Coordenadas | Cuatro golpes de Estado en 2021, ¿qué está pasando en el África poscovid?
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Coordenadas | Cuatro golpes de Estado en 2021, ¿qué está pasando en el África poscovid?

El golpe de Estado contra la frágil transición democrática de Sudán es la cuarta asonada militar en países del África Subsahariana en 2021. ¿Es la nueva normalidad?

Foto: Protestas en Jartúm (Sudán) contra el golpe de Estado militar. (EFE)
Protestas en Jartúm (Sudán) contra el golpe de Estado militar. (EFE)

La madrugada del 25 de octubre, un grupo de militares rodeó la residencia del primer ministro de Sudán, Abdalla Hamdok. Paralelamente, varios de los ministros civiles del Gobierno eran detenidos. Horas después, uno de los más importantes generales del país, Abdelfatah al Burhan, anunciaba en televisión la suspensión de parte de la Constitución, la disolución del Consejo y Gabinete del Gobierno y la formación de uno nuevo —militar— con personas "competentes" para "encauzar" el rumbo del país. El golpe de Estado contra la frágil transición democrática de Sudán es la cuarta asonada militar en países del África Subsahariana en menos de nueve meses, tras los golpes en Chad, Malí o Guinea. ¿Es que están de vuelta los 'coup d'etat' en el África poscovid?

Foto: Manifestación a favor del Gobierno civil en Jartum, Sudán. (Reuters)

En breve

Este lunes, el presidente del Consejo Soberano, máximo órgano de poder del proceso de transición en Sudán, el general Abdelfatah al Burhan, anunció la disolución tanto del Gabinete de ministros como del propio Consejo Soberano, la suspensión de varios artículos de la Constitución y el estado de emergencia en todo el país. Sus declaraciones, televisadas, culminaban el golpe de Estado que comenzó esa madrugada, con el arresto del primer ministro del país, Abdalla Hamdok, y varios ministros de su gabinete. Se han registrado protestas ciudadanas contra el golpe en varias ciudades del país, especialmente en la capital, Jartúm. Grupos prodemocracia han llamado a continuar con las movilizaciones y "la lucha por la revolución" que en 2019 derrocó al dictador Omar al Bashir.

placeholder Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Contexto

Entre 1960 y 2000, África sufrió cerca de cuatro golpes de Estado al año. Con la llegada del nuevo siglo, la reintroducción de la política multipartidista a principios de la década de los noventa y la promesa de organismos multilaterales como la Unión Africana de no reconocer los cambios de gobierno por esta vía, esa tendencia se truncó, entrando en una época de optimismo 'antigolpista' en el continente. Sin embargo, en un contexto de declive democrático en todo el mundo, con la situación de seguridad en el Sahel también en deterioro y los amplios daños económicos (y de suministro) provocados por la pandemia de coronavirus que sacuden especialmente a los gobiernos más débiles, solo en el último año se han acumulado ya más de cuatro golpes de Estado militares en África subsahariana (más dos intentonas en Níger y en el propio Sudán) que amenazan con revertir el proceso de democratización del continente en las últimas décadas y convertir las asonadas militares en la 'nueva normalidad'.

En ese escenario pospandémico, circunstancias locales han alimentado a las élites militares para hacerse con el poder: en Guinea (septiembre), para poner fin a un controvertido tercer mandato salido de elecciones poco creíbles de un presidente impopular, Alpha Condé. En Malí, un “golpe dentro de un golpe”, según Emmanuel Macron, tras una primera asonada en 2020 y el fracaso en 2021 de la transición democrática boicoteada por los propios militares. En Chad (abril), para asegurar la continuidad del poder de la élite tras la muerte del “presidente de por vida” Idriss Deby, cuando su hijo tomó el poder sin pasar por la Constitución.

Golpe de Estado en Sudán

En Sudán, la frágil transición democrática tras la caída de Bashir ha estado en varias ocasiones al borde del descarrilamiento por las presiones de la élite militar, personificada en el propio Al Burhan y el oscuro comandante Mohamed Hamdan 'Hemeti', un antiguo señor de la guerra. El pasado 21 de septiembre el Ejército sudanés aseguró haber abortado una intentona golpista, de la que el primer ministro Hamdok responsabilizó a los "remanentes" del régimen de Bashir dentro y fuera de las Fuerzas Armadas, asegurando que había que reformar la institución. Esto provocó el malestar de los líderes militares, que se reparten el poder con el componente civil en el Gobierno de transición por un acuerdo en 2019, y la tensión ha ido creciendo desde entonces con varias manifestaciones a favor y en contra del Ejecutivo en las calles del país. La espita parece haber sido la visita estos últimos días del enviado especial de Estados Unidos para el Cuerno de África, Jeffrey Feltman, quien habría presionado para la entrega el próximo mes del poder al Gobierno civil -según el calendario acordado.

