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En casa de Mbappé se juega la batalla entre Macron y Le Pen por la Francia cabreada
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Las 'banlieues' también serán decisivas

En casa de Mbappé se juega la batalla entre Macron y Le Pen por la Francia cabreada

En el departamento que más inmigrantes tiene de todo el país y uno de los más desfavorecidos se encuentra la 'banlieue' de Bondy. Tras votar masivamente a Mélenchon, sus electores deben decidir entre Macron, Le Pen o la abstención

Foto: Mercadillo de los martes por la mañana en Bondy. (Á. F. C.)
Mercadillo de los martes por la mañana en Bondy. (Á. F. C.)
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Casi diez kilómetros al este del Palacio del Elíseo, superado el bulevar periférico que rodea la almendra central, los mapas marcan el final de la comuna de París y el comienzo de la ‘banlieue’. El extrarradio. Un tren recorre en menos de 15 minutos la distancia entre la Gare du Nord y la ciudad de Bondy, más conocida por ser el hogar del futbolista del París Saint Germain Kylian Mbappé que por su tasa de pobreza del 32% y su 20% de desempleo. En la segunda vuelta de las presidenciales de 2017, Emmanuel Macron arrasó a Marine Le Pen con el 78% del sufragio en esta zona considerada de "fragilidad socioeconómica". El próximo 24 de abril, el presidente cuenta con repetir resultado en las áreas como Bondy para lograr la reelección. Pero ni él, ni Francia, ni sus arrabales son los mismos de entonces.

Los martes por la mañana hay mercado en la avenida Suzanne Buisson. Tiene un aire de zoco y se habla francés, 'évidamment', pero también mucho árabe. Y algo de español y portugués, asegura un tunecino de 62 años que prefiere no dar su nombre real y se identifica como Mohammed. Lleva desde 1972 en Seie-Saint-Denis, el departamento en el que se ubica Bondy, el que más inmigrantes tiene de todo el país y uno de los más desfavorecidos, según un estudio del INSEE, el instituto nacional de estadística francés. Mohammed no ha pensado en ningún momento de los últimos 50 años en pedir la nacionalidad francesa, así que no podrá votar, como sí hicieron su mujer y sus hijos. “No me interesa, no me interesa”, repite. No se identifica con el país en el que ha pasado la mayor parte de su vida. “Solo quiero un presidente que trabaje por Francia, eso es todo”.

Macron parte como claro favorito con un 54% de votos frente al 46% de Le Pen en el promedio de los sondeos de cara a la segunda vuelta. Tras imponerse con claridad el pasado domingo (27,8% Macron vs 23,1% de Le Pen), el mandatario busca ahora relanzar su campaña estas dos semanas después de haber sido acusado de no salir de su despacho, absorbido por la guerra de Ucrania y lidiando personalmente con Vladímir Putin en medio de la presidencia francesa de la Unión Europea. El primer destino elegido fue la ciudad de Denain, en la cuenca minera del norte y otra de las más pobres del país, donde Le Pen ganó el primer envite, seguida de izquierdista radical Jean-Luc Mélenchon.

Son precisamente los 7,7 millones de votos de Mélenchon, un 22% con el que casi desbanca a la ultraderecha, los que necesita Macron para lograr ser el primer presidente en lograr la reelección en dos décadas. Pese a la apasionada llamada de su líder a "no dar ni un voto a la señora Le Pen", las encuestas muestran a los melenchonistas divididos casi a partes iguales entre el presidente, Le Pen y la abstención. En primera vuelta, esta última se sitúo en el 26,31% en toda Francia , el segundo nivel más alto desde 2002, y el resultado final de las elecciones depende en gran medida de la movilización de votantes cómo los de Bondy, donde se quedaron en casa el 27,7% de los electores.

placeholder Carteles de Mélenchon en Bondy. (Á. F. C.)
Carteles de Mélenchon en Bondy. (Á. F. C.)

Cómo conquistar al 'banlieue' rojo

En Bondy, de unos 50.000 habitantes, el resultado en la primera vuelta fue meridiano. Mélenchon se llevó el 53% de los votos, seguido de Macron, con el 18%, y Le Pen, con un 11%. En 2017, el orden fue el mismo; los porcentajes, no: 34%, 23%, 13%. La subida del 19% de la izquierda en esta comuna es solo una muestra. En 34 de los 37 municipios de la región parisina —de un total de 1268— donde un candidato obtuvo más del 50% de los votos, ese candidato fue Mélenchon. Como se observa en el mapa, casi todos se encuentran en los suburbios de la capital y, dentro de los mismos, en las zonas más desfavorecidas, conocidas en la administración francesa como barrios prioritarios (QPV).

