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La guerra del padre Konstyantyn: hoy líder de la iglesia ucraniana, ayer soldador en Murcia
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EL PAPEL CRUCIAL DE LA RELIGIÓN

La guerra del padre Konstyantyn: hoy líder de la iglesia ucraniana, ayer soldador en Murcia

La religión es clave para entender siglos de tensión entre Rusia y Ucrania. Kiev es clave para entender la batalla entre Moscú y Constantinopla por el cetro global de la iglesia ortodoxa

Foto: El Padre Konstyantyn posa en la Catedral de San Andrés y San Demetrio . (S.B.)
El Padre Konstyantyn posa en la Catedral de San Andrés y San Demetrio . (S.B.)
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Konstyantyn Trachuk trabajaba de lunes a viernes como soldador y, eventualmente, como sacerdote los fines de semana. El inicio de la guerra le pilló volviendo de Murcia, donde acababan de terminar una obra. Muchas vidas cambiaron en el momento en que Vladímir Putin ordenó a sus tanques cruzar la frontera ucraniana el pasado 24 de febrero, también la suya. Los acontecimientos le han obligado a convertirse en la cabeza más visible de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana en España, esta vez a tiempo completo.

"He sido soldador durante 41 años y cura durante 30", explica a El Confidencial mientras se atavía con una sotana gris y un pañuelo al cuello con los colores azul y amarillo. Trachuk, un hombre corpulento ya en la sesentena, alza unas manos gruesas y ajadas que atestiguan haber sostenido en esta vida cosas más pesadas que una copa de eucaristía. "Lo dejé para estar aquí, donde está mi sitio".

La Catedral de San Andrés y San Demetrio, único templo que la Iglesia Ortodoxa Ucraniana tiene en la capital, un espacio que comparte con otros ortodoxos bajo el patriarcado de Constantinopla, registra entre semana un lento trasiego de personas que acuden, algunas a rezar, otras a dejar bolsas y cajas de ayuda para Ucrania, resguardadas bajo un arco de ladrillo de la lluvia y el polvo sahariano.

placeholder Catedral de San Andrés y San Demetrio en Hortaleza, Madrid. (S.B.)
Catedral de San Andrés y San Demetrio en Hortaleza, Madrid. (S.B.)

Estos días, su labor como sacerdote no se limita ya a oficiar la misa o atender a los fieles. "Aparte de servir como párroco, estoy aquí todos los días para recoger las ayudas y servir en lo que pueda, en plan humanitario", indica. Pero además, también debe librar otra batalla en una contienda que dura ya siglos y ha encontrado en la guerra de Ucrania su último episodio.

Guerra de patriarcados: Kiev contra Moscú

El pasado miércoles, el hoy reverendo padre Konstyantyn salió de su catedral en dirección al barrio de Hortaleza para reunirse discretamente con Andréy Kórdochkin, el deán de la catedral ortodoxa rusa de Madrid (unos 2 kilómetros separan ambos espacios) o, en otras palabras, su homónimo en la otra rama de la iglesia ortodoxa, enfrentadas desde su fundación. Aunque el sacerdote ruso se ha pronunciado a título personal lamentando la ocupación y los bombardeos, Konstyantyn esperaba algo más.

En privado, le preguntó si reconocía que actualmente había una guerra en Ucrania. No una operación especial ni ningún otro eufemismo empleado por el Kremlin, sino una guerra con todas las letras. Según rememora el ucraniano, el otro asintió y dijo que sí.

"¿Y qué estáis haciendo para terminar esta guerra?", inquirió Konstyantyn. "Estamos preocupados", respondió el padre Andréy.

placeholder Foto: S.B.
Foto: S.B.

"¿Tanto miedo tiene un simple párroco a saltarse las órdenes del metropolitano?", dijo Konstyantyn ofuscado. "Eso no es traición, es decir no a la matanza de inocentes".

Hasta 1992, ambos formaban parte de la misma Iglesia Ortodoxa Ucraniana, que entonces se dividió en los patriarcados de Kiev y Moscú.

