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Tres anécdotas (apócrifas) que necesitas conocer para leer los movimientos de Putin
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putin, ese gran desconocido

Tres anécdotas (apócrifas) que necesitas conocer para leer los movimientos de Putin

Tras más de 20 años en el poder y un pasado misterioso, la vida de Putin está repleta de episodios insólitos. Pero estas tres anécdotas pueden servir para analizar su estrategia en la crisis con Ucrania

Foto: Sarkozy y Putin en 2008. (EFE/Lucas Dolega)
Sarkozy y Putin en 2008. (EFE/Lucas Dolega)
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Jueves, 7 de junio de 2007. Los líderes de las ocho naciones más poderosas del planeta se reúnen en el exclusivo resort alemán de Heiligendamm para repasar el estado del orden mundial. Entre los titulares que dejó esa cumbre, que no fueron pocos, uno llamó especialmente la atención por insólito: el recién electo presidente francés, Nicolas Sarkozy, había dado una rueda de prensa en aparente estado de ebriedad tras reunirse con Vladimir Putin.

Sarkozy llegó del encuentro con el líder ruso un tanto pálido, con aspecto de estar recuperando el aliento y la frente brillante por el sudor. Comenzó disculpándose por llegar tarde, mientras se agitaba intranquilo en el podio de prensa. En contraste con su fama de orador seguro y con aplomo, el líder conservador galo arrastraba las palabras y, por momentos, parecía quedarse en blanco mientras daba cuentas a la prensa. Algunas crónicas bromearon socarronamente con que la charla entre el francés y ruso había sido regada con vodka. El problema: Sarkozy no prueba el alcohol. Putin, apenas. ¿Qué sucedió allí dentro?

“Sarkozy comienza la charla muy seguro de sí mismo, permitiéndose criticar la política interna de Putin. Le dice que los muertos en Chechenia son inadmisibles, que el asesinato de la periodista Anna Politkovskaïa es inadmisible, que el acoso a los homosexuales es inadmisible. Putin escucha atentamente y deja hablar a Sarkozy”, relata el periodista de investigación francés Nicolas Hénin a El Confidencial.

“El ruso se le queda mirando fijamente y, después de un silencio incómodamente largo, le pregunta: ‘¿Has terminado ya?’. Sarkozy asintió un tanto confundido. ‘Bien, pues te voy a explicar. Tu país es así [de pequeño]’ —le dijo gesticulando— ‘y el mío es así [de grande]’ —agregó separando exageradamente las manos—. ‘Tienes dos opciones. Si continúas con ese tono, te voy a machacar. Pero, si paras…, acabas de ser elegido presidente de Francia, yo te puedo hacer el rey de Europa’”, recuerda Hénin, quien reveló este intercambio en el documental ‘El misterio de Putin’, emitido en 2016, sin revelar las fuentes que le informaron de este diálogo.

Putin habría terminado la conversación en un tono muy duro –siempre según Hénin– imponiendo su personalidad a la de su interlocutor, que terminó de la reunión políticamente noqueado. “Salió humillado”, sentencia el periodista.

Foto: Una ceremonia en recuerdo de los caídos en Kiev. (Reuters/Valentyn Ogirenko)

“Hemos hablado de todos los temas y lo hemos hecho con calma, serenamente, sin ninguna agresividad”, dijo Sarkozy en esa conferencia de prensa de hace 15 años, en la que definió al líder ruso como “un hombre abierto al diálogo y que acepta el debate de temas complejos. Un hombre muy calmado y muy inteligente”, agregó entre muecas forzadas.

Una lectura estratégica

El equipo de Sarkozy (presidente entre 2007 y 2012) negó la escena relatada por Hénin en 2016 y se refieren a una transcripción oficial –pero parcial– del encuentro que se guarda en los archivos del Elíseo, donde no queda recogido ningún tono agresivo. Incluso aseguran que ambos bromearon sobre su afición común al chocolate. En su momento, se dieron varias explicaciones para su extraño comportamiento tras la reunión con Putin. El mandatario estaba divorciándose de su primera mujer y habría estado discutiendo con ella por teléfono antes de aparecer ante la prensa. Su aspecto desfondado, declaró el propio Sarkozy tras la polémica, se debía a que llegaba tarde y subió los escalones para llegar a la sala de prensa de “cuatro en cuatro”. Ni Putin ni su entorno se ha pronunciado nunca sobre el asunto.

En cualquier caso, la relevancia de la anécdota no es su veracidad. Si Putin trató o no de intimidar a su homólogo y la crudeza con la que se expresara son elementos secundarios. A estas alturas, su imagen y reputación de líder rudo y frío no necesita de más aderezos. Son las reacciones que generó lo que nos permite hacer una lectura estratégica. Lo explica el propio Hénin.