"[Mélenchon] ha recuperado casi por completo la 'banlieue rouge' que se había perdido en las últimas elecciones municipales [en las que Bondy, por ejemplo, cayó del lado de Los Republicanos]", explica Aldo Rubert, investigador doctoral y docente en sociología política en la Universidad de Lausanne, en conversación con El Confidencial. "Lo que en Barcelona llamamos el cinturón rojo", continúa.

El departamento de Seine-Saint-Denis en general, y Bondy en particular, sufren desde hace 50 años la fatídica combinación de un crecimiento demográfico sostenido con un progresivo proceso de desindustrializacion. Si en 1968 el 43% de los trabajadores se dedicaban a la industria; en 2015, el 85% de los empleos se concentraban ya en el sector terciario. "Estas son zonas de democracia de la abstención, donde las poblaciones migrantes y racializadas votan mucho menos porque se sienten excluidas", describe Rubert, quien remarca un perfil sociológico muy distinto al de otras zonas deprimidas de Francia, donde Le Pen disputa con claridad el voto de las clases populares.

Hakim, auxiliar de vuelo de 45 años, espera a que terminen de arreglarle el coche en la plaza Maurice Benhamou. Votó al presidente en primera ronda, tras descartar a la conservadora Valérie Pécresse, y repetirá en la segunda. “En su mandato ha habido muchas cosas que no han funcionado, pero no todas han sido su culpa”, asegura el hombre, quien cita la bajada del paro (en mínimos de 15 años en el 7,4%) como un logro del presidente pese al contexto adverso.

Sus argumentos describen al votante modelo de Macron para la segunda ronda. No está convencido, pero tratará de evitar a toda costa la victoria de Le Pen. “En este momento no podemos tomar más riesgos” —prosigue Hakim— “formo parte de esas minorías contra las que tiene algo en contra. No creo que cambie gran cosa si gana, pero sí se desvelará el verdadero rostro de una parte de la sociedad francesa, una minoría racista. Puede crear problemas sociales en el interior del país”.

Foto: Carteles electorales en Gundershoffen. (Á. F. C.)

Por último, Hakim apunta a la debilidad clave de la ultraderechista —como dejó en evidencia Macron en el debate a dos de 2017—. “Promete cosas que sabemos que no puede cumplir. Dice que quiere quitar los impuestos a una cesta de 100 productos esenciales, pero la Comisión Europea no lo permite", remata.

La candidata de Reagrupación Nacional ha centrado su campaña en la economía, con medidas anunciadas a mitad de campaña como quitarle el IVA a una lista que incuye la sal, el pan, el aceite o la pasta. Su programa, además, todavía incluye propuestas como la primacía del derecho francés sobre el de la Unión Europea o reservar —referéndum mediante— “todas las ayudas económicas” a las familias que, al menos, tienen un DNI francés en la cartera de los progenitores. Todo camuflado detrás de una imagen de mujer normal, cuidadora de gatos y divorciada, que ha logrado, por ahora, dejar su estrecha relación con el presidente ruso Vladímir Putin fuera de la conversación. La temida normalización que temen sus adversarios.

Los que no votarán

“Unos tienen más y otros tienen menos, pero aquí se vive muy bien”, dice Abbou Bakrim, de 33 años, habitante de Bondy desde hace una década. Trabaja en una empresa metalúrgica, como confirman sus manos callosas, y no votó en la primera ronda. Tampoco lo hará en la segunda. ¿Por qué? “Soy de origen senegalés, me siento traicionado”. Y no se refiere a Le Pen, sino a la 5a República francesa.

En estos barrios no solo se discute sobre si la jubilación debe retrasarse hasta los 65 años, como ya ha hecho el presidente con los vecinos del Bajo Rin en el inicio de esta nueva minicampaña, sino que temas como la ley de Macron contra el separatismo islamista o la violencia policial también son elementos en un debate espinoso. "Estas personas racializadas sienten que Macron no solo no haría nada por ellos, sino que incluso les perjudicaría", reflexiona el sociólogo Rubert, citando el abuso que se ha hecho en las 'banlieues' del Estado de excepción tras los atentados de París y Niza —y el de urgencia con la pandemia— para limitar la vida social y política de sus habitantes, que han padecido un confinamiento más duro. Además, considera Rubert, Mélenchon ha recuperado "parte del voto de la 'banlieue' tradicional articulando un discurso contra la islamofobia" que los dos candidatos a la presidencia no tendrán sencillo replicar.

