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Washington y Moscú cortejan a una China clave para el desenlace de la guerra en Ucrania
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En manos de Xi Jinping

Washington y Moscú cortejan a una China clave para el desenlace de la guerra en Ucrania

Tras 19 días de guerra en Ucrania, una reunión de más de siete horas en Roma puede ser clave para su desenlace. EEUU y China discutieron el lunes el posible apoyo chino a Rusia en un encuentro que refleja “la gravedad del momento”

Foto: Los presidente de Rusia y China, Vladímir Putin y Xi Jinping, reunidos en una imagen de archivo. (Getty/Ed Jones)
Los presidente de Rusia y China, Vladímir Putin y Xi Jinping, reunidos en una imagen de archivo. (Getty/Ed Jones)

El lunes, el frente decisivo en la guerra de Ucrania se libró en Roma. Allí, a más de 1.600 kilómetros del epicentro de los combates, el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, se reunió con el jefe de la diplomacia del Partido Comunista Chino, Yang Jiechi, en un vis-a-vis diplomático crucial para el desenlace del conflicto. Durante más de siete horas —a puerta cerrada y en un hotel blindado—, los altos funcionarios discutieron el ambiguo papel de China ante la ofensiva desatada en Europa por Vladímir Putin con la que ha hecho saltar por los aires el orden mundial. Estados Unidos teme que Xi Jinping otorgue soporte militar al Kremlin. Pekín niega haber recibido ninguna petición de apoyo. Y Ucrania sigue soportando el inclemente bombardeo ruso, de Kiev a Mariúpol, cuando se cumple el vigésimo día de la invasión.

Horas antes, una desconocida editora del Canal Uno, identificada como Marina Ovsyannikova, dejaba la imagen del día al interrumpir el principal telediario estatal ruso al grito de "No a la guerra" y con un cartel que rezaba: "Paren la guerra. No crean la propaganda. Os están mintiendo". La mujer fue arrestada y podría enfrentar severos cargos bajo la nueva ley aprobada por Putin, que castiga hasta con 15 años de cárcel "la difusión de información falsa sobre las Fuerzas Armadas". El gesto ha marcado el debate en redes sociales, donde también se han compartido varios videos con detenciones arbitrarias de varios activistas rusos contra la guerra sosteniendo papeles en blanco.

"Lamentablemente, durante los últimos años he estado trabajando para el Canal Uno. He estado haciendo propaganda del Kremlin y estoy muy avergonzada por ello. Dejé que personas mintieran desde las pantallas de televisión y permití que el pueblo ruso fuera 'zombificado'", dijo Ovsyannikova, en un video que preparó asumiendo que sería encarcelada inmediatamente. "No dijimos nada en 2014, cuando esto solo empezaba. No protestamos cuando el Kremlin envenenó a Navalni. Miramos en silencio a este régimen inhumano. Ahora, el mundo entero nos ha dado la espalda y ni diez generaciones de descendientes podrán borrar esta guerra fratricida", aseguró la periodista, de padre ucraniano y madre rusa.

Hasta el pasado domingo, casi 15.000 rusos habrían sido arrestados por manifestarse contra la ofensiva en 151 ciudades del país, según la organización OVD-Info, que monitoriza estos casos. Putin trata de controlar a la disidencia bajo represión y amenazas, mientras trata de confundir a la población general con una brutal campaña de propaganda interna con la que ha hecho creer a muchos rusos que la guerra la comenzaron los ucranianos. Hasta un 60% de la población considera a EEUU y la OTAN los responsables de la escalada militar y apenas un 3% culpan a su Gobierno, según un sondeo de la encuestadora independiente Lavada-Center realizado a finales de febrero.

La gravedad del momento

Con el frente interno controlado, por el momento, y las sanciones occidentales asumidas; el único factor que parece podría frenar ahora a Moscú es China, coinciden los expertos. En la víspera del encuentro Sullivan-Jiechi, el Departamento de Estado alertó a sus socios occidentales y asiáticos que Rusia habría pedido ayuda militar a China para sostener su ataque contra Ucrania y que Pekín habría mostrado su disposición a echarle una mano, incluyendo equipamiento como misiles aire-superficie, drones y vehículos armados y de apoyo, según el contenido de cables diplomáticos filtrado a varios medios anglosajones. No se aportan detalles sobre cantidad, tiempo o detalles de cualquier eventual asistencia. Y tanto Rusia como China lo han negado. Pero solo el hecho de que pueda suceder ha puesto a Occidente muy nervioso.

