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En Rusia, la presión para que Putin declare la guerra total aumenta
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En Rusia, la presión para que Putin declare la guerra total aumenta

Si el próximo 9 de mayo Putin acaba cediendo a las presiones de los halcones de su régimen y declara que el país está en guerra, solo cabe esperar que las cosas empeoren, tanto para Rusia como para Ucrania

Foto: Ensayos del desfile del Día de la Victoria en San Petersburgo. (EFE/A. Maltsev)
Ensayos del desfile del Día de la Victoria en San Petersburgo. (EFE/A. Maltsev)
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Los ojos de todos los observadores de la guerra de Ucrania están puestos en el próximo 9 de mayo, el Día de la Victoria, en el que Rusia conmemora el triunfo de los ejércitos de la URSS sobre la Alemania nazi. La efeméride, y todo lo que la acompaña, se ha convertido en una importante fuente de legitimación para el régimen de Putin, por lo que, en un contexto en el que la invasión de Ucrania ha sido descrita como una "operación de desnazificación", el simbolismo es más importante que nunca. Básicamente, los expertos esperan que suceda una de estas dos cosas: o bien que, ante la necesidad de revertir los fracasos militares, Putin aproveche la ocasión para afirmar que la OTAN le ha declarado la guerra a Rusia y decretar una movilización general, o que opte por proclamar la "victoria" en cualquier caso y la operación en Ucrania se venda como tal a la población rusa, ayudado por la potentísima maquinaria propagandística del Kremlin.

Pero hay que tener en cuenta que la decisión —si no está ya tomada de antemano— también dependerá de los movimientos en las propias filas rusas, y allí las cosas están tomando un cariz inquietante para Putin. Hace unos días, los periodistas rusos Andrei Soldatov e Irina Borogan (especializados en los servicios de seguridad rusos y autores del libro 'La nueva nobleza', que pese a tener más de una década sigue siendo la mejor introducción a este mundo para lectores no especialistas) reportaron que existe un importante descontento en el seno de las fuerzas armadas rusas, no porque consideren que la operación militar haya sido un desastre estratégico, sino porque se haya abandonado la idea de conquistar Kiev, optando por unos objetivos mucho más limitados en el Donbás. Según Soldatov y Borogan, además, existen divisiones en el seno del FSB (el servicio de inteligencia interior de Rusia, heredero del KGB), una facción del cual se alinea con la visión de los militares.

Foto: Retrato del presidente de Rusia, Vladímir Putin, en Bucarest. (EFE/Robert Ghement)

"El ejército ruso cree que limitar los objetivos iniciales de la guerra es un grave error. Argumentan que Rusia ya no está luchando contra Ucrania, sino contra la OTAN. Altos oficiales han concluido, por lo tanto, que la alianza occidental está luchando con todo, a través del suministro de armas cada vez más sofisticadas, mientras que sus propias fuerzas operan bajo los constreñimientos de épocas de paz, como una prohibición de ataques aéreos contra algunas áreas de la infraestructura de Ucrania", escriben estos periodistas rusos. "En resumen, el ejército exige ahora una movilización total", añaden. Esa parece ser también la visión de Nikolai Patrushev, jefe del SVR (el servicio de inteligencia exterior ruso) y uno de los hombres con posiciones más radicales dentro del Kremlin, donde goza del oído de Putin.

En ese sentido, algunas de las cosas que han sucedido en los últimos días indican que los militares podrían estar saliéndose con la suya. Rusia ha perfilado su estrategia, y ha iniciado esos bombardeos aéreos contra infraestructuras clave, de cuya ausencia se quejaban anteriormente y que están resultando muy eficaces, para desgracia de Ucrania. El argumento de que ahora la OTAN es parte del conflicto por sus suministros de armas está apareciendo una y otra vez en los medios rusos de propaganda, incluyendo los servicios de RT y Sputnik en español. Y aunque una movilización general entraña numerosos riesgos para Putin, más peligroso aún es tener disgustados a los 'siloviki', los elementos clave del aparato de seguridad, casi todos viejos compañeros de armas de Putin desde los tiempos de la URSS.