Abbou Bakrim no es el único al que Macron tendría que arrastrar a las urnas en los próximos días. “Voté por la persona que no ha ganado, por desgracia”, dice Fatima, 35 años, ama de casa. En caso de una victoria de Le Pen, si atendemos a su programa electoral, Fátima tendría que dejar de llevar el hijab en la calle. ¿Será suficiente para votar por Macron el 24 de abril? “No lo tengo claro, pero creo que no voy a ir a votar. Para mí, entre uno y otra no hay demasiadas diferencias”, explica, mientras se encoge de hombros antes de marcharse a recoger a sus hijos de la escuela.

placeholder Campo de fútbol callejero Mbappé x Nike en Bondy, vacío durante la mañana escolar. (Á. F. C.)
Campo de fútbol callejero Mbappé x Nike en Bondy, vacío durante la mañana escolar. (Á. F. C.)

“No tengo más dogma que el de no dejar que la pobreza se instale y evitar a nuestros hijos el coste de nuestra cobardía”, justificó Macron el lunes en Carvin, otra ciudad del norte francés, donde se mostró dispuesto esta semana a debatir su controvertida e impopular reforma de la jubilación, que propone llevar a los 65 años. El problema para el presidente no es solo que el mensaje pueda llegar tarde, es que muchos franceses lo encuentran difícil de creer. Hay sectores de la población, desde los chalecos amarillos más cercanos a Le Pen como los residentes de las 'banlieues' más cercanas a Mélenchon, que no escuchan cuando Macron habla. Tras cinco años de macronismo, son muchos los que se sienten traicionados.

Como el expresidente socialista François Hollande, cuando su ministro de Economía —un joven llamado Emmanuel, de apellido Macron—, dejó el Gobierno con un SMS en agosto de 2016 asegurándole que le apoyaría en su campaña para la reelección en 2017. Pero el presidente sigue asumiendo la idea de que, 'a priori', sigue siendo la opción menos mala para la mayoría, incluidos Hollande y su resentimiento. La pregunta es si con eso, esta vez, será suficiente.

Recuperar el brillo

Ante este sentimiento de desgaste, Macron está tratando de recuperar algo del brillo con el que deslumbró al país hace cinco años y afila sus armas de seducción electoral con la propuesta de un “gran debate permanente con los ciudadanos” sobre los “grandes desafíos” de nuestro tiempo. “Los ciudadanos deben participar en la toma de decisiones en los próximos cinco años”.

Le Pen ha aproechado para contraatacar en el flanco del déficit democrático en busca de los desencantados votantes de Mélenchon. Tras pasar a segunda ronda se ha dirigido directamente a ellos, sin el disimulo que mostraba hasta el domingo. “El referéndum de iniciativa ciudadana (RIC), que defiendo desde hace mucho tiempo, así como la representación proporcional, pueden responder a sus exigencias de democracia”, aseguró la líder ultraconsrevadora. Porque estas y otras cosas, como querer una jubilación en condiciones, “no son de derechas ni de izquierdas”, defiende ahora Le Pen.

placeholder Mural de Mbappé en Bondy. (Á. F. C.)
Mural de Mbappé en Bondy. (Á. F. C.)

Y mientras los candidatos a la Presidencia se enzarzan en una batalla cosmética por aparecer como los verdaderos defensores de la sociedad francesa, los seguidores de Mélenchon no terminan de digerir la derrota. En el recuento del domingo, a eso de las 11 de la noche y durante unas horas, una remontada de última hora parecía un sueño posible. Pero al despertar, Le Pen seguía allí.

"Voté por el único que me gustaba, Mélenchon. Ha sido una decepción”, dice David, escuchando música en una esquina. Trabaja en una empresa de mudanzas, tiene 32 años y Le Pen no le da miedo, así que no acudirá a su segunda cita con las urnas. ¿Y Mbappé, vendrá a España este verano? “¡Eso espero!”, exclama, “aquí en París no tiene nada que hacer”. Salvo el domingo 24 de abril. ¿Qué votará el hijo pródigo de Bondy?

Casi diez kilómetros al este del Palacio del Elíseo, superado el bulevar periférico que rodea la almendra central, los mapas marcan el final de la comuna de París y el comienzo de la ‘banlieue’. El extrarradio. Un tren recorre en menos de 15 minutos la distancia entre la Gare du Nord y la ciudad de Bondy, más conocida por ser el hogar del futbolista del París Saint Germain Kylian Mbappé que por su tasa de pobreza del 32% y su 20% de desempleo. En la segunda vuelta de las presidenciales de 2017, Emmanuel Macron arrasó a Marine Le Pen con el 78% del sufragio en esta zona considerada de "fragilidad socioeconómica". El próximo 24 de abril, el presidente cuenta con repetir resultado en las áreas como Bondy para lograr la reelección. Pero ni él, ni Francia, ni sus arrabales son los mismos de entonces.

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