerra.

Foto: Khodaryonok, en un momento de su intervención en '60 Minutos'.

Este matrimonio tóxico de censura y desinformación daña las perspectivas de paz en Ucrania. Es difícil ver por qué una mayoría crítica de rusos presionaría al presidente Vladímir Putin para que ponga fin a su brutal obsesión con Ucrania cuando se les hace creer que la guerra es una 'operación especial' limitada, exagerada por un Occidente que odia a Rusia, un acto de autodefensa necesario y un intento heroico de liberar a los ucranianos decentes de su Gobierno 'neonazi'. Pero comprender cómo y por qué estas creencias impregnan la sociedad rusa será fundamental para superarlas. Aquí, la psicología puede ayudar a los políticos a comprender, predecir y modificar el comportamiento censurado y mal informado.

La identidad social es particularmente decisiva en la represión rusa. El Kremlin ha explotado hábilmente la necesidad humana de pertenecer a un grupo interno, la tendencia a resentirse con un grupo externo y el deseo de una identidad prestigiosa. A lo largo de su reinado, Putin se ha referido repetidamente a una comunidad compartida de valores 'iskonnye rossiiskie' (rusos primordiales), en la misma línea que sus predecesores imperiales y soviéticos, para establecer un grupo interno nacionalista mientras aumentaba drásticamente la hostilidad hacia Occidente. Por ejemplo, en su reciente discurso del Día de la Victoria, se presentó a sí mismo como un 'katechon', una fuerza que impide la llegada del Anticristo, para cristalizar el sentido de identidad grupal de los rusos.

Los sesgos cognitivos pueden ayudar a facilitar la guerra de información. Por ejemplo, el sesgo de disponibilidad puede hacer que las personas se comprometan casi exclusivamente con la información fácilmente disponible y, por lo tanto, eviten el pensamiento crítico (o cualquier tipo de pensamiento adicional). De manera similar, el sesgo de confirmación (la tendencia a creer en la información que confirma creencias preexistentes) ayuda a explicar por qué una encuesta de opinión pública reciente reflejó que el 89% de los rusos creía que el objetivo de la operación militar actual era proteger y defender a los civiles en Ucrania, prevenir un ataque a Rusia o combatir a los nacionalistas ucranianos y 'desnazificar' Ucrania. Estas respuestas, que para Occidente pueden ser desinformación flagrante, reflejan lo que la mayoría de los rusos ven como una verdad heroica, ya que confirma las identidades grupales con las que el Kremlin los ha ido alimentando. Las contranarrativas, que son la defensa elegida actualmente por los principales medios de comunicación y las iniciativas de la UE como el East StratCom Task Force, no serán suficientes para superar esta situación por sí mismas.

Foto: Logo de RT, antigua Russia Today. (Reuters)

Por supuesto, los ucranianos y los ciudadanos de la UE también están sujetos a sesgos cognitivos y a la dinámica de la identidad social. Por ejemplo, Ucrania a veces ha utilizado la psicología de grupo para crear héroes imaginarios, como un piloto de combate as en los cielos de Kiev, con el objetivo de levantar la moral y desacreditar a Rusia. Mientras tanto, los titulares sensacionalistas que etiquetan a Rusia como un "Estado terrorista" atraen a una gran audiencia no solo porque tienen algo de verdad, sino también porque satisfacen el deseo de los lectores de confirmar creencias preexistentes.

No sorprende que tales técnicas tengan éxito en zonas de conflicto y en una Rusia represiva en un momento en que las teorías de la conspiración incluso se han generalizado en algunos de los entornos con mayor libertad de prensa, dificultando a los gobiernos contener una pandemia mortal y llevando a millones a rechazar la legitimidad de las elecciones presidenciales de EEUU de 2020. Como argumentó la experta en tecnología y exeurodiputada Marietje Schaake en una reciente discusión sobre políticas del ECFR: "La desinformación y la propaganda estatal no comienzan cuando los tanques cruzan una frontera".

Foto: El río Siverskyi Donets, tras el fallido asalto de las tropas rusas. (Reuters)
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A. Alamillos. Kiev K. A. P. Infografía: Rocío Márquez Fernando Anido

Sin embargo, también hay motivos para la esperanza. A pesar de la propaganda del Kremlin, ha habido manifestaciones recientemente en más de 60 ciudades rusas. Esto es notable no solo por la valentía de los organizadores y otros participantes, sino también por su impacto potencial: las protestas en contextos altamente represivos tienden a tener más éxito que aquellas en contextos menos represivos, porque la señal de disidencia es más fuerte. Y muchos rusos están en busca de la verdad. Las descargas de redes privadas virtuales (herramientas en línea que permiten cierto grado de libertad de expresión) aumentaron un 2.692% entre el 24 de febrero y el 31 de marzo. No hay que olvidar que las obras de George Orwell sobre la represión son bastante populares en Rusia, lo que quizás ha provocado el reciente rescate por parte del Ministerio de Exteriores de Rusia de aquella afirmación soviética de que la novela '1984' trata sobre "el fin del liberalismo [occidental]" en lugar del totalitarismo.

En el contexto de la guerra de Rusia contra Ucrania, en la que las percepciones públicas están vinculadas a las perspectivas de paz, los Estados europeos deben adaptar sus campañas de información a las realidades de la guerra de información. Hasta ahora, sus intentos de combatir las tácticas del Kremlin provienen del intercambio de Inteligencia y la verificación de hechos de código abierto. Pero la desinformación y la censura no pueden contrarrestarse únicamente mediante esfuerzos para promover información precisa. Si los Estados europeos quieren tener éxito en la tarea, sus políticas deberán tener en cuenta la psicología individual y grupal que da forma al panorama de la información.

*Análisis publicado en el European Council on Foreign Relations y titulado "Putin’s war at home: Censorship and disinformation".

Los años de Vladímir Putin como presidente de Rusia se han caracterizado por una campaña silenciosa de desinformación y censura en casa. Sin embargo, solo desde que Rusia comenzó su guerra total contra Ucrania, el mundo se ha percatado realmente del alcance de esta. En los últimos meses, las autoridades rusas han cerrado los últimos medios de comunicación independientes del país, han prohibido plataformas como Facebook y Twitter y han implementado leyes que castigan la libertad de expresión (en forma de declaraciones contra la guerra) con hasta 15 años de prisión. Hasta el momento, el régimen ha detenido a más de 15.000 personas por manifestarse contra la guerra, arrestos que actúan como un poderoso elemento disuasorio. Para aquellos dispuestos a correr el riesgo de ser arrestados, la censura dificulta descubrir cuántos otros comparten su oposición a la guerra y dificulta la organización de protestas.

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