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Así agoniza el certificado covid: Draghi apuñala una de las medidas estrella de la UE
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PCR aunque estés vacunado

Así agoniza el certificado covid: Draghi apuñala una de las medidas estrella de la UE

La libertad de movimiento es la joya de la corona de Schengen, una de las medidas sagradas para Bruselas, pero Italia establece restricciones por el virus y genera alerta entre sus vecinos

Foto: El primer ministro italiano Mario Draghi durante una rueda de prensa. (Reuters/Remo Casilli)
El primer ministro italiano Mario Draghi durante una rueda de prensa. (Reuters/Remo Casilli)

El redactado de conclusiones de un Consejo Europeo es un enorme ejercicio de equilibrismo en todos los sentidos. Un fino arte perfeccionado durante décadas que permite a los jefes de Estado y de Gobierno acordar un texto lo suficientemente vago y ambiguo como para que todos puedan apoyarlo aunque sus intereses, ocultos o expresados, sean casi contrarios en algunas ocasiones. Este jueves, los líderes subrayaron la importancia de reforzar la cooperación entre Estados miembros y que se evitaran las medidas desproporcionadas, sin comunicación. Pero el texto habla de evitar un escenario que ya se ha hecho realidad.

En Bruselas, París, Berlín y Madrid hay voces que muestran su preocupación a medida que se extiende la nueva variante, ómicron, y temen que su expansión provoque de nuevo pánico, improvisación y medidas unilaterales, que han venido viéndose desde el inicio de la pandemia y hasta que se ha extendido la vacunación. Ahora fuentes diplomáticas admiten que existe la sensación de que se está dando marcha atrás en los logros conseguidos en los últimos meses.

Foto: Un trabajador sanitario belga prepara una dosis de la vacuna contra el covid-19. (EFE)

La libertad de movimiento es la joya de la corona de Schengen, una de las medidas sagradas para la Unión Europea. Y ha sufrido mucho desde marzo de 2020. La Comisión intentó, sin éxito, mantenerla protegida en lo peor de la pandemia, y presionó mucho a los Estados miembros que aplicaron restricciones duras a los viajes en el otoño del año pasado. Ese mapa enormemente fracturado de medidas nacionales y unilaterales siguiendo criterios particulares que tanto preocupaba a Bruselas solamente se arregló cuando la Comisión sacó adelante la idea de un pasaporte de vacunación o un certificado verde digital, un documento común para todos los socios europeos que permitiera a los ciudadanos vacunados viajar sin restricciones. En la capital comunitaria, tras un primer y rotundo éxito, ya se sentía que esa propuesta estaba empezando a tensarse mucho ante el aumento de los casos.

Precisamente por eso, la Comisión Europea ha hecho un esfuerzo por salvar la iniciativa proponiendo la caducidad del pasaporte a los nueve meses de haber recibido la pauta completa, para animar así a la inyección de la tercera dosis a partir de los seis meses y también para que los Estados miembros sigan apoyando la herramienta y evitar así justo lo que ha ocurrido en las últimas semanas. Mientras Bruselas intenta salvar el pasaporte de vacunación, algunos Estados miembros lo están apuñalando repetidas veces.

Foto: Congreso de la UE en Bruselas. (EFE/EPA/Geert Vanden Wijngaert)

Primero fueron Portugal e Irlanda, dos países relativamente pequeños, uno de ellos siendo una isla. No generaron demasiada inquietud en Bruselas, aunque tampoco fue un movimiento que gustara. Pero esta semana ha sido el Gobierno italiano el que ha anunciado que pedirá una prueba PCR a cualquier persona que quiera entrar en el país, independientemente de si está vacunada. Horas después Grecia anunció medidas similares, haciendo saltar las alarmas en la capital comunitaria y en otros países europeos.

La medida italiana ha tenido mucho peso porque se trata de uno de los principales Estados miembros y porque en Bruselas se teme un efecto dominó a medida que aumenten los casos en las próximas semanas, volviendo a fracturarse el mapa de la Unión, con cada país pidiendo requisitos distintos para la llegada de viajeros. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha señalado esta semana ante el Pleno del Parlamento Europeo que la nueva variante será dominante en la Unión Europea a mediados de enero de 2022.

Además, Roma tomó la medida sin previo aviso, sin notificar al Ejecutivo comunitario o a sus colegas, a pesar de que esa misma jornada los ministros y secretarios de Estado de Asuntos Europeos estuvieron reunidos en Bruselas durante todo el día. Esa sensación de unilateralidad y de medida no esperada por parte del resto de capitales también alimenta la sensación de una vuelta a un espíritu del 'sálvese quien pueda' que dominó las reacciones nacionales en los primeros compases de la pandemia. Tampoco informó el Gobierno italiano al Ejecutivo comunitario, a pesar de que las capitales habían adoptado el compromiso de informar en caso de tomar medidas.