Foto: Foto de archivo de un tanque ruso en la región de Rostov, Rusia. (Reuters/Sergey Pivovarov)

“La primera acogida de la opinión pública fue embarazosa para Putin, quien aparecía retratado como un tipo maleducado y agresivo manejando delicados asuntos diplomáticos. Pero, poco a poco, he ido viendo cada vez más extractos de mi aparición en este documental en medios pro Putin, incluso en páginas de Facebook vinculadas a [la compañía de mercenarios rusos] Wagner en África, en la que la interpretación es la contraria. Hay orgullo: ‘Mirad cómo Putin es un líder fuerte, alguien que se atreve a decirle la verdad a los poderosos del mundo’”, explica el también autor de ‘Redes rusas en Francia’, un libro que investiga las operaciones de inteligencia del Kremlin en su país.

Este es, precisamente, uno de los rasgos más valorados por los rusos en Putin. Incluso por aquellos que no simpatizan del todo con el mandatario, como muestran recurrentemente los estudios de la encuestadora independiente Levada Center. “Un hombre de verdad, que se hace respetar y nos protege de Occidente”, lo definían en un sondeo de 2017. La popularidad de Putin ha ido cayendo sostenidamente desde 2015 y se ha estancado durante la pandemia, con casi un 55% de aprobación (admiración 8%, simpatizantes 21%, nada malo que decir de él 9%), un 16% de indiferentes y casi un 30% de desaprobación (rechazo 6%, antipatía 4%, preocupación 7%, nada bueno que decir de él 9%), según datos de Levada de octubre de 2021. Sigue lejos de su mejor momento, justo antes de la crisis financiera de 2008, pero también de sus mínimos de 2013 tras la discutida reelección del año anterior –unos niveles de los que se recuperó atacando Ucrania–.

"Putin tiene un discurso para todos, de derechas o de izquierdas. Incluso hay un ‘putinismo’ identitario, que aboga por volver a nuestras raíces cristianas"

Estados Unidos y sus aliados insisten en la relativa debilidad interna de Putin, que acaba de cumplir en el poder 21 años, y el rechazo de la mayoría de los rusos y europeos a una hipotética guerra supondría una fuerte presión interna y externa para el Kremlin. Sin embargo, Occidente no debería infravalorar cómo el carisma de Putin puede digerir decisiones drásticas en casa, donde un 26% de los rusos cree que ya existe un culto a Putin y otro 21% cree que las condiciones están dadas. Tampoco subestimar su capacidad para generar bolsas de simpatía en la opinión pública de otros países, donde se suele alimentar de los dos extremos.

Putin tiene un discurso para todos, ya seas de derechas o de izquierdas. Hay un ‘putinismo’ de izquierdas que opina que es necesario para la buena salud del mundo tener un contrapeso geopolítico a la hegemonía estadounidense y al imperialismo capitalista; también hay un ‘putinismo’ de derechas, una suerte de bonapartismo que prima al estadista fuerte y sólido; finalmente, hay un ‘putinismo’ identitario, que denuncia la decadencia de nuestras sociedades y aboga por volver a las raíces cristianas de nuestra civilización”, argumenta Hénin.

Judo canino

Domingo 21 de enero de 2007. Putin recibe en Borachov Ruchei, la residencia presidencial de verano en Sochi, a la canciller Angela Merkel, quien ya llevaba dos años en el cargo. En el preámbulo de la reunión, con ambos todavía posando sentados frente a la prensa, el ruso llama a Konni, su labradora ‘retriever’ negra. El animal se pasea por la sala y olfatea brevemente a la canciller antes de sentarse a sus pies. Merkel, enhiesta, muestra una clara mirada de incomodidad y algunas sonrisas forzadas.

– La perra no te molesta, ¿verdad? Es amigable, seguro que se porta bien, le explica Putin a su huésped hablándole en alemán.

– Al menos no come periodistas, le contesta Merkel en ruso.

“Esta es otra muestra del gusto de Putin por los juegos psicológicos. Aplicando su entrenamiento en inteligencia y siguiendo los estándares de la KGB, Putin había estudiado el contexto y las debilidades de su visitantes. Y descubrió que Merkel le tiene pánico a los perros desde que en 1995 le mordió uno”, relata el periodista finlandés Arvo Tuominen, autor del libro ‘Putin. La historia completa’.

La propia Merkel comentaría la maniobra de Putin en una entrevista en 2014 con ‘The New Yorker’: “Entiendo por qué tiene que hacer eso. Necesita probar que es un hombre. Está asustado de su propia debilidad. Rusia no tiene nada, no tiene una política exitosa o una economía exitosa. Todo lo que tienen es eso”.

Foto: Lavrov charla con Putin en un encuentro internacional sobre Libia en 2020. (Getty/Sean Gallup)

Años más tarde, Putin respondería en el Bild que nunca tuvo la intención de intimidar o asustar a Merkel, ya que desconocía su fobia a los cánidos. “Quería agradarla” –dijo– “pero cuando me enteré de que no le gustan los perros, naturalmente me disculpé”.

