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"Rusia siempre ha sido aliada de India, no me extraña que mire hacia otro lado en la guerra"
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Entrevista a Ángel L. Martínez Cantera

"Rusia siempre ha sido aliada de India, no me extraña que mire hacia otro lado en la guerra"

Tras regresar de India después de una década, Ángel L. Martínez Cantera, publica 'Al sur del Himalaya' (Kailas editorial). En esta charla analiza la actualidad desde el prisma indio

Foto: El periodista Ángel L. Martínez Cantera. (Cedida)
El periodista Ángel L. Martínez Cantera. (Cedida)

Cuando a mediados de este mes de mayo el trigo alcanzó una subida del 53% en lo que va de año en los mercados, la mitad del mundo miraba a Ucrania y la otra a India. La invasión de Putin ha bloqueado al primer exportador de cereales, del que depende buena parte del suministro global, y el primer ministro indio, Narendra Modi, se ofreció en abril como alternativa para "alimentar al mundo". Sin embargo, unas semanas más tarde, el Gobierno indio anunció la prohibición de las exportaciones de trigo por sopresa, puso en alerta a propios y extraños y empujó otro 6% los precios.

El semanario The Economist dedicó una de sus últimas portadas a 'La próxima catástrofe alimentaria' y pidió a los dos principales productores de trigo, India y China, actuar de la mano con Occidente para no caer en una catástrofe evitable. Todo mientras los líderes de ambos países, Modi y Xi, han evitado criticar —mucho menos responsabilizar— a su colega ruso por la guerra que ha congelado el comercio de los cereales ucranianos. Mientras los focos se centran en Pekín, ¿cómo ha logrado India mantener una posición independiente? El periodista Ángel L. Martínez Cantera, corresponsal en Asia con base de operaciones en India durante la última década, analiza los últimos movimientos de su "segunda patria" en esta entrevista en El Confidencial. A ella y gran parte del resto del continente asiático les dedica también su libro, 'Al sur del Himalaya' (Kailas editorial), donde reconoce que llegó por accidente a un lugar "inabarcable, ancestral y, en cierta forma, inenarrable".

placeholder Portada de 'Al sur del Himalaya'. (Kailas Editorial)
Portada de 'Al sur del Himalaya'. (Kailas Editorial)

PREGUNTA. Has vuelto a España después de diez años viajando por Asia, afincado en India. Si miras atrás, ¿cuál ha sido la evolución del país?

RESPUESTA. Cuando yo aterricé en el país en 2013 ya estaba en marcha una nueva tendencia en el país y el cambio de Gobierno estaba al caer, Narendra Modi llegó al poder en 2014. Mi llegada a India fue accidental, en el sentido de que no estaba preparado ni era consciente de la situación del país, pero desde entonces sí que he visto el auge del nacionalismo hindú con el actual Gobierno de Modi y el Bharatiya Janata Party. Además, en India, como en el resto del planeta, destaca la polarización constante de la sociedad y de todo lo que toca la política. Debido a la composición demográfica del país —75% hindúes, 15% musulmanes y el resto entre sijes, budistas o cristianos— se traduce en la polarización de la los diferentes estratos sociales, religiones y castas. Para Jawaharlal Nehru, el primer líder de India, la diversidad religiosa no era un deber, sino un haber en el país, un plus. Sin embargo, a día de hoy todo está marcado por la división y, sobre todo, por el fundamentalismo hindú que fomenta el Gobierno de Modi. Ahora están debatiendo si el Qutab Minar, un templo musulmán de Imperio Mogol y uno de los monumentos más icónicos de Nueva Delhi, se erigió sobre las ruinas de un templo hindú. Este es el día de la marmota en India.

P. ¿Cómo valoras la figura de Modi? Existe la preocupación de que el camino de la ‘democracia más grande del mundo’ hacia el autoritarismo sea irreversible.

R. Siendo honestos, en el libro he sido moderado porque espero volver y espero volver sin problemas. Modi se ha convertido en una figura muy divisiva. Al principio había muchas esperanzas acerca del papel que podía jugar en el desarrollo económico del país, porque venía de ser un estado, Gujarat, en el que fue gobernador durante mucho tiempo con cierta prosperidad económica, algo que era necesario para la India por la crisis económica que vivió con el último Gobierno del Congreso Nacional Indio. Pero, al tiempo que Modi es nacionalista religioso hindú, no ha mentido a nadie en su programa político. Él llegó al poder con la intención de tocar el tema de Cachemira y quitarle el estatus constitucional especial y así lo ha hecho. !uería darle a la mayoría hindú el orgullo ha perdido.

