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Tijanóvskaya: "Lukashenko ve que Rusia está perdiendo la guerra y quiere mostrar que no está de su lado"
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Entrevista: líder de la oposición bielorrusa

Tijanóvskaya: "Lukashenko ve que Rusia está perdiendo la guerra y quiere mostrar que no está de su lado"

Con la invasión rusa de Ucrania, la Bielorrusia de Lukashenko se convirtió en lanzadera de las tropas rusas

Foto: La líder de la oposición bielorrusa, Svetlana Tijanóvskaya. (EFE/Rafal Guz)
La líder de la oposición bielorrusa, Svetlana Tijanóvskaya. (EFE/Rafal Guz)
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Más de año y medio después de las protestas masivas que pusieron en la cuerda floja el Gobierno de Aleksandr Lukashenko en Bielorrusia, Svetlana Tijanóvskaya sigue siendo el rostro de la oposición en el exterior. La posición de Lukashenko y la propia Bielorrusia, en cambio, es muy diferente. Como en un pacto con el diablo, Lukashenko ató ese verano de 2020 su destino al del presidente ruso, Vladímir Putin, que lo ayudó a mantenerse en el poder. Con la invasión rusa de Ucrania, la Bielorrusia de Lukashenko se convirtió primero en lanzadera de las tropas rusas, que avanzaron desde territorio bielorruso en su intento de conquistar Kiev, y ahora en eterna amenaza en el norte con el incesante movimiento de tropas en la frontera con Ucrania, aunque sin llegar a entrar nunca directamente en combate, en una última resistencia de Lukashenko a los designios del Kremlin. Pero hay también otra Bielorrusia, la de la oposición interna, que organiza actos de sabotaje contra las tropas rusas o que incluso lucha, en varios batallones de voluntarios, en territorio ucraniano contra Moscú.

Para Tijanóvskaya, de visita en Madrid esta semana, la aparente resistencia de Lukashenko a entrar directamente en el conflicto es, precisamente, por esa 'guerra partisana' interna en Bielorrusia y, tras los fracasos militares rusos, un intento de salvar su posición como interlocutor con Occidente. "Lukashenko ve que Rusia está perdiendo la guerra y quiere mostrar que no está de su lado", asegura la opositora en entrevista con El Confidencial.

PREGUNTA. ¿Cree que la invasión rusa de Ucrania ha reforzado a Lukashenko, en el sentido de que la gente ha visto lo que ha pasado y no quiere entrar en ese conflicto con Rusia?

RESPUESTA. Lukashenko no tiene el apoyo del pueblo bielorruso. Desde 2020, el pueblo bielorruso no ha parado ni un día de luchar contra Lukashenko. No con manifestaciones, sino de manera soterrada, 'underground'. Y el hecho de que Lukashenko haya arrastrado el país a esta guerra, porque está pagando sus deudas con Putin en primer lugar... Él se ha convertido en cómplice de esta guerra en contra de la voluntad del pueblo: [la guerra de Ucrania] ha debilitado la posición de Lukashenko.

Por supuesto, para el Kremlin parece un aliado, pero a los ojos del pueblo bielorruso, que siempre ha tenido una buena relación con Ucrania y que ni en sus peores pesadillas podría haberse imaginado que un día Bielorrusia se convertiría en coagresor en ninguna guerra, es un terrible fallo. Y es responsabilidad total de Lukashenko, por lo que ha hecho. Lukashenko es un colaboracionista en esta guerra, pero el pueblo bielorruso está en contra de la guerra.

Foto: Los presidentes de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, y Rusia, Vladímir Putin. (Reuters)

P. ¿Qué papel juegan entonces los bielorrusos en el conflicto de Ucrania?

R. Desde 2020 ya no hay grandes manifestaciones [como las masivas del verano poselectoral] por la increíble oleada de represión. Pero cuando empezó la guerra, en la primera semana, más de 100.000 personas salieron a las calles. La gente sabía que iba a ser detenida, que iba a ser torturada en prisión. Pero era nuestra obligación mostrar a los ucranianos que no estamos con el régimen. No estamos de lado del régimen y las tropas rusas.