Tan viejo como el mundo

El académico Denys Shestopalets, antiguamente miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania y hoy emigrado a Australia, recuerda que aunque en Occidente creamos que la religión es algo decadente, en buena parte del mundo se está dando justo lo contrario: una clericalización de las sociedades de muchos países, donde los líderes religiosos están ocupando más espacio en la vida pública y tienen más influencia sobre los dirigentes. Esto es justo lo que está pasando en Europa del Este, donde la iglesia ortodoxa es predominante.

Durante el siglo XX, las autoridades soviéticas mantenían a raya a la Iglesia Ortodoxa Rusa, encarcelando a sus prebostes en Rusia y el resto de países que estaban bajo su auspicio. Pero con la caída del muro de Berlín en 1989, el destino del cristianismo oriental dio un giro de 180 grados. Entre 1990 y 1995 reabrieron más de 8.000 iglesias y según algunos estudios, el incremento se ha mantenido hasta el presente. En Ucrania, un 39% de los adultos se definían como ortodoxos en 1991 frente al 78% que lo hacía en 2015. Esto se asocia también a una identidad nacional que ha ido creciendo en los distintos satélites de la URSS.

Aunque en Ucrania esta asociación no era inicialmente tan fuerte como en Armenia, Georgia o Serbia, en los últimos años la sociedad se ha cohesionado mucho. Que Constantinopla concediera el Tomos —la luz verde a la autocefalia o independencia de otros patriarcados— a la iglesia ucraniana ortodoxa ha tenido un papel muy importante en este proceso de identidad nacional.

Todo empezó incluso antes de que la iglesia católica y la ortodoxa partieran peras en el Cisma de 1054, con la excomunión mutua del papa León IX y el patriarca Miguel Cerulario. Ya a finales del siglo X, los misioneros enviados desde Constantinopla llegaron al llamado Rus de Kiev, por entonces capital de una región de tribus paganas eslavas, y lograron el bautismo del príncipe Vladimiro el Grande. Este fue el nacimiento de ambas iglesias ortodoxas, la ucraniana pero también la rusa, que siglos después creció hasta el punto de someter al patriarcado de Kiev.

"Según ha dicho el presidente Zelenski, el Rus de Kiev es la madre", dice el Reverendo Padre. "Y la hija, Rusia, lamentablemente se ha convertido en una criatura que odia a su madre e intenta quitarle lo más valioso".

A lo largo de la historia, ambas iglesias se han entrelazado en función de las circunstancias, una siempre imponiéndose sobre la otra hasta casi hacerla desaparecer, pero nunca lográndolo del todo. Durante siglos, los zares Catalina o Nicolás II persiguieron a la iglesia ucraniana en su intento de crear un gran imperio ruso con una única iglesia, pero el auge del socialismo tras la Revolución de 1917 dio al traste, una vez más, con sus expectativas y los ortodoxos ucranianos, que llegaron a estar al borde de la desaparición, volvieron a coger oxígeno.

"Ucrania tiene su historia antigua, se fundó en el año 288, mucho antes de que apareciera Moscú", apunta Trachuk. "El pueblo ucraniano siempre tuvo su iglesia, pero estuvo perseguida muy fuertemente por el imperio ruso: quisieron borrar esta cultura y esta nación que empezaba por la iglesia, porque la gente en Ucrania siempre ha sido creyente".

Ahora estamos ante otro de esos momentos. Hoy la iglesia dependiente del Patriarcado de Moscú está de perfil bajo, o en palabras de uno de los fieles que ha acudido al templo madrileño en esta mañana de jueves, "metidos en sus agujeros". Los del Patriarcado de Kiev viven su mejor momento después de que Constantinopla les concediera en 2019 la autocefalia y reconociera como líder a Epifanio de Kiev.

placeholder El Padre Konstyantyn con un pañuelo con los colores de la bandera ucraniana. (S.B.)
El Padre Konstyantyn con un pañuelo con los colores de la bandera ucraniana. (S.B.)

"Hasta hoy en Ucrania había tres iglesias: griega católica, ortodoxa ucraniana y ortodoxa de Moscú", explica el párroco. "La de Moscú no se puede unir a las demás porque no está reconocida por Constantinopla. No es canónica. Esto ha sucedido después de que la Iglesia Ucraniana Ortodoxa recibiera el Tomos".