"No creo que India acabe siendo una dictadura porque siempre se ha movido en el abismo"

¿Qué derroteros puede tomar India con Modi? Después de leer mucha historia, desde la misma partición del país uno puede encontrar reportajes The Guardian o la BBC en aquel entonces llamando a la precaución y temiendo que India se pudiese balcanizar, que el país fuese un estado fallido, que la democracia no funcionase… Y nunca ha sido así. Es verdad que los poderes políticos tienen cada vez menos independencia en India, pero el temor a que un país tan sumamente dividido y estratificado acabe en una guerra civil o bajo un dictador es una constante. En los 80, Indira Gandhi, hizo del país prácitcamente una dictadura con un estado de emergencia y, después de aquello, el país volvió a funcionar igual de bien (o de mal) que antes. No creo que India acabe siendo una dictadura porque siempre se ha movido en el abismo entre la polarización que puede llegar a la balcanización o incluso a un estado dictatorial y ser una democracia plena que funciona con sus lagunas.

P. Una de las capas sociales que ha protestado contra Modi es la de los agricultores, y ahora una ola de calor ha abrasado los campos de trigo en India, en un momento de escasez por culpa de la guerra en Ucrania. Modi ya había impuesto una prohibición de las exportaciones que puede dejar al mundo tiritando. ¿Una muestra del peso de India en el tablero internacional?

R. Algo que no se subraya lo suficiente ni en la prensa generalista ni por parte de los políticos es que el mundo está interconectado y la globalización no es cosa de los 90 ni de los 80, sino que ya empezó prácticamente con Magallanes y Elcano. Por eso es importante darle valor y no dejar de poner el foco en ciertos países con los que tenemos dependencias, aunque parezcan y sean lejanos. Es como un efecto dominó, a poco que se toca una tecla acaba saliendo a reducir la importancia que tienen actores que no eran considerados todo lo relevantes que son. La guerra de Ucrania ha mostrado lo que supondría un desabastecimiento por parte de India por los problemas que puede generar a los países centroeuropeos… Hay que mirar a Asia, no solo desde la perspectiva estereotipada y generalizada de la pobreza, sino también de su potencial y del papel que ya juega.

Foto: Un agricultor muestra semillas de trigo. (EFE/Mauricio Dueñas)

P. ¿Europa se ha dado cuenta de que es un país demasiado grande e importante? Pienso en la reciente visita de Modi a París y Berlín, donde lo han recibido con los brazos abiertos.

R. La política es un juego de perspectivas y proyecciones y como te decía una cosa te digo la otra. El actual gobierno de India es muy autoritario, pero también de cara al exterior proyecta una imagen de solidez y de asertividad que no es la que tenía la anterior coalición de Gobierno del Congreso, que exportaba la imagen de país necesitado; que también lo es porque todos los países tienen diferentes caras y son poliédricos. India se está desmarcado de su dependencia de Estados Unidos, como ya lo hizo en los años 90 de su antigua dependencia de la Unión Soviética, porque los primeros gobiernos de India eran bastante socialistas. En un mundo cada vez menos multilateral y coordinado, India está buscando alianzas individuales y hay países como Francia que han sabido leer la situación. Desde Europa, aunque es lógico que las miras geopolíticas se centren en los países vecinos de la Unión, no se debe dejar de prestar atención a la India y los países de Asia, —incluida China, por supuesto, pero no solo— porque cualquier crisis allí pueda desencadenar problemas aquí y porque se van a convertir en las principales potencias del mundo.

"El actual gobierno de India es muy autoritario, pero también de cara al exterior proyecta una imagen de solidez y de asertividad"

P. En un momento del libro dices "más de mil trescientos millones de personas se pasan la vida haciendo cola en India". La también tiene consecuencias internas, con millones de personas que dependen de la agricultura como principal medio de vida y fuente de alimentos en la India. ¿Cómo puede afectar la escasez a la política interna?

R. Creo que no va a llegar la sangre al río, primero porque como la sociedad está tan dividida y tan estratificada, es muy difícil que los actores implicados, incluidos los más vulnerables, encuentren puntos en común para ir todos a una. Te pongo un ejemplo de la pandemia. La gente de las clases medias y las clases medias altas —mis vecinos, por ejemplo—, estaban más preocupados por saber quién les iba a limpiar el coche o quién les iba a sacar a pasear al perro —es decir, por cómo iban a mantener su calidad de vida—, que por la situación que estaba pasando la gente que se encargaba de limpiarle el coche y pasear al perro. Como hay tanta mano de obra, mucha gente trabaja por cuatro duros haciendo las labores diarias y quienes los emplean están desconectados por completo de la realidad. Mira a los trabajadores migrantes de ciudades grandes como Mumbai o Delhi que tuvieron que irse a pie porque no había trabajo, recorriendo decenas de cientos de kilómetros hasta sus poblaciones de origen. Por eso no pienso que vaya a haber una revuelta social considerable. Si no la hubo ya los problemas que tuvieron con los granjeros y los agricultores hace año y medio, no la va a haber ahora. La sociedad está demasiado fragmentada y a nadie le importa lo que le ocurra al de arriba o al de abajo.