Las vías de tren [por ejemplo] están inutilizadas ahora mismo en Bielorrusia porque [activistas] han interrumpido el sistema ferroviario para detener a los equipos rusos, a los tanques rusos para ir a Ucrania a través de nuestro país. Hemos dado información al Ejército ucraniano sobre dónde se lanzaban misiles, sobre los rusos yendo a esta o aquella dirección, para que el Ejército ucraniano estuviera preparado... Cientos de hombres bielorrusos han ido a Ucrania a luchar, miles de bielorrusos que huyeron [de Bielorrusia] por la represión a Ucrania se han quedado en Ucrania y ahora trabajan como médicos, voluntarios en las fuerzas de defensa territorial. Así que el régimen bielorruso [está] con Putin; la gente, con Ucrania.

Foto: Emblema de la bandera de Bielorrusia en la manga de un voluntario. (A.A.)

P. Hablando de esta 'guerra partisana', como la ha mencionado en ocasiones anteriores. ¿Está ligada a la oposición bielorrusa? ¿Hay contactos con la oposición bielorrusa o es más bien un esfuerzo descentralizado?

R. Cuando nos llamas oposición, es como si fuéramos un partido político que se opone al régimen de Lukashenko. Pero, piensa: en Bielorrusia, un 15-17% de población apoya a Lukashenko, en su mayoría porque son parte del sistema, élites o militares. Así que miles están en la oposición. Yo no le estoy diciendo a la gente qué hacer o qué no hacer. La gente en Bielorrusia sabe por sí misma cómo actuar mejor y nosotros simplemente estamos coordinando nuestras acciones, y estamos en constante comunicación con gente en el terreno, con otros movimientos políticos o sociales en el exilio. Hacemos lo que podemos: yo puedo hacer 'lobby' para poner la cuestión bielorrusa en la agenda internacional, con los presidentes y primeros ministros de diferentes países. Eso es lo que hago yo. La gente en Bielorrusia puede repartir panfletos sobre la guerra. Pueden impedir los traslados de tropas. Pueden informar a sus familias sobre la situación real de la guerra, hablar a sus abuelas, abuelos... Movimientos de base.

Foto: Belarus opposition leader svetlana tichanovskaja visits sweden

P. Pero, aun así, Lukashenko ha intentado mantener cierta 'independencia' en la guerra. No ha llegado a enviar tropas directamente a Ucrania, como se llegó a especular. También vaivenes en sus declaraciones sobre la invasión. ¿Considera que Lukashenko ha conseguido aflojarse la soga que tiene en el cuello viendo la debilidad de Putin con la invasión? ¿Se ha desmarcado o simplemente ha cogido aire para que Europa no lo aísle tanto como a Rusia en cuanto a sanciones? Pese a todo, en los últimos días estamos viendo un mayor movimiento de tropas bielorrusas en la frontera con Ucrania. ¿Hay peligro de que acabe cediendo a la presión de Putin, aunque solo sea para una maniobra de distracción para las tropas ucranianas, enfocadas ahora en el este?

R. Lukashenko está en la correa de Putin. Putin puede acortarla o dejarla más larga, pero Lukashenko es dependiente políticamente del Kremlin. Y tiene que mostrar su lealtad. El hecho de que el Ejército bielorruso no se uniera al Ejército ruso [en la invasión a Ucrania] no es mérito de Lukashenko, sino porque los soldados bielorrusos están desmoralizados por esta guerra. No entienden por qué tienen que luchar, no están defendiendo Bielorrusia. Y por esta moral entre los soldados, oficiales del Ejército de alto rango no han dado la orden a los soldados, a pesar de que sabemos que Lukashenko ha dado esta orden: discutieron la participación de las tropas bielorrusas en la guerra de Ucrania para demostrar su lealtad total al Kremlin.

Ahora, cuando Lukashenko ve que Rusia está perdiendo esta guerra, quiere mostrar que no ha estado de su lado. Lukashenko quiere cambiar su posición, "que no he estado envuelto en esta guerra, que soy un hombre de paz". Está jugando, de nuevo, el rol que ha jugado durante muchos años de 'orilla' entre Rusia y Europa, u Occidente. Pero ahora no hay Occidente ya [que le crea]. Está deslegitimado a los ojos de Occidente, y aislado políticamente. Ya no tiene una contraparte en este juego. Pero quiere mostrar que es importante aquí. Quiere mostrar que "mira, todavía puedo solucionar algún problema", como cuando se organizó la primera ronda de negociaciones entre Rusia y Ucrania en territorio bielorruso. Quería mostrar que "todavía puedo hacer algo por vosotros". Pero nadie ya le tiene en cuenta.