Pero podemos analizar la anécdota desde el punto de vista táctico. Las habilidades yudocas de Putin son legendarias. Comenzó a practicar este arte marcial después de dejar el boxeo tras romperse la nariz. Logró su cinturón negro, escribió un libro sobre la disciplina e incluso hizo los videos ‘Aprendiendo judo con Putin’. Una imagen que encaja bien con su permanente proyección de macho de Estado, ya bien sea con sus memificadas imágenes montando a caballo marcando pectorales, cazando en el monte o jugando hockey. Pero también es una muestra de cómo funciona la mente estratégica de Putin, buscando los puntos débiles del oponente para utilizar su fuerza en su contra. Reflejo de su maestría en lo Tuominen denomina “judo psicológico en el tatami geopolítico”.

El robobo de la jojoya

Sábado, 25 de junio de 2005. Rober Kraft, dueño del equipo de fútbol americano New England Patriots, viaja a San Petersburgo para una reunión de empresarios estadounidenses con el presidente ruso para animar las relaciones comerciales. En la reunión con Putin en el palacio de congresos Konstantinovsky, el millonario le muestra el anillo de vencedores de la SuperBowl de 4,94 quilates incrustado con 124 diamantes y valorado en ese momento en más de 25.000 dólares. Lo que sucedió a continuación sigue siendo motivo de debate.

Putin cogió el anillo y se lo probó. “Podría matar a alguien con este anillo”, dijo en referencia al peso de la joya. Después, según varios testigos, el presidente guardó el anillo en su bolsillo y se marchó flanqueado por sus guardaespaldas. Kraft se quedó de piedra. Cuando la historia comenzó a circular en medios occidentales, el dueño de los Patriots recibió una llamada de la Casa Blanca en la que le explicaron que acusar a un líder extranjero de ladrón no ayudaría a suavizar las permanentes tensiones diplomáticas con Moscú. Finalmente, emitió un comunicado asegurando que había sido un regalo para Putin.

"Tomar decisiones estratégicas rápidamente e implementarlas con agilidad es lo que diferencia a esta Rusia del Imperio Zarista o la URSS"

Pero, en 2013, Kraft volvió a su versión original. “Metió el anillo en su bolsillo y tres agentes de la KGB lo rodearon y se fue. En realidad, yo no quería (regalárselo). Tengo un apego emocional al anillo, tiene grabado mi nombre. No quiero verlo algún día en eBay”, aseguró el empresario. Moscú siempre ha sostenido que el anillo, supuestamente expuesto en la biblioteca del Kremlin, fue un obsequio.

Se han elaborado muchas teorías sobre esta escena. Los críticos de Putin lo ven como la manifestación más chabacana de su supuesta cleptomanía o, incluso peor, de pleonexía –el insaciable deseo de tener lo que pertenece a otros–, como lo describe la periodista ruso-americana Masha Gessen en su libro ‘El hombre sin rostro’. Una supuesta codicia que está detrás de las exorbitantes cifras –hasta 40.000 millones de dólares, según algunos cálculos– que se especulan habría desfalcado en sus más de dos décadas en el poder.

Pero también es muestra de uno de los rasgos más distintivos de Putin y su estilo de gobierno. Actuar de forma impulsiva e imprevisible. Un elemento clave en la presente crisis. "[Rusia] se enorgullece de que su proceso de toma de decisiones sea tan inescrutable e impredecible como sea posible", explica un análisis militar finlandés de 2016 al analizar un posible ingreso a la OTAN. "La habilidad de tomar decisiones estratégicas rápidamente e implementarlas política y militarmente con agilidad es lo que diferencia a esta Rusia del Imperio zarista o la URSS", concluyen los autores.

Jueves, 7 de junio de 2007. Los líderes de las ocho naciones más poderosas del planeta se reúnen en el exclusivo resort alemán de Heiligendamm para repasar el estado del orden mundial. Entre los titulares que dejó esa cumbre, que no fueron pocos, uno llamó especialmente la atención por insólito: el recién electo presidente francés, Nicolas Sarkozy, había dado una rueda de prensa en aparente estado de ebriedad tras reunirse con Vladimir Putin.

Sarkozy llegó del encuentro con el líder ruso un tanto pálido, con aspecto de estar recuperando el aliento y la frente brillante por el sudor. Comenzó disculpándose por llegar tarde, mientras se agitaba intranquilo en el podio de prensa. En contraste con su fama de orador seguro y con aplomo, el líder conservador galo arrastraba las palabras y, por momentos, parecía quedarse en blanco mientras daba cuentas a la prensa. Algunas crónicas bromearon socarronamente con que la charla entre el francés y ruso había sido regada con vodka. El problema: Sarkozy no prueba el alcohol. Putin, apenas. ¿Qué sucedió allí dentro?

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