Foto: La eurodiputada María Eugenia Rodríguez Palop. (EFE)

Fuentes diplomáticas de varios países y algunos líderes han insistido en las últimas horas en la necesidad de que a la hora de establecer restricciones se siga una estrategia "por personas" y no "por territorios". Aunque en el caso italiano la prueba se aplica a cualquier persona, independientemente de la situación epidemiológica que esté pasando la región de la que proviene el viajero, lo cierto es que al pedir prueba a cualquier persona, esté o no vacunada, hay Estados miembros que consideran que se está rompiendo esa lógica de tomar medidas por la situación particular de cada viajero.

El debate dedicado al coronavirus durante la reunión de jefes de Estado y de Gobierno duró, de hecho, más de lo previsto, ya que varios líderes mostraron su descontento con la decisión tomada por el Ejecutivo liderado por Mario Draghi. El antiguo presidente del Banco Central Europeo (BCE) defendió ante sus colegas la medida, asegurando que se guio por el principio de precaución. Draghi defendió que Italia se encuentra mejor que otros países en estos momentos, y que después de ser uno de los más golpeados en 2020, tiene que aprovechar esa situación relativamente buena respecto al resto de socios europeos para intentar limitar la expansión de ómicron por el país. Las explicaciones del primer ministro no convencieron a muchos de sus colegas.

Foto: El primer ministro italiano, Mario Draghi. (Reuters)

En su entrada en la reunión Alexander de Croo, primer ministro belga, ya señaló cuál era su posición, aunque el propio líder liberal aplicó el año pasado algunas de las restricciones de viaje más duras de la Unión Europea cuando todavía no se había iniciado la campaña de vacunación. "Si cada país vuelve a hacer las cosas por separado, las cosas se pondrán mucho más difíciles. Tenemos que comprometernos con el mismo enfoque en toda Europa", explicó el belga antes de la reunión. Pero la cumbre certificó que por mucho que las conclusiones pidan coordinación, ese enfoque común, que garantizaba el uso del pasaporte de vacunación, no está ya en el debate.

En su primera rueda de prensa conjunta tras un Consejo Europeo, una tradición franco-alemana de los últimos años, Olaf Scholz, canciller alemán, y Emmanuel Macron, presidente galo, insistieron en la necesidad de proteger la libertad de movimiento en la Unión Europea. Macron se expresó directamente en contra de pedir pruebas adicionales a los viajeros vacunados, señalando que el movimiento de personas y el buen funcionamiento del mercado interior van de la mano.

El presidente francés insistió también en una idea que se ha repetido en los últimos días en Bruselas: poner muchas trabas a la libertad de movimiento ahora por la aparición de ómicron tiene poco sentido. "En el momento en que una determinada variante se encuentra en uno de los países europeos, se propaga muy rápidamente a otros", explicó el líder francés en una rueda de prensa.

Foto: Mario Draghi, cuando presidía el BCE. (EFE/Olivier Hoslet)

Xavier Bettel, primer ministro de Luxemburgo, también habló de otra de las claves que siempre se han mencionado a la hora de impulsar la vacunación: dar los incentivos correctos. "Si no haces ninguna diferencia entre personas vacunadas y no vacunadas porque necesitan una prueba de PCR, creo que es una idea equivocada", señaló antes de entrar en el encuentro.

La Comisión Europea espera que la renovación del documento, haciendo que caduque a los nueve meses y garantizando así que las personas que lo tienen estén inmunizadas recientemente, ayude a mantener ese enfoque común vivo y cortar el efecto dominó que muchos temen que pueda haberse iniciado desde Roma. Además, esperan que eso anime a la inyección de la tercera dosis, que en este momento parece clave para luchar contra la variante ómicron. La experiencia del pasado muestra que los esfuerzos de la Comisión no han sido muy útiles cuando un buen número de Estados miembros han entrado en pánico ante la escalada de los contagios. La buena noticia es que por ahora solamente cuatro países aplican restricciones en un escenario de alta transmisión. El pasaporte de vacunación está herido tras las medidas anunciadas por Italia, pero no muerto. Al menos por el momento. Las próximas semanas serán claves.

El redactado de conclusiones de un Consejo Europeo es un enorme ejercicio de equilibrismo en todos los sentidos. Un fino arte perfeccionado durante décadas que permite a los jefes de Estado y de Gobierno acordar un texto lo suficientemente vago y ambiguo como para que todos puedan apoyarlo aunque sus intereses, ocultos o expresados, sean casi contrarios en algunas ocasiones. Este jueves, los líderes subrayaron la importancia de reforzar la cooperación entre Estados miembros y que se evitaran las medidas desproporcionadas, sin comunicación. Pero el texto habla de evitar un escenario que ya se ha hecho realidad.

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