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Después de varios avisos, la UE sigue sin estar preparada para una Francia lepenista
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LE PEN, EN SEGUNDA VUELTA

Después de varios avisos, la UE sigue sin estar preparada para una Francia lepenista

Según las encuestas, la segunda vuelta de las presidenciales francesas arrojará un resultado estrecho. Sin embargo, muy pocos en la UE están preparados para una Francia de Le Pen

Foto: Marine Le Pen se dispone a votar en la primera ronda de las presidenciales. (Reuters/Pascal Rossignol)
Marine Le Pen se dispone a votar en la primera ronda de las presidenciales. (Reuters/Pascal Rossignol)
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En Bruselas está muy extendida la costumbre de celebrar el que candidatos extremistas, como por ejemplo Matteo Salvini en Italia o Marine Le Pen en Francia, acaben por rendirse a la evidencia: la Unión Europea es inevitable. Ya no hablan de abandonar el club comunitario, ni de sacar sus países del euro. Se celebra a pesar de que en ocasiones el boicot desde dentro del club es mucho más efectivo a la hora de destruirlo que sacar a un poderoso Estado miembro de él. El euroescepticismo ha mutado: de querer destruir la Unión, a querer vaciarla desde dentro.

Le Pen ha logrado pasar a la segunda ronda de las elecciones presidenciales francesas y lo ha hecho con un resultado récord en primera vuelta, y eso sin tener en cuenta el 7% de votantes que han escogido una opción todavía más derechista, la de Éric Zemmour, con unos conservadores tradicionales que se han hundido por completo. Las encuestas arrojan una segunda vuelta muy ajustada en la que el presidente Emmanuel Macron vencería solamente por algunos puntos. El líder francés, visto por muchos como un elitista apartado del pueblo llano, depende ahora en gran parte de lo que haga el casi 23% de los votantes que escogieron al líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon, de la Francia Insumisa.

Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron, al comparecer tras conocer los resultados. (Reuters/Benoit Tessier)

El escenario es, por tanto, el de una segunda vuelta, que se celebrará el próximo 24 de abril, más ajustada 'a priori' que la de 2017, que fue entre los mismos dos candidatos y en la que Macron barrió a Le Pen: 66% frente al 34%. Hay consenso en Bruselas en que hay un mayor riesgo de que la candidata derechista se haga con el Elíseo. E incluso si no lo hace, aumenta la sensación de peligro al mirar hacia el final de la era Macron: Le Pen no va hacia abajo, sigue yendo hacia arriba, y aunque no haya crecido tanto como algunos esperaban, el caldo de cultivo de sus votantes sigue ahí.

Y, sin embargo, a pesar del aviso de 2017 y de nuevo ahora en 2022, muy pocos en Bruselas o en el resto de las capitales están listos para hacer frente a una Francia controlada por Le Pen. Hay dos razones: por un lado, la sensación de que hay poco que hacer para prepararse ante ese escenario y que en todo caso lo único que uno puede hacer no es prepararse, sino mentalizarse. La segunda razón es que la candidata derechista ha decidido dejar a un lado sus posturas tradicionales contra la Unión Europea y el euro, que han pasado a un segundo plano, algo que ha reducido la atención que recibe. Pero el impacto de una presidencia de Le Pen está garantizado.

placeholder El líder francés, el presidente del Consejo Europeo y el primer ministro italiano hablan durante un Consejo Europeo en Francia. (EFE)
El líder francés, el presidente del Consejo Europeo y el primer ministro italiano hablan durante un Consejo Europeo en Francia. (EFE)

Los líderes mandan hoy más que nunca en la Unión Europea porque es un club más político que nunca. El Consejo Europeo, el foro en el que se reúnen los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete, ha ido expandiendo 'de facto' sus poderes a raíz de la aparición de crisis, como la del euro o la de refugiados de 2015, que requerían de una respuesta política que solamente podían dar los líderes. Se llamó a esa época la de la 'policrisis' europea. Hoy la situación no es mejor ni el poder del Consejo Europeo se ha reducido: hemos pasado de vivir en la 'policrisis' a vivir en un nuevo escenario que en Bruselas se ha bautizado como la 'permacrisis'. Y en ese terreno, la personalidad y las ideas de los líderes cuentan mucho. Los Estados siguen importando, pero los líderes mandan más que nunca sobre su futuro en Europa.

