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¿Por qué las elecciones de Chile las deciden los venezolanos?
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Chilezuela o venecofachas

¿Por qué las elecciones de Chile las deciden los venezolanos?

Dos visiones antagónicas de Chile se enfrentan este domingo en los comicios presidenciales más importantes desde el retorno del país andino a la democracia

Foto: Debate de candidatos a la presidencia de Chile. (EFE/Elvis Gonzalez)
Debate de candidatos a la presidencia de Chile. (EFE/Elvis Gonzalez)

El izquierdista Gabriel Boric y el ultraderechista José Antonio Kast se ven las caras en unas elecciones que han sido leídas como un plebiscito al sistema neoliberal establecido durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Pocos dudaban de la presencia del líder progresista en la segunda vuelta desde hace meses, pero la irrupción de Kast en primera vuelta ha sido una sorpresa. El ultraconservador se desmarcó del centro derecha chileno hace ya cuatro años, cuando rompió con los partidos tradicionales para poder poder evitar, según aseveró entonces, las reglas de la corrección política.

Kast se presentó a las presidenciales de 2017 y fue cuarto, con casi el 8% de los votos, generando una base fiel de votantes. Tomó una posición más beligerante con el Gobierno de Sebastián Piñera a finales de 2019, cuando se negó a apoyar el acuerdo que inició un proceso constituyente en el país como forma de aplacar la crisis generada por las protestas masivas contra el modelo económico. No despuntaba en las encuestas hasta el pasado septiembre.

Su ascenso se produjo, según apuntaron varios analistas, después de que una turba de manifestantes nacionalistas quemase un campamento improvisado de migrantes venezolanos en Iquique, una ciudad situada a unos 1.700 kilómetros al norte de la capital, Santiago. El incidente situó a la inmigración masiva en el centro de la campaña política. Al menos 1,4 millones de extranjeros viven en Chile. Son más del 7% de la población. Unos 500.000 de ellos son venezolanos que huyen de la crisis económica y política de su país de origen. La cifra podría llegar a los 650.000, si se tienen en cuenta los indocumentados. La mayoría arribó al país en los últimos cinco años.

Foto: Gabriel Boric. (Reuters/Iván Alvarado)

Kast había propuesto medidas radicales contra la inmigración irregular, incluyendo la construcción de zanjas en la frontera. Esas posiciones calaron en una parte de la población que reclama desde hace años un mayor control migratorio y, junto al profundo desprestigio del presidente Piñera, y un candidato centroderechista, Sebastián Sichel, considerado por muchos como demasiado moderado, buena parte del conservadurismo chileno decidió apostar por Kast, sobre todo después de que importantes políticos, incluidos miembros del Ejecutivo, diesen su apoyo al político de origen alemán.

Los indecisos y la cifra de participación serán clave para el desenlace del balotaje de este domingo. Boric parte con una pequeña ventaja en el acumulado de encuestas, cercano al empate técnico, en unos comicios que amenazan con polarizar aún más la sociedad chilena.

Chilezuela o venecofachas

Los migrantes venezolanos se sienten en medio de un conflicto político inevadible después de haber escapado de la crisis de su propio país. "Existe una cierta politización de la condición de migrante, donde buscan que tú, por ser de Venezuela, tengas que tener opinión política respecto de lo que pasa en Chile y, en función de esa opinión política, hay mayor apertura o mayor rechazo hacia ti", comenta Carlos Carrasco, un migrante afrovenezolano que ha sufrido recientemente expresiones xenófobas, a El Confidencial.

"Una noche esperaba el autobús en una parada solitaria, cuando se me acercaron tres personas de forma muy violenta, diciendo que me fuese a mi país, que no querían extranjeros en Chile. Sentí mucho miedo. Rompieron una botella en el suelo y venían hacia mí, cuando llegó un taxi y pude escapar", rememora.

