Es noticia
Menú
El país de la neutralidad de hierro: por qué Austria ni se plantea la entrada en la OTAN
  1. Mundo
Alianzas no, gracias

El país de la neutralidad de hierro: por qué Austria ni se plantea la entrada en la OTAN

Las encuestas muestran que más de un 70% de los austriacos rechaza la adhesión a la OTAN, una muestra de que la neutralidad sigue siendo una prioridad. Pero ¿cuánto más puede un país europeo quedarse al margen?

Foto: Desfile de las fuerzas armadas de Austria, en Viena. (Reuters/Leonhard Foeger)
Desfile de las fuerzas armadas de Austria, en Viena. (Reuters/Leonhard Foeger)
EC EXCLUSIVO Artículo solo para suscriptores

“Hoy nos despertamos en un mundo diferente”. Fue la frase con la que la ministra de Relaciones Exteriores alemana, Annalena Baerbock, adelantaba el pasado 24 de febrero, día del inicio de la invasión rusa de Ucrania, los movimientos tectónicos que se avecinaban en la geopolítica continental. Meses después, sus palabras no suenan a exageración. La Unión Europea trabaja, tras años de inmovilismo, para eliminar por completo su dependencia del gas ruso; la pacífica Alemania ha comenzado a reconstruir su ejército, y Dinamarca va camino de volver a la política de defensa común de la UE. El giro más inédito, no obstante, es aquel que se ha producido en Suecia y Finlandia, dos países con décadas de neutralidad a sus espaldas que ahora están a punto de ingresar en la OTAN.

Pero ese 'mundo diferente' no parece serlo tanto para otros países que tienen la neutralidad inscrita en su ADN político. Tal es el caso de Austria, una nación en la que la cuestión de la adhesión a la OTAN continúa siendo prácticamente un tabú. Todas las encuestas recientes muestran que más de un 70% de los ciudadanos austriacos la rechaza. El canciller del país, Karl Nehammer, aseveró recientemente que la neutralidad “no estaba sujeta a debate”. La principal líder de la oposición, Pamela Rendi-Wagner, reitera cada vez que puede que la posición neutra austriaca "no es negociable". A día de hoy, no existe un solo partido político relevante en la nación centroeuropea que abogue por la entrada en la Alianza.

Foto: Entrenamiento de un batallón danés tras la invasión rusa de Ucrania. (EFE/Bo Amstrup)

La no alineación es tan popular en Austria que ningún político quiere ser quien abra ese melón, por lo que la neutralidad continúa forjada a fuego en todo el abanico ideológico del país. "Tal como está la opinión pública, la política no quiere tocar el tema", confirma Paul Schmidt, secretario general de la Austrian Society for European Politics, en entrevista con El Confidencial. Sin embargo, eso no significa que el debate al respecto esté muerto. Recientemente, un grupo de 50 personalidades destacadas austriacas —entre ellas, expertos empresariales, militares, políticos, académicos y activistas de la sociedad civil— planteó el problema públicamente. En una carta abierta, pidió al presidente federal, Alexander van der Bellen, que examinara de forma independiente si la política de neutralidad del país era adecuada para los tiempos.

Una 'isla' en el corazón de Europa

Uno de los factores principales que distinguen la neutralidad de hierro austriaca del giro reciente de Suecia o Finlandia es su distinta realidad geográfica. No es lo mismo compartir más de 1.300 kilómetros de frontera con Rusia que estar situado en el centro de Europa y rodeado casi por completo por miembros de la OTAN. Viena no tiene que unirse a ninguna alianza militar para beneficiarse de una cláusula de asistencia mutua en caso de guerra. Para invadir el territorio austriaco, cualquier ejército invasor primero debería atacar a un miembro de la Alianza Atlántica.

