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¿Se puede hacer pagar a Rusia la millonaria factura de la destrucción en Ucrania?
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300.000 millones en reservas congeladas

¿Se puede hacer pagar a Rusia la millonaria factura de la destrucción en Ucrania?

La factura de la destrucción oscila entre 94.000 millones de dólares en pérdidas directas y hasta 600.000 en cómputo total con las indirectas

Foto: Destrucción en Borodyanka (Alicia Alamillos)
Destrucción en Borodyanka (Alicia Alamillos)

Cada bomba, cada misil ruso sobre Ucrania deja una cicatriz. La cifra de víctimas, civiles o militares es todavía incontable, pero los daños materiales empiezan ya a engrosar la larga lista que contabilizan las autoridades ucranianas. El objetivo, además de seguir el rastro de los estragos físicos y económicos de la invasión rusa, es a futuro: compilar la cuenta que, en su opinión, Rusia debería pagar.

Cerca de 35,2 millones de metros cuadrados de parque de viviendas, 23.800 kilómetros de carreteras, al menos 208 fábricas, 156 almacenes, 295 puentes o pasos elevados, 12 aeropuertos civiles… han sido destruidos o dañados por la invasión rusa. “Y no se informa de todo, por lo que estamos subestimando las pérdidas reales, que podrían aumentar en un 20 o 30% porque hay zonas a las que no tenemos acceso, como las ciudades ocupadas [como Mariúpol]”, explica Tymofiy Mylovanov, director de la Escuela de Economía de Kiev (KSE), que en colaboración de las autoridades ucranianas están llevando el análisis de las pérdidas específicas de la destrucción rusa en cuanto a infraestructura del país. El coste, traducido por un modelo del KSE adaptado de otros modelos de reconstrucción propuesto por el Banco Mundial (BM), es al menos de 94.000 millones de dólares. Añadiendo a estas pérdidas directas otras indirectas, como la caída del PIB (de un 45% según estimaciones del BM), la pérdida de inversiones, el despeñe de la fuerza de trabajo…, la factura se coloca entre los 564.000 y 600.000 millones de dólares.

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Ucrania, arrasada: 10 datos para comprender la magnitud de la invasión rusa
Alicia Alamillos Lucas Proto Infografía: Rocío Márquez Diseño: Laura Martín Formato: Luis Rodríguez

Con la invasión rusa replegándose al este del país -tras la retirada de las tropas rusas de la zona de Járkov (noreste), el nuevo foco de la ofensiva del Kremlin parece centrarse en la provincia de Luhansk, la más oriental de todas y de la que ya controlan el 90% de territorio-, cada vez más voces ponen sobre la mesa la posibilidad de que sea Rusia, como país agresor, el que se encargue de esas ‘reparaciones de guerra’ para reconstruir Ucrania. Un esfuerzo que, atendiendo a los datos del nivel de destrucción que ofrece el KSE, rivalizará con lo visto tras la Segunda Guerra Mundial.

En la Unión Europea, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, abrió el debate sobre la opción de utilizar los activos (y también bienes, como mansiones, terrenos o yates) congelados en Europa de oligarcas y figuras cercanas al Kremlin que han sido sancionados para contribuir a la financiación de la futura -aunque Kiev quiere que se empiece cuanto antes- reconstrucción del país. Pero realmente el ‘botín’ goloso serían miles de millones de dólares en reservas de divisas del Banco Central ruso depositadas en bancos extranjeros. El pasado marzo, la propia Rusia señaló que las sanciones del Banco Central habían congelado unos 300.000 millones de dólares en reservas de oro y divisas, casi la mitad de sus estimadas 600.000 millones.

“Estoy absolutamente convencido de que es extremadamente importante no sólo congelar los activos, sino también hacer posible confiscarlos, para que estén disponibles para la reconstrucción del país [Ucrania]”, declaró Michel en una entrevista con la agencia ucraniana Interfax.

El 'botín' son las 300.000 millones en reservas de divisas y oro congeladas

El Alto Representante de la diplomacia europea, el español Josep Borrell, recogió el guante y reincidió en la idea la semana pasada. Para el diplomático, la pregunta de cómo pagar la reconstrucción de Ucrania es una de las cuestiones políticas cruciales dada la "increíble cantidad de dinero" que estará involucrada, por lo que es clave empezar cuanto antes una discusión de los métodos para garantizar que las "compensaciones de guerra" provengan de Rusia. Y la opción de utilizar los activos congelados por la UE está sobre la mesa. “[Yo] estaría muy de acuerdo porque es muy lógico”, aseguró en una entrevista en el medio ‘Financial Times’. “Tenemos el dinero en nuestros bolsillos y alguien tendría que explicarme por qué [utilizar los activos congelados] es una opción para el dinero afgano y no para el dinero ruso”, añadió, en referencia a una propuesta del presidente estadounidense Joe Biden de utilizar las reservas congeladas del banco central afgano para financiar compensaciones a las víctimas del terrorismo, lejos de las manos de los talibanes que desde septiembre pasado controlan el país.

