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La batalla clave de Londongrado: aquí está el verdadero frente del dinero y poder de Putin
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Los tentáculos de los oligarcas en UK

La batalla clave de Londongrado: aquí está el verdadero frente del dinero y poder de Putin

Los oligarcas con vínculos con Moscú llevan décadas conquistando Londres con fortunas de dudosa procedencia que no solo les permiten exclusivas viviendas, sino también acceso directo al 'establishment'

Foto: Vista del distrito financiero de 'la city' de Londres. (EFE/Neil Hall)
Vista del distrito financiero de 'la city' de Londres. (EFE/Neil Hall)
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La palabra mansión no sería apropiada para describir Witanhurst House. Va más allá. Situada en una de las zonas más cotizadas de Londres, consta de 65 habitaciones y, entre otros lujos, cuenta con una piscina olímpica. Está valorada en 300 millones de libras (algo más de 357 millones de euros). Se trata de la residencia privada más grande de Londres, después del Palacio de Buckingham. Su propietario es el magnate del fosfato Andrey Guryev, uno de los hombres más ricos de Rusia. No está solo en la capital británica.

Su compatriota, Alisher Usmanov, magnate de los metales, divide su tiempo entre Beechwood House, de 50 millones de libras (casi 60 millones de euros), y Sutton Place, un edificio estilo Tudor en Surrey, que en su día perteneció al mismísimo Jean Paul Getty, el norteamericano que descubrió petróleo en Arabia Saudí. Por su parte, Alexander Lebedev, un exagente de la KGB, tiene una imponente morada en Cambridge Gate, otra de las zonas más exclusivas de la ciudad, con increíbles vistas a Regent’s Park. Para la gran mayoría de estos multimillonarios, tan solo se trata de su segunda residencia. La lista continuaría, pero no es cuestión de extenderse, sino de presentar este mundo paralelo: bienvenidos a 'Londongrado'.

Foto: Coches a la salida de Kiev tras el inicio de la ofensiva rusa (Reuters/ Valentyn Ogirenko)

Según los grupos de oposición rusos, entre 30 y 50 oligarcas con vínculos con el Kremlin pasan gran parte del año viviendo en la ciudad a orillas del Támesis. Su presencia no incomoda, al contrario. Sus fortunas de dudosa procedencia han enriquecido a bufetes de abogados, auditores, arquitectos y constructoras. También han ayudado a crear extravagantes restaurantes, boutiques y clubs que se encargan de satisfacer su tiempo de ocio en calles que no quedan demasiado lejos de Westminster.

Ante el desafío que plantea ahora el presidente ruso Vladimir Putin con su invasión a Ucrania, el verdadero problema para Boris Johnson quizá no esté tanto en Kiev como en su propia casa. El Gobierno británico se vanagloria de ser el eje de la Alianza Atlántica, pero los oligarcas con vínculos con Moscú llevan décadas conquistando Londres con ingentes sumas de dinero que no solo les dan lujosas viviendas, sino también influencia y acceso directo al 'establishment' británico.

A principios de año, con la situación en la frontera ucraniana ya caliente por el amase de tropas rusas, fuentes diplomáticas ya expresaban la "consternación y frustración" de Estados Unidos por que Downing Street no estuviera tomando medidas más duras contra el flujo de fondos rusos, particularmente en Londongrado. "El temor es que el dinero ruso esté ahora tan arraigado en Londres que pueda perderse la oportunidad de usarlo como palanca contra Putin", aseguraba una fuente en Washington, recogida por 'The Times'. "Biden está hablando de sancionar al propio Putin, pero eso solo puede ser simbólico. Putin no tiene su dinero en el extranjero, todo está a nombre de los cleptócratas y una gran parte está en casas en Knightsbridge y Belgravia, justo debajo de las narices del Gobierno británico", matizaban.

"Putin no tiene su dinero en el extranjero, todo está a nombre de los cleptócratas y una gran parte está en casas en Knightsbridge y Belgravia"

Es aquí cuando se plantea un verdadero problema para el inquilino del Número 10. Porque si no actúa ahora de acuerdo a las circunstancias, su posición no solo quedará debilitada ante la comunidad internacional, sino también ante sus propias filas que han decidido —por el momento— poner en pausa la opción de una moción de confianza a su liderazgo por el escándalo del Partygate.

Con el firme propósito de demostrar que está dispuesto a pasar a la acción, Johnson ha presentado esta semana en la Cámara de los Comunes lo que ha denominado "el mayor y más severo paquete de sanciones que Rusia haya visto jamás".