En teoría, Epifanio ahora está al mismo nivel que el Patriarca de Moscú en cuanto a seguidores en Ucrania, pero se da por hecho que todo va a cambiar después de esta guerra. Si Rusia gana, los miles de sacerdotes ocultos volverán a salir de las sombras y la iglesia ucraniana prácticamente desaparecerá. Pero si Kiev resiste y logra expulsar de allí al Ejército Rojo, los párrocos rivales tendrán que abandonar al Patriarca Cirilo I de Moscú o tendrán que irse tras los soldados.

El viaje de Konstyantyn

Una pareja entra en la catedral ortodoxa del barrio de Hispanoamérica. Tras atravesar el quicio de la puerta, se detienen, hacen la señal de la Cruz y comienzan a susurrar plegarias. El hombre se arrodilla y besa el suelo. Piden por la protección de los familiares que siguen en Ucrania y no pueden o no quieren salir, como las madres. "Es como un árbol con las raíces, imposible sacarla de su pueblo, prefiere morir allí de un disparo que errando de un sitio a otro", dice más tarde el hombre.

Él lleva la voz cantante porque es el único que habla castellano. La joven es su sobrina y va acompañada de un niño, de nombre Kyrylo y edad de hacer la comunión. Lleva un gorro de lana y pasea canturreando por entre los bancos de la iglesia con el teléfono móvil en la mano. Madre e hijo acaban de llegar a Madrid tras un viaje de cuatro días sin apenas dormir desde Polonia. Al día siguiente, los dos se subirán a un avión con destino Alemania, donde los esperan otros familiares. Es estremecedor ver cómo está rodeado aún por un manto de inocencia que le protege de la situación. El niño, dice el hombre, lo está viviendo como unas vacaciones, sin llegar a entender realmente que su viaje no tiene aún final o destino concreto.

Un poco más allá, Trachuk se estremece con las noticias sobre el reciente bombardeo y destrucción del teatro de Mariúpol, un edificio por el que tantas veces había pasado desde que se fuera a esa ciudad a trabajar con 17 años.

Pasaron varios años más aquí y allá, siempre perfeccionando el arte de la soldadura hasta que la burbuja de la construcción de principios de siglo le trajo hasta la Costa del Sol, donde la inmigración eslava es tan importante que siempre que salía a la calle oía hablar ruso o ucraniano. Su primer destino fue la parroquia ortodoxa de San Basilio en Torremolinos, que ofrece misas quincenales a los fieles ortodoxos que comenzaban a poblar Málaga y alrededores. Más tarde Marbella y, poco a poco, finde a finde, hasta convertirse en el máximo representante de la iglesia ortodoxa ucraniana en España.

placeholder El Embajador de Ucrania en España, Serhii Pohoreltsev, entregó en 2016 la Carta de Reconocimiento de los Méritos al Padre Kostyantyn. (Embajada de Ucrania)
El Embajador de Ucrania en España, Serhii Pohoreltsev, entregó en 2016 la Carta de Reconocimiento de los Méritos al Padre Kostyantyn. (Embajada de Ucrania)

Y ahora, también se ha convertido en un soldado más de la guerra diplomática que trata de asfixiar desde fuera al régimen de Putin para forzarle a poner fin a las hostilidades. En su caso, su objetivo es forzar a la iglesia rusa a condenar lo que está pasando. "Ningún sacerdote en la iglesia ucraniana bendice los actos en los que tú puedas robar o matar a alguien", dice, "pero en la de Moscú sí que existen esos casos, bendicen que vayan al territorio ucraniano a hacer estas barbaridades".

Especialmente desde la segunda etapa de Putin al frente del país, el patriarca Kirill o Cirilo I de Moscú se ha convertido en uno de sus aliados más sólidos, ambos con la ambición de devolver a Rusia el esplendor imperial de antaño. Además, el Kremlin ha logrado congraciarse mucho con la iglesia ortodoxa tras su persecución del colectivo gay y la supresión de cualquier material audiovisual o educativo susceptible de ser considerado 'doctrina LGTB'.

Rusia, en resumen, está controlada, pero Ucrania...

Todo explotó en el Maidan

Parte del problema del Kremlin en estas guerras —militares y religiosas— es pensar que la sociedad ucraniana es la misma que hace ocho años, cuando a finales de noviembre de 2013 el presidente Víctor Yanukóvich suspendió la firma del Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea. De repente, cientos de estudiantes abarrotaron la plaza de la Independencia de Kiev en los eventos que hoy recordamos como Euromaidán o Marchas por la Dignidad.