Actores

Abdalla Hamdok vs. Abdelfatah al Burhan y Hemedi en Sudán: Hamdok, economista de profesión, entró en el gobierno de transición (proyectada a tres años) tras la caída de Bashir, compuesto por civiles y militares, con la intención de celebrar elecciones democráticas en 2022. Como primer ministro, logró que Sudán fuera retirado de la lista de países financiadores del terrorismo de EEUU, permitiéndole el acceso a ayuda y fondos de cooperación. Sin embargo, las tensiones con los militares han dificultado los intentos de liberalización del país tras tres décadas de dictadura, mientras su economía sufre el duro golpe de la pandemia de coronavirus. Tras el golpe de estado, su paradero continúa siendo desconocido. La oficina de presidencia ha publicado un comunicado en el que asegura que Hamdok ha sido "secuestrado" por los militares cuando se negó a leer un comunicado en el que aceptaba sus demandas.

Alpha Condé vs. Mamady Boumbouya en Guinea: el 5 de septiembre, el coronel Mamady Boumbouya dio un golpe de estado contra el presidente civil Alpha Condé, proclamando que era “el deber de un soldado salvar el país”. Se trata del tercer golpe de Estado desde la independencia del país en 1958. El golpe fue alimentado por la decisión de Condé de modificar la constitución para presentarse a un tercer mandato y los problemas económicos del país.

placeholder Alpha Condé, en el momento de su detención durante el golpe de Estado en Guinea. (EFE)
Alpha Condé, en el momento de su detención durante el golpe de Estado en Guinea. (EFE)

Ibrahim Boubacar vs. Assimi Goïta en Malí: en agosto de 2020, el coronel Assimi Goïta (37 años), miembro de las fuerzas especiales, dirigió el golpe de estado contra el presidente civil Ibrahim Boubacar. Pese a los temores por parte de la comunidad internacional de que el golpe desestabilizara uno de los países claves en la región del Sahel, gobiernos como Francia continuaron con sus operaciones antiterroristas con el nuevo gobierno militar y la Ecowas (Comunidad Económica de Estados de África Occidental, por sus siglas en inglés) aceptó una promesa de transición liderada por un general retirado. En 2021, Goïta se deshizo de los líderes civiles del consejo de transición y se declaró a sí mismo presidente interino, con la promesa de una nueva constitución y futuras elecciones totalmente apartada.

Foto: Un soldado francés espera frente a un helicóptero en Ndaki, Mali. (Reuters)

Mahmad Idriss Déby en Chad: tras la muerte de Idriss Déby en batalla contra rebeldes en el norte del país, su hijo Mahmat se hizo con el poder como líder de un presunto gobierno de transición militar al que seguirían elecciones —hasta ahora no materializadas— y una nueva constitución. Al igual que en Malí, el pragmatismo de la estabilidad en una región asolada por la amenaza terrorista y de los grupos criminales transnacionales terminó inclinando la balanza de la condena internacional. El propio Emmanuel Macron asistió al funeral de Déby, donde afirmó que “Francia no permitirá a nadie poner en cuestión o amenazar hoy o mañana la estabilidad e integridad de Chad”.

Foto: El hijo del presidente Idriss Déby, líder del consejo de transición militar. (Reuters)

¿Y ahora qué?

Tras los últimos golpes de Estado en África subsahariana y las escasas consecuencias a nivel internacional (como en los casos de Malí o Chad), algunos analistas advierten de la posibilidad de 'contagio' a otros países africanos, especialmente los más afectados por la crisis económica poscoronavirus. Quince de los 20 países que encabezan el Índice de estados frágiles de 2021 están en África, desde Camerún a Sudán del Sur, Somalia, República Centroafricana o Etiopía, República Democrática del Congo o Nigeria. Las prioridades en cuanto a contraterrorismo, el control de las rutas migratorias o la competencia estratégica con China y Rusia para muchos de sus aliados occidentales han alimentado también la militarización de estos estados, dificultando procesos democráticos locales.

Más allá del 'efecto contagio' de posibles nuevos golpes de Estado en países africanos, la instauración de un régimen militar en Sudán tiene efectos regionales inmediatos, especialmente en su relación con Etiopía y Egipto. Los militares sudaneses se alinearán más con las posturas egipcias, también bajo un régimen nacido de una asonada militar, en la cuestión de la Gran Presa del Renacimiento Etíope, el megaproyecto hidráulico de Adis Abeba sobre el Nilo. Paralelamente, Sudán mantiene una disputa fronteriza con Etiopía quien, ocupada en sus propios conflictos internos en Tigray, puede verse muy debilitada si Sudán aumenta la presión.

Otro ángulo

Hace apenas dos años, Daniel Iriarte escribía sobre la oleada de protestas civiles contra gobiernos en países árabes, lo que parecían las primeras chispas de una nueva 'primavera'. Entre los ejemplos, el de Sudán, cuyas protestas callejeras provocaron la caída del dictador Bashir. El caldo de cultivo que alimentó las revueltas sociales de 2011 seguía en pie pero, un año después, también los oídos sordos de las élites militares.

Foto: Un manifestante en Bagdad, Irak, el pasado 2 de octubre. (Reuters)

Para seguir el hilo...

En este hilo en inglés, Cameron Hudson, analista y exmiembro del equipo del enviado especial de Estados Unidos para Sudán, reflexiona sobre la responsabilidad y la 'derrota' de los países occidentales, como el propio EEUU, por haber sido incapaces de incentivar la transición democrática en Sudán, Chad, Malí o Guinea.

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