Consecuencias reales

El abandono de la idea del ‘Frexit’ y de la salida del euro ha rebajado la atención que en Bruselas se presta a Le Pen en el momento en el que más riesgo existe de que vaya a ser elegida, al menos hasta ahora. La candidata derechista sí que tiene un mensaje euroescéptico, aunque apueste por mantenerse dentro de la Unión, y su elección probablemente llevaría a un acercamiento con Hungría y Polonia, dos países liderados por fuerzas ultraconservadoras con las que Le Pen comparte ideas y algunos intereses.

Pero con Polonia habría una gran diferencia: Rusia. Le Pen es abiertamente prorrusa, y aunque ha moderado el mensaje en las últimas semanas tras la invasión rusa de Ucrania, la líder derechista ha mostrado su cercanía al presidente Vladímir Putin en numerosas ocasiones en los últimos años. Su política exterior en el Elíseo seguiría esa línea, y nadie en Bruselas duda de ello. Eso se notaría tanto en la postura de Francia como en el comportamiento de Le Pen en los consejos europeos.

Foto: Marine Le Pen, candidata a la presidencia de Francia. (Reuters/Albert Gea)

Pero el riesgo va más allá de la Unión Europea y no son meras sospechas, porque Le Pen ha prometido que, de ganar, sacaría a Francia de la estructura de mando integrada de la OTAN justo en el momento en que la Alianza Atlántica está recuperando una posición central en los intereses europeos para disuadir a Rusia. Nadie duda en Bruselas o Washington de que su victoria llevaría a la ruptura del frente unido que hasta ahora han presentado los aliados ante Rusia.

Además, con Le Pen en el Elíseo se complicarían las relaciones franco-alemanas, que son fundamentales para el futuro de la Unión en momentos críticos. Cuando los Veintisiete pasan por un momento complicado, es fundamental que París y Berlín se encuentren más o menos coordinados y de acuerdo en los aspectos principales, algo que se complicaría con una Francia lepenista frente a una Alemania en manos de una coalición de socialdemócratas, verdes y liberales.

placeholder Le Pen habla con los medios tras certificarse su salto a la segunda vuelta de las presidenciales. (Reuters)
Le Pen habla con los medios tras certificarse su salto a la segunda vuelta de las presidenciales. (Reuters)

La esperanza es que Le Pen se desinfle durante las próximas dos semanas, como ya ocurrió en 2017, y que Macron pueda ganar con cierta holgura. Y aunque no haya demasiado que hacer para prepararse ante ese escenario, lo preocupante para Bruselas ha sido que este escenario, de una segunda vuelta apretada, haya sorprendido a tantos. No es solamente Le Pen: Mélenchon defiende un discurso muy eurocrítico que también ha cosechado un resultado muy bueno con el que hace cinco años habría pasado a segunda vuelta.

Claramente en Bruselas no se está leyendo bien Francia. En distintos grados y de distinta manera, los discursos de Zemmour y Le Pen, por un lado, y de Mélenchon, por el otro, son durísimas críticas y ataques a la Unión Europea, que, sin embargo, no parece saber interpretarlos o reaccionar ante ellos. En parte por la popularidad de Macron en los círculos proeuropeos y la estrechísima relación entre la cúpula de la Comisión Europea y el Elíseo, con una comunicación y una coordinación continuas.

En Bruselas está muy extendida la costumbre de celebrar el que candidatos extremistas, como por ejemplo Matteo Salvini en Italia o Marine Le Pen en Francia, acaben por rendirse a la evidencia: la Unión Europea es inevitable. Ya no hablan de abandonar el club comunitario, ni de sacar sus países del euro. Se celebra a pesar de que en ocasiones el boicot desde dentro del club es mucho más efectivo a la hora de destruirlo que sacar a un poderoso Estado miembro de él. El euroescepticismo ha mutado: de querer destruir la Unión, a querer vaciarla desde dentro.

Emmanuel Macron Conflicto de Ucrania Marine Le Pen
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