Entre otras medidas, Londres congelará los activos de los principales bancos rusos, legislará para impedir a las empresas rusas acceder a financiación y vetará a la aerolínea Aeroflot. También limitarán los depósitos de ciudadanos rusos en bancos británicos y se restringirán las exportaciones, al tiempo que no se descarta en un futuro excluir a Moscú del sistema de pago internacional SWIFT. El Gobierno británico planea tramitar legislación en los próximos días que le permita "excluir totalmente a los bancos rusos del sistema financiero del Reino Unido, que por supuesto es, con mucho, el más grande de Europa" y les impida "acceder a la libra y liquidar pagos". El golpe de efecto llegó el viernes, cuando anunció que añadiría a la lista sanciones directas al propio Vladímir Putin y al ministro de Exteriores ruso Sergei Lavrov.

La gran pregunta es: ¿son suficientes? Los oligarcas con vínculos con el Kremlin llevan décadas usando Londres para lavar su reputación y meterse de lleno en el 'establishment' británico. Muchos de ellos tienen acceso directo al propio Johnson y sus ministros al ser generosos donantes del Partido Conservador. Este siempre ha sido uno de los grandes Caballos de Troya de Putin. Por lo tanto, si el inquilino del Número 10 realmente quiere ahora pararle los pies al ruso, los expertos consideran que es uno de los frentes clave donde debe actuar.

Una historia de amor (al dinero ruso)

La historia de amor del Reino Unido con el dinero ruso se remonta a los años noventa, cuando la nueva clase empresarial emergente de Moscú comenzó a comprar pisos de precios estratosféricos en Knightsbridge, frecuentar Harrods y Ascot y matricular a sus hijos en los colegios británicos más exclusivos. Rusia ya no era vista como una amenaza y se hacía la vista gorda ante las preocupaciones de que las fortunas provenían de privatizaciones legalmente cuestionables de servicios públicos de la era soviética.

Con la época de Tony Blair las relaciones bilaterales llegaron a uno de los puntos de máximo esplendor, coronándose incluso con un viaje de Estado de Putin en 2003, el único realizado a suelo británico.

En 2008, con el primer ministro laborista Gordon Brown, se crearon las llamadas "visas doradas": tras la crisis financiera había que atraer inversión extranjera, por lo tanto, todo aquel que invirtiera un mínimo de 2 millones de libras —menudencias para los superricos— tenía vía libre para instalarse en el país (trayendo a sus familiares, claro está) y más que facilidades para conseguir el pasaporte británico.

placeholder Una protesta anti-Putin en Londres. (Reuters)
Una protesta anti-Putin en Londres. (Reuters)

Johnson ha eliminado ahora "con carácter inmediato" este sistema. Pero, desde 2008, 2.581 ciudadanos rusos han conseguido visas de Nivel 1. Y muchos de ellos gozan ahora de la nacionalidad británica. Esto es un dato clave. Porque cuando uno es británico, puede financiar a los partidos de Westminster. Y, por tanto, vía directa al poder.

Financiando el poder

Los 'tories' han recibido más de 3 millones de libras de donantes nacidos en la antigua Unión Soviética, incluidos 1,7 millones de libras de Lubov Chernukhin, cuyo marido —Vladimir Chernukhin— fue viceministro de finanzas de Putin.

Recientemente, 'The Sunday Times' publicaba en exclusiva que Lubov Chernukhin pertenece a la llamada Junta Asesora, un poderoso e influyente grupo (hasta ahora secreto) formado por catorce generosos donantes del Partido Conservador, que por sumas de 250.000 libras anuales, pueden tener acceso privilegiado al primer ministro y diferentes miembros del Gabinete, influenciando así en la dirección del Gobierno.

Foto: Johnson y Putin, en una reunión en 2020. (EFE/Alexei Nikolsky)

"Uno compra una exclusiva vivienda para establecerse en el país, comienza a patrocinar el arte o deporte, realiza jugosas donaciones a partidos políticos, gana influencia y reputación y acaba presionando al Ejecutivo para beneficio de intereses propios", explicaba a este diario Roman Borisovich, exbanquero en Wall Street convertido hoy en activista contra el Kremlin. Organiza el "Cleptocracia tour", peculiares excursiones entre mansiones londinenses que explican cómo la capital se ha convertido en un lavadero mundial de "dinero turbio", especialmente para los rusos.

Los oligarcas son dueños de clubes de fútbol, como Roman Abramovich, propietario del Chelsea FC (aunque el año pasado ganó una demanda ante las afirmaciones de que había comprado el club por orden de Putin).