"Hasta ahora hemos estado muy cómodos, porque es como si fuéramos una isla de neutralidad", señala Schmidt. "La cuestión es cómo se define hoy en día el concepto de neutralidad en un mundo que ha cambiado tanto desde el 24 de febrero. La política austriaca piensa que solo puede perder si activa este debate ahora mismo, pero es un debate necesario", advierte el analista. La carta abierta de expertos llamaba precisamente a lanzar "una discusión seria a nivel nacional" sobre la política de seguridad y defensa de Austria a la luz de la guerra en Ucrania. "Nuestra neutralidad, interpretada de manera muy flexible en la práctica, nunca ha sido reevaluada de cara a las necesidades actuales, sino elevada al mito de supuestamente intocable", plantea la misiva.

Efectivamente, la neutralidad austriaca está profundamente arraigada en la memoria colectiva de sus ciudadanos. Al igual que Alemania, el país fue ocupado por las fuerzas aliadas tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y dividido en cuatro zonas de ocupación (controladas por Francia, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Soviética). Durante este periodo de partición, que se extendió durante una década, la prioridad política absoluta para los principales partidos políticos (y para una población aterrorizada de que su país se volviera un escenario de confrontación entre la URSS y Occidente, como lo estaba siendo Alemania) era la recuperación de la soberanía total.

Tras la muerte de Stalin, varias delegaciones austríacas fueron a Moscú en 1954 y 1955 para negociar el fin de la ocupación. Aunque más adelante se supo que la Unión Soviética de Nikita Khrushchev ya había decidido por su cuenta ofrecer la soberanía a Austria a cambio de neutralidad, para los negociadores que consiguieron este trato, se trató del mayor éxito posible. Aún a día de hoy, la neutralidad está asociada en el país con la recuperación de la libertad y con la idea de que una diplomacia inteligente con Rusia evitó un 'muro de Viena' similar al de Berlín. "En Austria existe una relación emocional con la neutralidad. Para muchos, forma parte de la identidad del país", asegura Schmidt.

Una relación beneficiosa con Moscú

La ley de neutralidad de Austria de 1955 se basa en tres pilares: el rechazo a cualquier adhesión a una alianza militar, la prohibición de desplegar tropas en el extranjero de forma permanente y el vato a la participación en guerras extranjeras. Una compromiso que se encuentra consagrado en la propia Constitución del país.

Durante décadas, Austria ha exprimido su posición neutral todo lo que ha podido. La capital del país alberga la tercera sede de la ONU (después de Nueva York y Ginebra), además de la sede del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y las secretarías de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO), entre otros. Además, Viena fue el lugar elegido para acoger las negociaciones sobre el acuerdo nuclear con Irán (JCPOA) entre 2014 y 2015 y desde 2021 hasta la fecha.

Pero más allá de convertir su capital en una sopa de letras de organismos internacionales, la neutralidad austriaca también le sirvió durante mucho tiempo al país para escudarse ante las críticas por su relación cercana con Rusia. Después de la anexión de Crimea por parte de Vladímir Putin en 2014, Austria fue el primer país occidental en recibir al presidente ruso de visita. El Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), de extrema derecha y durante años socio del Gobierno del país, criticó con frecuencia las sanciones de la UE contra Moscú y elogió al país como un bastión del conservadurismo cultural.

Karin Kneissl, ministra austriaca de Relaciones Exteriores durante el primer Gobierno de Sebastian Kurtz, entre 2017 y 2019, es el ejemplo más extremo de hasta dónde llega la rusofilia en ciertas altas esferas del país. En 2018, la diplomática invitó a su boda al propio Putin, quien apareció con un coro de cosacos a cuestas, realizó un brindis en alemán y bailó con la novia. Recientemente, Kneissl ha escrito varias piezas de opinión para Russia Today, el principal brazo de la maquinaria propagandística de Moscú. También formaba parte hasta la semana pasada, justo al excanciller alemán Gerard Schroeder, del directorio de la petrolera rusa Rosneft.

El 80% del gas consumido en Austria continúa procediendo de territorio ruso, una de las mayores dependencias del continente

Esta cercanía política con Rusia se relajó a partir de 2019 a raíz del colapso del Gobierno de Kurtz junto al FPÖ. Sin embargo, los lazos económicos continuaron tan fuertes como siempre. Moscú es el segundo mayor inversor extranjero en Austria, solo por detrás de Alemania, con aportaciones superiores a los 20.000 millones de euros en 2020. Raiffeisenbank International, el segundo banco más grande del país, obtuvo el 35% de sus ganancias en 2021 en Rusia, donde emplea a 9.300 trabajadores. Tres meses después del inicio de la actual invasión rusa de Ucrania, el 80% del gas consumido en el país continúa procediendo de territorio ruso, una de las mayores situaciones de dependencia del continente.