Que Putin recela de una posible acción decisiva contra él lo demuestran algunas de sus acciones de las últimas semanas, como el haber reemplazado a gran parte del personal de servicio del Kremlin (más de un millar de personas en total), incluyendo a los cocineros, por temor a un envenenamiento. También ha realizado purgas limitadas en el ejército y el FSB, aunque no está claro si esto se debe exclusivamente a los fracasos en el terreno de operaciones en Ucrania o hay más razones.

La mayoría de los expertos, no obstante, consideran altamente improbable que pueda producirse algo como un golpe de Estado: a diferencia de la época de Jruschev —quien fue destituido en 1964 en una maniobra palaciega—, no existe un Politburó que pueda asegurar una transición de poder eficaz, y aquella persona o grupo que liderase el derrocamiento de Putin tendría que garantizarse la lealtad o al menos la neutralidad de todos los centros de poder efectivo. Algo que el propio Putin se ha asegurado de que sea extremadamente difícil, fomentando la rivalidad entre los diferentes servicios de inteligencia y creando unidades como la Rosvgardia, la "guardia pretoriana" que solo obedece órdenes del propio presidente (y uno de cuyos altos mandos se cree que ha sido purgado también en las últimas semanas).

Foto: Una manifestante con una bandera europea y un mensaje contra Putin en una protesta en Bruselas. (Reuters)

Pero que no exista un mecanismo claro para deshacerse del presidente tampoco garantiza la estabilidad. La cuestión es que tanto Putin como sus generales y espías perciben la guerra de Ucrania como una cuestión esencial para la supervivencia del propio sistema: un fracaso allí puede acabar convirtiéndose en un elemento explosivo en la propia Rusia, a medida que el efecto económico de las sanciones alimente el descontento, especialmente si las autoridades rusas no tienen un buen argumento con el que justificarlo.

El principal argumento en contra de la movilización general, en cambio, es que si se decreta, las finanzas rusas no solo quedarán también supeditadas al esfuerzo de guerra, sino que voces como Patrushev argumentan que Rusia puede y debe dominar las fuerzas económicas "estrechando la disciplina de la implementación", más o menos un regreso al control de la economía como en la época soviética. Y eso, paradójicamente, podría acelerar aún más la erosión del putinismo.

"Esta es la esencia del manifiesto 'silovik': una Rusia comprometida a una Guerra Eterna cultural, política y a veces militar con Occidente, exigiendo una disciplina absoluta y la movilización tanto de la sociedad como de la economía", afirma el experto británico Mark Galeotti en un reciente análisis sobre las posiciones de Patrushev y otros "duros" del Kremlin. Si el próximo 9 de mayo Putin acaba cediendo a las presiones de los halcones de su régimen y declara que el país está en guerra, solo cabe esperar que las cosas empeoren, tanto para Rusia como para Ucrania.

Los ojos de todos los observadores de la guerra de Ucrania están puestos en el próximo 9 de mayo, el Día de la Victoria, en el que Rusia conmemora el triunfo de los ejércitos de la URSS sobre la Alemania nazi. La efeméride, y todo lo que la acompaña, se ha convertido en una importante fuente de legitimación para el régimen de Putin, por lo que, en un contexto en el que la invasión de Ucrania ha sido descrita como una "operación de desnazificación", el simbolismo es más importante que nunca. Básicamente, los expertos esperan que suceda una de estas dos cosas: o bien que, ante la necesidad de revertir los fracasos militares, Putin aproveche la ocasión para afirmar que la OTAN le ha declarado la guerra a Rusia y decretar una movilización general, o que opte por proclamar la "victoria" en cualquier caso y la operación en Ucrania se venda como tal a la población rusa, ayudado por la potentísima maquinaria propagandística del Kremlin.

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