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Cómo los secretos de la cultura militar rusa explican la pobre actuación de su Ejército
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El abuso es la ley

Cómo los secretos de la cultura militar rusa explican la pobre actuación de su Ejército

La 'dedovshchina' designa en Rusia a los ritos iniciáticos de los reclutas e ilustra los abusos que se viven dentro de sus Fuerzas Armadas. Son una de las razones de la baja moral y los errores del Ejército ruso en Ucrania

Foto: Convoy de tanques rusos en Mariúpol. (Reuters/Alexander Ermochenko)
Convoy de tanques rusos en Mariúpol. (Reuters/Alexander Ermochenko)
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El día de año viejo de 2006, en la Academia de Tanques de Cheliábinsk, el joven recluta Andréi Sychov, de 19 años, fue golpeado y forzado a estar en cuclillas durante cerca de tres horas. Dos semanas después, los médicos tuvieron que amputarle las piernas y los genitales debido al avance de la gangrena. Si conocemos este caso, uno de los más sonados de Rusia, fue porque el médico que trató a Sychov decidió romper la ley del silencio que le había impuesto la jerarquía militar.

La ordalía de Sychov es solo un ejemplo de la llamada 'dedovshchina', la cultura del abuso que prolifera en las barracas rusas desde tiempos de Pedro el Grande. La 'dedovshchina', que puede traducirse como "gobierno de los abuelos" o "ley de los abuelos", es la novatada de toda la vida, solo que elevada a niveles sistemáticos de terror y maltrato. La razón principal, según la Unión de Comités de Madres de Soldados, por la que el 44% de las muertes de reclutas rusos se deben al suicidio. Proporciones mucho mayores a las de cualquier otro Ejército moderno.

Foto: Un tanque ruso, en las afueras de Járkov. (EFE/Sergey Kozlov)

Aquí puede estar uno de los secretos de la mala actuación del Ejército ruso en Ucrania, lastrada por la baja moral y la falta de entrenamiento de muchos de los reclutas, que forman una parte indeterminada, posiblemente sustancial, de las tropas invasoras. "El Ejército ruso, pese a los intentos de reforma desde los años 90, no ha logrado evolucionar a gran escala", dice Jeff Hawn, miembro no residente del Newlines Institute for Strategy and Policy y experto en la emergencia de la Rusia moderna. "Ninguno de esos esfuerzos se centró en cambiar la cultura de base. Y es una cultura fundamentada en la extrema brutalidad hacia sus propias filas".

Hasta el año 2008, el servicio militar obligatorio en Rusia duraba dos años. Este era uno de los marcos habituales en que se daba la 'dedovshchina': los reclutas del segundo año, llamados 'dedy' ('abuelitos') abusaban de los del primero, apodados 'dujy' ('espíritus'). Una de las tradiciones, la 'stodnevka' (mezcla de las palabras 'cien' y 'días'), dictaba que los novatos, durante lo primeros 100 días de servicio militar, depositaran, cada noche, un cigarrillo bajo la almohada de aquellos reclutas que ya estaban en sus últimos 100 días de servicio. Si el 'dujy' no cumplía con su deber hacia el 'dedy', podía ser sometido a los abusos más inhumanos. Es habitual que los 'dujy' den su comida o su dinero a los 'dedy', y algunos acaban siendo esclavos sexuales.

La reforma de las fuerzas rusas

En 2008, después de que el caso de Andréi Sychov y otros afloraran a la opinión pública, el Kremlin redujo el servicio militar a un año. La intención era limitar la 'dedovshchina' y hacer la experiencia más breve y llevadera. Aun así, pese a las declaraciones oficiales que aseguran que el abuso extremo es cosa del pasado, sigue habiendo un problema de brutalidad en el Ejército. Solo en 2018 hubo más de 1.100 militares condenados por abuso de poder; 372, por violencia.

En uno de estos casos, un recluta, Artióm Pajótin, fue sorprendido fumando en una letrina. Sus compañeros le dibujaron un pene en la frente. Con una navaja. Dos semanas después, Pajótin se suicidó con su AK-47 reglamentario durante unos entrenamientos. En 2019, un recluta de 20 años asesinó a ocho compañeros aduciendo que abusaban de él y que habían amenazado con violarlo.

Como consecuencia de estos casos, y de la vida generalmente dura y ascética de las barracas rusas, el servicio militar obligatorio es algo que la inmensa mayoría de los rusos intenta evitar. Según el Institute for the Study of War, cada año, 1,2 millones de rusos son elegibles para hacer la mili, pero solo acaban sirviendo 400.000. Las otras dos terceras partes se libran por razones médicas, sobornos, contactos familiares o porque están estudiando. El servicio militar es uno de los grandes incentivos educativos de Rusia.

