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Un gallinero en un 'kibutz' y una visita inesperada: aquí nació Pegasus
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Del estrellato a estrellarse

Un gallinero en un 'kibutz' y una visita inesperada: aquí nació Pegasus

El 'software' espía encontrado en el teléfono de Pedro Sánchez era la joya de la corona de la diplomacia israelí, pero ahora afronta duras críticas en el país que lo vio nacer, hace más de 10 años

Foto: Logo del Grupo NSO. (Reuters/Dado Ruvic)
Logo del Grupo NSO. (Reuters/Dado Ruvic)
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Todo empezó en un gallinero rehabilitado como local en un 'kibutz' israelí. Shalev Hulio y Omri Lavie, dos amigos de infancia de Haifa, perseguían un objetivo: crear un 'software' capaz de penetrar en cualquier 'smartphone'. Unos años atrás, los dos jóvenes habían ideado un sistema que podía entrar en los teléfonos de sus clientes para actualizar programas, explicar su funcionamiento y buscar errores. Siempre con permiso de sus dueños, eso sí. La empresa se llamaba CommuniTake e iba viento en popa. Pero en una reunión de negocios en Europa en 2009, Hulio y Lavie vieron que el programa podía ir más allá.

Según explicaron ellos mismos en una entrevista en 'The Washington Post' en julio de 2021, durante su estancia en el Viejo Continente recibieron la visita de unos oficiales de una agencia de seguridad europea. Al principio, pensaron que se habían metido en problemas, pero nada más lejos de la realidad. Los agentes tenían una propuesta que hacerles: convertir el programa de Hulio y Lavie en un 'software' espía contra criminales y terroristas. Les pareció una gran idea. Ese sería el germen de Pegasus, el 'software' espía encontrado en el teléfono del presidente del Gobierno, líderes independentistas catalanes y mandatarios y altos funcionarios de medio planeta.

Foto:  El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE/Kiko Huesca)

Pocos meses después del encuentro con los agentes europeos, los amigos abandonaron CommuniTake, se instalaron en el gallinero y contrataron a un especialista para crear el sistema. En 2010, nacía NSO Group, iniciales de los tres fundadores, Niv Carmi (un exagente del Mosad que pronto se desvincularía de la compañía), Shalev Hulio y Omri Lavie. Su principal producto, Pegasus, fue bautizado así por el caballo alado de la mitología griega y porque funcionaba como "un caballo de Troya que llegaba por aire", según explicó el mismo Hulio. Hoy, NSO Group tiene cerca de 800 empleados; una oficina sin rótulo en un rascacielos de Herzliya, cerca de Tel-Aviv; un centro de sistemas antidrones en el sur de Israel, y cientos de clientes, entre los cuales se encuentran los principales Estados y servicios de espionaje del mundo.

El primer gran cliente del grupo sería México, que utilizaría el 'software' para atrapar al narcotraficante Joaquín 'el Chapo' Guzmán. Luego llegarían cuerpos policiales de todo el mundo, que lo usaron para perseguir a terroristas e, incluso, a una red internacional de pedófilos. Pero también, según desveló en 2020 la investigación periodística 'Project Pegasus', para espiar a políticos, activistas y periodistas. Entre sus víctimas estaban miembros de la realeza saudí, diplomáticos estadounidenses y mandatarios como el presidente francés, Emmanuel Macron. También personas del entorno del primer ministro británico, Boris Johnson, y del ex primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, que había sido un gran prescriptor de Pegasus en el ámbito internacional.

Foto: Foto: Reuters.

"Hay algo que quiero decir: construimos esa empresa para salvar vidas, punto", se defendía Hulio tras estallar el escándalo. "Todo lo que escuchamos es esta campaña que dice que estamos vulnerando los derechos humanos. Y es muy molesto. Porque sé cuántas vidas se han salvado a escala mundial gracias a nuestra tecnología. Pero no puedo hablar de ello", agregaba. Con los años, el fundador ha pasado de ser la cara más brillante del ecosistema tecnológico israelí a un personaje incómodo condenado a cierto ostracismo. NSO se encuentra hoy en la 'lista negra' de Estados Unidos, cuenta con demandas en su contra de Apple y Meta (matriz de WhatsApp y Facebook), sufre problemas económicos y está bajo el escrutinio público dentro y fuera de Israel.

Del estrellato a estrellarse

Durante años, Pegasus fue el juguete favorito de la diplomacia israelí y Hulio, su carismático creador, una estrella de la ciberseguridad que demostraba lo que la pequeña nación judía podía ofrecer al mundo. Israel se autodenomina con orgullo 'startup nation' y alardea ante el mundo entero de su sector tecnológico, que en 2021 atrajo inversiones por valor de más de 25.200 millones de euros. NSO Group, que llegó a estar valorada en 1.000 millones de euros, era un ejemplo estelar de este ámbito, con el aliciente de aunar otro sector estratégico israelí: el militar. Además, era un negocio rentable: infectar un teléfono en 2017 podía costar más de 73.000 euros y países como México llegaron a pagar más de 30 millones por vigilar 500 móviles.

El FBI fue cliente de NSO durante años, a pesar de los reportes de que Pegasus se había utilizado contra activistas y opositores políticos

Según medios israelíes y extranjeros, Pegasus fue la carta de presentación en múltiples reuniones diplomáticas en tiempos del primer ministro Benjamin Netanyahu y su venta se garantizó a viejos y nuevos amigos, como Marruecos o Dubái, que en 2020 firmaron los Acuerdos de Abraham para restablecer relaciones con Israel. También Estados Unidos, el mayor aliado del país, se mostró interesado en "el arma cibernética más potente del mundo", como la acabó bautizando la prensa norteamericana. Según 'The New York Times', el FBI fue cliente de NSO durante años, a pesar de la existencia de distintos informes que alertaban de que la herramienta se había utilizado contra activistas y opositores políticos en otros países.