Foto: Vladímir Putin junto a Xi Jinping en una reunión presencial antes de la pandemia. (EFE/Alexei Druzhinin)

Tras la reunión del lunes, las superpotencias apenas mostraron sus cartas y se despacharon con sendos escuetos comunicados. Washington se limitó a decir que Sullivan y Jiechi mantuvieron "un importante debate sobre la guerra de Rusia contra Ucrania". Un alto funcionario de la Administración Biden describió a la agencia Reuters un encuentro "intenso", un reflejo "de la gravedad del momento". El comunicado chino ni siquiera hace ninguna referencia a Ucrania. La conclusión a este diálogo, según EEUU, fue que ambos países han acordado "mantener abiertas las líneas de comunicación". Un gesto relevante dada la tensión diplomática acumulada entre las dos mayores economías del mundo.

Desde el comienzo de la invasión, el gigante asiático ha mostrado una actitud ambivalente. Si bien se ha referido a la necesidad de mantener la integridad territorial de Ucrania, con quien mantenía buenas relaciones, Xi Jinping ha optado por mantener en público un sólido apoyo a su socio ruso. Durante los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín, celebrados el mes pasado, Putin visitó al presidente chino días antes de la invasión. Era la primera vez que los dos mandatarios se veían desde la pandemia y celebraron el encuentro firmando un documento conjunto de 5.000 palabras con el que aseguraban que "las relaciones internacionales han entrado en una nueva era", desgranando una potencial colaboración sino-rusa "sin límites".

Foto: Los presidentes de Rusia y China, Vladimir Putin y Xi Jinping, durante su reciente encuentro en Pekín. (Reuters vía Kremlin)

"Si de verdad no hay límites a esas sociedad China-Rusia lo veremos en los próximos días", reflexionó el analistas Gideon Rachman en las páginas del Financial Times. "Si Xi accede a la petición [rusa de ayuda militar], China estará entrando en una guerra 'proxy' con EEUU y la OTAN, que respaldan a Ucrania. Esa decisión podría suponer el fin del sistema económico globalizado que ha alimentado el extraordinario auge de China en los últimos 40 años", agregó.

Pekín haciendo el 'egipcio'

Por el momento, Pekín sigue poniéndose de perfil ante los intentos de la UE y EEUU para que ejerza presión sobre el Kremlin y detenga la guerra. Apenas unas horas antes de la invasión, la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, reconoció en una videoconferencia con periodistas europeos a la que asistió El Confidencial que su país había tanteado a China para evitar que se prodijera la ofensiva definitiva.

"La posición de China sobre la cuestión ucraniana es coherente y clara. Siempre hemos desarrollado un papel constructivo apoyando la paz y promoviendo las negociaciones", publicó la cuenta de la Embajada de China en Italia mientras se producía la reunión en Roma.

Más allá de la asistencia militar, donde Rusia sí ha señalado claramente que necesita a China es para soportar las sanciones occidentales y dar un balón de oxígeno a su vapuleada economía. Por el momento, Pekín no ha penalizado el comercio ruso, ni ha congelado activos o bienes del Kremlin, algo que Estados Unidos parece estar intentando cambiar.

"Hemos comunicado con toda claridad a Pekín que no nos quedaremos quietos. No permitiremos que ningún país compense a Rusia por sus pérdidas", afirmó el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, en rueda de prensa el lunes, consciente de que, como mayor exportador del mundo, principal socio comercial de la Unión Europea y primer proveedor extranjero de bienes a Estados Unidos, cualquier medida contra China tendría graves repercusiones en la economía global.

¿La debilidad del invasor?