Foto: Un hombre en la ciudad de Borodyanka, tras la salida de las tropas rusas. (EFE/Oleg Petrasyuk)

Pocos días después de la entrevista de Borrell, un grupo de eurodiputados de los principales grupos del Parlamento Europeo (populares, socialistas, liberales, verdes y ultraconservadores), lanzaron una iniciativa para reclamar a la Comisión Europea que apruebe de manera urgente “un proyecto legislativo para disponer de un marco claro que permita reutilizar el tesoro de Putin en la protección y reconstrucción de Ucrania”.

La idea ha calado entre los ucranianos. El propio nombre del proyecto que lidera Mylovanov lo deja cristalino desde su título: "Rusia pagará". "Los ucranianos saben que pueden contar con el apoyo continuo de los socios internacionales. Sin embargo, sería un acto de justicia histórica hacer que Rusia pague por la devastación causada por la guerra de Putin. Nadie en Ucrania espera que Rusia lo haga voluntariamente, por supuesto. En cambio, la comunidad internacional debe obligar a Moscú a cubrir el costo de la reconstrucción de Ucrania", asegura Kira Rudyk, diputada ucraniana y líder del partido proeuropeo 'Voice'.

Poca base legal

Como en Europa, Estados Unidos también ha tanteado terreno en esa dirección. Biden ha propuesto que los activos incautados a los oligarcas sancionados “se vendan” para “remediar el daño causado por Rusia y ayudar a construir Ucrania”. El caso de las reservas de Afganistán -en febrero, Biden firmó una orden ejecutiva para liberar 7.000 millones de reservas afganas congeladas para dividirlas entre ayuda humanitaria y víctimas estadounidenses del terrorismo- ya han sentado un precedente. El mes pasado, la secretaria del Tesoro de EEUU, Janet Yellen, aseguró sin embargo que no es algo que se pueda “hacer a la ligera”, sino solo en coordinación con los aliados y, probablemente, tras un cambio legislativo en el propio EEUU. Un movimiento unilateral en este sentido, o sin el marco legal específico, generaría alarma y tensiones en las relaciones de la UE y EEUU con otros gobiernos.

Hasta el momento, las sanciones solo impiden que los propietarios de los activos dispongan de ellos, pero sin una condena legal, siguen perteneciéndoles y podrían recuperarlos en la eventualidad de que, tras el conflicto, se levantaran las sanciones contra ellos y contra Rusia. El propio Michel, con formación de abogado, lo dejó claro también en la entrevista, asegurando que "no es tan simple" y significaría un "largo y difícil proceso".

Foto: El puerto de Odesa, bloqueado. (Reuters/Valentyn Ogirenko)

“Tiene que ser algo político, porque no se puede esperar a ir a los tribunales, algo que tomará muchísimo tiempo. Se necesita tomar una decisión política de este tipo de apoyo a Ucrania”, defiende por su parte Mylovanov, quien ejerció como ministro de Economía ucraniano entre 2019 y 2020, en entrevista con El Confidencial. “Nos tomará años reconstruir [Ucrania], si no décadas, incluso si hay financiación. Con financiación será más rápido, pero si tenemos que hacerlo nosotros solos, llevará una eternidad”, apunta, señalando que ese escenario no sería de interés para la propia Unión Europea.

La reconstrucción de Ucrania no será solo levantar de nuevo los edificios, sino también el tejido económico de un país que ya sufría la lacra de la corrupción. Pero, opina Mylovanov, es importante comenzar el proceso de reconstrucción ahora, pese a que la guerra siga activa, para salvaguardar las partes todavía funcionales de la economía ucraniana. Si se espera más, el agujero económico ucraniano será aún más profundo y más costoso. Según las declaraciones del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski en una reciente conferencia de donantes, la financiación debe ser masiva y “análoga a un moderno plan Marshall”, que incluyera "tecnología, especialistas y oportunidades de crecimiento".

“Creo” -apunta además Mylovanov, en velada referencia a Alemania- “que la oportunidad de negocio en la reconstrucción de Ucrania tendría que ser también proporcional a todo lo que se ayudó. No puede ser que no se hayan enviado misiles, o material de defensa, y luego sus empresas se aprovechen”. Mientras tanto, y a la espera de que lleguen los fondos ya sean de un ‘plan Marshal’ o de las ‘reparaciones de guerra’ de Rusia, Ucrania ya está reconstruyéndose, poco a poco y a duras penas. En las ciudades reconquistadas tras la retirada rusa del norte del país los operarios empiezan a levantar de nuevo el tendido eléctrico. Desde Lviv (oeste, y más alejada de los daños de la invasión), Peter, quien con el inicio de la guerra transformó su producción de muebles a material bélico, está volviendo a realizar pedidos ‘civiles’. “Estamos volviendo, aunque cueste”, dice.

Cada bomba, cada misil ruso sobre Ucrania deja una cicatriz. La cifra de víctimas, civiles o militares es todavía incontable, pero los daños materiales empiezan ya a engrosar la larga lista que contabilizan las autoridades ucranianas. El objetivo, además de seguir el rastro de los estragos físicos y económicos de la invasión rusa, es a futuro: compilar la cuenta que, en su opinión, Rusia debería pagar.

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