Para sofocar la insurrección, inspirada en la Primavera Árabe o el 15-M, Yanukóvich, indisimuladamente prorruso, mandó a la policía a repartir leña contra los manifestantes. Aquel acto fue el comienzo de un nuevo cisma entre ambas iglesias ortodoxas, que tenían agendas muy diferentes. La ucraniana mandó a sus sacerdotes a la plaza y abrió sus templos a los manifestantes para que se resguardaran, pero al mismo tiempo, tenían que ser muy cuidadosos de que el gobierno no les acusara de instigadores de aquel desorden.

placeholder Interior de la Catedral de San Andrés y San Demetrio de Madrid. (S.B.)
Interior de la Catedral de San Andrés y San Demetrio de Madrid. (S.B.)

Por su parte, la iglesia ortodoxa dependiente de Moscú optó por el silencio. Era la iglesia mayoritaria en Ucrania con más de siete mil clérigos y, sin embargo, fue la única que no apareció aquellos días. Fuera de las plazas, media Ucrania suspiraba por unirse a Europa y la otra media por acercarse más a Rusia con una unión aduanera. Pero tras la salida de Yanukóvich, quien huyó del país reapareciendo a la semana al otro lado de la frontera y, sobre todo, la invasión de Crimea, el ánimo de la población ucraniana cambió. Una argamasa común fue solidificándose por encima de las diferencias previas y esto, por supuesto, también acabó llegando a la iglesia.

En diciembre de 2018, la Iglesia Ortodoxa de Ucrania (Patriarcado de Kiev) y la Iglesia Ortodoxa Autocéfala de Ucrania se unen como un paso previo a la certificación por parte del Constantinopla, que se produjo unos pocos días más tarde. Para el bielorruso Sergei Mudrov, de la Universidad de Polotsk y autor de varios estudios sobre estos episodios, la nueva iglesia nació "infiltrada con sentimientos nacionalistas y antirrusos". Para este sociólogo, el establecimiento de la nueva iglesia "y el total apoyo que se le dio por parte de las autoridades, especialmente por el presidente Poroshenko, solo ha servido para deteriorar las relaciones entre iglesias ortodoxas en Ucrania", o dicho de otra manera, con la iglesia ortodoxa dependiente de Moscú, antaño mayoritaria.

placeholder Una vela encendida en el interior de la catedral ortodoxa ucraniana de Madrid. (S.B.)
Una vela encendida en el interior de la catedral ortodoxa ucraniana de Madrid. (S.B.)

Para Mudrov, "el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla claramente apuntaba a disminuir la influencia del Patriarcado de Moscú en Ucrania, fue quizá la razón más importante por la cual apoyaron el establecimiento de una nueva estructura eclesiástica en Ucrania, incluso sabiendo que sería percibido negativamente por muchos ucranianos ortodoxos". Para Poroshenko, quien abogaba por la integración con la Unión Europea, esta nueva iglesia era un proyecto crucial "ya que pudo explotar el ánimo antirruso de la sociedad y las élites ucranianas que creció tras los eventos en el Dombás y Crimea", apunta el académico bielorruso.

Óscar Salguero, antropólogo, investigador en la Universidad Complutense de Madrid y uno de los pocos españoles que ha estudiado el caso de la iglesia ortodoxa en España, sigue la idea de que la declaración de autocefalia fue un cambio más político que puramente religioso, pero mira más allá. "La autocefalia ucraniana se impulsó en los últimos años desde el lado político que empujó al religioso, pero las razones por las que se apoyó este cambio desde Constantinopla, un estamento que aunque está en Estambul sobre todo tiene sus bases en la iglesia griega, no se quedan en la insistencia ucraniana", comenta.