Un respaldo militar abierto de China a Moscú -algo que los analistas dudan que beneficie a Pekín- sería catastrófico para las perspectias de resistencia ucraniana. Pero el hecho de que el Kremlin esté pidiendo ayuda evidencia cierta debilidad del invasor, tanto en el frente como en la retaguardia. El Ejército ruso continúa aumentando la intensidad y frecuencia de sus bombardeos, haciendo sonar las alarmas antiaéreas en toda Ucrania. Pero sus avances sobre el terreno parecen prácticamente estancados desde hace dos semanas.

En Kiev, tras un fin de semana de combates en las afueras de la ciudad, al menos dos personas murieron el lunes después de que un proyectil alcanzara un edificio residencial. El Ejérito ruso están priorizando la logística y los refuerzos en las inmediaciones de la capital, lo que ralentiza su avance en frentes como el Donbás. Al mismo tiempo, la continuada resistencia ucraniana en Járkov y sus contraataques en el noreste del país muestran lo difícil que resultará una ocupación prolongada en el tiempo para las tropas rusas, según concluye el análisis del Institute for the Study of War estadounidense.

El jefe de la guardia nacional rusa y miembro del consejo de seguridad de Putin, Viktor Zolotov, sorprendió el lunes al reconocer que los avances de la invasión han sido más lentos de lo esperado. Acto seguido, el Kremlin reaccionó asegurando que "todo va según lo previsto", en palabras de su portavoz, Dmitry Peskov. "Rusia tiene el potencial suficiente para llevar a cabo la 'operación militar especial' en Ucrania (...) y se completará a tiempo y en su totalidad".

Tampoco han avanzado las negociaciones, que en una jornada telemática no lograron ningún avance pese a que había cierto optimismo previo. "La comunicación se mantiene, pero es difícil", tuiteó uno de los principales asesores de Zelenski, Mykhailo Podolyak. "Intentamos hacer todo lo posible para que se cumplan los objetivos fijados por Vladímir Putin", afirmó el negociador ruso, Vladímir Medinksy, en referencia a la "desnazificación" y "desmilitarización" que persigue el líder de Rusia.

Foto: Vlasta lleva tres años instalada en España. (Cedida)

En la jornada, por primera vez cientos de residentes de la sitiada ciudad de Mariúpol pudieron escapar en dirección a Zaporiyia. "En las dos primeras horas, salieron 160 coches", dijo a Reuters Andrei Rempel, representante del Ayuntamiento de este enclave portuario. Hasta ahora, han muerto al menos 2.500 civiles en la ciudad, según han afirmado autoridades locales. El fuego de artillería continuaba cayendo sobre la urbe y los convoyes de ayuda humanitaria siguen sin poder entrar pese a que en la localidad todavía hay 400.000 personas atrapadas más de una semana sin agua, ni electricidad y poca comida.

Unas imágenes de la ciudad a vista de dron difundidas por las fuerzas ucranianas muestran las consecuencias de las semanas de bombardeos indiscriminados rusos: un paisaje desértico, plagado de columnas de humo y edificios en ruinas. Horas más tarde, la mujer embarazada que se había convertido en símbolo del sufrimiento de Mariúpol tras ser fotografiada siendo rescatada de las ruinas de un hospital bombardeado, murió este lunes junto a su bebé. El mismo ataque que el embajador ruso ante la ONU calificó la semana pasada de 'fake news'.

El lunes, el frente decisivo en la guerra de Ucrania se libró en Roma. Allí, a más de 1.600 kilómetros del epicentro de los combates, el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, se reunió con el jefe de la diplomacia del Partido Comunista Chino, Yang Jiechi, en un vis-a-vis diplomático crucial para el desenlace del conflicto. Durante más de siete horas —a puerta cerrada y en un hotel blindado—, los altos funcionarios discutieron el ambiguo papel de China ante la ofensiva desatada en Europa por Vladímir Putin con la que ha hecho saltar por los aires el orden mundial. Estados Unidos teme que Xi Jinping otorgue soporte militar al Kremlin. Pekín niega haber recibido ninguna petición de apoyo. Y Ucrania sigue soportando el inclemente bombardeo ruso, de Kiev a Mariúpol, cuando se cumple el vigésimo día de la invasión.

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