Foto: La luna se alza sobre la barriada de Petare en Caracas. (ReuterS/Jorge Silva) Opinión

La tensión política ha hecho aumentar la presión sobre los venezolanos, denuncia Patricia Rojas, presidenta de la asociación de migrantes provenientes de ese país sudamericano. "En redes sociales leemos que nos vayamos a nuestro país. Dependiendo de la tendencia ideológica de la persona que está haciendo los comentarios, escuchamos que 'no queremos ser chilezuela' o que 'no queremos venecofachas en Chile'", lamenta.

Kast ganó en la primera vuelta de noviembre con un 28% de los votos, dos puntos más que Boric. El político progresista decidió entonces endurecer su discurso sobre migración, asegurando que abogaba por una mayor regulación y reclamando una coordinación internacional a nivel latinoamericano para que no sean "unos pocos países" los que "gestionen el desastre que ha generado la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela". El debate comenzó a centrarse entonces en economía y libertades.

El día y la noche

Los programas de Boric y Kast son como el día y la noche. El líder progresista ha hecho suyas muchas de las demandas que exigieron quienes protestaban durante el estallido social. Su rival en las urnas aboga por mantener el neoliberalismo construido durante la dictadura, que alaba por haber situado a Chile como el país con mayor renta per cápita de América Latina.

Kast ha defendido en numerosas ocasiones la gestión de Pinochet al mando del Chile, aunque asegura estar en contra de las violaciones de DDHH perpetradas por la cúpula del régimen cívico militar, que dejó 4.000 víctimas mortales y miles de desaparecidos. Llegó a decir que si el dictador estuviera vivo, este votaría por él y ambos tomarían el té en la casa presidencial. "El 11 de septiembre de 1973, Chile escogió la libertad, y el país que tenemos hoy es gracias a los hombres y mujeres que se alzaron para impedir la revolución marxista en nuestra tierra", escribió, refiriéndose al Golpe de Estado de Pinochet al entonces presidente socialista, Salvador Allende.

Foto: El candidato presidencial del Partido Republicano, José Antonio Kast. (Elvis González, EFE)

Boric critica ese apoyo a la dictadura y también a su sistema económico, al considerar que ha generado grandes desigualdades. Propone subir impuestos a los ricos, poner las bases de un sistema de seguridad social, aumentar el salario mínimo y reducir la jodenada laboral a 40 horas.

Kast asegura que el plan de Boric llevaría al país al desastre y planea reducir el gasto público, eliminar impuestos y conservar el actual sistema de pensiones, muy criticado y que supuso parte del combustible del estallido social.

Ambos, eso sí, han moderado sus programas con respecto a lo propuesto en primera vuelta, con el objetivo de ganar adeptos en el centro, el gran caladero de votos, después del desplome de los partidos tradicionales observado en primera vuelta. Boric ha reducido el porcentaje de inversión con respecto al PIB que necesitaría para sus proyectos sociales, de un 8% a un 5%, y ya no habla de cerrar las empresas prestadoras del servicio de jubilación, sino de "discutir" el sistema. Kast, por su parte, ha constreñido también su proyecto de exceciones fiscales a empresas, y también ha eliminado un polémico punto de su programa que abogaba por proyecto latinoamericano de lucha contra la extrema izquierda, que algunos analistas interpretaron como un nuevo Plan Cóndor.

900.000 votos en el aire

Ambos han logrado importantes apoyos entre los partidos tradicionales, aunque sin sorpresas. Boric consiguió la adhesión de los partidos centroizquierdistas de la ex Concertación, que gobernó el país durante 20 años tras la vuelta a la democracia, y Kast la de los partidos de centroderecha que han formado parte del oficialismo liderado por Sebastián Piñera. En el aire están los 900.000 votos (un 13% de quienes acudieron a las urnas en noviembre) del populista Franco Parisi, que podrían dividirse entre los dos candidatos, aunque sería Kast quien más pescaría en ese caladero. Pero la moderación de programas no responde sólo a la intención de conseguir nuevos votantes para la causa.