Foto: El capitán Chaika en Saltivka, un barrio de Járkov. (KAP)

P. ¿Ha tenido que llegar una invasión en Europa para que la UE tome en serio las advertencias de la oposición bielorrusa sobre la influencia de Rusia en su entorno para impedir todo atisbo de una democracia funcional en su vecindario?

R. Sí. En 2020, pedimos un mayor apoyo de los países occidentales, les pedimos que abrieran los ojos para ver lo que Rusia quiere: restaurar el imperio ruso; Rusia no reconoce a Bielorrusia o Ucrania como países independientes o separados, sino que siempre los ha visto como apéndices. Y advertimos de esto. Pero el problema solo se hizo evidente [para Occidente] cuando empezó la guerra y hemos visto una reacción bastante fuerte de los países occidentales, pero también gradual. Creo que se sorprendieron por el coraje del pueblo ucraniano y eso les dio el entendimiento suficiente, incluso a políticos prorrusos [de Occidente] para cambiar su opinión. Esto nos demuestra que era necesario [para que entendieran], es una pena que se haya pagado un precio tan alto, con tantas víctimas.

Es también una oportunidad para Bielorrusia, porque el destino de ambos países está interconectado. Entendemos la importancia de apoyar a Ucrania. Cuando Ucrania sea libre, significará que Rusia es débil, que el Kremlin es débil, y, por tanto, Lukashenko es débil. Y ya estamos viendo cómo colapsará el régimen de Lukashenko. Vemos paso a paso la inseguridad de Lukashenko porque rota a la gente a su alrededor, no confía en nadie. Cuando empezó la guerra, algunos grandes negocios de Bielorrusia nos contactaron solo para ver una opción de salida en esta situación. Pequeñas, pero importantes, señales de que el régimen está colapsando.

P. Con casi dos años desde las protestas del verano de 2020 que sacudieron Bielorrusia, es normal que un movimiento se desgaste, que pierda el 'momentum' como eran esas protestas masivas. ¿Cree que le ha pasado eso a la lucha de la oposición bielorrusa?

R. No creo que hayamos perdido el 'momentum' porque quizá infraestimamos la crueldad del régimen, pensamos que solo con protestas masivas seríamos capaces de librarnos del régimen. Pero han pasado dos años y el deseo real de la gente real por cambios no ha cambiado. Quizá son pasos pequeños, invisibles, pero que crean puntos de presión sobre el régimen. Entienden que pueden ser detenidos por cualquier cosa en tu propio país, pero superas tu miedo cada día, paso pequeño a paso pequeño. La gente no está abandonando [la lucha], y eso es lo que importa, porque el régimen trató de dividir a la gente de tantas maneras en estos dos años. En la arena internacional, conseguimos explicar Bielorrusia y las posibilidades [que existen] para que la Bielorrusia del futuro sea bienvenida en la UE. Porque durante 27 años, Lukashenko nos dijo que nadie nos necesitaba, que él era nuestro padre. Que nadie nos necesitaba en Europa. Pero ahora vemos que se nos apoya, y eso le da energía a la gente. Por supuesto, sin el apoyo de los países democráticos, perderíamos la energía mucho antes. Y quizá, por eso como dices, perdimos ese “momento”, pero hemos sobrevivido.

Más de año y medio después de las protestas masivas que pusieron en la cuerda floja el Gobierno de Aleksandr Lukashenko en Bielorrusia, Svetlana Tijanóvskaya sigue siendo el rostro de la oposición en el exterior. La posición de Lukashenko y la propia Bielorrusia, en cambio, es muy diferente. Como en un pacto con el diablo, Lukashenko ató ese verano de 2020 su destino al del presidente ruso, Vladímir Putin, que lo ayudó a mantenerse en el poder. Con la invasión rusa de Ucrania, la Bielorrusia de Lukashenko se convirtió primero en lanzadera de las tropas rusas, que avanzaron desde territorio bielorruso en su intento de conquistar Kiev, y ahora en eterna amenaza en el norte con el incesante movimiento de tropas en la frontera con Ucrania, aunque sin llegar a entrar nunca directamente en combate, en una última resistencia de Lukashenko a los designios del Kremlin. Pero hay también otra Bielorrusia, la de la oposición interna, que organiza actos de sabotaje contra las tropas rusas o que incluso lucha, en varios batallones de voluntarios, en territorio ucraniano contra Moscú.

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