Según cuenta el antropólogo, y lo hace apoyándose en los libros y artículos que ha publicado junto a otros autores sobre este asunto, todo esto sucede en un contexto de pulso global entre las dos ramas más pujantes de la iglesia ortodoxa: Constantinopla, el líder tradicional, y Rusia, el ala más fuerte en los últimos años y que aporta la mayoría de los feligreses. "En el caso ortodoxo, además, no se puede olvidar la diáspora. Es una religión mayoritaria en países con muchos emigrantes y un buen ejemplo de su importancia se da en España. Aquí, hasta hace nada el interlocutor con el Gobierno por parte de los ortodoxos era la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal, bajo el control de Constantinopla, pues en 2018 la iglesia rusa, junto a la rumana, crearon la Federación Ortodoxa de España, que deja fuera a Estambul". Un detalle importante es que la comunidad de feligreses más grande bajo el paraguas ecuménico en España es la ucraniana.

Más allá de Ucrania

El conflicto en el país de los girasoles simplemente ha recrudecido una tensión latente entre Moscú y Constantinopla que ya dura siglos por la primacía en el cristianismo oriental. De fondo están las teorías sobre la Tercera Roma, el lugar como bastión de la civilización cristiana que supuestamente Moscú habría ocupado tras las caídas de Roma y Bizancio. "Dos Romas han caído. La Tercera se sostiene. Y no habrá una cuarta. ¡Nadie reemplazará tu reino de zar cristiano!", dejó escrito célebremente el monje Filoféi de Pskov en el siglo XVI.

La teoría está ya un poco obsoleta, pero sigue latiendo. La iglesia pro-moscovita ucraniana está tratando de asimilar el golpe recibido en 2019. Para sus fieles, el metropolitano Epifanio no ha llegado al Patriarcado de una forma canónica, sino política. Otros están alienados por la reclamación, por parte de los ortodoxos de Kiev, de iglesias que creían suyas y unos cuantos incluso han dejado de reconocer al Patriarca Cirilo como suyo.

placeholder El Padre Konstyantyn. (S.B.)
El Padre Konstyantyn. (S.B.)

El padre Konstyantyn tendrá más batallas que librar una vez termine la que actualmente nos preocupa a todos. "Terminar esta guerra es el único objetivo de todos los sacerdotes que están en Ucrania", dice, aunque cada cual tiene un camino en la cabeza y el suyo está claro. "Hay falta de armamento; en el mundo hay tantas armas y gente capaz de manejarlas que esto podría acabarse mucho antes" y lamenta que aquellos cazas polacos no hayan acabado surcando los cielos ucranianos.

Victoria Hudson, del King's College de Londres, es una de las académicas que ha seguido este conflicto durante años con una saludable distancia.

PREGUNTA. En sus investigaciones usted describe cómo la Iglesia Ortodoxa Ucraniana ha contribuido a aumentar la conciencia nacional. ¿Cómo cree que los acontecimientos de los últimos años, como la autocefalia, se relacionan con lo que realmente está sucediendo ahora en la guerra contra Rusia?

RESPUESTA. La autocefalia es otro ejemplo de Ucrania desvinculándose de la órbita cultural de Rusia. La Iglesia Ortodoxa Ucraniana promueve ideas de autodeterminación e independencia nacional de Ucrania, mientras que la visión propuesta por la rama asociada al Patriarcado de Moscú vincula la identidad ucraniana con nociones de la Sagrada Rus y la pertenencia fraterna a esa civilización con todos los elementos de historia compartida, espiritual y cultural que lo acompañan.

P. Constantinopla tuvo un papel decisivo cuando concedió la independencia de Moscú a la Iglesia Ortodoxa Ucraniana. ¿Esta decisión fue impulsada por las autoridades ucranianas para aumentar el nacionalismo o la propia rama ortodoxa tiene una historia prolongada de querer separarse del patriarcado ruso?

R. El Patriarcado de Kiev y Iglesia Ortodoxa Ucraniana Autocéfala se establecieron como una alternativa o un desafío al Patriarcado de Moscú, mientras que este sigue disfrutando de la canonicidad asociada a Moscú, incluso cuando algunos clérigos se han cambiado a la Iglesia Ucraniana Ortodoxa. Las autoridades ucranianas estaban muy interesadas en tener una iglesia independiente como parte de su proyecto de construcción nacional.

P. ¿Podrían estos eventos escalar hacia una disputa más amplia entre Moscú y Constantinopla? ¿Cómo está afectando todo esto a la política de la Iglesia ortodoxa mundial?