P. Hablamos mucho de China, pero India es el elefante en la habitación de la guerra de Ucrania. Se ha abstenido en sucesivas votaciones en el Consejo de Seguridad, la Asamblea General y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU que condenaban la agresión rusa en Ucrania y hasta ahora se ha negado a señalar a Rusia de manera abierta.

R. Rusia siempre ha sido un aliado de India, desde su nacimiento, cuando era la Unión Soviética y luego, a posteriori, con todos los gobiernos rusos. No me extraña nada que haya apoyado tácitamente o que esté mirando hacia otro lado durante la guerra de Putin en Ucrania. Lo que sí que me sorprende es, valga la redundancia, la sorpresa y la indignación que causa en el exterior. India es muy consciente también de las espantadas y de las intervenciones de naciones europeas en Asia y en Oriente Medio. Lo ha comentado el ministro de Exteriores indio, que Europa o Estados Unidos no pueden andar señalando a India por estar apoyando a un país u otro, cuando ellos han apoyado intervenciones en el extranjero o exportado la democracia a su manera, aquí y allá. Lo llamativo es el grado de teatralización de la sorpresa por parte de las naciones europeas, cuando no tienen ningún problema en financiar, apoyar o incluso liderar guerras en otras latitudes.

Foto: El presidente ruso Vladimir Putin (i), el primer ministro indio Narendra Modi (c) y el presidente chino Xi Jinping (d).

P. ¿Qué nos dice sobre el Indopacífico que en medio de la Guerra de Ucrania los países del 'QUAD' sigan profundizando su alianza de seguridad?

R. Estas dos situaciones puestas en paralelo y en perspectiva son el mejor ejemplo de que las potencias occidentales tienen la necesidad de hacer frente en el Pacífico a China y, ahí sí, sus intereses confluyen con los de India, mientras que Modi tiene otras prioridades en su relación con Rusia y actúa en consecuencia respecto a Ucrania. La administración estadounidense es consciente de que la situación política es así y de nada vale hacer muchos aspavientos. Con sus muchísimos defectos y con el temor que debería causar en el resto de naciones democráticas, Modi es muy inteligente y sabe leer que la política internacional se ha fragmentado. Lo que busca a día de hoy son alianzas particulares en temas de interés nacional para India. Es muy astuto como político, aunque utilice su astucia para perseguir objetivos de dudoso calado moral, por ponerlo suavemente.

P. ¿Tenían razón quienes hablaban del S.XXI como el siglo de Asia? ¿Vamos hacia un dominio político, cultural y económico del continente?

R. Vamos hacia allí, pero no sé si de manera tan vertiginosa. Nos hemos acostumbrado a mirar la realidad a través de la lente de las redes sociales, parece que todo cambia, que todo es muy voluble y líquido y no sé hasta que punto el desplazamiento hacia Asia se va a producir en este siglo o el siguiente. Porque, como te decía antes, la política también es un juego de de proyecciones y de percepciones. Sí las principales potencias como Estados Unidos y Rusia siguen proyectándose al mundo como los líderes inalterables, aunque dejen de serlo, es difícil que cambie la perspectiva de los medios de comunicación y por ende la de la sociedad civil o los historiadores, que serán los que configuren el marco histórico y político con el que se analizará este siglo. Pero el auge asiático es real, porque es allí donde se encuentra la mano de obra, la inversión y la capacidad tecnológica.

Cuando a mediados de este mes de mayo el trigo alcanzó una subida del 53% en lo que va de año en los mercados, la mitad del mundo miraba a Ucrania y la otra a India. La invasión de Putin ha bloqueado al primer exportador de cereales, del que depende buena parte del suministro global, y el primer ministro indio, Narendra Modi, se ofreció en abril como alternativa para "alimentar al mundo". Sin embargo, unas semanas más tarde, el Gobierno indio anunció la prohibición de las exportaciones de trigo por sopresa, puso en alerta a propios y extraños y empujó otro 6% los precios.

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