¿Y ahora, qué?

Al igual que en Alemania, el despertar de Austria a raíz de la decisión de Putin de lanzar una invasión a gran escala de Ucrania ha sacado a relucir las vergüenzas de su cercanía con Rusia. "Los medios de comunicación austriacos están siendo muy críticos con unos políticos que nunca supieron leer los planes de Putin y que siempre han estado buscando una cercanía con el presidente ruso de manera exagerada", indica Schmidt.

En abril, el canciller Nehammer volvió a intentar sacar a relucir su condición neutral al convertirse (previo viaje a Ucrania) en el primer jefe de Estado occidental en viajar a Moscú desde el comienzo de la invasión. Pero fue una visita que, como él mismo reconoció, le dejó una impresión pesimista de la situación actual. "Putin ha entrado de lleno en una lógica de guerra", lamentó el mandatario. La reunión concluyó sin compromiso alguno por parte del mandatario ruso, que probablemente no ve a Austria con otros ojos que con los que observa al resto de integrantes de la Unión Europea. "Putin no piensa que Austria es un país neutral, porque, como el resto de Estados miembros de la Unión Europea, tiene políticamente muy claro que está del lado de Ucrania", señala el analista austriaco. "El que sea militarmente neutral, para Rusia no importa nada", agrega.

Foto: Protesta en apoyo a Ucrania en la emblemática Puerta de Brandenburgo en Berlín. (Reuters/Fabrizio Bensch)

Por este motivo, muchos expertos apuntan a que hace tiempo que la supuesta neutralidad austriaca quedó obsoleta en la arena internacional. Como Estado miembro de la UE, la supuesta política exterior independiente de Austria es considerablemente limitada. El país también está integrado en la política de seguridad común de la Unión, la cual, aunque establece ciertas excepciones para las naciones neutrales, sigue implicando un compromiso de apoyo militar en caso de ataque a cualquiera de los Veintisiete. Como el resto de la Unión Europea, Austria ha condenado duramente las acciones de Rusia y ha impuesto sanciones en su contra.

A corto plazo, está claro que la opción de entrar en la OTAN no está sobre la mesa austriaca, pero el retumbar de la mayor crisis geopolítica europea desde el final de la Segunda Guerra Mundial no perdona a nadie. Al igual que la mayoría de sus socios europeos, Austria se ha visto obligada a anunciar un considerable aumento de su escaso presupuesto militar. La sacrosanta neutralidad, tarde o temprano, también tendrá que ser reevaluada. "En el mundo actual, la neutralidad como tal ha muerto. Pero cuando la neutralidad forma parte de la identidad, por lo menos se debe intentar hacer algo más útil con ella", evalúa Schmidt. "Hay que reflexionar cómo reactivar esta neutralidad, cómo ser más activo a nivel europeo y también a nivel mundial", concluye.

“Hoy nos despertamos en un mundo diferente”. Fue la frase con la que la ministra de Relaciones Exteriores alemana, Annalena Baerbock, adelantaba el pasado 24 de febrero, día del inicio de la invasión rusa de Ucrania, los movimientos tectónicos que se avecinaban en la geopolítica continental. Meses después, sus palabras no suenan a exageración. La Unión Europea trabaja, tras años de inmovilismo, para eliminar por completo su dependencia del gas ruso; la pacífica Alemania ha comenzado a reconstruir su ejército, y Dinamarca va camino de volver a la política de defensa común de la UE. El giro más inédito, no obstante, es aquel que se ha producido en Suecia y Finlandia, dos países con décadas de neutralidad a sus espaldas que ahora están a punto de ingresar en la OTAN.

Austria Política exterior OTAN Segunda Guerra Mundial Vladimir Putin Ucrania Finlandia
El redactor recomienda