Foto: Tropas prorrusas, en Donetsk. (Reuters/Alexander Ermochenko)

El resultado es que, por un lado, los reclutas del Ejército ruso proceden mayoritariamente de ambientes humildes y remotos, muchas veces sin cañerías y con graves problemas sociales. Cuando nos llegan informaciones de soldados rusos rindiéndose entre lágrimas o llamando a sus madres, o vemos las imágenes de los convoyes militares cargando lavadoras de vuelta a Rusia, este es el contexto: se trata, muchas veces, de adolescentes muy pobres, sin estudios, que ni siquiera sabían, cuando firmaron el acta de reclutamiento, que serían enviados a una guerra que ya ha matado un número incalculable de rusos: puede que hasta 20.000, según Reino Unido. Por otro, esta cultura jerárquica y brutal daña la moral de las filas, atasca la cadena de mando y dificulta la formación de buenos suboficiales.

"Rusia ha dado pasos tentativos para formar un cuerpo de suboficiales", explica Jeff Hawn. "Pero la mayor parte, especialmente entre los reclutas, no son suboficiales profesionales. Esto significa que se tienen que nombrar suboficiales de prestado, de entre los reclutas. Esencialmente, no tienen control sobre las barracas. El abuso es un gran problema porque los oficiales rusos y los alistados [aquellos que entran al servicio voluntariamente] están ampliamente separados y no tienen un cuerpo de suboficiales que actúe de puente".

Foto: El capitán Chaika en Saltivka, un barrio de Járkov. (KAP)

Y aquí está una de las explicaciones, dice Hawn, por las que Ucrania ha podido matar una proporción tan alta de oficiales rusos: incluidos 12 generales. La cadena de mando es tan poco fiable que los jefes rusos tienen que estar en el frente, supervisando y cerciorándose de que se cumplen sus órdenes. Esto, sumado al pésimo sistema de comunicaciones, que permite rastrear con facilidad la posición del enemigo, explicaría la alta mortandad de los oficiales rusos en Ucrania.

Otra agravante, a raíz de la reducción del servicio militar a un año emprendida en 2008, es que los reclutas casi no tienen tiempo de recibir un entrenamiento adecuado ni de formar vínculos de camaradería. Otra de las dimensiones presentes en su desempeño bélico, marcado, entre otras cosas, por desafíos logísticos de todo tipo. Algunos prácticamente no habían conducido un camión hasta invadir Ucrania.

Foto: Un soldado ucraniano patrulla en la región de Donetsk. (EFE/EPA/STR)

Pero no todos los aspectos del estamento militar de Rusia son tan poco halagüeños. "La reorganización se ha centrado, fundamentalmente, en la modernización", explica Jeff Hawn. "El Ejército ruso ha pasado de tener regimientos y divisiones a Equipos de Brigadas de Combate (...). Y hemos visto que Rusia ha tenido mucho éxito en operaciones a pequeña escala, como en Siria, o en su reciente despliegue en Kazajistán. También han actualizado los equipamientos y los han distribuido", continúa. "El problema es que estas reformas solo se centraron en cambiar la doctrina. No en cambiar la mentalidad o la cultura del Ejército, que sigue siendo muy vertical, y estando centrada en seguir las órdenes que vienen de la cadena de mando. Casi no hay énfasis en la iniciativa de los soldados, o unidades, u oficiales".

En este punto de la guerra, el desgaste humano del Ejército ruso, aunque Moscú no haya dado cifras oficiales, pueden ser, a todas luces, monumental. Sus grupos de batallones tácticos están degradados y hay indicios de una movilización subrepticia en Rusia para reponer estas unidades, lo cual puede llevar meses. Una cosa es reclutar y otra formar, armar y liderar. Otro de los problemas estructurales es que los arsenales de armas modernas se estarían agotando, y los rusos dependerían cada vez más de los envejecidos aparejos soviéticos. Pero esa es otra historia

El día de año viejo de 2006, en la Academia de Tanques de Cheliábinsk, el joven recluta Andréi Sychov, de 19 años, fue golpeado y forzado a estar en cuclillas durante cerca de tres horas. Dos semanas después, los médicos tuvieron que amputarle las piernas y los genitales debido al avance de la gangrena. Si conocemos este caso, uno de los más sonados de Rusia, fue porque el médico que trató a Sychov decidió romper la ley del silencio que le había impuesto la jerarquía militar.

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