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China es la mejor democracia del mundo y otros chistes de la nueva guerra fría
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China es la mejor democracia del mundo y otros chistes de la nueva guerra fría

Pekín ha publicado extensos informes justificando por qué su sistema político es mejor que el de EEUU después de que Washington la excluyera de la cumbre de las democracias

Foto: Xi Jinping. (Reuters/Jason Lee)
Xi Jinping. (Reuters/Jason Lee)
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Que Estados Unidos acoja la Cumbre de las Democracias —tuiteaba hace unos días el embajador chino Deng Xijun— es como la famosa historia del traje nuevo del emperador. "Desnudo/sin democracia, pero se siente bien".

El guantazo no es gratuito o casual. Ni mucho menos aislado. Los 'wolf warriors' de la diplomacia china como Deng Xijun, representante de Pekín en el sudeste asiático (ASEAN), llevan semanas en modo ofensiva total contra Washington. Un alud de comunicados oficiales, columnas en medios estatales y puyas en redes para desacreditar una cumbre virtual organizada por Joe Biden este jueves y viernes con un centenar de países para contrarrestar la creciente influencia china (y rusa) en las economías emergentes. "Estados Unidos dando lecciones de democracia es como la dueña de un burdel dando lecciones de moral a sus alumnas", resumía un analista ruso en una tribuna de un medio chino.

Como colofón a esta andanada mediática en plena batalla por el relato, Pekín publicó esta semana un extenso informe titulado 'China, la democracia que funciona', afirmando que su sistema centralizado de partido único no solo es una democracia, sino que es más efectiva que la estadounidense. "La democracia no es la Coca-Cola, en la que EEUU tiene la fórmula original y en todo el planeta tiene el mismo sabor", avisó ya en agosto el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, cuando la Casa Blanca anunció la cumbre. "Si solo hay un único modelo, una civilización en el planeta, el mundo perderá su vitalidad", agregó.

Si las lecciones chinas de democracia le suenan irónicas, satíricas o incluso directamente graciosas, mejor vaya acostumbrándose al humor de la nueva Guerra Fría. La batalla global por el concepto 'democracia' apenas acaba de comenzar y en sus trincheras se están dirimiendo las fronteras del nuevo orden mundial.

"Asumámoslo ya, las democracias pueden ser turbulentas y ahora en Occidente estamos viendo muchas características poco atractivas de esta forma de gobierno", afirma Chris Fenton, experto en China y autor del libro 'Feeding the Dragon: Inside the Trillion Dollar Dilemma Facing Hollywood, the NBA and American Business', a El Confidencial. "China se esfuerza por demoler esa idea (de democracia liberal), amplificar las divisiones y crear controversias donde simplemente no existen", agrega.

Malos tiempos para la democracia

Al otro lado del Pacífico, Biden lanzaba esta semana un difuso mensaje a los 110 líderes y representantes convocados a la cumbre con una aún más difusa conclusión: la democracia no ocurre por accidente. "Los sostenidos y alarmantes desafíos a la democracia y los derechos humanos en todo el mundo hacen que la democracia necesite defensores", recalcó el presidente de EEUU, afirmando que reforzar el modelo democrático es "el gran desafío de nuestro tiempo" ante la creciente amenaza de gobiernos autoritarios. La organización del evento, que no fue presencial por la pandemia, ha sido criticada por su arbitrariedad y ligereza a la hora de invitar o descartar a los países en función de sus credenciales democráticas.

Foto: El presidente de Estados Unidos, Joe Biden. (Leah Millis/Reuters)

Por supuesto, China y Rusia no estuvieron en la lista. Pero también se quedaron fuera Hungría, Marruecos o Turquía, mientras que sí estaban Pakistán, Brasil o Irak. La Polonia iliberal, sí; el presidente boliviano electo democráticamente, no. Quizás el mejor resumen de la lista de invitados fue la inclusión de Taiwán, territorio que China reclama pese a que tiene un gobierno autónomo y democrático. En cualquier caso, la reunión carecía de objetivos, de agenda o de hitos. Una cháchara de dos días con la típica retahíla de obviedades sobre derechos humanos, libertad de prensa o desinformación. Es decir, todo era una escenificación de un diplomático dedo en el ojo de Washington a Pekín.

Pero que sea precisamente EEUU el que enarbole ahora la 'democracia' para galvanizar este frente anti-China tampoco deja de ser otro mordaz reflejo de los tiempos que vivimos. No solo por el historial de injerencia de Washington en varios de los países a los que el inquilino de la Casa Blanca pontificaba sobre democracia en esa cumbre —a veces derribando sus democracias, como el caso de Chile; a veces, imponiéndosela, como el caso de Irak—, sino por el particular momento oscuro que vive la democracia occidental. Y la estadounidense en particular.

