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Por qué Putin y Lukashenko pueden disparar todavía más el precio de los alimentos
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Un terreno fértil para la crisis

Por qué Putin y Lukashenko pueden disparar todavía más el precio de los alimentos

Tener menos fertilizantes rusos y bielorrusos en el mercado pronto podría significar que muchos países no cultiven tantos alimentos, y que los pocos que produzcan sean mucho más caros

Foto: Planta de tratamiento de fertilizantes en Shandong, China. (Reuters/Stringer)
Planta de tratamiento de fertilizantes en Shandong, China. (Reuters/Stringer)

Mucho se ha escrito sobre cómo la guerra entre dos de los principales exportadores de aceite de girasol y cereales, Rusia y Ucrania, está fomentando una crisis a nivel global de los precios de los alimentos. Pero existe otra catástrofe relacionada de la que se habla mucho menos: una escasez de fertilizantes provocada por Rusia y por su principal aliado, Bielorrusia.

La agricultura moderna se basa en el uso generalizado de fertilizantes para maximizar el rendimiento de los cultivos. Muy pocas partes del mundo tienen suelo lo suficientemente fértil como para sembrar sin un estimulante químico. Tener menos fertilizantes rusos y bielorrusos en el mercado pronto podría significar que muchos países no cultiven tantos alimentos, y que los pocos que produzcan sean mucho más caros.

Los precios mundiales de los fertilizantes ya se estaban disparando antes de que Rusia invadiera Ucrania debido al precio disparado del gas natural, una materia prima clave para los abonos a base de nitrógeno. Pero la guerra ha empeorado todavía más las circunstancias al crear incertidumbre sobre cuánto fertilizante se podrá obtener en el futuro inmediato por parte de Rusia y Bielorrusia, dos de sus principales exportadores.

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Aunque las sanciones occidentales actuales contra ambos países excluyen los fertilizantes (excepto las de la UE sobre la potasa bielorrusa), Rusia ha respondido con prohibiciones de exportación a naciones "enemigas" como venganza. Además, los comerciantes desconfían de hacer grandes compras en medio de un régimen de sanciones en constante cambio, mientras que muchas empresas navieras evitan el mar Negro, la principal ruta de transporte de este producto.

Una crisis de los precios de los fertilizantes es una amenaza menos inmediata, pero igualmente grave, para la seguridad alimentaria que las escasas existencias de cereales. Esto, porque limitará la capacidad mundial para llenar ese vacío a medio plazo con otros productos básicos, como el maíz, el arroz o la soja. Los agricultores a lo largo y ancho del planeta están lidiando con el problema de diferentes maneras. Algunos se las arreglan con estiércol. Otros están acaparando la oferta para 2023, lo que aumentará todavía más los precios. Un productor de fertilizantes predice que el rendimiento global de los cultivos podría disminuir hasta en un 50% en la próxima cosecha.

Esta crisis está llegando a un punto crítico en Brasil, el mayor importador mundial de fertilizantes, casi una cuarta parte de los cuales proviene de Rusia y Bielorrusia. La escasez está elevando los costos para los agricultores brasileños y los precios de los alimentos para todos los ciudadanos del país. El problema, por supuesto, se ha vuelto político. El presidente Jair Bolsonaro ahora quiere extraer potasa en tierras indígenas protegidas, pero, incluso si se sale con la suya, es poco probable que compense la escasez suministro a corto plazo.

Foto: Una fábrica metalúrgica en la región de Murmansk, en Rusia. (Reuters/Evgenia Novozhenina)

El ángulo Brasil-Rusia es más amplio. Bolsonaro, fanático de Vladímir Putin desde hace mucho tiempo, condenó a regañadientes la invasión rusa de Ucrania, pero se negó a respaldar las sanciones occidentales contra Moscú. Aun así, el efecto de la dependencia de Brasil de los fertilizantes rusos sobre la inflación de los alimentos pone al presidente en una situación complicada a solo unos meses de las elecciones presidenciales de octubre. Bolsonaro está considerablemente por detrás del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva en las encuestas.

“La política exterior no afecta la popularidad de Bolsonaro y las probabilidades de reelección. La inflación, seguramente, sí”, dice Marcelo Alvarenga, de Eurasia Group. "La inflación de los alimentos probablemente presionará a Bolsonaro, pero tiene muy pocas opciones para intervenir".

Foto: Pellets de urea. (Reuters)

Brasil es únicamente la punta del iceberg. Muchos países que ya padecían inseguridad alimentaria antes de la guerra en Ucrania obtienen casi todos sus fertilizantes de Rusia y Bielorrusia. Sin ellos, algunos podrían enfrentarse a la hambruna porque las granjas de pequeños agricultores no pueden producir suficientes alimentos para compensar el déficit. Esto incluye varias naciones del África subsahariana, pero también partes de la antigua Unión Soviética, como Azerbaiyán, Kazajistán y Moldavia. Putin ya ha convertido el petróleo y el gas rusos en armas para intentar forzar la mano de Europa. Es posible que los fertilizantes sean su próximo as bajo la manga. "El aumento de los costos de los fertilizantes es un gran problema", afirma Peter Ceretti, analista de Eurasia Group. "Podemos terminar con rendimientos más bajos en la próxima cosecha si los agricultores no pueden pagarlos".

Hay un país que podría tomar el relevo: China, el principal productor mundial y el segundo mayor exportador de fertilizantes. El problema es que Pekín comenzó a frenar las exportaciones de abonos en octubre para sostener su propia producción de alimentos en medio de las estrictas restricciones por el covid-19. Nadie alberga esperanzas de que los chinos reanuden su nivel de ventas mientras la política de ‘covid cero’ de Xi Jinping siga vigente.

**Este artículo fue publicado originalmente en inglés en GZERO Media. Si te interesa la política internacional, pero quieres que alguien te la explique, suscríbete a la 'newsletter' Signal aquí.

Mucho se ha escrito sobre cómo la guerra entre dos de los principales exportadores de aceite de girasol y cereales, Rusia y Ucrania, está fomentando una crisis a nivel global de los precios de los alimentos. Pero existe otra catástrofe relacionada de la que se habla mucho menos: una escasez de fertilizantes provocada por Rusia y por su principal aliado, Bielorrusia.

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