Ambos candidatos son plenamente consciente de que las legislativas de noviembre dejaron un Congreso muy dividido. De hecho, en el Senado, las fuerzas de izquierda y de derecha marcan exactamente el mismo número de miembros, algo que dificultará considerablemente, tanto para Boric como para Kast, la gobernabilidad y la aprobación de las medidas más rupturistas de sus programas. No ocurre lo mismo en el seno de la Convención Constitucional que surgió como respuesta al estallido social. La izquierda barrió en las elecciones de mayo y controla la grandísima mayoría de los 155 escaños ante una derecha que llegó incluso a perder el quórum necesario para tener derecho al veto.

Foto: Franco Parisi, durante su candidatura presidencial de 2013. (EFE/Mario Ruiz)

"No es que los chilenos cambien de opinión de una elección a otra", explica Claudio Fuentes, analista de la Universidad Diego Portales. "En las elecciones a la Convención la derecha obtuvo poco más de un millón de votos. Es decir, la gente de derecha no fue a votar. En cambio, la gente de izquierda sí logró entonces movilizarse. Seis meses después, en las Legislativas, lo que sucedió es que la derecha recuperó su capacidad de movilización electoral, que se acerca a tres millones de votos, de los cuales 1,9 millones se inclinó por el segmento más conservador de la derecha", añade el politólogo.

Algunos analistas entienden parte del cambio de tendencia como una reacción ante una Constituyente donde se están barruntando cambios de calado en el sistema político presidencialista, y también el propio modelo económico.

"Yo no creo que sea así", asegura Pedro Muñoz Neiva, vicepresidente de la Convención Constitucional y miembro del Partido Socialista de la expresidenta Michelle Bachelet, a El Confidencial. "Las élites y quienes rechazaron el proceso constituyente, cercanos a Kast, son responsables del desprestigio, porque están intentando boicotear el proceso desde dentro. Los resultados dispares deben hacernos entender, eso sí, que el país es muy amplio", considera el político, de 34 años.

"Hay que tener en cuenta que la política es un proceso", asegura, destacando la polarización que ha acabado dejando a su alianza política centroizquierdista, antaño hegemónica, en quinta posición en primera vuelta. "El mundo vive hoy en día en conflicto. Estamos en un proceso de inestabilidad global, con muchas amenazas, como la crisis climática o migratoria, que hacen que las personas se sientan inseguras. Tenemos que construir partidos que se abran a la pluralidad e incorporen las nuevas luchas y conflictos en el sistema político", reclama ante la caída en desgracia del centro no solo en su país, sino en buena parte de América Latina.

La existencia de una Convención Constitucional de amplia mayoría izquierdista supone un elemento muy importante en el futuro político inmediato de Chile. Sería un espaldarazo para Boric, mientras que podría convertirse en un quebradero de cabeza para su rival.

Boric parte con una pequeña ventaja en el acumulado de encuestas, cercano al empate técnico

"Es posible que Kast la apoye por defecto, sin apoyar. También podría confrontar desde la presidencia con los constituyentes. En el caso de que quede en la oposición, será el líder de la opción de rechazo en el futuro plebiscito sobre la nueva Carta Magna", expone Juan Pablo Luna, politólogo de la Universidad Católica de Chile.

El desenlace de ese referéndum, en 2022, será clave, y es plausible que parte de la población acabe decidiendo su voto respecto a la situación país que exista en ese preciso momento. "Los resultados terminarán dependiendo de quién sea electo en segunda vuelta y de la popularidad de ese presidente a mediados del año próximo", cree el analista Luna.

Boric parte con una pequeña ventaja en el acumulado de encuestas, cercano al empate técnico, en unos comicios que amenazan con polarizar aún más la sociedad chilena. Los indecisos y la cifra de participación serán clave para el desenlace del balotaje de este domingo.

El izquierdista Gabriel Boric y el ultraderechista José Antonio Kast se ven las caras en unas elecciones que han sido leídas como un plebiscito al sistema neoliberal establecido durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Pocos dudaban de la presencia del líder progresista en la segunda vuelta desde hace meses, pero la irrupción de Kast en primera vuelta ha sido una sorpresa. El ultraconservador se desmarcó del centro derecha chileno hace ya cuatro años, cuando rompió con los partidos tradicionales para poder poder evitar, según aseveró entonces, las reglas de la corrección política.

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