Porque la coyuntura elegida por China para exportar su narrativa democrática, que ya lleva años engranada en la propaganda interna, no es arbitraria. Estamos ante el peor momento para la democracia liberal en la historia reciente, con la pandemia forzando las costuras de un sistema ya agrietado por el populismo, la polarización y las tendencias autoritarias. No hay momento que retrate esta decadencia y fragilidad en toda su crudeza como los tragicómicos sucesos acaecidos en el Capitolio estadounidense el pasado enero, cuando un intento de insurrección que coronó la denuncia de fraude electoral de Donald Trump en las elecciones de noviembre. Allí, 'prima donna' de las democracias liberales sufrió un espantoso bochorno del que todavía no se ha recuperado.

placeholder Joe Biden, tras su intervención en la Cumbre para la Democracia. (Reuters/Jason Lee)
Joe Biden, tras su intervención en la Cumbre para la Democracia. (Reuters/Jason Lee)

Los datos son preocupantes. El respaldo a la democracia tocó su nivel más bajo en Democracy Index desde que 'The Economist' comenzó a ser publicarlo en 2006, mientras Freedom House concluía en su informe de 2020 — 'La democracia bajo asedio'— que "los defensores de la democracia han sufrido fuertes bajas en su lucha contra los adversarios autoritarios, cambiando el equilibrio global en favor de la tiranía". También el grupo de análisis IDEA, en su dosier 'El Estado de la Democracia en 2021' advertía que la supervivencia del sistema occidental de libertades está en peligro, con "nuevas democracias débiles y frágiles; cada vez menos democracias de alta calidad y las que hay, bajo el desafío populista". "Lo autocrático se ha vuelto viral", concluía por su parte Varieties of Democracy (V-Dem), de la Universidad de Gotemburgo.

No es una discusión baladí. La 'democracia electoral' ha sido empuñada por líderes autoritarios de todas las latitudes e ideologías para justificar sus desmanes en el poder. La utilizan y pervierten regímenes tan dispares como Cuba e Irán, Venezuela o Bielorrusia, Nicaragua o Egipto. Asediada fuera y bajo sospecha dentro, la definición de lo democrático se está volviendo un acertijo imposible.

La 'otra' democracia

En su informe sobre la superioridad de la heterodoxa democracia china, el Partido Comunista despliega en 155 páginas todo su arsenal de jerga política y requiebros semánticos para venir a repetir las mismas críticas, con distinto envoltorio, que le lleva haciendo años a Estados Unidos. "Como dice un antiguo proverbio chino", recuerda el texto, "la gente puede alcanzar el mismo destino a través de diversos caminos, y lograr el mismo objetivo con distintos medios". Y abunda: "Los países tienen diferentes vías de lograr la democracia y no hay una única forma correcta de democracia. Ninguna democracia es superior al resto. Tenemos plena confianza en nuestra democracia y también respetamos la democracia del resto de países. Nosotros no exportamos nuestra democracia".

Un mensaje que Pekín manda al mundo: durante décadas, EEUU se ha metido en vuestros asuntos —y en los nuestros—; nosotros no lo vamos a hacer.

Foto: Joe Biden. (Reuters/Kevin Lamarque)

En otro pasaje, los autores insisten en que el sistema chino es un equilibrio entre su desarrollo económico y su democracia. La prioridad está en el desarrollo, que es facilitado por la democracia. Y ese desarrollo acaba ayudando al avance de la democracia. Sin embargo, el documento no trata de explicar cómo es posible que la democracia y la dictadura de partido único puedan coexistir en China, ni tampoco por qué no existe libertad de prensa ni independencia judicial. Tan solo asegura que "en China no hay partidos opositores, pero el sistema de partido político en China no es un sistema de un partido único. Es un sistema de cooperación multipartidista en el que el Partido Comunista chino ejerce el poder estatal".

Para Fenton, China no está interesada en hablar de democracia, sino en crear falsas equivalencias y despistar tanto a nivel interno como internacional. "Cuanto más pueda China señalar las fallas del sistema democrático de Occidente más confianza tiene el gobierno chino en su forma de gobierno. Algo que no es desde luego una democracia con características chinas. En el mejor de los casos es socialismo con características chinas. En el peor, totalitarismo", opina el experto. "Cuanto más éxito tengan en esto, menos atención desde Occidente hacia China y su sistema".

placeholder Joe Biden y Xi Jinping. (Reuters/Jonathan Ernst)
Joe Biden y Xi Jinping. (Reuters/Jonathan Ernst)

Desde EEUU han calificado el informe de la democracia china con una burda maniobra propagandística. "Los gobiernos autoritarios están activamente trabajando para sembrar división y desconfianza en las democracias. La crisis que encaramos es real", señaló Antony Blinken, el secretario de Estado de EEUU, a la víspera de la cumbre.

Es otra forma de contar el clásico chiste de la Guerra Fría. Un estadounidense y un soviético en un bar discuten acaloradamente sobre qué sistema de gobierno es mejor. Después de un buen rato, el norteamericano le da el argumento definitivo: "Yo soy tan libre que puedo ir a la mismísima Casa Blanca y gritar: 'Ojalá Ronald Reagan se vaya al infierno'". "Eso no es nada", le responde el ruso sin inmutarse. "Yo también puedo ir al Kremlin y gritar: '¡Ojalá Ronald Reagan se vaya al infierno!'".

Que Estados Unidos acoja la Cumbre de las Democracias —tuiteaba hace unos días el embajador chino Deng Xijun— es como la famosa historia del traje nuevo del emperador. "Desnudo/sin democracia, pero se siente bien".

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