De fiestas con Boris

Y también controlan medios de comunicación. Evgeny Lebedev —hijo de un exagente de la KGB— es dueño del rotativo 'Evening Standard'. Tras conseguir la aplastante mayoría absoluta en las elecciones de diciembre de 2019, Boris Johnson y su pareja, Carrie, acudieron a la gran fiesta de Navidad que los Lebedev celebraron en su mansión frente a Regent’s Park.

La relación es tan estrecha que el 'premier' ha llegado a dar a Evgeny el título de lord, convirtiéndole así en el primer ruso en lograr entrar en la Cámara Alta de Westminster, cuyos miembros no son elegidos por el pueblo británico, pero sí tienen voz y voto en la legislación.

Foto: Evgeny Alexandrovich Lebedev, con la modelo Elizabeth Jane Hurley, acaricia un rinoceronte blanco. (Reuters)

En la práctica, el Gobierno a menudo tiene poderes limitados para enfrentarse a los oligarcas, que utilizan complejas empresas ficticias y ejércitos de abogados para evitar el escrutinio de sus fortunas. En 2018, como parte de su nueva legislación bautizada "McMafia", Downing Street quiso atajar el problema obligando a demostrar que sus riquezas eran legítimas. Pero su cumplimiento fue prohibitivamente costoso. Un caso fallido contra una rica familia kazaja, que terminó en un largo proceso judicial, le acabó costando a la Agencia Nacional contra el Crimen 1,5 millones de libras en facturas legales, un tercio de su presupuesto internacional anticorrupción.

Lavados mil millonarios

Sin embargo, Johnson vuelve ahora a la carga. Dentro del nuevo paquete de sanciones anunciado este jueves en la Cámara de los Comunes, ha explicado que antes de Semana Santa se presentará un Proyecto de Ley de Delitos Económicos que actuará precisamente para perseguir esta cuestión.

Además, el líder 'tory' ha anunciado "una Célula de Cleptocracia en la Agencia Nacional del Crimen para atacar la evasión de sanciones y los activos rusos corruptos ocultos en el Reino Unido". "Eso significa que los oligarcas en Londres ya no tendrán dónde esconderse", matizó.

La Agencia Nacional contra el Crimen estima que el lavado de dinero le cuesta al Reino Unido 100.000 millones de libras (119.000 millones de euros) al año, mientras que otras pérdidas por fraude suponen 190.000 millones de libras más. Hasta ahora, una de las grandes quejas que ha habido era que la gran cantidad de organismos que intentan hacer frente a este problema están fragmentados, carecen de personal y fondos, están mal dirigidos y son ineficaces. Los procesamientos por lavado de dinero se han reducido en un tercio en los últimos cinco años.

placeholder El primer ministro británico, Boris Johnson. (Reuters)
El primer ministro británico, Boris Johnson. (Reuters)

Otro de los puntos claves anunciado en el nuevo paquete de sanciones son reformas a los mecanismos que permiten a oligarcas rusos acceder y poseer jugosos activos, sobre todo inmobiliarios, en el Reino Unido.

Hasta la fecha, Londres no ha logrado cerrar una laguna legal que permite a los compradores extranjeros hacerse con propiedades británicas ocultando sus identidades, a través de empresas y fideicomisos en el extranjero, a pesar de haber prometido hacerlo en 2016. Transparency International estima que unas 85.000 propiedades del Reino Unido —con un valor de al menos 1.500 millones de libras— figuran como "propiedad anónima", cuando en realidad están en manos de rusos sospechosos de corrupción o vínculos con el Kremlin. Según los medios británicos, Andrey Guryev compró su particular palacio a través de este sistema.

No es la primera vez que el Reino Unido impone un paquete de sanciones. Tras el envenenamiento del espía de la KGB Alexander Litvinenko en 2006, la anexión de Crimea en 2014 o el ataque con el agente nervioso Novichok en la ciudad británica de Salisbury en 2018, también hubo respuesta enérgica. Aunque más allá del discurso, los expertos consideran que las acciones no estuvieron a la altura. Habrá que ver ahora si el desenlace es diferente.

La palabra mansión no sería apropiada para describir Witanhurst House. Va más allá. Situada en una de las zonas más cotizadas de Londres, consta de 65 habitaciones y, entre otros lujos, cuenta con una piscina olímpica. Está valorada en 300 millones de libras (algo más de 357 millones de euros). Se trata de la residencia privada más grande de Londres, después del Palacio de Buckingham. Su propietario es el magnate del fosfato Andrey Guryev, uno de los hombres más ricos de Rusia. No está solo en la capital británica.

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