R. La aceptación de la independencia de la iglesia de Kiev ya provocó una profunda ruptura entre Moscú y Constantinopla. Como consecuencia de la invasión, han surgido divisiones en las iglesias ortodoxas rusas fuera de Rusia. Por ejemplo, una iglesia en Ámsterdam está considerando unirse a la Iglesia Ortodoxa bajo Constantinopla.

P. Uno de sus trabajos hablaba de cómo el Kremlin usó la rama pro-Moscú de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana como 'soft power' para dirigir la opinión pública en el Euromaidán de 2014. ¿Podrían estar haciendo ahora algo parecido con la guerra o han perdido ya esa influencia que tuvieron hace nueve años?

R. En los últimos años, el Patriarcado de Moscú ha estado bajo una fuerte presión en Ucrania, con 'transferencias', a veces aparentemente coaccionadas, de parroquias a otras confesiones en el oeste de Ucrania, y, según sus jerarcas, la Iglesia Ucraniana Ortodoxa ha estado en el lado receptor de campañas de desinformación relacionadas con iglesias que servían como escondites de armas, que no realizaban ritos funerarios para los soldados caídos bautizados en otras denominaciones, etc. Todo esto ha estado sucediendo durante los últimos ocho años y más.

Pero, a diferencia de la época del Maidan, cuando la iglesia tomó una posición más bien apolítica, esta vez hay claras aguas abiertas entre las posiciones de la Iglesia Ortodoxa Rusa y el Patriarcado de Moscú de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana. Los clérigos ucranianos al más alto nivel hablan de "agresión rusa" e "invasores rusos", o de "ataques a nuestro país por parte de las tropas de la Federación Rusa". Piden al patriarca Kirill que interceda para lograr la paz y se dirigen a Putin y Zelenskyi con el mismo mensaje. La Iglesia Ortodoxa Ucraniana destaca su apoyo a la soberanía estatal y la integridad territorial de Ucrania. La iglesia rusa, por el contrario, pide la restauración de la paz, pero solo en términos generales.

P. Es decir, que algo se ha roto.

R. La iglesia rusa reconoce que hay debates sobre si los rusos y los ucranianos son un solo pueblo o dos, pero sin embargo enfatiza la unidad de la pila bautismal común del príncipe Vladimir y habla de "único destino histórico común". La Iglesia Ortodoxa Rusa enmarca el contexto del conflicto actual en términos similares a los de la Federación Rusa: promesas olvidadas de respetar la seguridad de Rusia, expansión de la OTAN, contención, Occidente buscando abrir una brecha entre Rusia y Ucrania, etc. Solo hay que ver el mensaje del Patriarca Kirill del 11 marzo de 2022. La Iglesia Ucraniana Ortodoxa no da este contexto, afirmando simplemente que "no hay excusas para los que empiezan las guerras" y que la guerra es un gran pecado.

En cambio, los ortodoxos ucranianos ponen en primer plano su labor de apoyo a los desplazados internos y otras ayudas humanitarias a personas necesitadas, concretamente en relación con la crisis actual. Parece ser más proactiva en este sentido que en la época del Maidan, tanto en lo que se refiere a hacer como en darlo a conocer. Así que, en definitiva, no se habla de que la Iglesia Ortodoxa Ucraniana anime a la gente a no resistir la invasión y trate de apoyar a las fuerzas armadas ucranianas. Por supuesto, aunque esa parece ser la línea oficial, no es garantía de que los sacerdotes individuales o los laicos no hagan declaraciones o actúen en contra de ella. Sin embargo, para los críticos, el mero hecho de que la iglesia más grande de Ucrania por número de comunidades esté bajo el control de Moscú es suficiente para que se la considere un caballo de Troya, una quinta columna, etcétera.

Konstyantyn Trachuk trabajaba de lunes a viernes como soldador y, eventualmente, como sacerdote los fines de semana. El inicio de la guerra le pilló volviendo de Murcia, donde acababan de terminar una obra. Muchas vidas cambiaron en el momento en que Vladímir Putin ordenó a sus tanques cruzar la frontera ucraniana el pasado 24 de febrero, también la suya. Los acontecimientos le han obligado a convertirse en la cabeza más visible de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana en España, esta vez a tiempo completo.

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