El idilio se rompió en plena pandemia. Las denuncias de reporteros y activistas demostraron el uso del sistema contra defensores de los derechos humanos. Se llegó a vincular a Pegasus con el asesinato del periodista Jamal Khashoggi por parte de matones de Arabia Saudí (a quien NSO revocó el contrato) y, sobre todo, líderes de todo el mundo vieron cómo la herramienta, que estaban pagando a precio de oro, también se había empleado contra ellos.

En Israel, este tiro por la culata político fue especialmente doloroso para Benjamin Netanyahu, cuyo hijo fue espiado con Pegasus en el marco de una investigación por corrupción contra el ex primer ministro y su familia. "Es un día oscuro para la democracia israelí", dijo Netanyahu en el Parlamento al saltar la noticia, y también acusó a la policía de usar las "herramientas más poderosas del mundo" contra civiles israelíes. "Una aplicación de espionaje destinada a ser utilizada contra el terror y para luchar contra nuestros enemigos se ha convertido en una herramienta cotidiana de la policía para espiar a los civiles, en contra de todas las leyes y normas", denunció el líder israelí, que luego intentó usar el escándalo para invalidar el juicio contra él.

Foto: La ministra de Política Territorial y portavoz del gobierno Isabel Rodríguez. (EFE/Mariscal)

La noticia, destapada en enero de este año por el periódico israelí 'Calcalist', causó conmoción en el país, ya que demostró que Pegasus no solo espió al hijo de Netanyahu y otras personas de su entorno, sino también a activistas, periodistas y funcionarios del Gobierno. El uso del espionaje cibernético en Israel no es ninguna novedad, dado que se ha empleado ampliamente contra objetivos palestinos o en la guerra fría contra Irán y sus aliados. Pero su utilización en territorio nacional contra civiles supuso un auténtico terremoto político. "Los informes aparentemente describen una situación muy grave que es inaceptable en una democracia", reconoció el primer ministro Naftalí Bennett, que prometió una investigación "transparente, profunda y rápida".

Control gubernamental

Los informes sobre la utilización de Pegasus contra civiles israelíes llegaron pocos meses después de que el Gobierno de Bennett recibiera duras críticas por autorizar el espionaje contra ciudadanos israelíes durante la crisis del coronavirus. La medida buscaba controlar el cumplimiento de las cuarentenas, así como descubrir positivos que hubieran pasado desapercibidos para las autoridades. También permitía que los agentes conocieran metadatos de los teléfonos, como la ubicación e identidad de sus dueños. El espionaje, que estuvo en marcha en distintos periodos entre 2020 y 2021, permitió identificar hasta un tercio de los positivos del país al inicio de la crisis. En marzo de 2021, el Tribunal Supremo de Israel prohibió su uso, aunque dejaba la puerta abierta a que se utilizara contra ciudadanos que se negaran a cooperar, por lo que el Ejecutivo israelí lo volvió a activar durante la variante ómicron.

"Alguien tiene que hacer el trabajo sucio. Es el precio de hacer negocios"

NSO Group siempre se ha desvinculado del empleo de su herramienta contra ciudadanos israelíes o activistas, políticos y periodistas de otros países. En sus pocas apariciones en medios, Hulio y Lavie han defendido que su compañía se guía por tres principios. Primero, solo ofrecen el servicio a Estados y organizaciones gubernamentales; segundo, la empresa no tiene visibilidad sobre los objetivos de sus clientes, y tercero, la venta del sistema a países extranjeros debe contar con la aprobación del Ministerio de Defensa israelí. Este último requisito no era necesario cuando se creó Pegasus, ya que Israel no reguló este tipo de herramientas hasta 2017, pero sus fundadores decidieron adoptarlo, junto con los otros dos, "para poder dormir por las noches", según dijo Lavie.

Hulio y Lavie también han asegurado que no les tiembla el pulso a la hora de cerrar la cuenta de cualquier cliente que haga un mal uso de Pegasus —una "violación de la confianza", en sus palabras— y han afirmado que así lo han hecho en diversas ocasiones. Arabia Saudí, Dubái o Emiratos Árabes Unidos serían algunos de los clientes con los que NSO habría cortado lazos. Con todo, la empresa también prometió en 2019 que no se estaban vigilando ni teléfonos norteamericanos ni israelíes. Y se acabó demostrando lo contrario. "Es horrible", decía Lavie en otra entrevista, "no lo minimizo. Pero es el precio de hacer negocios. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio".

Todo empezó en un gallinero rehabilitado como local en un 'kibutz' israelí. Shalev Hulio y Omri Lavie, dos amigos de infancia de Haifa, perseguían un objetivo: crear un 'software' capaz de penetrar en cualquier 'smartphone'. Unos años atrás, los dos jóvenes habían ideado un sistema que podía entrar en los teléfonos de sus clientes para actualizar programas, explicar su funcionamiento y buscar errores. Siempre con permiso de sus dueños, eso sí. La empresa se llamaba CommuniTake e iba viento en popa. Pero en una reunión de negocios en Europa en 2009, Hulio y Lavie vieron que el programa podía ir más allá.

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