Rojo contra negro: la batalla por la cancillería de Alemania ya es cosa de dos
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Scholz vs. Laschet

Rojo contra negro: la batalla por la cancillería de Alemania ya es cosa de dos

A dos semanas de las elecciones, la líder verde parece fuera de carrera. El segundo debate televisivo entre los candidatos dejó, por otro lado, en evidencia a una Alemania sin ideas para Europa

placeholder Foto: Los candidatos alemanes, de izquierda a derecha: el socialdemócrata Olaf Scholz, la verde Annalena Baerbock y el democristiano Armin Laschet. (Reuters)
Los candidatos alemanes, de izquierda a derecha: el socialdemócrata Olaf Scholz, la verde Annalena Baerbock y el democristiano Armin Laschet. (Reuters)

Es bastante probable que la batalla por la cancillería alemana sea ya únicamente un asunto de a dos. Un duelo entre conservadores y socialdemócratas, por más que Los Verdes se resistan aún a renunciar al sueño de ocupar por primera vez la jefatura de Gobierno en Berlín. La ecologista Annalena Baerbock sigue bregando en el tramo final de la campaña, pero a dos semanas de la votación del 26 de septiembre parece claro que la victoria caerá ya sea del lado del socialdemócrata Olaf Scholz (SPD) o, pese a todos sus traspiés electorales, del malogrado 'delfín' de Angela Merkel, el conservador Armin Laschet.

Así lo evidenció el segundo y penúltimo debate de a tres de este domingo, considerado por muchos como el más importante por celebrarse en la televisión pública, de mayor alcance, y por la distancia crítica de 14 días con la cita electoral. El 'trielo', según el término de moda en la campaña electoral germana, fue durante buena parte un duelo, por momentos inusualmente encendido, entre Scholz y Laschet. Ello, sobre todo, porque este último está a las puertas de cosechar el peor resultado de la historia de su partido. La última encuesta le da al bloque conservador CDU/CSU un 20% de las preferencias, frente al 26% por ciento del SPD de Scholz, en ascenso constante desde mediados de agosto. Los Verdes han hecho el camino inverso y se ubican ahora en un 15%.

La idea de que los debates televisivos son al final mucho menos trascendentales para el resultado electoral es en tanto casi una perogrullada, por eso es conveniente no esperar que este represente un vuelco en la intención de voto. En todo caso, una encuesta entre los espectadores realizada inmediatamente tras el 'trielo' confirman que, de momento, Scholz es el favorito de los votantes. Un 32% de los que respondieron al sondeo vieron como ganador al socialdemócrata, por delante de Baerbock (26%) y Laschet (20%).

Los últimos cartuchos de Laschet

El conservador entró al segundo 'trielo' bastante agresivo, un papel que no es necesariamente el que mejor le queda al ponderado político renano. Laschet ha intentado vender durante la campaña la idea de que él es el heredero perfecto de la pragmática y cerebral Merkel, que tiene buenas opciones de despedirse del cargo como la política más popular del país tras 16 largos años. Uno de los grandes problemas de Laschet, sin embargo, ha sido que su rival Scholz, actual ministro de Finanzas en la Gran Coalición de Merkel, ha demostrado ser el mejor clon de la canciller. Pausado, infalible y con esa aura incluso aburrida que en la política alemana puede interpretarse fácilmente como sinónimo de fiabilidad y estabilidad.

Apenas arrancado el debate, Laschet intentó arrinconar a su rival agitando el fantasma del miedo a "los rojos", prácticamente la única y desesperada estrategia que le queda a su partido para intentar evitar la derrota. Sí, las campañas algo burdas contra la supuesta "amenaza comunista" también ocurren en Alemania. Scholz tuvo que volver a responder a la pregunta, repetida hasta el hartazgo en las semanas anteriores, de si en caso de ganar las elecciones buscará un tripartito gubernamental con Los Verdes y La Izquierda. Los conservadores no se cansan desde hace días de satanizar a este último partido, heredero del partido comunista de la antigua República Democrática de Alemania (Alemania del Este) y que tiene un programa político con algunas ideas más radicales, como sacar al país de la OTAN.

Foto: Foto: El Confidencial Diseño.

Scholz evitó una vez más excluir públicamente una posible alianza con La Izquierda, consciente de que la nueva aritmética electoral puede hacer necesarias unas arduas negociaciones para formar un tripartito tras el 26 de septiembre. La llamada coalición rojo-rojo-verde es una de las opciones para Scholz, además del "semáforo", la posible alianza con liberales y verdes.

Más difícil fue para el socialdemócrata defenderse de los ataques de Laschet por una reciente redada en el Ministerio de Finanzas, que él dirige, por una compleja investigación judicial sobre lavado de dinero y posibles omisiones de las autoridades. El caso es enrevesado y es difícil que salpique a Scholz, pero los conservadores no han dejado pasar la oportunidad de intentar manchar su reputación. El socialdemócrata, que suele ignorar simplemente los ataques de sus adversarios —una táctica muy merkeliana—, sí se defendió con vehemencia esta vez. Hasta se le pusieron las orejas rojas, para mofa de varios comentaristas en la televisión. Baerbock, entre los dos contrincantes, aprovechó esas batallas dialécticas entre ambos para promocionar su propia agenda.

Baerbock, libre de lastres

La ecologista tuvo algunos de los mejores momentos de la noche, enfocada sobre todo en la agenda por excelencia de su partido y una de las grandes preocupaciones del electorado germano: la lucha contra el cambio climático. Entre otros de los retos pendientes del país que abordó estuvo la digitalización, un tema en el que mencionó incluso a España, por la agenda digital 2025, como ejemplo para afrontar los déficits de infraestructura que padece la poderosa Alemania. Baerbock se presentó decidida y solvente, a juicio de muchos, porque ya se ve probablemente liberada de la presión de luchar por la cancillería. Un buen final, en todo caso, tras los patinazos que marcaron el arranque de su campaña.

Foto: La candidata de los Verdes alemanes, Annalena Baerbock (Reuters)

El momento para reflexionar sobre esos errores llegará después del 26 de septiembre, pero entonces Los Verdes tendrán que hacerse preguntas incómodas sobre por qué dejaron pasar una oportunidad histórica. Por ejemplo, equivocándose al designar a su candidata en abril. Y es que para muchos, pese a la ambición y la fuerza de Baerbock, el partido tenía a uno de los políticos más talentosos del país, Robert Habeck, listo para luchar por la cancillería. Es posible que la idea de enviar un mensaje potente postulando a la única mujer al cargo le saliera mal al partido que también se define como feminista.

Ni rastro de una agenda internacional

Volviendo al debate, un asunto más llamó la atención, además del duelo entre Laschet y Scholz y el empuje de Baerbock: la ausencia prácticamente total de temas internacionales en la agenda del debate. Los tres aspirantes a canciller discutieron sobre la pandemia y su impacto en Alemania, sobre el sistema de pensiones, la sanidad pública y el cambio climático, pero ni Afganistán, ni el futuro de la Unión Europea fueron asuntos centrales.

Ni rastro hubo tampoco de la reciente idea retomada de formar un ejército europeo para hacer frente a crisis internacionales, ni de cómo afrontar la nueva batalla geopolítica con China o de las tensiones con la Rusia de Vladímir Putin. El debate del domingo fue otro de esos momentos reveladores sobre las dificultades que tiene Alemania para asumir un papel de líder europeo acorde con su peso político y económico.

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